El mismo McRaven rubricaba recientemente un interesante artículo bajo el título “Never Fight Alone”, que podríamos traducir como “Nunca combatimos solos”. Destaca el autor que aquella persona que denigre el servicio de los aliados estadounidenses en el entorno de la OTAN es alguien que, claramente, nunca ha llevado un uniforme.
Su afirmación, clara y precisa, es un mensaje contundente en un entorno en el que el presidente Donald Trump genera noticias por sus hostilidades contra Canadá, ataques directos a Dinamarca, al conjunto de Europa... poniendo a prueba la paciencia y fidelidad de las naciones que, junto a Estados Unidos, trabajan en el seno la Alianza Atlántica buscando una apuesta efectiva de la Defensa común.
Por esa situación de controversia, y de la mano de comentarios poco afortunados, McRaven deja claro en ese documento como muchos militares, que incluyeron fuerzas de numerosos países, combatieron junto a Estados Unidos en escenarios de combate como Iraq o Afganistán, un esfuerzo que les hizo perder hombres e invertir grandes recursos económicos. Señala que los soldados de los países de la OTAN demostraron coraje, heroicidad y patriotismo.
Es una realidad que, en cierta medida, se contrapone con lo que desde diversos ámbitos del Gobierno de Estados Unidos se propugna con ahínco o casi con un empeño hostil hacia sus aliados clásicos. Ese cambio situacional puede generar, tanto a corto como a medio plazo, escenarios que no van a ser positivos para ninguna de las partes.
En buena medida, el empeño hoy de Europa en lograr una capacidad de Defensa total propia, que incluya hasta armas nucleares, es una reacción a esa realidad. Combatir solos -y así lo sustenta McRaven- es cómo ser menos eficaces ante una realidad en la que hay que recordar que son más los lazos que unen a los estadounidenses con los europeos que los que los separan, muchos de estos últimos emigraron a América del Norte y se constituyeron como la base sobre la que hoy se sustenta Estados Unidos.
Reproducimos a continuación el interesante artículo del almirante Willian Harry McRaven.
“En 2006, ayudé a establecer el Mando de Fuerzas de Operaciones Especiales de la OTAN en Mons, Bélgica. Incluía comandos de más de 19 países. Durante los dos años siguientes, entrenamos y realizamos ejercicios juntos, bebimos juntos y pasamos tiempo juntos en familia. Al hacerlo, aprendimos que nuestros valores comunes eran mucho más importantes que nuestras diferencias nacionales. También desarrollamos un vínculo que solo los hombres que se preparan para el combate pueden apreciar.
En 2008, volví a combatir en Irak y Afganistán. En Irak, tuve la suerte de contar con el Servicio Aéreo Especial Británico (SAS) y el Servicio Especial de Embarcaciones (SBS) junto a mis Rangers, SEAL y operadores de la Fuerza Delta. Los británicos asumieron una de las misiones más difíciles en nuestra lucha contra el terrorismo: la red de terroristas suicidas que operaba en Bagdad. Su trabajo salvó sin duda la vida de soldados estadounidenses y de nuestros aliados. Y pagaron un alto precio por estar a nuestro lado. En 2005, las unidades militares especiales británicas perdieron a 10 miembros de su personal cuando uno de sus C-130 fue derribado a las afueras de la ciudad. Lloramos su pérdida como si fueran nuestros.
En Afganistán, los soldados de operaciones especiales de la OTAN lucharon con enorme valentía y lealtad inquebrantable hacia sus homólogos estadounidenses. Ese compromiso también tuvo un coste. Muchas veces estuve en la pista de aterrizaje de Bagram y Kandahar para presentar mis últimos respetos a soldados del Reino Unido, Canadá, Australia, Francia, Dinamarca y Alemania. Nunca había visto tanta admiración y respeto por su contribución a la lucha. También lloré la pérdida del primer soldado rumano que murió en combate desde la Segunda Guerra Mundial, uno de los 27 que cayeron en Afganistán.
Muchas otras naciones contribuyeron a la misión de la OTAN y perdieron a jóvenes de ambos sexos porque les pedimos su ayuda. Les pedimos su ayuda y la mayoría no dudó en prestarla. Entendieron el valor de nuestra alianza. Entendieron el poder de estar unidos por una causa común. Creyeron en la OTAN y creyeron en los Estados Unidos.
Cualquiera que menosprecie el servicio de nuestros aliados de la OTAN es evidente que nunca ha vestido el uniforme. Estos soldados de la OTAN fueron tan valientes, tan heroicos, tan patriotas y tan leales como cualquier soldado con el que haya servido. Por mi parte, les estaré eternamente agradecido por su servicio y su sacrificio.
Winston Churchill dijo una vez que «solo hay una cosa peor que luchar con aliados, y es luchar sin ellos». Si seguimos mostrando desdén por nuestros aliados, si no apreciamos su contribución a nuestra seguridad nacional y a una mayor estabilidad mundial, es posible que algún día nos encontremos luchando solos. Y créanme, la guerra nunca es una contienda que se quiera librar en solitario”. (Octavio Díez Cámara)






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