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La necesidad continua de adaptación de la defensa

Lewis Carroll en su novela Alicia a través del espejo presentaba a los habitantes del país de la Reina Roja obligados a correr continuamente, sólo para permanecer donde estaban, pues el país se movía con ellos. Esta metáfora, plasmada incluso en una teoría evolutiva, viene a decir que la mejora continua de un sistema es necesaria para solo mantener su ajuste a los sistemas con los que evoluciona. Algo así le sucede a las Fuerzas Armadas (FAS), tanto a las españolas como a las de medio mundo, que deben evolucionar continuamente para adaptarse a un entorno cambiante. Es uno de los factores que explican la transformación organizativa o doctrinal de las FAS, determinando a su vez las prioridades de adquisición en los previsibles escenarios.

Éstas no paran de cambiar, de los tradicionales enfrentamientos de la Guerra Fría entre rivales estatales con fronteras bien delimitadas se pasó a actores no estatales que protagonizan acciones terroristas por medio mundo, conflictos de baja intensidad o asimétricos, donde la población está próxima y es cada vez más difícil diferenciar las tropas rivales o los actores no estatales. Súmese la escasez de recursos naturales como amenaza futura. Para adaptarse a este tipo de retos se estudian las necesidades organizativas y de medios materiales, un proceso de cambio que debe hacerse lo más rápidamente posible. De lo contrario se corre el riesgo de adoptar estructuras y medios que no serán los idóneos cuando se implanten, pues el escenario habrá vuelto a mutar.

Lo humano y lo material se adapta al futuro, lo primero mediante la formación de nuevas estructuras y lo segundo gracias al desarrollo de nuevos sistemas de armas. En los últimos años la industria evoluciona rápidamente, ofreciendo toda suerte de herramientas avanzadas, cuya implantación, a su vez, requiere de la elaboración de la adecuada doctrina de uso. Pero no solo mutan los escenarios de conflicto, también lo hacen factores como la disponibilidad presupuestaria o las prioridades de los gobiernos que las administran. Los fondos disponibles determinarán el tamaño de las unidades, qué sistemas de armas se podrán operar y en qué número. Una mayor agilidad se plasmará en un potencial de respuesta mayor y una superior eficacia. Por eso cobran importancia las iniciativas que acometen el trabajo de prospectiva que permita determinar con la mayor antelación posible los escenarios futuros, las capacidades que serán necesarias y los sistemas que sostendrán estas capacidades.

Ahí se enmarca la Dirección de Investigación, Doctrina, Orgánica y Materiales (DIDOM) del Ejército de Tierra. Su reto es el denominado Entorno Operativo Terrestre Futuro 2035, más conocido como Fuerza 2035. Por último, hay que destacar la importancia de todos los agentes implicados, desde las unidades del Ejército de Tierra y del Aire o la Armada responsables de investigación, instrucción y adiestramiento, evaluación operativa, doctrina, enseñanza, materiales y organización, pasando por el poco conocido mundo académico que aporta su conocimiento, a las empresas de defensa, con las que se trabaja para desarrollar nuevos medios o adaptar ideas surgidas para responder a las necesidades del combatiente. La colaboración entre todas estas partes y la agilidad para adaptarse al cambio conforma un círculo virtuoso en continuo movimiento.

 


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