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Mujeres Generales

Hace 31 años, las mujeres pudieron por fin acceder a los cuerpos técnicos y comunes de la Fuerzas Armadas españolas y, como no podía ser de otra manera, acabamos de ver la llegada al rango de general de brigada de la primera oficial. Es muy seguro que a los jóvenes de hoy en día esta noticia les parecerá inexplicable, porque nadie discute que las mujeres tienen las mismas capacidades y derechos para acceder a cualquier puesto, incluso en las Fuerzas Armadas, pero a finales de la década de los ochenta supuso una convulsión dentro de la Institución.

Como miembro de la promoción del Cuerpo de Intervención que salió de la Academia de San Javier en 1989, tuve la ocasión de compartir con oficiales interventores, jurídicos y del cuerpo de sanidad femenino la primera gran experiencia de un grupo de mujeres en una academia militar habitada exclusivamente por hombres desde su fundación. Obviamente, la novedad no estuvo exenta de algunos problemas iniciales, como que la ropa interior del uniforme no existía o era inapropiada, obligando a la mujer del coronel a acompañar a las jóvenes oficiales a comprar una ropa que se acomodara a las funciones propias de un cadete.

Pero para entonces la sociedad había cambiado mucho. La camaradería entre compañeros y compañeras fue absoluta y el respeto y la convivencia era absolutamente normales. Es decir, una vez más se había creado un problema donde no lo había. Hoy en día, miles de mujeres sirven en nuestras Fuerzas Armadas con la misma dedicación y esfuerzo que sus compañeros, mostrando, además, una gran profesionalidad, lo que sin duda es reflejo de la sociedad que vivimos. No podemos negar que en un camino tan arduo en una institución tan jerarquizada y durante siglos machista se han producido malas formas y actitudes, pero ¿quién está libre de ellas?. Debemos admitir que han sido muy minoritarias y aisladas, por muy significativas que se hayan querido señalar. Las Fuerzas Armadas, una vez más, han mostrado su gran capacidad de adaptación a los cambios y su compromiso con los valores constitucionales. Sin duda esta normalidad ha contribuido de forma esencial a mejorar la imagen de la Institución hasta llevarla, como no podía ser de otra manera, a las más altas cotas de confianza y apoyo social.

El ascenso de Patricia Ortega al rango de general es una acertada decisión. Yo sé que siempre aparecerán los rancios o críticos argumentando que no tiene los méritos suficientes o los cursos o la experiencia; pero olvidan que el ascenso a general tiene que ver con las decisiones del Gobierno y con los mensajes que quiere trasladar hacia dentro de la Institución y hacia fuera. No hay límites para las mujeres en las Fuerzas Armadas, como no puede haberlo en la sociedad, y este pequeño hito, que quedará en los anales de la historia militar española, es, sobre todo, un reflejo de un gran cambio.

Es una pena que la sociedad, y en especial los comunicadores, desconozcan los entresijos de las Fuerzas Armadas, pero si analizaran un poco su evolución reciente se daría cuenta de que han estado siempre en la punta de lanza de los cambios sociales y democráticos. Unas Fuerzas Armadas que pasaron a estar al servicio de un régimen dictatorial nacido de una guerra civil, que el Gobierno de Franco nunca quiso superar para que, sobre una victoria de unos españoles sobre otros, se pretendiera ganar una legitimidad, aunque el franquismo nunca trató bien a los militares. Ya se sabe eso de que no hay peor cuña que la de la propia madera y sufriron de forma heroica el terrorismo que se llevó por delante a muchos compañeros, servidores públicos, asesinados simplemente por trabajar por su país, dos de ellos compañeros míos, Leopoldo y Justo. Unas Fuerzas Armadas que cuando tuvieron la ocasión de volver a poner el país a sus pies, lo que hubiera sido una opción fácil, optaron por la Constitución y la democracia.

Unas Fuerzas Armadas que han sido desplegadas en muchos escenarios, bélicos en algunos casos, como en Kosovo o Libia, y en otros en misiones de reconstrucción y estabilización, como en Irak y Afganistán. Y en todas estas misiones las mujeres de nuestras Fuerzas Armadas se han entregado al igual que sus compañeros. Esta normalidad, sin embargo, no puede esconder que existen otros muchos sectores de la vida civil donde las mujeres todavía sufren discriminaciones injustificadas. Si cumplen jornadas superiores a sus compañeros varones y con sueldos inferiores, esto en las Fuerzas Armadas es impensable, porque afectaría a la unidad de acción y al compañerismo, que son dos pilares de la actuación y vida de las Fuerzas Armadas. En este contexto debemos interpretar la decisión del ascenso, en cuanto se han dado las condiciones, de Patricia Ortega. Y esto es sólo el comienzo, pues no duden que un día tendremos en la cúspide las Fuerzas Armadas a una mujer, y no por esta cualidad, sino simplemente porque pudo competir en condiciones de igualdad y lo consiguió y éste es el mensaje que debemos transmitir a la sociedad, de que lo que es bueno para las Fuerzas Armadas es bueno para todos.

Es indudable que siempre habrá voces discordantes, que querrán alegar discriminación positiva o méritos insuficientes. No serán los que más profesionalidad y sentido común hayan desarrollado en su vida militar; pero tanto derecho tienen unos a la igualdad, como otros a la libertad de expresión, con los límites que la ley establece, pero será cuestión de tiempo que esas voces terminen apagándose y ya no sea noticia un ascenso a general de una mujer. Eso significará que hemos dado el paso definitivo. (ENRIQUE NAVARRO Presidente MQGloNet)

Fotografía: La imposición del fajín a Patricia Ortega, primera mujer en llegar al generalato del Ejército de Tierra.


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