Europa cuenta, afortunadamente, con un sector de la defensa competitivo en el panorama mundial. El sector desempeñará un papel esencial en la materialización de los objetivos de defensa de la UE desarrollando los sistemas de defensa y seguridad del futuro. Sin duda, disponemos de las competencias y las capacidades tecnológicas que se requieren.
Pero el progreso vendrá condicionado, en última instancia, por nuestra capacidad para forjar unas estrechas alianzas estratégicas, sobre las que se han basado los éxitos de nuestro sector en el pasado. La Unión Europea debe asumir un mayor papel a la hora de gestionar desafíos, que requieren respuestas colectivas y la integración de capacidades.
En cuanto a la estrategia de Seguridad Nacional, el incremento previsto del presupuesto de Defensa permitirá mantener el nivel de operatividad necesario de las Fuerzas Armadas, así como adquirir nuevas capacidades. La dotación presupuestaria destinada a los programas especiales de modernización, un 72% más a lo presupuestado en 2022, es un estímulo para las empresas que constituyen la Base Industrial y Tecnológica de la Defensa.
Un 50% de los programas especiales de modernización son aeronáuticos, así como 6 de los 13 nuevos programas incluidos en el presupuesto de defensa para 2023 como el Helicóptero multipropósito SP NAVY, la aeronave de Patrulla Marítima MPA, el SIRTAP, el reemplazo de los F18 o la aeronave de Vigilancia Marítima VIGMA.
Además, el Ministerio de Defensa ha anunciado recientemente la adjudicación de un contrato valorado en unos 8.000 millones de euros con el objeto de preparar y realizar las demostraciones de los distintos sistemas del proyecto FCAS, el futuro caza europeo en el que España participa junto a Francia y Alemania.
En un contexto internacional inestable, este considerable aumento de las inversiones reafirman el carácter estratégico del sector industrial de la Defensa que es clave para defender nuestros valores democráticos y nuestro modelo de sociedad. Y además son una oportunidad sin precedentes para la modernización del sector aeroespacial y defensa de nuestro país, sector del que Airbus es la empresa tractora, que contribuye a mantener la operatividad de nuestras Fuerzas Armadas, el desarrollo económico, el empleo y el tejido industrial de España.
En un entorno de creciente competencia tecnológica mundial, la competitividad en innovación, en investigación y en tecnología resultan fundamentales para lograr una autonomía estratégica y tecnológica que es, además, una fuente de influencia en asuntos internacionales.
La cuestión de la autonomía se plantea de forma aguda en ciertos sectores esenciales que un país debe asumir: alimentación, sanidad, defensa y seguridad, aeronáutica, espacio, acceso a materias primas, etc. Pero lo más relevante es que esta autonomía significa poder hablar en igualdad de condiciones con otros países industriales y a la vez ser relevantes desde un punto de vista estratégico para nuestros aliados.
Casi ningún país es capaz por sí mismo de desarrollar los sistemas tan complejos y exigentes en los que trabaja la industria de defensa, esto se debe a su coste y a la incorporación masiva de tecnologías.
Por este motivo es fundamental el constante esfuerzo en innovación. Una innovación de calidad, en recursos y plazos, que hace que los productos sean permanentemente competitivos, que nos hace propietarios de tecnologías que podemos compartir o exportar, y que nos lleva a alcanzar una autonomía y liderazgo tecnológicos que nos permitirá incorporarnos a los desarrollos tecnológicos internacionales más ambiciosos.
El incremento del gasto de defensa nos da una posibilidad de concentrar este esfuerzo presupuestario, financiado por los ciudadanos europeos, en las capacidades que Europa necesita. La cooperación será la clave para el éxito.(Alberto Gutiérrez, presidente de Airbus España)





