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El polvorín ucraniano

Después de la huida del presidente ucraniano prorruso Yanukovich, tras las protestas a consecuencia de la negativa a firmar el tratado de asociación con la Unión Europea por imposición de Putin, las regiones de habla rusa del Oriente se rebelaron contra la occidental Kiev con el apoyo de Rusia, que intervino militarmente anexionándose de paso en 2014 e instauró un Gobierno paralelo al de Ucrania, en el Oriente del país, de mayoría prorrusa, al que ha venido armando desde entonces y apoyando políticamente con el fin de generar un sentimiento contra el Gobierno de Kiev.

En los últimos años se han venido produciendo combates esporádicos en la no frontera, que han conllevado centenares de muertos entre las tropas ucranianas. Putin denuncia la política antirrusa desarrollada por el gobierno de Kiev, acusándole de genocidio contra el pueblo ruso de Ucrania generándose un casus belli. En los últimos meses la OTAN ha detectado fuertes movimientos de tropas rusas en la frontera, que se estiman alrededor de cien mil hombres, así como un incremento de maniobras navales y aéreas en la zona y en Crimea.

Nadie desplaza semejante cantidad de hombres para una presión política o para maniobras. La OTAN tiene claro que Rusia está preparada para invadir Ucrania, especialmente para controlar la costa Sur, en la que la OTAN ha venido teniendo una fuerte presencia en los últimos meses. Por el otro lado, Estados Unidos no sólo ha entregado ayuda militar a Ucrania por 2.500 millones de dólares, sino que dispone de un número indeterminado de fuerzas especiales en el país entrenando a su Ejército, que hoy en día está mucho mejor preparado y dotado de lo que lo estaba en 2014 y con 250.000 efectivos.

Con el fin de preservar su seguridad ante la amenaza rusa, el presidente ucraniano solicitó en 2008 el ingreso en la OTAN, que todavía está por decidirse y contra la que Rusia está dispuesta a iniciar una conflagración. Y finalmente, el gas. Rusia terminó de construir el gaseoducto Nord Stream 2, que lo llevará al centro de Europa, evitando a Ucrania y, por supuesto, dejando fuera de su suministro a los países que fueron de la órbita soviética, a los que nunca ha perdonado que hayan querido abandonar el dominio de Moscú.

Este gasoducto suministrará a Alemania casi el 40 por ciento de sus necesidades y adivinen quién es el presidente del Nord Stream 2: el último canciller socialdemócrata alemán, Gerhard Schroeder. El presidente Biden amenazó a Rusia con cerrarlo y todavía está pendiente de decisiones administrativas, lo que le privaría a Moscú de una billonaria cantidad de euros en el corto plazo, aunque está por ver cuál será la posición del nuevo Gobierno alemán.

Una invasión de Ucrania sería primero, teniendo en cuenta las capacidades de los dos países, una catástrofe humana con decenas de miles de muertos; pero en segundo lugar supondría un punto de inflexión. Si Occidente no detiene a Rusia fuera de Ucrania, el resto de países del Este de Europa, especialmente Polonia y los Bálticos, caerán como piezas de dominó. Si aceptamos el chantaje de calefacción por territorios, Europa habrá capitulado.

Si, finalmente, Putin lanza sus hombres contra Ucrania, no podrá evitar la guerra total. Ya no se va a encontrar un conflicto de baja intensidad que le lleve a fortalecerse en las posiciones del Oriente y provocar una involución en Kiev, regresando a los gobiernos títeres prorrusos. La rusofobia se ha instalado en la sociedad ucraniana y no parece posible evitar el conflicto.

La anexión de las repúblicas orientales por la fuerza o la creación de un estado títere no serían el último paso, porque a Putin no le interesan ni le preocupan los prorrusos de Ucrania, sino la amenaza occidental sobre Rusia y por eso no se va a detener de motu propio, hasta controlar toda Ucrania. Rusia ya ha comenzado su política de diseminar fake news y de movilizar a la izquierda radical europea contra el régimen ucraniano, tildándolo de aliado del imperialismo americano.

Así, no será extraño que muchos gobiernos europeos se dejen influenciar por esta profusión de razones en favor de la invasión y de congelar el problema dentro de Ucrania. España, seguramente se encontraría en este bloque, con la teórica ventaja de que no dependemos energéticamente del gas ruso; pero aquí tenemos un punto débil: Argelia, del que sí dependemos.

Argel es el gran aliado ruso en el Mediterráneo y Putin se está encargando de proveerle todo su arsenal más moderno para su siempre potencial enfrentamiento contra Marruecos, el ahora más firme socio de Estados Unidos e Israel, al percatarse de que con Europa no podía contar para proteger sus intereses. Así que ya tenemos la tormenta perfecta en la que nos vamos a ver envueltos y sin quererlo ni buscarlo.

¿El nuevo Gobierno socialdemócrata alemán será capaz de sacrificar el gas ante un frio invierno por salvar Ucrania? Mucho me temo que Europa se pondrá de perfil y Estados Unidos aparecerá como el salvador de esta Europa del Este, que sufrió millones de muertos para salir del comunismo y que no encuentra en la Europa de Berlín y París un acomodo que les proteja de su enemigo real, que ambiciona, como siempre, poner sus fronteras occidentales en el Danubio y en el Oder y al resto de Europa a sus pies.

Europa se enfrenta a un reto estratégico sin precedentes desde el final de la Guerra fría y se juega incluso su propia existencia como entidad política. Si los países del Este de Europa no se sienten respaldados por París y Berlín, o bien se echarán en manos de Rusia o de Estados Unidos, lo que supondría un serio varapalo, quizás definitivo a la Unión Europea.

Por Enrique Navarro, Presidente MQGloNet


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