Querido León, mi respetado Cabo:
Después de tantos años, creo que casi treinta y tres, quizás te sorprenda recibir una carta de tu coronel. Y aún mayor será tu sorpresa al leerla, pues está llena de relatos que sabrán encender tu espíritu de legionario.
Antes de relatar los hechos y las circunstancias que siguieron al impacto del mortero de 120 mm, aquel que te arrebató la vida, quiero evocar algunos de los momentos más significativos protagonizados por tu compañía y el resto de unidades de la Agrupación Táctica Canarias (AGT), cuyas acciones y sus consecuencias precipitaron los sucesos de Jablanica del 31 de julio de1993.
Quiero expresar ante todo mi profundo agradecimiento por la manera ejemplar en que cumpliste con tu deber, con la entereza propia de un valiente legionario. Cuando resonaron los dos impactos previos al de tu muerte en el destacamento, bien pudiste haber buscado refugio; sin embargo, elegiste permanecer firme en tu puesto, velando por la seguridad de tus compañeros. Y fue entonces, en ese acto de entrega, cuando la granada segó tu vida. En nuestra Legión, a eso lo llamamos, con toda justicia, un acto de heroicidad.
La carta a un legionario, que en este caso te escribo es póstuma, y exige una franqueza absoluta. En la brevedad de sus líneas, párrafos y secuencias, debe latir la verdad más pura de los hechos o circunstancias que se confían al destinatario, que eres tú. Sin duda, este propósito será para mí una empresa ardua, cada palabra ha de pesar tanto como el silencio que la rodea.
Esta carta que hoy te escribo no pretende ser más que el sencillo relato de un veterano legionario, --… Y así, de modestias llenos, a los más viejos verás… versos de Calderón de la Barca--, redactado con la mayor honestidad de quien ha visto pasar los años y las campañas. Y es que, aun cargado de memorias y recuerdos, conservo intacto el espíritu juvenil de aquel teniente que fui y, con ese mismo aliento, deseo dirigirme a ti, camarada caído en acto de servicio. Sea este escrito testimonio de respeto y homenaje, nacido no de la pompa, sino de la sincera hermandad que une a los que visten el mismo uniforme.
Los que hemos pertenecido (y, en el caso del que te escribe, sigue permaneciendo como adscrito) a unidades de La Legión, tenemos muy grabado en nuestro corazón, el recuerdo a nuestros muertos, pues son ellos quienes otorgan, aumentan y perpetúan su Gloria. Mi intención es recurrir a mi memoria y sentimientos, para contarte en esta carta, respetado Cabo León, los sucesos posteriores a aquellos momentos de tu muerte, por la patria y por la paz y que te honra por toda la eternidad.
Todo lo que se relatará en los siguientes párrafos son hechos reales ocurridos durante el despliegue de la Agrupación Táctica Canarias en Bosnia-Herzegovina (BiH) en 1993. Este escrito solo alberga la ficción de la dirección celestial a la que está dirigido, y donde seguramente te encuentras, tú como protagonista, formando Bandera –como reza en nuestro himno- junto al resto de los legionarios que nos precedieron, fieles al cumplimiento de su deber en La Legión.
En los gloriosos anales del Tercio “Alejandro Farnesio” 4º de La Legión, y en particular, en la crónica que inmortaliza los hechos que llevó a cabo una unidad de la Xª Bandera, integrada en la Agrupación Táctica Canarias, se recoge con honor la jornada del 31 de julio de 1993.
.jpg)
Los hechos quedaron asimismo reflejados en el Diario de Operaciones de la VIIIª Bandera (Tercio 3º) --unidad de maniobra de la AGT compuesta por cuatro compañías de fusiles, cada una procedente de los distintos Tercios de La Legión--. y figuran también en el Diario de Operaciones de la propia Agrupación.
La historia comienza en abril de 1993, cuando llegamos a Bosnia-Herzegovina. Instalamos nuestro cuartel general a las afueras de Medjugorje, en un viejo hotel que aún parecía guardar, entre sus muros agrietados, el eco lejano de tiempos más tranquilos. El complejo estaba compuesto por dos grandes edificios de una sola planta, firmes como guardianes silenciosos, y alrededor de ellos se extendía un conjunto de pequeñas casitas-dormitorio, también de una sola altura. Se alzaban de dos en dos, dispuestas como compañeras de vigilia, como si cada una velara por la otra en aquellas noches inciertas. De entre todas, una fue destinada al mando de la Agrupación. Quedaba justo frente a los dos bloques principales: en uno funcionaba el comedor, que servía también de salón de reuniones para las grandes convocatorias y, en el otro, se encontraban los despachos de jefes, oficiales, suboficiales y tropa, el verdadero corazón latiente de nuestro cuartel general (CG)
Era la noche del 30 al 31 de julio de 1993. Alrededor de la 01:45 h, mientras descansaba en mi alojamiento, sonó el teléfono satelital. Era el comandante jefe del destacamento de Jablanica, quien me transmitió el siguiente parte:
A las 01:30 horas, tres granadas de 120 mm impactaron en el destacamento, causando la muerte del CL León Gómez y dejando heridos a otros diecisiete miembros, entre oficiales, suboficiales y tropa. De ellos, seis se encontraban en estado grave, cinco con heridas de menor gravedad y seis con lesiones leves. El personal descansando en las fortificaciones terminadas quedaron ilesos.
.jpg)
El parte aún especificaba: La granada que acabó con la vida del legionario León cayó a menos de dos metros del puesto donde él, en su turno de vigilancia armada, protegía el descanso de los legionarios, en su mayoría oficiales,´suboficiales y clases de tropa, para que en las fortificaciones terminadas, pudieran pernoctar mayor número de caballeros legionarios. Su muerte ha profundizado aún más la herida abierta en los corazones de todos ellos. Era el décimo compañero caído de la Agrupación.
Esta noticia requiere contexto. Te cuento lo que sucedía: Esto es para que recuerdes pues tú bien lo sabes. Desde el inicio de los bombardeos a la ciudad por parte de las fuerzas bosnio-croatas, varias granadas habían estallado en las inmediaciones del destacamento Ante el riesgo de impacto directo, por el temor de que,--de forma intencionada o accidental-- alguna pudiera impactar en el recinto militar español, se emitieron las ordenes de reforzar la seguridad del campamento. Con ese objetivo, se construyeron refugios subterráneos (obra realizada por la compañía de zapadores de la AGT) y se colocaron sacos terreros para proteger los contenedores y posiciones clave.
.jpg)
En el destacamento de Medjugorje se dió la alarma, a través del cornetín de órdenes, que puso a todo el cuartel general, operativo en pocos minutos, y se cursaron mensajes: informando de lo ocurrido al CG de UNPROFOR (Fuerza de Protección de Naciones Unidas), y al CG de la Fuerza de Acción Rápida (FAR) dando parte de los hechos y solicitando un avión medicalizado y, a la unidades subordinadas para que todos los blindados medios ruedas (BMR) ambulancias se dirigieran y estuvieran preparados para recoger heridos. El punto de reunión: el CG de Medjugorje.
Todos los mandos consideraban muy grave la situación y a las 04.00 horas de la mañana de ese día, salía una columna hacia Jablanica, compuesta por ocho BMR ambulancias medicalizados, el escuadrón de caballería y el puesto de mando operativo de la Agrupación y su escolta, con su coronel.
La misión era clara y urgente: llegar lo antes posible a Jablanica, para una vez allí, recoger los restos de nuestro héroe, –los tuyos, mi querido León-- y trasladar en los BMR ambulancias a todos los compañeros heridos hasta nuestro hospital quirúrgico avanzado de Dracevo. Decirlo y escribirlo parece sencillo; sin embargo, en la realidad implicaba atravesar controles de carretera, dominados por bandos diferentes y hostiles entre sí.
El tiempo seguía avanzando y las dificultades aumentaban en cada momento. La paciencia se había agotado; --por los escollos de espera en los puntos de control--, era demasiado tarde para esperar más. Había que tomar una decisión, y así se hizo: contactamos por radio con el Cuartel General de UNPROFOR y hablamos con el Jefe de Estado Mayor, solicitando el envío de helicópteros al destacamento de Jablanica. El objetivo era trasladar los heridos hasta Dracevo, --donde aguardaban los médicos del hospital quirúrgico avanzado-- así como tu cuerpo hasta el Hospital de Split.
La orden fue confirmada al comandante jefe del destacamento de Jablanica, para que preparara a los heridos, quién informó que todos ellos habían tenido una primera cura en el hospital civil de la ciudad .Los médicos bosnio-musulmanes se portaron de forma excelente.
Llegamos a Jablanica a las 09.00 horas. Tardamos cinco horas en recorrer tan solo setenta y siete kilómetros, pero había buenas noticias: los helicópteros franceses ya habían llegado a nuestro hospital de Dracevo. ¡Gracias, Señor!
Me quedaban dos misiones por cumplir. En primer lugar, alentar la moral de la tropa -fuego invencible del espíritu legionario-, dicho y hecho. En segundo término tenía que afrontar la más dura de todas: telefonear a tus padres, asentados en tu pueblo de Palma del Río provincia de Córdoba, para entregarles un mensaje que ningún soldado quiere dar… ni ningún padre oír.
Cuando hablé con Don Manuel León Rodríguez, tu querido padre, comprendí que hay experiencias que resultan imposibles de describir con palabras. Son momentos que solo pueden entenderse al vivirlos, y nadie puede reclamar destreza o veteranía, aunque haya pasado por ellos una decena de veces. Siempre acaban entre sollozos nacidos del alma, buscando consolar a tus padres en su dolor.
Aquella mañana del 31 de julio, el sol despuntaba sobre el destacamento, bañando las fortificaciones en construcción, que pena que no hubieran estado terminadas. Antes de salir hacia Split y durante la inspección, se percibía el avance notable de las fortificaciones. Incluso las intérpretes, con las mangas arremangadas y el cabello recogido, trabajaban codo a codo junto a los legionarios. Entre paladas de tierra y golpes de pico, un legionario, decidido a elevar la moral, comenzó a entonar con sorna aquella conocida canción: “Con el pico y la pala nos están dando…”. Seguro que era amigo tuyo.
.jpg)
Por lo expuesto anteriormente, y en mi condición de coronel jefe, siento en lo más profundo de mi deber y de mi corazón la obligación moral de dirigirme a ti, de manera directa y personal. A través de estas líneas, te daré ahora conocimiento de lo que el pueblo español hace con sus héroes, de los homenajes y reconocimientos que estos merecen por su entrega de la vida por la patria y por la paz, para que el ejemplo y el legado de todos vosotros sean conocidos y recordados.
El helicóptero te llevó hasta Split. Desde el aeropuerto, tu último viaje continuó hacia el hospital de la ciudad, donde la capilla ardiente fue dispuesta en tu honor. A tu lado, en silenciosa vigilia, tus compañeros legionarios se turnaban para velarte.
En la base retrasada de Divulje (Split), sede de nuestra Unidad de Apoyo Logístico (UAL), tuvo lugar un acto profundamente legionario. Fue presidido por el general Luis Feliú Ortega, segundo jefe de UNPROFOR, y comenzó con una misa de campaña oficiada por nuestro capellán castrense, el pater Félix (Q. E. P. D.). Finalizada la ceremonia religiosa, se rindieron los honores de ordenanza que siempre dedicamos a nuestros muertos. La Agrupación Táctica Canarias, con sus jefes al frente y una representación de sus miembros libres de servicio, a la voz de, ¡Guiones y Banderines, rindan honor a nuestros muertos! se entonó con voz firme El Novio de la Muerte. Todos los guiones y banderines formaron para rendir honores, a tu alrededor, al toque de Oración, interpretado por una sola corneta: la del cabo Julio, cornetín de órdenes de la Agrupación.
.jpg)
Quien estuviera cerca no podría dudar de que aquel acto resultaba sobrecogedor: el himno resonó sin música, sin tambores y sin cornetas. Lo mismo aconteció cuando, al toque de marchar indicado por el cornetín --precedido de la contraseña de La Canción del Legionario, nuestro himno--, iniciamos el desfile. Caminamos cantando, como tú tantas veces lo hiciste, y al pasar junto a ti te rendimos el Vista a la Derecha, como corresponde a los honores que mereces por tu sacrificio, tu entrega y por la lealtad que siempre profesaste a los Espíritus de nuestro Credo.
Te embarcamos en el avión que había venido a recogerte y que te llevaría al aeropuerto de Córdoba. Allí te estaban esperando tus padres y tu hermano Manuel, Caballero Legionario como tú, y destinado en la misma unidad, había regresado hacía tres meses de BiH encuadrado en la Agrupación Táctica Málaga, así como tus compañeros del Tercio Alejandro Farnesio 4º de La Legión. Ellos fueron tu escolta en esos cincuenta y cinco kilómetros que separan la capital de tu pueblo natal, Palma de Río. Eran las 20.15 horas de ese día, cuando llegaste a tú localidad.
No puedes imaginar la magnitud de la bienvenida que te ofrecieron tus paisanos. El Consejo Municipal en pleno -encabezado por el alcalde, Don Salvador Blanco Rubio- y más de dos mil personas te aclamaron con entusiasmo. Entre aplausos que resonaron como una tormenta de truenos y decenas de ramos de flores levantados al aire, la plaza del Ayuntamiento vibraba, colmada de tristeza y orgullo.
A hombros de tus compañeros del Tercio 4º, fuiste llevado hasta el salón de plenos del Consistorio, donde se instaló la capilla ardiente y permaneciste velado, durante toda la noche, por tu familia, por los legionarios y por decenas de amigos y paisanos. En el ambiente se sentía el profundo carisma que siempre tuviste en tu ciudad de nacimiento.
A las once en punto de la mañana del domingo 1 de agosto, la iglesia abrió sus puertas para acoger la misa por tu eterno descanso. El templo, y hasta sus alrededores, se encontraban rebosantes de almas llegadas de cada rincón de Palma del Río: familiares, amigos, vecinos… y, entre ellos, tus hermanos de armas. Tus compañeros legionarios, con el pecho erguido y la mirada velada por la emoción, entonaron de nuevo El Novio de la Muerte, esta vez acompañados por el estruendo solemne de cornetas y tambores de la Banda de Guerra del Tercio 4º, formada con impecable marcialidad en la puerta principal de tu Parroquia.
Por esas mismas puertas entraste envuelto en un silencio reverente y saliste acompañado de un aplauso que se mezclaba con oraciones, suspiros y lágrimas. El fervor de tu pueblo te cubría como un manto, despidiéndote con el honor que sólo se concede a los que viven y mueren con heroísmo.
Tu entierro, en el cementerio de la localidad, fue tan profundo en sentimientos como clamoroso en voces. Allí, entre coronas y banderas, se alzaron al cielo incontables voces que gritaron, con fuerza y orgullo:
¡Viva La Legión!
En aquellos días de hondo pesar, tu recuerdo permanecía vivo en cada rincón y en cada alma que te conoció. Nadie podía apartarte de sus pensamientos. El primer legionario de la patria, su majestad el rey Don Juan Carlos I, honró tu memoria enviando a tus padres y seres queridos un mensaje de sentidas condolencias, gesto que, más allá del protocolo, hablaba de reconocimiento y gratitud eternos por tu ofrecimiento.
En el pleno extraordinario del Ayuntamiento de Palma del Río, celebrado el 1 de agosto de 1993, se acordó cumplir dos días de luto en la ciudad y otorgar tu nombre a una calle del municipio, con el propósito de preservar viva tu memoria entre tus conciudadanos, quienes te reconocen como un ejemplo de sacrificio, entrega y heroísmo.
En Mostar también se custodia la memoria de todos aquellos a quienes honra el monumento erigido en la plaza de España de la ciudad. Fue el 4 de abril de 2012 cuando su majestad el rey de España, Don Juan Carlos I, inauguró este mausoleo dedicado a todos los españoles caídos en misión de paz. En él se encuentra una placa en la que figura, entre otros, el nombre del Cabo José Luis León Gómez, de la AGT Canarias.
.jpg)
En el cuartel general de la Unión Europea en Mostar, una placa mantenía vivo el recuerdo de todos los españoles que entregaron su vida por la paz. En ella figura tu nombre, junto a tu rango, tal como se aprecia en la fotografía.
Tus siempre compañeros, antiguos y veteranos legionarios, agrupados en las distinta hermandades de La Legión, han querido también demostrar su recuerdo y cariño, hacia ti, cabo León, erigiendo un precioso monolito que evoca, en una placa, las circunstancias de los hechos del día 31 de julio de 1993.
Pasaron muchos años, pero nuestro Ejército jamás olvida a sus soldados. Así por Real Decreto del 28 de mayo del 2010 , se te confiere a título póstumo el empleo de Cabo honorífico, en reconocimiento a las circunstancias excepcionales que rodearon tu servicio, á los méritos alcanzados y a las virtudes militares que, con brillo extraordinario supiste encarnar.
El Ministerio de Defensa tampoco olvida ni abandona a los hombres y mujeres que integran nuestras Fuerzas Armadas. Así, mediante la Orden de Defensa del 15 de diciembre de 2010, se te otorga la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo, en reconocimiento supremo a tu sacrificio: haber entregado la vida en acto de servicio, lejos de la tierra que te vio nacer. Esta cruz posee un valor excepcional: recompensa el coraje y las acciones realizadas con abnegación y sacrificio, en tu caso, entregando la propia vida.
Siempre fuiste un ejemplo para tus compañeros legionarios del 4º Tercio, en especial para los componentes de tu compañía de la Xª Bandera, quienes formaron en tu honor aquel 20 de junio de 2018, con motivo del 25º aniversario de tu muerte, en una nueva plaza de Palma del Río.
Ese día, con la asistencia de todos los dirigentes del Ayuntamiento y de todos los jefes del Tercio, se inauguraron el monolito y la plaza que llevan tu nombre.
En la placa del obelisco se puede leer:
“El Ayuntamiento de Palma del Río en memoria del legionario José Luis León Gómez, hijo de esta ciudad, que el 31de julio de 1993, dio su vida en cumplimiento de su servicio como integrante de pacificación de la ONU en Bosnia-Herzegovina”.
.jpg)
El acto se llevó a cabo con aplausos constantes de miles de conciudadanos que abarrotaban la plaza, conoces de sobra el ceremonial: se cantó El Novio de la Muerte mientras llegaban al monolito los guiones y banderín, el toque de Oración señalaba tu recuerdo y la entrega de tu vida por la patria y por la paz. El desfile, como siempre, con la Canción del Legionario y a ciento sesenta pasos por minuto.
El Tercio “Alejandro Farnesio” -tu Tercio- mantiene encendida la llama del recuerdo de su héroe. Año tras año el 31 de julio, tu compañía, junto a los comisionados de la unidad y con su coronel jefe al frente, se traslada hasta Palma del Río. Allí, en la plaza que orgullosa lleva tu nombre y al pie del monolito que salva para la eternidad el valor y el sacrificio de un legionario, se rinden con emoción y solemnidad los honores de ordenanza a quienes entregaron su vida por España.
Los escritos suelen contar con un epilogo. En este caso, será la ceremonia de entrega a los familiares de las Cruces Rojas concedidas a esposos, hijos o hermanos. Para satisfacción y orgullo de todas las familias, este acto se llevó a cabo en los salones del cuartel general del Ejército, Palacio de Buenavista en Madrid. Allí el jefe del Estado Mayor del Ejército (JEME) general de Ejército Fulgencio Coll Bücher, fue entregando la condecoración a cada uno de los familiares.
.jpg)
Concluida la entrega, tomó la palabra la viuda del capitán Jesús Aguilar Fernández, doña Carmen Montilla, y en nombre de todos expresó su gratitud. Con el paso del tiempo, antes de decidirme a escribir esta carta, he recordado aquellas palabras una y otra vez. En ellas late el más hondo sentimiento que puede albergar un corazón de esposa: el amor inmenso e inquebrantable hacia su marido, y la digna resignación de ofrecerlo, entero, al servicio de la Patria.
Clausuró el acto la alocución del JEME, quien, con voz cargada de emoción, rememoró uno a uno los hechos de los condecorados y sus gestas heroicas en misiones de paz. Subrayó que la deuda de gratitud que España mantiene con ellos permanece aún intacta, pues ofrecieron, con generosidad suprema, lo más valioso que poseían: su propia vida. Expresó su profundo respeto y admiración hacia ellos, y dirigió un emotivo agradecimiento a los familiares, guardianes de la memoria y el sacrificio de sus seres más queridos.
Con estos recuerdos imborrables que permanecerán para siempre en la memoria de todos nosotros, y con la seguridad de que en la Bandera en la que actualmente sirves --la CVI, por años desde la fundación--, siempre estará presente la unión y el espíritu inquebrantable de todos los legionarios que, a lo largo de los tiempos, han entregado su esfuerzo, disciplina y vida a La Legión, te envío, junto con esta carta, mi más profunda estima y consideración. Recibe también un fuerte abrazo legionario, cargado de hermandad y el orgullo que nos une bajo nuestros eternos ideales.
AMÉN
Cabo caballero Legionario LEÓN
¡¡¡ PRESENTE !!!






1 comentarios