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Regimiento de Húsares de María Luisa

El periodo en el que reina Carlos IV (1788-1808) se ve adversamente influido por el trágico acontecer de hechos y causas generativas que origina la Revolución francesa.

Así, cuando el 20 de junio de 1791 la familia real francesa en su huida es detenida en Varennes y, tras capciosas medidas de seguridad, reinstalada en Ias Tullerías, hubo de ser causa de general conmoción en la Corte española. Este suceso también produjo en las potencias centro-europeas gran exasperación de ánimo hasta el punto de que Austria y Prusia, coligadas, movilizaron sus tropas con objeto de rescatar a las regias personas. Cruzaron la frontera y ocuparon Longwy y Verdún, pero surgió la réplica francesa que con masivo tropel de enfervorizados combatientes derrotaron a los austro-prusianos en Valmy, el 20 de septiembre de 1792.

Carlos IV retiró a su embajador, el ilustrado conde de Aranda, que de vuelta a España sostuvo agrias divergencias con el favorito Godoy acerca de los planes a tomar para intervenir militarmente en la revulsiva Francia. Pero toda discusión quedó obviada al tener noticia de que el desdichado Luis XVI era ejecutado en la guillotina el 21 de enero de 1793. Por este hecho, Carlos IV declaró la guerra el 23 de marzo y tropas españolas, ya de antemano dispuestas, iniciaron la invasión por la frontera pirenaica.

La guerra de los Pirineos (1793-1795) tuvo efecto con un Ejército dividido en tres núcleos situados en tres sectores de la cordillera al mando supremo del general Ricardos, que actuaria por la zona oriental con propósito de ocupar el Rosellón; el centro con encargo de contención lo asumiríaD. Pablo Sangro y la zona occidental al mando de D. Ventura Caro que, penetrando por Hendaya, operó por el Bearne.

Se decidió aumentar el número de tropas por lo que el monarca convocó a la nación y, en especial, a los grandes señores para contribuir a dicho propósito. Gran parte de los nobles respondieron, y entre ellos dos acaudalados próceres de Extremadura. Uno fue el marqués de Monsalud, residente en Almendralejo, que ofreció a sus completas expensas crear un cuerpo de carabineros montados. El rey aceptó la oferta oficialmente y por Soberana Decisión (SD) el 5 de abril de 1793 se organizó como un escuadrón de cuatro compañías formadas éstas por: capitán, teniente, alférez, sargentos 1º y 2º, cabos 1º y 2º, un trompeta y 36 soldados montados. La Plana Mayor, compuesta de coronel, teniente coronel, sargento mayor, ayudante, capellán, timbalero, mariscal de logis, sillero y maestro armero. El mando fue conferido al marqués de Monsalud. El segundo donante era el conde de la Corte de Veron, avecindado en Jerez de los Caballeros, que prometió igualmente levantar un segundo escuadrón semejante al primero. Admitido el ofrecimiento por el monarca, lo haría público mediante una R.O. del 26 de abril del mismo año.

El primer escuadrón quedó acantonado en Talavera la Real hasta que a mediados de 1794 se incorporó a las fuerzas del conde de la Unión que peleaba por el Norte de Cataluña en la ya postrera guerra pirenaica en la que aún se luchaba por La Junquera, Massanet, Terradas, San Lorenzo de Muga, luego Camprodón, Castellfullit. Por último, en las decisivas batallas de Pontos y Beilver, donde acabó la contienda por la paz de Basilea en julio de 1795. Anteriormente, y al objeto de engrosar el referido cuerpo, el monarca dictó una Soberana Resolución (SR) en 28 de agosto de 1794 por la que se disponía crear un tercer escuadrón para serle agregado y por cuenta del Estado, añadiendo que en honor a su augusta esposa se titulase Regimiento de Carabineros Reales de la Reina María Luisa. De este modo, organizado y adoptando el nuevo uniforme marrón en vez del blanco antiguo, quedaría de guarnición en Madrid. En 1796, por presión del Directorio francés, España entró en guerra con Inglaterra, y el regimiento prestó servicio de observación por el lindero portugués. Después fue enviado al campo de Gibraltar, quedando de cantón en San Roque, donde actuaría en la defensa de Cádiz ante el bloqueo inglés.

En 1801 se integró en el Ejército invasor de Portugal al mando supremo de Godoy. En esta fugaz campaña tuvo lugar la llamada guerra de las naranjas, que acabó sin gran notoriedad en Arronches, aunque sí con la posesión de Olivenza. Ya entrado el año 1802, Godoy, como generalísimo de las fuerzas de mar y tierra, quiso rendir homenaje a la reina disponiendo que aquel cuerpo de carabineros fuese transformado en el vistoso Regimiento 1º de Húsares de María Luisa. A continuación, ya acabada la tregua que impuso la paz de Amiens (25-III-1802), los flamantes húsares quedaron acuartelados en Badajoz donde en 1808 les sorprendió la Guerra de la Independencia. Dada la temporal ausencia de la Monarquía en España, la Junta de Armamento y Defensa de Extremadura dispuso que el susodicho Cuerpo prescindiese de tal nombre al constituirse en dos regimientos de cinco escuadrones de a dos compañías con 491 caballos por cada uno de ellos y, debiendo titularse: 1º y 2º de Húsares de Extremadura confiriendo su mando al marqués de Monsalud y a D. Cristóbal Mariano, respectivamente.

Estos nuevos húsares incluidos en los Ejércitos de Extremadura y Andalucía hubieron de combatir contra las fuerzas napoleónicas con más o menos fortuna en todo el tiempo que duró la guerra. Con el asendereado y concluso reinado de Carlos IV acabaría también la historia y la imagen de los húsares de María Luisa, si bien permanecería de algún modo como somero apéndice en la propia historia de aquellos otros Cuerpos que le reemplazaron y, en especial, aquel que en 1815 sería 1º de Húsares de Bailén para después pasar según la época por distintas modalidades y venir a ser extinguido en 1849 como 17° de Lanceros de Bailén. Como nota sensible y figurativa cabe el señalar que todos estos regimientos conservaron y lucieron el primitivo emblema que era en cifra de oro el nombre de la reina María Luisa de Borbón..

Texto y dibujo: Miguel Montaner


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