La compañía estadounidense Regent Defense ha apostado por el desarrollo de una familia de planeadores o vehículos de efecto suelo a los que denomina Seagliders, con los que quiere redefinir la movilidad marítima en entornos civiles y militares. Su propuesta combina hidrodinámica de hidroala, vuelo en efecto suelo y propulsión eléctrica o híbrida para crear plataformas rápidas, discretas y de operación austera con los que parecen resucitar el veterano concepto de ekranoplano.
El núcleo tecnológico de Regent son los seagliders, vehículos que operan en tres fases: modo casco, modo hidroala y vuelo en efecto suelo, siempre por encima de la superficie del mar. El casco despega apoyado en hidroalas, reduce el rozamiento y, ya a cierta velocidad, se eleva unos metros sobre el agua aprovechando el efecto suelo aerodinámico, lo que permite altas velocidades con menores consumos que una aeronave convencional.
Este concepto permite alcanzar velocidades del orden de 160 a 180 mph (aproximadamente de 140 a 155 nudos) en el modelo Viceroy, en rutas costeras de hasta 180 millas en su configuración totalmente eléctrica, y mayores alcances en futuras variantes híbridas. Todo ello con operación sobre superficie marítima, sin necesidad de pistas ni infraestructuras aeroportuarias, pero con prestaciones de transporte próximas a las de un avión ligero.
Viceroy: plataforma tripulada modular
El Viceroy es el modelo emblemático de Regent, concebido como un seaglider de 12 plazas para rutas comerciales y aplicaciones duales. Su diseño modular permite reconfigurar el interior entre configuración de pasajeros, transporte de carga ligera o evacuación médica integrando camillas, personal sanitario y equipamiento de soporte vital.
En las demostraciones con el Laboratorio de Guerra de la Infantería de Marina estadounidense (Marine Corps Warfighting Lab), el Viceroy ha ejecutado misiones de rescate desde muelle, playa y mar abierto, embarcando heridos simulados y trasladándolos a un escalón sanitario superior a alta velocidad. Esta versatilidad es clave en el discurso de la empresa: un único casco que puede pasar de shuttle o transporte costero civil a plataforma logística táctica, ambulancia marítima o vector de inserción ligera según la configuración de carga y cabina.
Squire: dron Seaglider de efecto suelo
En el ámbito no tripulado, Regent ha desarrollado Squire, un seaglider de menor tamaño diseñado como vehículo de superficie y aéreo no tripulado (USA‑V) para misiones de defensa y seguridad. El Squire ha alcanzado ya 70 nudos en pruebas en efecto suelo y está dimensionado para portar cargas útiles del orden de varias decenas de kilos en perfiles de misión ISR, logística ligera, búsqueda y rescate o guerra antisubmarina.
Su arquitectura se basa en los mismos principios que el Viceroy: casco optimizado para la transición a hidroala y vuelo en efecto suelo, con electrónica de control y navegación autónoma pensada para operar cerca de costa, sobre mar abierto o entre islas. El objetivo de la compañia es que Squire pueda integrarse en redes C2 existentes como un “dron de mar rápido”, capaz de colocar sensores, suministros o equipos donde hoy solo se llega con embarcaciones lentas o helicópteros costosos.

El Squire, un seaglider en formato no tripulado (Regent)
Propulsión eléctrica e híbrida y carga remota
La propulsión es otro elemento central del producto. Regent ha apostado por soluciones totalmente eléctricas para las primeras versiones del Viceroy y por arquitecturas híbridas para futuras variantes de defensa, con el fin de ampliar alcance y flexibilidad de misión. El uso de baterías de alta densidad, combinado con el menor consumo que permite el vuelo en efecto suelo, busca ofrecer un coste operativo inferior al de helicópteros y aeronaves convencionales en distancias cortas y medias.
Para sostener estas plataformas en entornos austeros, Regent ha probado, junto a Schneider Electric y World4Solar, sistemas de recarga remota en ubicaciones sin red eléctrica. La idea es desplegar módulos de generación y almacenamiento de energía que permitan cargar seagliders en bases avanzadas, islas o enclaves remotos, convirtiéndolos en activos de alta movilidad que no dependen de puertos o aeropuertos tradicionales.
Arquitectura, sensores y firma reducida
Desde el punto de vista de diseño, los seagliders buscan una baja firma radar y visual al volar muy cerca de la superficie y, en muchos perfiles, por debajo del horizonte de sensores terrestres. El uso de materiales compuestos en fuselaje y alas, junto con secciones cuidadas, apunta a reducir eco radar y mejorar eficiencia aerodinámica.
Las variantes de defensa están pensadas para integrar pods de misión intercambiables con sensores EO/IR, radares compactos, enlaces de comunicaciones seguros y, en el caso de Squire, equipos específicos para vigilancia marítima o guerra antisubmarina de litoral. La compañía subraya que el diseño al que se refieren como digital‑first de sus plataformas permite iterar rápidamente paquetes de misión sin rediseñar el vehículo base.
Base industrial y madurez del producto
A nivel industrial, Regent está levantando una planta de fabricación de seagliders de unos 24.000 metros cuadrados en el Quonset Business Park, en Rhode Island, concebida como línea piloto para producción en serie. Desde allí se ensamblarán las distintas variantes del Viceroy, las configuraciones híbridas y el dron Squire, aprovechando una cartera de pedidos comerciales superior a 10.000 millones de dólares que da masa crítica al ecosistema de proveedores.
La empresa ha completado ya campañas de ensayos en agua y en efecto suelo con sus demostradores a escala y con Squire, y está en fase de validación ampliada con clientes militares y civiles. El mensaje que lanza Regent es claro: su tecnología de efecto suelo ha dejado de ser un concepto exótico heredero del ekranoplano para convertirse en un producto con cronograma de entrada en servicio, líneas de fabricación definidas y un roadmap de versiones tripuladas y no tripuladas para múltiples misiones marítimas. (José Mª Navarro García)





Deje un comentario
Su e-mail no será publicado.
Los comentarios que no se atengan a las normas de participación podrán ser motivo de expulsión.