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Los vigilantes del Espacio Ultraterrestre

En el espacio hay 34.000 objetos de un tamaño mayor de diez centímetros, unos 900.000 entre uno y diez, lo que equivale a una bola de billar, y se calcula que son más de 128 millones los que miden menos de un centímetro, muy difíciles de detectar. La mayoría se encuentra en órbitas bajas, entre los 200 y los 2.000 kilómetros, donde también se ubica el 70 por 100 de la basura espacial: restos de lanzadores, satélites abandonados y otros objetos que ya no cumple ninguna función útil.

La dependencia civil y militar de los servicios que provienen del espacio es cada día mayor y su destrucción o manipulación intencionada tendría graves consecuencias para la vida en la Tierra tal y como la concebimos hoy en día. Por ello, son necesarios los sistemas de control, vigilancia y seguimiento de toda la actividad que tiene lugar en el espacio ultraterrestre. En las Fuerzas Armadas, el responsable de esta tarea es el Centro de Operaciones de Vigilancia Espacial (COVE), la unidad más joven del Ejército del Aire. «Nuestra misión —señala su responsable, el comandante Rafael González Cámara— es proporcionar información de la situación espacial al resto de las Fuerzas Armadas. De todo aquello que nos sobrevuela, de todo lo que puede afectar a las capacidades espaciales en las que se apoyan». Dentro de estas capacidades están los sistemas de posicionamiento y navegación (GPS y Galileo), las comunicaciones por satélite y los cometidos de inteligencia, vigilancia y reconocimiento que los ejércitos realizan desde el espacio. «Tenemos que ser capaces de dar una idea a los responsables del planeamiento y la conducción de operaciones militares de cuál es la situación espacial en cada momento», explica González Cámara. Con esta información, los mandos operativos pueden decidir el momento óptimo para maniobrar sus fuerzas. «Normalmente, lo harán cuando no nos observen, pero también cuando nos observen porque se quiera dar una impresión concreta al adversario. Para eso hay que saber con qué satélites cuenta ese hipotético enemigo y cuándo nos van a sobrevolar. Y a la inversa, saber cuando es el mejor momento para utilizar nuestros medios de observación sobre una base determinada o una área concreta».

La creación oficial del COVE es muy reciente, noviembre de 2019, por lo que la unidad aún está en fase de implantación. El centro está ubicado en la base aérea de Torrejón de Ardoz (Madrid) y en él trabajan seis militares, una cifra que crecerá hasta los 25 en los próximos cinco años y, previsiblemente, hasta el centenar en el año 2035. Cuentan para su trabajo con una red de sensores y con el Centro Español de Operaciones de Seguimiento y Vigilancia del Espacio (S3TOC), de carácter civil, que se encuentra en el mismo edificio y con el cual mantiene una colaboración muy estrecha.

De esa red de sensores forma parte un radar de vigilancia y seguimiento espacial instalado en la base aérea de Morón de la Frontera (Sevilla). Desarrollado con fondos de la Agencia Europea del Espacio, está operado por el S3TOC aunque, próximamente, su control operativo pasará a depender del Ministerio de Defensa. «Los datos que recoja el radar seguirán entrando por el S3TOC pero será Defensa quien los filtre separando los que son de interés militar de los que no son sensibles», señala el comandante. Este radar detecta cualquier objeto que pase hasta 2.000 kilómetros de altura y ofrece los datos que permiten detectar su órbita.

RECOGIDA DE DATOS

Además del radar de Morón, la red de sensores con los que se recogen esos datos cuenta con telescopios. Defensa opera uno de ellos, en Cádiz, perteneciente al Real Observatorio de la Armada (ROA), y utiliza otros diez de carácter científico con los que el S3TOC mantiene acuerdos y contratos de colaboración. El ROA también aporta su telémetro láser, un instrumento muy preciso para establecer las distancias entre objetos espaciales. «Mediante esas mediciones, podemos conocer la órbita de un objeto —puntualiza el jefe del COVE—. Solemos pensar que un satélite lleva una órbita más o menos constante pero dista mucho de ser una elipse perfecta. Por eso, cuanto mejores sean los datos que tengamos de la órbita de un satélite, mejores cálculos podemos hacer a futuro, y las probabilidades de colisión pueden ser más exactas». Algo fundamental para maniobrar a tiempo los satélites y así evitar ese choque.

Aquí surge otro problema, y es que cuanto más se maniobra un satélite menos vida útil le queda. Actualmente, el COVE está siguiendo el desarrollo del satélite MED-1, de la empresa norteamericana Northrop, capaz de acercarse a los satélites que hayan finalizado su vida útil y estén aparcados, acoplarse a ellos y servirles de motor y suministro de energía. Está enfocado para aquellos que están en la órbita geoestacionaria, los más caros y los que más cuesta reemplazar. Esta iniciativa «tiene mucho interés desde el punto de vista militar», añade el responsable del COVE. «Lo mismo que lanzas un satélite para que se acerque a otro para ponerlo en servicio, un propósito loable y bueno, también puedes lanzarlo para que se acerque a uno de un adversario con la intención de acoplarlo a él y llevarlo donde tú quieras, o dejarlo fuera de servicio, sacarlo de órbita, dañarlo o espiarlo. Esa es una las amenazas que consideramos».

Otro ámbito de trabajo del COVE es el Space Weather: saber cómo afectan las tormentas a los satélites, las estaciones terrestres o, incluso, a las comunicaciones, lo cual puede interferir en las capacidades militares. «Nosotros tenemos que emitir las alertas para que los operadores estén sobre aviso», señala el teniente Ramón Domínguez.

Actualmente, el centro recibe esta información, básicamente, a través de páginas gubernamentales. «Los servicios de alertas meteorológicas ya nos la dan elaborada. De momento, hasta que no tengamos capacidad nacional propia, es suficiente. Pero lo que queremos es llegar a ser autónomos», puntualiza el comandante González Cámara. Una amenaza de este tipo son los picos de actividad solar que se producen cada once años y pueden provocar fenómenos como el de 1989, cuando una amplia extensión de Canadá se quedó sin luz. «Hace meses —recuerda el comandante— hubo un apagón en Tenerife y se piensa que pudo estar relacionado con un pico de radiación solar». A las Fuerzas Armadas, a las que alertaría el COVE si se produjera uno de estos fenómenos, un pico solar puede dejarlas sin comunicaciones por satélite o por radio a larga distancia. En estos casos, los ejércitos cuentan con otros medios. «En la Escuela Naval Militar enseñan el uso del sextante porque te puedes quedar sin GPS y tienes que saber navegar de otra manera. Los aviones también tienen ayudas a la aeronavegación en tierra».

COLABORACIÓN CIVIL-MILITAR

La vigilancia del espacio en España está dividida en dos grandes sectores. Uno es el militar y el otro, el segmento civil. Este se encarga de la adquisición de información sobre todos los objetos que nos sobrevuelan, la procesa y comparte con el Consorcio Europeo de Vigilancia Espacial al que pertenece nuestro país. España, junto con Francia, proporciona el servicio de alerta de colisiones, Italia y Reino Unido, el de reentradas en la atmósfera y Alemania es la que gestiona el catálogo europeo donde aparece todo lo que se encuentra en el espacio. «Basándonos en ese catálogo —explica el responsable del COVE— y en otras fuentes con las que contamos, nosotros tratamos de elaborar una base de datos de objetos de interés para la defensa y la seguridad». Uno de los momentos más delicados es cuando se produce la reentrada de un objeto en la atmósfera terrestre. Establecer su punto de caída en la Tierra no es una tarea fácil. «Se realizan cálculos desde un mes antes de la aerodinámica que determina cómo se va a comportar una vez que entre en contacto con la atmósfera, es muy difícil de conocer. Lo que sí podemos hacer es descartar zonas de caída conociendo la órbita de esos objetos», señala el comandante. La colaboración entre naciones es fundamental cuando se habla del espacio. Ninguna es 100 por 100 autosuficiente en capacidades de vigilancia, es un entorno en el que dependen todas de todas. Pero no siempre existe transparencia a la hora de facilitar información.

España tiene un acuerdo con Estados Unidos, a través del Ministerio de Defensa, mediante el cual recibimos su catálogo, la base de datos donde se encuentran los objetos a partir de cierto tamaño que orbitan alrededor de la Tierra. «Pero no todos los objetos están incluidos en el catálogo y, de algunos que sí aparecen en él, no se da información, porque es sensible», señala el comandante. Los países no están obligados a declarar para que usan un satélite «así que si se trata de un satélite espía, no estará catalogado como tal», puntualiza. Pero centros como el COVE acuden a fuentes abiertas y, prácticamente en todos los casos, se termina conociendo la actividad de los satélites.

España cuenta con un catálogo propio donde aparecen unos 800 objetos que no están recogidos en el estadounidense. De ellos, muchos son basura espacial. «Aún no hemos realizado un listado con elementos de interés militar. De momento, cogemos los catálogos a los que tenemos acceso y hacemos un filtro; nos quedamos con lo que es útil para nosotros», explica el responsable del COVE.

En el catálogo americano hay unos 25.000 objetos. De ellos, el COVE tiene acceso a 22.500 y cualquier persona, sin tener un acuerdo intergubernamental, tiene acceso a unos 18.000, que son públicos. «Nuestra forma de trabajar es identificar los objetos que son sospechosos de ser satélites, para lo que hay que conseguir toda la información posible sobre ellos. Internet es muy grande y hay mucho aficionado a la astronomía que proporciona datos en fuentes abiertas», finaliza el comandante. Hasta ahora, el COVE se ha dedicado a formar y adiestrar a su personal y preparar el entorno de trabajo para alcanzar el nivel operativo inicial de la unidad lo antes posible. Todo enfocado a cumplir con las dos patas de su misión: vigilar los movimientos que se producen en el espacio y extraer, de esa vigilancia, datos de interés para las operaciones de las Fuerzas Armadas.

Fuente: Ministerio de Defensa


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