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El único piloto de la Armada fallecido en Estados Unidos preparándose para volar en la FLOAN. El teniente de navío Pascual de Riquelme Torres

El teniente de navío Pascual de Riquelme, junto a un avión North American T-2C “Buckeye”. (foto familia Pascual de Riquelme)
El teniente de navío Pascual de Riquelme, junto a un avión North American T-2C “Buckeye”. (foto familia Pascual de Riquelme)

En la Escuela de Dotaciones Aeronavales de la FLOAN (Flotilla de Aeronaves) de la Armada, una discreta placa recuerda al teniente de navío Mariano Pascual de Riquelme Torres, que perdió la vida en Florida (Estados Unidos) en un accidente de aviación durante su conversión a piloto naval. El joven oficial del Cuerpo General de la Armada falleció en acto de servicio a bordo de un avión de entrenamiento T-2C Buckeye en Santa Rosa County (Florida) el 15 de mayo de 1983, durante el adiestramiento para tomas en portaaviones.

Durante una reciente visita a la EDAN (Dotaciones Aeronavales), su subdirector y jefe de estudios, el capitán de fragata Luis López-Herrera, nos explicó cómo se hubiera integrado en la desaparecida Octava Escuadrilla y hubiera pilotado los aviones de combate Boeing AV-8A Harrier o Matador. Es el único piloto de la Armada, de los cientos que se han formado en el sistema de aprendizaje de la Marina de los Estados Unidos o US Navy, que ha muerto durante esta exigente fase preparándose para ser piloto de la FLOAN.

Para saber más de su historia, el Comandante López-Herrera nos puso en contacto con el Vicealmirante (retirado) Ignacio Horcada Rubio, compañero de aquel curso del teniente de navío Pascual de Riquelme y testigo directo del accidente en el que perdió la vida.

Un avión entrenador North American T-2C “Buckeye”, en uno de los cuales perdió la vida l teniente de navío Pascual de Riquelme. (foto US Navy)

El almirante Horcada fue amigo y compañero de la 378.ª Promoción de la ENM (Escuela Naval Militar) del teniente de navío Pascual de Riquelme, que entre 1973 y 1978 se formó en ese centro docente de la Armada en Marín (Pontevedra). “Mariano Pascual de Riquelme, tras obtener el despacho de alférez de navío, sirvió en los destructores basados en Cartagena, ciudad donde había nacido en 1953, y posteriormente en los dragaminas que tenían base en Porto Pi (Palma de Mallorca). Mariano, que no tenía antecedentes familiares en la Armada, fue un entusiasta alumno y compañero muy activo y dinámico, de esas personas que no pasaban desapercibidas, y sobre todo amigo de sus amigos”, rememora el almirante Horcada.

“En 1982 fui seleccionado junto a Mariano y otro compañero de la 379.ª Promoción para integrarnos como pilotos de ala fija en la FLOAN, para lo que fuimos superando una serie de fases previas a obtener las alas de piloto naval en Estados Unidos. Así, tras empezar a volar en unas avionetas de aeroclub de la Base de Rota con un instructor para comprobar que teníamos habilidad para poder pilotar, fuimos a Londres a un curso intensivo de inglés, necesario para la formación que íbamos a recibir por el sistema de entrenamiento de aviadores navales por parte de la US Navy”.

Por entonces, en plena Guerra Fría, la US Navy contaba en la NAS (Naval Air Station) de Jacksonville (Florida) con una auténtica fábrica de aviadores, tanto de su propio personal como de naciones aliadas que lo contrataban.

“Llegamos a Florida para superar el curso 1982/1983, en el que al menor error causabas baja y que constaba, además de los entrenamientos previos de supervivencia en el mar y teóricos, de tres fases de vuelo. Así, los tres compañeros de la Armada superamos la primera, que era a los mandos del entrenador básico Beechcraft T-34C Turbomentor, pasando ya en el mismo 1982 a asumir la segunda, la capacitación en vuelo de reactores navales y de cualificación de tomas en portaaviones. Esta fase es eliminatoria para la US Navy, en la que es prioritario que sus pilotos estén capacitados para recuperarse a bordo antes de empezar la fase avanzada de combate aéreo y ataque a tierra en el avión A-4 Skyhawk.

Esa enseñanza (prosigue el almirante Horcada) por entonces la facilitaba el VT-4 o Training Squadron 4, que sigue teniendo sede en la NAS Pensacola. En esta formación cambiamos de avión, en concreto al reactor North American T-2C Buckeye en el que, tras formarnos en los aspectos esenciales del vuelo en aviones de combate, la fase culminaba con calificación para toma en portaviones. Para poder optar a obtener esa preciada calificación a bordo, es indispensable previamente obtener la calificación en tierra durante una serie de vuelos dedicados en una cubierta dibujada en la pista de vuelo regular, siguiendo todos los procedimientos y equipamiento que existe en el barco. En concreto esta práctica se realizaba en unas pistas cercanas a la NAS Pensacola, denominadas Choctaw, en la reserva natural de Escribano. Allí, los exigentes LSO (Landing Signal Officer) del VT-4 comprobaban que podías completar 4 tomas en un espacio delimitado”.

Placa en la EDAN, que recuerda al teniente de navío Pascual de Riquelme. (foto José Antonio Almarza)

Una trágica avería

El almirante Horcada nos cuenta como en dicha fase, el joven oficial Pascual de Riquelme, mientras realizaba la revisión prevuelo de su T-2C, percibió que existía una avería en el sistema de combustible del aparato, que tenía sendos depósitos en las puntas de las alas. Esta avería no constaba en los manuales técnicos como susceptible de dejar el aparato fuera de vuelo. Tras el ok a volar el aparato por parte de los LSO, el VT-4 inició la rodadura camino de la cabecera de despegue. Detrás, aquella trágica mañana, en otro T-2C, le seguía el entonces también teniente de navío Horcada, que nos relata: “Mariano empezó el despegue, pero enseguida vi que el aparato hacía fuertes guiñadas a la derecha, que varias veces intentó corregir, hasta que debió de ver que el control del aparato era irrecuperable. Mientras, por radio, le gritaba yo: ‘¡Salta, salta!', pero él había cambiado la frecuencia de radio. En ese momento, ya en pérdida absoluta y a poco menos de 100 pies, se eyectó, pero tan bajo que apenas se abrió el paracaídas y pude ver cómo impactaba contra un grupo de árboles”.

Las operaciones de vuelo se suspendieron de inmediato y su compañero Ignacio hubo de esperar una hora a que el personal de la base confirmase lo peor, que había muerto en acto de servicio. Así, el hoy almirante Horcada se hizo cargo en inicio de los trámites de recuperación del cuerpo y su gestión para devolverlo a España, hasta que llegó el personal de la Embajada. Pero, sobre todo, debió asumir la difícil misión de comunicar la muerte y dar apoyo a la joven esposa del teniente de navío Pascual de Riquelme, con la que acababa de tener una hija, nuestra hoy compañera de la cadena COPE Paula Pascual de Riquelme. Un apoyo a la familia de Pascual de Riquelme que ha seguido dando el almirante Horcada durante los 42 años que han pasado desde la muerte en acto de servicio de aquel joven miembro de la Armada. (Julio Maiz)


Copyright © Grupo Edefa S.A. defensa.com ISSN: 3045-5170. Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin permiso y autorización previa por parte de la empresa editora.

1 comentarios

  1. José Francisco | 08/11/2025 19:52h. Avisar al moderador
    Descance en paz y España no olvida a sus caidos, gracias a Defensa.com por recordarlos.   

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