En los últimos tiempos, tanto por una mejor disposición económica como por una mayor concreción de la amenaza, se han ido mejorando las capacidades de diferentes unidades del Ejército de Tierra para que puedan estar en disposición de ejercer la lucha antidrón. Como puede verse en un reciente video “Wave Relay goes to Spain”, se dispone ya en el Ejército de Tierra de una serie de recursos estructurados para neutralizar diferentes tipos de aeronaves que sean controladas a distancia o vuelen de forma autónoma.
Son medios como los que cuenta el Regimiento de Guerra Electrónica 31 (REW 31), que opera desde el Acuartelamiento “Zarco del Valle” de El Pardo (Madrid), y que cada vez están más presentes en diversos ejercicios y maniobras militares del más alto nivel. Fue el caso del supuesto SOFEX 205, en el que desplegaron para hacer frente en una simulación amplia en la que sistemas como los drones FPV (First Person View) eran una amenaza a la que se tenían que enfrentar de forma directa.
El personal de REW 31 desplegó en distintos entornos y aprovecho sus capacidades técnicas y conocimiento de la amenaza para realizar acciones efectivas que la neutralizaban. De un lado, hicieron uso de sistemas portátiles de detección basados localizadores de radiofrecuencia para captar las emisiones que se generan por aquellos que volaban drones con algún fin hostil.
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Con sistemas móviles, que pueden situarse en vehículos, se tiene la capacidad de detectar las frecuencias empleadas para guiar un determinado dron. (Octavio Díez Cámara)
La detección concreta de la emisión asociada al control directo de un dron es el primer paso para ejercer una correcta acción antidrón. Con esos equipos podían conocer cuál era la frecuencia determinada empleada para ello y aprovechar ese conocimiento, que en buena medida puede obtenerse con sistemas de origen comercial disponibles en diversos entornos, para realizar acciones concretas.
Ese dato se trasladaba a un equipo, más avanzado y de tipo portátil, adquirido por el Ejército de Tierra para el REW31 con el que el operador era capaz de enlazar con la aeronave objetivo y hasta de obtener, con la máxima precisión, las imágenes que esta estaba captando con sus sensores de a bordo. Se sabía así, cuál era el propósito del vuelo y en qué sentido se podía concretar, si era un aparato que presentaba un determinado peligro, una acción real y diligente.
Esta última, la ejercían con una acción cinética empleando escudos antidrón portátiles que un operador, que ha sido instruido en su manejo y forma parte de los recursos específicos organizados en el REW 31 para ese cometido militar, dirigía hacia donde estaba el objetivo. Gracias a unos activadores específicos, y al conocimiento previo y concreto de la frecuencia que se usaba para controlarlo y guiarlo, podía ejercer la emisión de un haz que impedía su control original y hacía que el dron fuese ya controlado por tercera personas. La neutralización de la amenaza, con todo ese proceso fue de lo más eficaz y demuestra que en el Ejército de Tierra se avanza en obtener algunos recursos que ya hoy son de lo más necesarios para ser efectivos en la lucha antidrón. (Octavio Díez Cámara)






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