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Transición en Afganistán, ¿la posibilidad imposible?

( Artículo publicado en revista Defensa en 2012) Según todos los indicios, y salvo mayúscula sorpresa, la transición en Afganistán finalizará, sí o sí, en 2014. Sin embargo según los mismos indicios, parece que el tránsito no va ser tan lúcido como se pretendía y que el resultado distará bastante de la anunciada situación final de paz y estabilidad. Afganistán es y seguirá siendo uno de los principales focos de atención y tensión en el contexto internacional. Por ello se ha convertido en un tema recurrente al que, obligadamente y con cierta frecuencia, hay que dedicar unas líneas, y así venimos haciéndolo desde hace algún tiempo. En nuestros anteriores artículos(1) decíamos que no queríamos ser pesimistas respecto al proceso de transición, pero la realidad es que cada vez lo somos más. En esta ocasión vamos a abordar el estado actual de la cuestión, la declaración oficial efectuada por la OTAN en su última cumbre, la hoja de ruta establecida para conducir el proceso de transición y las perspectivas de un incierto futuro, con importantes interrogantes aún por resolver.

(1) Ver los artículos Operación en Afganistán. El papel fundamental de las OMLT (FDS 397, mayo 2011), Afganistán. El tortuoso camino hacia la transición (FDS 404, diciembre 2011) y OTAN, Chicago 2012, la cumbre de la crisis (FDS 409, mayo 2012).

El pasado mes de mayo los jefes de Estado y de Gobierno de los países miembros de la Organización del Atlántico Norte (OTAN) celebraron en Chicago la cumbre número 25 de la Alianza Atlántica. En la agenda, y como uno de los temas estrella, estaba Afganistán. El segundo día de la cumbre se emitía un comunicado oficial sobre el asunto, del que podemos extraer importantes conclusiones.

Comienza el documento con el inevitable preámbulo, en el que la Organización hace gala de su buen hacer e intenciones y se felicita por lo éxitos conseguidos. En este sentido reafirma su compromiso con el Gobierno afgano pero inmediatamente deja claro que estamos en el último acto de una obra que toca a su fin: textualmente se dice que la misión de ISAF (International Security Assistance Force) concluirá a finales del 2014. El preámbulo también se hace eco de los avances conseguidos en los últimos diez años en materia de seguridad, educación, sanidad, economía y garantías de derechos y libertades (cuestiones que, a nuestro juicio, deberían ser más objeto de preocupación que de celebración, pero de momento no abundaremos en el tema).

Sigue el comunicado con un apartado denominado Principios Generales, en el que, aparte de citar las generales de la ley (con referencias y reenvíos a anteriores acuerdos y declaraciones), se hace una interesante y un tanto ilusa mención a las mujeres y niños afganos, a los cuales atribuye un papel y un futuro bastante alejado de la realidad.

El siguiente apartado, con el largo título de La implementación de la  hoja de ruta de Lisboa y la construcción de una cooperación duradera, insiste en lo irreversible del proceso de transición recordando los hitos más importantes y reiterando que en 2014 el cuento se acabó.

El siguiente apartado se denomina, muy a propósito, Más allá del 2014. Con ello se abre un apartado tan enigmático como el propio título. Se trata de una declaración de intenciones en la que, si bien se insiste en que la OTAN seguirá prestando su apoyo, se elude entrar en cuestiones concretas. Además se dejan entrever ciertas limitaciones y condiciones; entre otras el establecimiento de un nuevo marco legal con Resolución de la ONU incluida, que, con el derecho a veto de ciertos estados, puede resultar ciertamente difícil. El caso es que tanta insistencia y ambigüedad podría interpretarse como buena ocasión para aplicar la locución latina que dice aquello de excusatio non petita accusatio manifesta.

El siguiente apartado, llamado El sostenimiento de las Fuerzas Nacionales de Seguridad de Afganistán pone el dedo en la llaga. Asegura el comunicado que estas fuerzas (conocidas por sus siglas inglesas ANSF), cuyo tamaño se estima en 228.500 efectivos(2), son indispensables para garantizar la estabilidad del país. Lo malo es que, como también dice el documento, necesitan un presupuesto anual de 4.100 millones de dólares. Se afirma, con cierto optimismo a nuestro juicio, que el Gobierno afgano no podrá hacer frente a dicho presupuesto hasta el 2024. La clave es quién va a poner el dinero. En el documento se hace un llamamiento a la comunidad internacional, pero no están las economías para muchas alegrías y, además, existe un cierto sentimiento de que seguir invirtiendo en Afganistán es echar dinero en saco roto.

(2) 228.500 es el dato que figura en la declaración sobre Afganistán de la cumbre de Chicago cuyo texto oficial puede consultarse en http://www.nato.int/cps/en/natolive/official_texts_87595.htm. Sin embargo todas la cifras que se han barajado hasta el momento hablan de unas ANSF con unos efectivos superiores a 300.000.

Finaliza con el apartado titulado Hacia un pacífico, estable y próspero Afganistán. Más buenas intenciones sin concreción alguna. Se mencionan los derechos humanos, los de la mujer, la estabilidad de la región… Pero lo más relevante a nuestro juicio es que se pone especial énfasis en la importancia de una reconciliación nacional y se dice expresamente que debe incluir a los representantes e intereses de todos los afganos. ¿Los talibanes también?, pues tal y como está redactado el párrafo la puerta parece quedar abierta a tal posibilidad, que por cierto viene siendo objeto de debate desde hace algún tiempo.

foto: La cooperación entre las autoridades locales, las ANSF e ISAF es una cuestión compleja y no exenta de dificultades.

En resumen, según el comunicado de la OTAN las cosas van bien y el asunto es que  según la insurgencia afgana, también van bien. Según la Alianza Atlántica, se han conseguido grandes avances, aunque queda mucho por hacer y según los insurgentes la resistencia está dando sus frutos y queda muy poco para recoger la cosecha. Resulta contradictorio y, por tanto, imposible que a ambos contendientes les vaya todo tan bien. Tal y como yo lo veo y si fuese talibán –cuestión bastante difícil siendo mujer– estaría bastante satisfecho y casi frotándome las manos.

El proceso de Transición

ISAF nació a raíz de los acuerdos adoptados en la conferencia de Bonn en diciembre de 2001. Aunque no se trata de una fuerza de cascos azules, actúa en virtud del mandato otorgado por Naciones Unidas(3). Desde un principio la comunidad internacional tuvo gran cuidado en dejar claro que la fuerza multinacional desplegaba a petición y en apoyo de las autoridades afganas. El objetivo de la operación era y sigue siendo crear unas condiciones de seguridad y estabilidad, que permitan el desarrollo y funcionamiento de estructuras e instituciones capaces de hacerse cargo del Gobierno de todo el territorio. Una vez alcanzadas estas condiciones se produciría la deseada transición: las autoridades afganas asumirían el control del país e ISAF se marcharía.  

(3) El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha aprobado nueve resoluciones (1386, 1413, 1444, 1510, 1563, 1623, 1707, 1776 y 1833) que constituyen el marco legal de actuación de ISAF en Afganistán.

Nadie discute que el resultado final debe ser la transición, pero las dudas se planean sobre el cómo y el cuándo. El plazo establecido, según parece de forma inamovible, expira en un par de años y se antoja en principio algo corto. Con este límite temporal en mente, el proceso se ha diseñado y emprendido de un modo un tanto acelerado y el tiempo apremia. ISAF tiene que entregar a las autoridades afganas el control de los distintos distritos a un ritmo tal que todo el territorio este transferido antes de que finalice el 2014. Una vez elegidas las zonas o distritos las fuerzas multinacionales deben retirarse en las fechas programadas y las ANSF asumirán (al menos en teoría) la responsabilidad plena sobre los mismos. Todo el proceso está controlado por un organismo conjunto denominado JANIB(4) que, sobre la base de consideraciones operativas, políticas y económicas, efectúa propuestas y recomendaciones en relación a las fechas y zonas que deben ser objeto de transferencia. El proceso se ha estructurado en cuatro fases, que se conocen por su denominación en inglés, Transition Tranche(5)  (TT). 

(4) JANIB es el acrónimo inglés que corresponde a Joint Afghan NATO Integral Board, que podríamos traducir como Mesa Integral Conjunta OTAN-Afganistán.

(5) Transition Tranche se traduciría literalmente como Rebanada de Transición. Esta denominación parece haber sido elegida para indicar claramente que la transición es un proceso secuencial y que se efectuará por fases (rebanadas).

Ya se han completado dos de estas fases y la tercera está en marcha. La transición comenzó formalmente el 22 de marzo de 2011, cuando el presidente Karzai anunció la TT1, que incluía un primer conjunto de ciudades y distritos (ver figura 1) en los cuales y a modo de experiencia piloto se iba a comenzar la transferencia de autoridad. El 27 de noviembre de 2011 el presidente dio a conocer la TT2 (ver figura 2) y el 13 de mayo de 2012 la TT3 (ver figura 3). Falta por determinar cuándo comenzará la TT4 (cuarta y última de las programadas).

foto: Una patrulla regresa a la base transportada por un helicóptero CH-47 “Chinook”.

Estas tres fases representan la transferencia de aproximadamente dos tercios de los distritos que componen Afganistán, en los que vive alrededor de las tres cuartas partes de la población. Con estos datos podríamos ser incluso optimistas sobre un ritmo que parece acorde con el objetivo de 2014. Sin embargo, las perspectivas no son tan halagüeñas. Según parece, la transferencia se está haciendo con el casi exclusivo criterio de cumplir los plazos. La entrega de las distintas áreas es responsabilidad de los mandos regionales y ningún comandante de ISAF va a reconocer que precisamente los distritos de su zona podrían no estar en condiciones de ser transferidos. Las razones fundamentales son dos. En primer lugar, el hecho de no entregar un distrito en plazo supondría reconocer el fracaso de sus fuerzas. En segundo, esta circunstancia iría en contra de las directrices de las respectivas autoridades nacionales. Prácticamente todas las naciones que integran ISAF están exhaustas por el desgaste producido por la pérdida de soldados y por la enorme y constante sangría económica (por ello los diferentes gobiernos presionan para que la transición avance a toda costa). Se corre el riesgo de que el proceso de Transition Tranche se convierta en un mero formalismo, cuya primera prioridad sea el cumplimiento de los plazos y no las condiciones reales de seguridad.

Una insurgencia cada vez más fuerte amenaza el futuro

Aunque por razones de extensión no podemos desarrollar en detalle cual podría ser el peor escenario (asunto que dejaremos para un próximo trabajo) al menos vamos a esbozar cuáles podrían ser sus elementos más relevantes. Frente a una insurgencia cada vez más fuerte, las ANSF son cada vez más débiles.

El propio anuncio del repliegue está siendo interpretado y explotado por la insurgencia como un éxito propio. La desaparición de ISAF en determinadas áreas permite a los grupos insurgentes actuar con mayor libertad de acción en todos los frentes. Tienen ahora las manos libres para actuar sobre la población, captar adeptos, organizarse y preparar acciones que serán ejecutadas para liberar otras zonas. La conclusión es que la insurgencia podría pasar a controlar extensas zonas de Afganistán.

El repliegue de las fuerzas ISAF de determinadas zonas deja a las ANSF solas ante el peligro. En los distritos transferidos las fuerzas afganas tienen que operar de forma autónoma y, salvo excepciones, sin el apoyo de los medios de la ISAF. Por otra parte, el índice de infiltración insurgente en las ANSF es una incógnita todavía por despejar (el aumento de los denominados incidentes green on blue(6) constituye un indicio preocupante en extremo). La conclusión es que podrían perder el control de gran parte del país.

(6) Green on blue se traduce literalmente como verde sobre azul. Esta expresión se emplea para designar aquellos incidentes en que policías o militares afganos atacan a personal de ISAF.

Las estructuras del Gobierno en general y las ANSF en particular necesitan para su mantenimiento y funcionamiento unos recursos financieros que, hoy por hoy, no pueden ser generados por la economía afgana. De momento vienen siendo donados por la comunidad internacional. Sin embargo, parece que las donaciones van a ser cada vez menos generosas y no van a tener carácter indefinido. La conclusión es que cuando el dinero falte el sistema acabará desintegrándose.

David “versus” Goliat: Talibán “versus” OTAN

Según el relato bíblico, los filisteos se hallaban en guerra contra el rey Saúl de Israel. Ambos ejércitos se encontraban acampados frente a frente, listos para la batalla. Goliat, un filisteo descomunal, de más de 2 m. de altura, desafiaba continuamente a los israelitas, retándoles a que encontraran a un hombre que se le enfrentase. El que resultase vencedor daría la victoria a su pueblo y los perdedores quedarían esclavizados. Los israelitas, atemorizados por el poderío del gigante, dejaban pasar los días sin designar oponente alguno. Finalmente, y después de cuarenta días de repetidos desafíos, David salió de sus filas y aceptó el reto. El filisteo dirigió a David una mirada de desprecio, sintiéndose ofendido por la aparente debilidad de tan desigual oponente. Pero esto es lo que sucedió: En ese momento el filisteo avanzó y se acercó a David. Este salió hacia adelante al encuentro del filisteo, metió rápidamente la mano en el morral, sacó de allí una piedra y la lanzó con la honda. Le dio al filisteo en la frente, la piedra se le hundió en la frente y cayó de bruces al suelo. Así es como David venció al filisteo con una honda y una piedra: lo derribó y le dio muerte. Pero no tenía espada. Entonces corrió, se detuvo ante el filisteo, le quitó la espada que tenía en la vaina, y espada en mano, le cortó la cabeza. Así acabó con él. Los filisteos, al ver la muerte de su campeón, salieron huyendo(7).

(7) Antiguo Testamento; Primer Libro de Samuel. 17 (versículos 48 a 51).

Las guerras en Afganistán llevan camino de convertirse en el paradigma de la materialización del mito de David y Goliat. Así, en el Siglo XIX tuvieron lugar las dos guerras angloafganas (1839-42/1878-81). En ambos casos los insidiosos y duros combatientes locales infligieron a las fuerzas del entonces pujante imperio británico cuantiosas pérdidas y un terrible desgaste, que les obligó a retirarse. En el Siglo XX, la intervención soviética (1979-89) se saldó con igual resultado: pérdidas, desgaste y retirada. En este siglo XXI llegó el turno para Estados Unidos y sus aliados de la OTAN, actualmente inmersos en un conflicto contra una insurgencia que, aunque débil en teoría, mantiene en jaque a unas fuerzas muy superiores en número y potencia de combate. La historia no ha cambiado sustancialmente: pérdidas, desgaste y el anunciado repliegue del 2014.

foto: Patrulla MEDEVAC compuesta de dos helicópteros “Blackhawk”, uno de evacuación (asistencia médica) y otro de combate (escolta).

Volviendo al mito de David y Goliat, el versículo 17/51 del primer libro de Samuel dice en su última frase: Los filisteos, al ver la muerte de su campeón, salieron huyendo. Probablemente si la Biblia se hubiese escrito en esta nuestra era y cultura, en la que las sensibilidades se adormecen a base de eufemismos, el citado versículo, aun diciendo lo mismo, se habría esccrito más o menos así: Los filisteos, al ver la muerte de su campeón, se replegaron.

*Hasta aquí, examinamos cómo se había decidido y planeado el proceso de transición en Afganistán y cómo se ha puesto en marcha. Concluimos que las perspectivas no eran muy halagüeñas y apuntábamos cuáles podían ser los principales escollos. Escollos cuyo análisis procederemos a realizarlo ahora. La retirada de ISAF es, según parece, un hecho irreversible y, en consecuencia, debemos estudiar el estado, capacidades e intenciones de los actores autóctonos que van a determinar la evolución del proceso de transición y la situación final. A saber, el propio Gobierno de Afganistán, sus fuerzas de seguridad y la insurgencia.

En 2001, la intervención estadounidense determinó la caída de los talibanes a los que, paradójicamente, había apoyado en su lucha contra los soviéticos. Después, la comunidad internacional ha propiciado –por no decir forzado– la instauración de una República parlamentaria a imitación de las que gobiernan en las democracias occidentales. Este régimen tiene como elementos fundamentales un presidente, un Gobierno central y un Parlamento bicameral constituido por una cámara baja (Wolesi Jirga) y otra alta (Mesharno Jirga). Además, existe una administración territorial dividida en provincias, que a su vez se divide en distritos (34 provincias dirigidas por un gobernador y 398 distritos con su correspondiente subgobernador).

Las elecciones presidenciales de 2009, no exentas de polémica, otorgaron un segundo mandato a Hamid Karzai (el candidato alternativo Abdullah Abdullah se retiró cuando iba a celebrarse la segunda vuelta, denunciando fraude y falta de transparencia en el proceso electoral). Karzai mantiene el apoyo de la comunidad internacional, pero su gestión es criticada por amplios sectores parlamentarios, que cuestionan su autoridad. La realidad es que el funcionamiento de este aparato construido a la occidental deja bastante que desear. El Gobierno apenas controla la capital y en las provincias y distritos cada gobernador va a su aire combatiendo, conviviendo o cooperando, según los casos, con la insurgencia o las redes de corrupción. El caso es que la violencia y la inseguridad van en aumento: atentados, asaltos, secuestros, extorsión, narcotráfico…

Finalmente, y para acabar de complicar la gobernabilidad del país, está el factor económico. Afganistán es uno de los países más pobres del mundo (ocupa el puesto 170 de 191 en renta per capita). No obstante, hay que admitir que en estos últimos años se han conseguido algunos logros en materia de desarrollo económico y social. Si echamos un vistazo al denominado Índice de Desarrollo Humano (IDH)(8) comprobaremos que se han producido avances. Según los datos oficiales(9), en el año 2000 (justo antes de la intervención), Afganistán, con un IDH de 0,198, ocupaba la antepenúltima posición en el ranking mundial: puesto 185 de 187. En 2011 el país había mejorado hasta 0,398 y avanzó hasta el puesto 172. Para hacernos una idea más precisa de la situación daremos algunas referencias.

(8) Índice compuesto elaborado por Naciones Unidas que mide el promedio de los avances en tres dimensiones básicas del desarrollo humano: vida larga y saludable, conocimientos y nivel de vida digno.

(9) http://hdrstats.undp.org

Según Naciones Unidas, para garantizar la supervivencia de una población en condiciones dignas un país debe tener un IDH mínimo de 0,456. Afganistán suspende; Nepal (puesto 157), el primero que aprueba por los pelos, tiene un 0,458; España (puesto 23) un 0,878; Estados Unidos (puesto 4) un 0,91; y Noruega (puesto 1) un 0,943. A pesar de la leve mejoría, la situación sigue siendo insostenible. La economía del país es incapaz de mantener las estructuras de Gobierno y su financiación depende totalmente de las donaciones de la comunidad internacional. Donaciones que no pueden ser eternas y aún menos en el actual contexto económico. La conclusión es que el Gobierno afgano es, hoy por hoy, débil, carece de credibilidad en el interior y su supervivencia depende totalmente del apoyo exterior. Por ello, lo más probable es que en cuanto este apoyo comience a decrecer –estamos en ello– el régimen se desintegre con más o menos estruendo.

foto: ¿Amigo o enemigo? Generar desconfianza entre ISAF y ANSF es el objetivo de la insurgencia.

Por otra parte, la sociedad afgana es muy cerrada y tradicionalista. Su funcionamiento se fundamenta en la tribu, la familia y la religión. Los afganos no aceptan fácilmente injerencias extranjeras que traten de imponer sistemas democráticos, que ni les van ni les vienen. No es de extrañar que amplios sectores de la población manifiesten abiertamente sus preferencias por el anterior régimen talibán, al que al menos ven como garante del islam y más capaz de mantener una cierta estabilidad en el país (aún a costa de la imposición radical y aplicación por la fuerza de la ley coránica). El sentimiento de muchos afganos es que prefieren la mano de hierro de los talibanes (que al menos son de casa y comparten cultura y religión) al caos actual (impuesto por unos infieles extranjeros que nunca fueron bienvenidos).

Las Fuerzas de Seguridad Afganas (ANSF)

Las ANSF deberían ser el elemento al servicio del Gobierno que garantizase la paz y estabilidad, una vez que ISAF haya completado su repliegue. La OTAN había diseñado un ambicioso proyecto para dotar al país de Fuerzas Armadas y de Policía en cantidad y calidad suficiente. Respecto a la cantidad, los objetivos parece que van cumpliéndose, pero respecto a la calidad la cuestión no está tan clara.

La cantidad

Las ANSF tienen como objetivo alcanzar los 419.750 efectivos (ver gráfico 1), incluyendo en su estructura al Ejército (ANA), a la Fuerza Aérea (AAF) y a los distintos cuerpos de Policía. Dentro de estos encontramos una Policía Nacional (ANP), que a su vez engloba a distintos cuerpos especializados: Policía Uniformada (AUP), de Fronteras (ABP), de Orden Público (ANCOP) y otros departamentos de menor entidad (narcóticos, información, servicios forenses…). También existen unidades de Policía Local (ALP) que ejercen su función en los núcleos de población. Completan el panorama las denominadas Fuerzas de Protección Pública (APPF) de reciente creación y cuyo objetivo es poner orden en el caótico mundo de las empresas de seguridad privada, reclutando a sus miembros y encuadrándolos en un único cuerpo bajo la dependencia del ministerio del interior.

Las ANSF disponen de una excesivamente heterogénea gama de material. Al principio la mayoría del armamento y vehículos eran de procedencia soviética (fusil AK-47, lanzagranadas RPG-7, morteros de 82 mm., cañones sin retroceso de 75 mm., obuses de varios calibres, blindados BMP-1 y BTR-80 y carros de combate T-55 y T-62). La intención es sustituir progresivamente este material por el usado por los países OTAN y así se ha comenzado con la entrega de fusiles C-7 y M-16 o vehículos Humvee y Ford Ranger. La sustitución y normalización continúa siendo un reto y constituye un problema que dudamos llegue a solventarse. Pero lo más preocupante sobre unas fuerzas de seguridad de semejante entidad es su sostenibilidad. En primer lugar hay que considerar que la población de Afganistán asciende a algo más de 30 millones de habitantes. Teniendo en cuenta la estructura económica del país y la situación de la mujer, podemos concluir que la población activa real la componen los varones de entre 18 y 49 años; alrededor de 6.255.448 hombres(10).

(10) www.census.gov/population/international/ data/idb/region.php

Si las ANSF van a ocupar a 419.750, resulta que casi el 7 por ciento de la masa laboral va a formar parte del aparato de seguridad. Por otra parte, según la OTAN(11), son necesarios 4.100 millones de dólares anuales para el sostenimiento de las ANSF. De acuerdo con los datos del Banco Mundial(12), el PIB de Afganistán de 2011 fue de 20.343 millones de dólares. Si echamos cuentas, el país tendría que invertir el 20 por ciento de su PIB en esta partida. Las cifras hablan por sí solas y parece evidente que la supervivencia de las ANSF va a depender exclusivamente de la financiación exterior. Si esta llegase a faltar, estarían abocadas a una  desintegración traumática, con una más que probable transformación en bandas armadas territoriales dirigidas por señores de la guerra.

(11) Comunicado oficial sobre Afganistán de fecha 21 de mayo de 2012 (25ª Cumbre de la Alianza Atlántica; Chicago, 2012).

(12) http://data.worldbank.org/country/ afghanistan

La calidad

Segundo asunto y segundo problema. Cuando nos referimos a este tema no estamos poniendo en duda la capacidad de lucha y espíritu de sacrificio del combatiente afgano (sobradamente demostrados a lo largo de la historia). Nuestra duda surge cuando nos preguntamos cuáles son las verdaderas motivaciones y aspiraciones de aquellos que deciden unirse a las ANSF. Parece que hay de todo; algunos lo harán por convencimiento, la mayoría como opción transitoria para ganarse la vida; y desde hace tiempo se viene observando un incremento del número de aquellos que se sienten más cercanos a la insurgencia y contrarios a la presencia extranjera. Efectivamente, no es nueva la sospecha de que la insurgencia podría estar empleando la infiltración en las ANSF como táctica para conseguir sus objetivos. La evolución de los acontecimientos parece confirmar esta realidad.

Se ha constatado que un gran número de insurgentes apresados por ISAF afirman que las ANSF no son el enemigo y que las relaciones con sus miembros son más bien de tolerancia e incluso cooperación (salvo cuando ISAF fuerza alguna operación que se ejecuta para guardar las apariencias). En prueba de lo anterior, y como punta del iceberg, tenemos el incremento de los denominados GOBI (Green on Blue Incidents): ataques perpetrados por miembros de las ANSF contra personal de ISAF. El importante aumento de estos incidentes en el último año (ver gráfico 2), coincidiendo con la puesta en marcha del plan de transición, ha puesto de manifiesto que el problema es real y gravísimo, si consideramos que las ANSF deben ser las encargadas de garantizar la seguridad y estabilidad una vez completada la transición.

Como puede observarse (ver gráficos 2 y 3), la tendencia es alarmante. En los diez primeros meses del año 2012 se han registrado más incidentes, heridos y fallecidos que en los cuatro años anteriores juntos. De hecho, el 16 por ciento de las bajas mortales registradas este año se han producido a consecuencia de este tipo de ataques. Anteriormente, esos incidentes se habían considerado casos aislados motivados por desavenencias personales y ataques de ira. Sin embargo, el pasado agosto el propio presidente de Estados Unidos reconoció el problema en una rueda de prensa. Posteriormente, altos mandos de ISAF han hecho declaraciones al respecto. El 2 de septiembre, el teniente general Adrian Bradshaw, segundo jefe de ISAF, admitió que se habían cancelado temporalmente algunas actividades de instrucción y mentorización y que la selección de personal adolecía de ciertos fallos. Tres días más tarde, el teniente general James L. Terry, segundo jefe del IJC, reconoció que la infiltración en las ANSF constituía una amenaza real, que exigía la atención de toda la cadena de mando afgana, desde el presidente a la Policía y Ejército y de la propia ISAF.

Sin embargo después de estas declaraciones y en menos de dos meses se han producido otros seis casos GOBI que le han costado a ISAF once muertos y alrededor de una treintena de heridos.

Además, se da la circunstancia de que los portavoces talibanes también hacen sus declaraciones afirmando que estos ataques son perpetrados por miembros del movimiento especialmente entrenados y enrolados para efectuar estas acciones. El 24 de octubre, el Mullah Omar emitió un comunicado instando a sus seguidores a dirigir sus esfuerzos a incrementar el nivel de infiltración en las filas enemigas, señalando que las actividades Jihadistas dentro las milicias estatales constituyen la estrategia más efectiva. Con la voluntad de Alá su dimensión crecerá en expansión, organización y eficiencia.

En lo que respecta a la provincia de Badghis, donde despliegan las tropas españolas, solo se habían registrado tres casos desde 2008 con un saldo de cinco muertos y tres heridos. El contingente español solo había sufrido un ataque, el veintiséis de agosto de 2010, con el resultado de tres bajas mortales: dos guardias civiles y un intérprete (sin contar al propio agresor que también fue abatido cuando trataba de huir). Pero precisamente en el momento de escribir estas líneas se ha producido un nuevo incidente. El 10 de noviembre, dos miembros del ANA tirotearon a militares españoles en Moqur; causando heridas a un teniente. Resulta interesante e ilustrativo el comunicado que el movimiento Talibán ha efectuado sobre el asunto a través de su página web: Un oficial del ANA abre fuego, matando e hiriendo a cuatro invasores españoles.

La insurgencia

La insurgencia se siente cada vez más fuerte y tiene razones para ello. En primer lugar, y desde el punto de vista táctico, ha sido capaz de sobrevivir a pesar de los denodados esfuerzos que durante más de diez años vienen realizando las fuerzas de ISAF. Ha sabido encajar muy duros golpes, evolucionar  y adaptarse a las circunstancias y, sobre todo, explotar sus éxitos (pequeños desde el punto de vista militar, pero con un enorme efecto propagandístico y psicológico). La abismal diferencia en cuanto a potencia de combate ha sido compensada mediante el empleo de tácticas propias de la denominada guerra irregular. La mimetización con la población civil, la infiltración en las ANSF, los continuos hostigamientos y emboscadas, la amenaza IED... mantienen en jaque a unas fuerzas  muy superiores.

A pesar de todo el poderío militar de Estados Unidos y la superioridad tecnológica y militar de la OTAN, los grupos insurgentes han conservado el control de grandes áreas del país. ¿Qué ocurrirá cuando se marche ISAF? El mero anuncio del repliegue está siendo interpretado y explotado como un éxito de la resistencia y ha elevado la moral de talibanes y resto de grupos insurgentes. El repliegue de ISAF de determinadas áreas ha aliviado la presión que las fuerzas multinacionales venían ejerciendo y que, más o menos, mantenía a raya a los grupos hostiles. Sin embargo, sin esta presión la insurgencia tiene el camino despejado para consolidarse en las áreas abandonadas, donde ya puede campar a sus anchas y organizar acciones ofensivas sobre otras zonas.

Teóricamente, las áreas transferidas deben quedar bajo el control de las ANSF, pero la realidad es que, en muchas de ellas, se está registrando un incremento de la actividad y presencia talibán. Además, en Paquistán han establecido una especie de santuario en el área de Waziristan (al Norte del país), donde se ha instaurado un régimen islámico paralelo ajeno al control del Gobierno. A pesar de los esfuerzos de ISAF, parece que la insurgencia en general y los talibanes en particular están creciendo en número, organización e influencia, mientras que el Gobierno y las ANSF no parecen capacitadas para mantener su autoridad sin apoyo exterior. La conclusión es que los talibanes podrían pasar a controlar extensas zonas de Afganistán e incluso volver a tomar el poder.

(Revista Defensa nº 415 y 426,Texto:  Eva de Lezo, Fotos: Miguel Temprano)


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