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La proyección del S-81: más allá de un submarino para la Armada española

Momento en que las empujadoras del Tren Naval del Arsenal de Cartagena, ayudan a la maniobra de ataque del “Isaac Peral”. (foto Jose Damian Gonzalez Martinez)

El que la Armada española incorpore un nuevo navío a su Lista Oficial de Buques en Armada (LOBA) con la entrega del submarino “Isaac Peral” supone todo un hito en la renovación de capacidades, pero no sólo de la Institución, también de la Defensa española en su conjunto y, desde luego, de su industria nacional, con Navantia como referente.

La entrega del primero de los submarinos del tipo 80 Plus, el “Isaac Peral” (S-81), a la Armada española pone en marcha la necesaria renovación de la flota de este tipo de buques, que más allá de potenciar las capacidades de la Institución en guerra naval, antisuperficie y antisubmarina, otorga una espectacular posibilidad para realizar misiones de inteligencia, operaciones especiales, y otro tipo de intervenciones.

Además, la versatilidad del diseño, que se verá notablemente aumentado con la llegada a partir del tercer buque del sistema AIP, permite su uso en todo tipo de escenarios de crisis,  desde la guerra convencional, a las operaciones de tipo gris, que muchas veces evitan los conflictos. La llegada de los S-80 es un elemento de disuasión para España de primer orden frente a potenciales enemigos, dada la enorme disuasión que otorga un submarino, con la capacidad de representar una amenaza muy eficiente que apenas puede ser mediáticamente explotada por el potencial oponente.                      

Este último factor es muy importante en escenarios de conflicto, como el actual caso de Gaza: las imágenes de los medios blindados de Israel e incluso de sus buques y patrulleros frente a la costa mediterránea del territorio son mostrados como una “amenaza” a la población de la Franja, en la mar se puede ejercer ese bloqueo con un submarino en inmersión, sin generar imágenes.

Una cita con la historia

Hace ahora 134 años, en la Bahía de Cádiz, bastante lejos de las aguas de Cartagena donde se ha entregado el S-81 “Isaac Peral” a la Armada, otro submarino, diseñado por el innovador marino que da nombre a este moderno primer buque del tipo S-80, realizaba sus primeras pruebas de mar. Bastardos intereses de algunos mandos del Ministerio de Marina y del Gobierno español de la época dieron al traste con el genial proyecto, que de haber estado en servicio en 1898 hubiera cambiado el signo de la guerra que enfrentó a España con Estados Unidos, en la que éstos invadieron las posesiones españolas en Filipinas y el Caribe.

Curiosamente, la Marina de los Estados Unidos o US Navy, que hubiera sido la gran perjudicada, fue la primera en el año 1900 en incorporar submarinos, abriendo una nueva era en el poder naval. Así, tras convertirse en importantes actores en la Primera Guerra Mundial, durante la Segunda, junto a los portaaviones, relegaron a los buques de línea (acorazados y cruceros de batalla) como navíos principales o capital ship, y desde la segunda mitad del siglo pasado los anuarios navales que analizan las flotas comienzan presentando a los submarinos de las naciones que los emplean, lista que queda muy reducida si hablamos de los países con capacidad de construirlos de manera autónoma, un club de solo 11 miembros, incluida España.

Cien años después de aquel trágico 1898, que tanto influiría en el siglo XX en España, la Armada española impulsaba el documento de la viabilidad para dotarse con un nuevo tipo de submarino, que sustituyese a los de diseño francés S-60 y S-70, el proceso finalizaba con la redacción del documento Objetivo de Estado Mayor (NST) en el cual se definen las primeras características del S-80.

A principios del presente siglo, se decidió apostar por una solución nacional, aceptando el riesgo tecnológico, para garantizar la independencia estratégica del sistema, tanto a nivel operativo como ante la venta del diseño a terceros países. En 2005 se iniciaba la construcción por parte de la empresa española Navantia de la primera unidad, trabajos que se vieron afectados por múltiples problemas tecnológicos, al igual que le ha pasado a otras naciones que construye submarinos, los sistemas más complejos de producir en el campo de la construcción naval.

El misil NSM que posiblemente equipe a los nuevos submarinos S-80 Plus (foto Julio Maíz)

Capacidades estratégicas

La Armada española definió en su momento las misiones que debería de asumir el nuevo submarino S-80: Proyección del poder naval sobre tierra, Protección de una fuerza desembarcada, Vigilancia litoral y oceánica, Ataque o protección de una fuerza naval y Disuasión de una fuerza naval hostil.

Un amplio elenco de funciones, no sólo vitales para la Institución, sino también para las capacidades de la defensa de España, que más allá de los factores de actuación táctica pasan a la estratégica, para operar, con total discreción, en cualquier lugar del mundo. Así, los S-80 Plus están, de momento, equipados con torpedos, que les otorgan capacidad de guerra anti superficie y antisubmarina; y minas, que posibilitan un bloqueo naval de primer orden, como se comprueba en el mar Negro actualmente.

La siguiente fase, ya anunciada, será dotar a estos submarinos de misiles antibuque. En principio todo apuntaba a que fueran los muy conocidos AGM-84 Harpoon, suministrados por Estados Unidos, pero en 2022, ante la decisión de equipar las fragatas en construcción F-110 y las F-100 en su programada fase de modernización con los noruegos Naval Strike Missile (NSM), será lo más probable que también armen en el futuro a los S-80.

Otra de las bazas del misil nórdico es que también sirve como misil de crucero naval, aunque con un alcance inferior a los Tomahawk, que fueron solicitados por España a Estados Unidos en 2005, pero cuya posible adquisición fue cerrada en 2009.

La otra gran baza es la de obtención de inteligencia con los potentes sensores de los S-80 Plus desde aguas cercanas de potenciales países hostiles, una misión para lo que los submarinos son un elemento fundamental, y más en escenarios de guerra gris, que tanto se dan, más allá de guerras abiertas como las de Ucrania.

La otra gran faceta es la posibilidad de infiltrar y exfiltrar en cualquier punto del mundo de manera autónoma a personal y/o grupos de operaciones especiales, para lo que el submarino cuenta con capacidad para llevar a bordo hasta 8 personas adicionales y su equipo, más allá de su dotación.

Es un capítulo muy importante, que se debería potenciar con la inclusión en el futuro de un sistema de dique seco o Dry Dock Shelter (DDS), que se utiliza para dichas misiones mientras la nave está sumergida. En este sentido, en su momento Navantia realizó un estudio acerca de estas instalaciones, que se sitúan sobre el casco, justo detrás de la vela, como podemos ver en múltiples imágenes de submarinos de la US Navy y la Marine Nationale de Francia. (Julio Maíz)

 


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