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Lanchas rápidas de interdicción (LRI), medios clave contra la piratería y el contrabando marítimo

Las operaciones de interdicción marítima tienen como objetivo retrasar, interrumpir o destruir las fuerzas o suministros enemigos en ruta al área de batalla antes de que hagan daño a las amigas. Por otro lado, en tiempos de paz, la interdicción naval se utiliza como una forma de fuerza limitada en apoyo de la diplomacia y como medio para hacer cumplir las sanciones económicas contra un objetivo. Estas operaciones se desarrollan hoy día principalmente contra la piratería y el contrabando marítimo y su instrumento principal de combate es la lancha rápida de interdicción (LRI).

Este contrabando marítimo, y en particular el tráfico de drogas, generalmente se ha definido por el uso de una embarcación pequeña y rápida (Go-fast) diseñada con una plataforma larga y estrecha y un casco de planeo que le permite alcanzar altas velocidades. Las primeras lanchas Go-fast operaron en los corredores de contrabando de ron (rum-runner) durante el periodo de prohibición en EEUU entre 1920 y 1933, donde su alta velocidad les permitía evadir al Guardacostas. A partir de la década de los 60 los contrabandistas encontraron su vehículo marítimo ideal en las lanchas de cigarrillo ultrarrápidas, un diseño propio de Donald Aronow para regatas en alta mar. 

Desde la década de los 80, la lancha contrabandista se tipifica en la conversión a Go-fast de embarcaciones de pesca deportiva de altura de entre los 6,1 a los 15,2 m. (20 a 50 pies). Tienen un casco hecho de una combinación de fibras de vidrio y de carbono y Kevlar en configuración en V profunda, de haz estrecho y equipado con 2 o más motores potentes, que a menudo suman más de 750 kW (1.000 CV). Pueden desplazarse a velocidades de más de 80 nudos (150 km/h.) en aguas tranquilas, más de 50 (93) en agitadas y mantener 25 (46) en las olas habituales del Caribe, de 1,5 a 2,1 m. (5 a 7 pies), y son lo suficientemente pesadas como para atravesar olas más altas, aunque más lentas.

El Picuda representaría la expresión máxima del Go-fast, siendo un navío construido específicamente para el contrabando, con un casco completamente al estilo cigarrillo hecho de fibra de vidrio de entre los 9,75 y los 11,58 m. (32 y 38 pies) de eslora, que lo vuelve difícil de detectar por radares y es más ligero, rápido y espacioso que el típico barco de pesca reformado. Con los Picuda los corredores de drogas comenzaron a operar más y más en mar abierto, alejándose del alcance de los interceptores y distanciándose de la costa.

LRI pequeñas y poderosas

Varios países respondieron a esta amenaza convirtiendo lanchas Go-Fast capturadas en depredadores marítimos propios, reparando sus cascos y estandarizando consolas, equipos, radios, radares y motores. Así aparecieron las Lenca, de 9,7 y 11,58 m. (32 y 38 pies) recicladas en Honduras y las Naviego Marine de Nicaragua. Se trata de LRI cuyos cascos han sido reforzados con resina epóxida y fibra de vidrio y elementos de aluminio de grado marino, que les permiten superar velocidades altas y tener gran alcance en alta mar. 

Además, se les equipa con radares y GPS que les permiten operar en la oscuridad y con baja visibilidad. Sus 2 o 3 motores Yamaha, o Mercury Verado, los propulsan a velocidades entre los 35 y 45 nudos. Con ello, el astillero colombiano Eduardoño, experimentado constructor de lanchas de pesca, buceo y recreo, comenzó a modificar exitosamente sus diseños a LRI, desarrollando la línea Patrullero, que va desde el P-195 al P-450, hoy en uso por Colombia, Costa Rica y Panamá.

foto: bote piraña de Spibo del Ejercito de Mexico (Spibo)

Con el objetivo de las guerras revolucionarias en la región, los militares estadounidenses buscaron focalizar sus recursos de guerra naval especial, pasando sus LRI de la guerra contra la insurgencia y el contrabando de armas a medios interceptores del tráfico de drogas y misiones contraterroristas. Así es como los Boston Whalers Outrage, favoritos de los comandos navales SEAL, pasaron a simbolizar las LRI en su mínima expresión de 6,11 m. (22 pies) de largo, siendo adoptados además por México y en Centroamérica, mientras que los Outrage y Guardian serían adquiridos por Colombia, Venezuela, Argentina y otros países de la región. 

Entre 2011 y 2016, el SOUTHCOM de EEUU había distribuido otras 17 Boston Whaler Justice BW-320 (9,75 m./32 pies) y 38 BW-370 (11,27/38) a sus aliados latinoamericanos y en 2016 se encargaban ejemplares adicionales en otro contrato por 72 millones de USD con el mismo propósito. Con ello llegaban BW Justice a Guatemala, El Salvador, Panamá y otros. En 2007, Washington había implementado la estrategia de seguridad marítima Amistad Duradera, diseñada para promover y aumentar las capacidades de los países socios contra los Picuda y las actividades ilícitas, seleccionando el Nor-Tech 43V Interceptor de 13 m. (43 pies) de eslora de NaplesYacht, diseñado para velocidades y maniobrabilidad oceánicas y aguas poco profundas, hasta los 60 nudos gracias a sus 3 motores 315 Yanmar. 

Estas LRI fueron entregadas a varias naciones caribeñas, como Belice, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá. En junio de 2020, la Armada del Ecuador había adquirido 2 unidades tácticas y 3 de mando y control Renegade Powerboats en Florida. Estas lanchas, de 10,35 y 11,58 m. (34 pies y 38 pies), montan motores Mercury 4T, que las propulsan a velocidades de hasta los 40 nudos y son en esencia similares a los BW y los 43V. 

Costa Rica adquiriría un par de Midnight Express 39 y la Policía Nacional de Panamá sumaba 2 de Donzi Interceptor. En esta misma gama, el astillero holandés Damen proporcionaba a Honduras, Panamá y Venezuela su LRI D-1102, con un casco de 11 m. (36,1 pies) hecho de fibra de vidrio y epóxido reforzado con carbono. Sus 2 motores Volvo D6-370 les conceden velocidades de más de 55 nudos, a una distancia de las 200 millas náuticas.

Evolución

Las LRI ya mencionadas se distinguen por ser altamente maniobrables y extremadamente veloces, necesidades inherentes para la caza de lanchas de traficantes. Sin embargo, su eslora dicta que el radio de acción sea muy corto y que operen cerca de la costa, por lo que necesitan más tamaño para dotarles de un mayor alcance y capacidades oceánicas. Entre 1999 y el 2001, México adquirió el CB 90 HMN, una variación del sueco Stridsbåt 90, encargando 12 unidades iniciales directamente de Dockstavarvet y negociando la transferencia de tecnología para su construcción en el propio astillero ASTIMAR Nº 3 de Coatzacoalcos. 

La versión CB 90 HMN está modificada para condiciones tropicales y equipada con 2 motores de 800 CV para velocidades de más de 45 nudos. Con 15,9 m. (52 pies) de eslora, llega a los límites de lo que se considera una LRI. Años después, México ofrecería este modelo a Guatemala y Panamá por 7 millones de USD, sin que se alcanzara un acuerdo, pero el diseño presentaría nuevos estándares para lo que es una LRI idónea.

foto: Lancha de la Infanteria de Marina colombiana (J. Montes)

En noviembre de 2020 SIMA Perú anunció la construcción de dos CB-90, y la de modelos Desafiante 45 de 14 m (45 pies) de eslora.  Partiendo del mismo diseño CB 90, Safe Boats construyó la RCB, por sus siglas en ingles de Lancha de Mando Fluvial. Es una variación de 16,16 m. (53 pies) de eslora operada por la Fuerza Costera Fluvial, o CRF (Coastal Riverine Force), para operar en aguas poco profundas en Estados Unidos. Está organizada en 2 grupos, uno con los escuadrones 1, 3 y 11, operando en la costa Oeste, y el segundo con los 2, 4, 8 y 10 en la Este.

La Prefectura Naval Argentina encargó las Shaldag MK-II de Israel para su uso en operaciones antidrogas a lo largo de los ríos Paraná y Uruguay. Caen más bien en la categoría de buques rápidos interceptores (BRI), pues, aunque tienen capacidad de perseguir a los contrabandistas a velocidades de hasta los 45 nudos, con 25,3 m. (84 pies) pertenecen a una categoría mayor. Con la experiencia lograda con los guardacostas Dabur en el combate de contrabando y contraterrorista, la israelí IAI/Ramta desarrolló algo más grande, rápido y maniobrable, evolucionando al modelo D’vora.

De 21,8 m. (71,5 pies), volaba a 37 nudos (69 km/h.), con un radio de operación de 560 millas náuticas. No siendo suficiente, se pasó a la Super D’vora, de 25,4 m. (83 pies), entre 45 a 52 nudos y alcance de 700 millas. Por su parte, ISL, del Grupo SK, tradujo esa experiencia en la familia Shaldag, yendo desde la Mini-Shaldag hasta el MK-V de 32,65 m (105 pies), diseñado para operar en áreas distantes costa y que en 2020 ofrecía a Uruguay.

El equivalente estadounidense es el diseño de patrulla Mark-IV de Safe Boats International (SBI), un navío rápido de intercepción que mide 26 m. (85 pies) y cuyos primeros 6 fueron contratados por 36,5 millones de USD en mayo de 2012. Se trata de una modificación del 780 Arcángel, que utilizan México y Chile. Este último mide 13 m. (43 pies) y se distingue por un casco de aluminio y anillo neumático. Está equipado con protección balística, blindaje alrededor de los motores y almacenamiento de combustible, siendo propulsados por 2 MTU a velocidades de 45 nudos (83 km/h.), alcanzando 750 millas náuticas a 25 nudos. 

Estas naves de más de 15 m. (52 pies) de eslora evidencian distintas características con respecto a las LRI tradicionales y verdaderamente son una mezcla de patrullera naval guardacostas y lancha rápida de interdicción, pues, debido a sus prestaciones y tamaño, a lo que se suma su velocidad elevada, permiten realizar ambos papeles eficientemente. Claro, un mayor tamaño significa también una mejor capacidad de combate, junto con un alcance muy superior, pero a un costo de adquisición y logística mayor que el de una LRI tradicional de 11 m. (38 pies) o menos. 

A medida que se ha mejorado la cobertura del radar y la coordinación de las autoridades, así como los medios interceptores de corto alcance, los cárteles del Norte de Sudamérica comenzaron a desarrollar semisumergibles para eludir los controles. Se trataba de navíos lentos, pero extremadamente difíciles de detectar, pues el 80 u 85% de su casco se encuentra bajo el agua. Estos operan hoy muy lejos de las costas, poniéndoles fuera del alcance de la mayoría de LRI.  Esto lleva a otro tipo de lucha marítima, que requiere otros medios de combate, como los patrulleros oceánicos, capaces de funcionar como nodrizas de los LRI.


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