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Operaciones contrainsurgencia

(Revista Defensa nº 31, noviembre 1980) El éxito de Robert Mugabe en las elecciones de Zimbabwe-Rhodesia y la formación de su plural gobierno, va a originar un incremento de los esfuerzos de la ONU para obtener la independencia de Namibia. El gobierno de la República de África del Sur ha manifestado repetidas veces desde los últimos años 60, sus intenciones de garantizar la independencia de Namibia supervisando unas elecciones generales internas como primer paso en tal dirección. El problema ha sido, y todavía lo es, el que la Asamblea General de la ONU aprobó una moción reconociendo a la Organización Popular de África del Suroeste (SWAPO) como el único representante legítimo de la población del país.

Una visita a Namibia nos ha demostrado que tal aseveración es incierta, pues aunque el SWAPO podrá tener el apoyo de un razonable número de ovambos, es improbable que los miembros de los otros once grupos étnicos que habitan el país aprueben un gobierno del SWAPO. Estos grupos son tan diferentes entre sí como puedan serlo los nigerianos de los noruegos o los árabes de los australianos. Sus costumbres, métodos de vida y pasado histórico varían enormemente. Esto se debe a las muy diferentes condiciones climáticas y a las migraciones demográficas anteriores a la ocupación alemana de 1884.

foto: Concluida la patrulla el gesto cansado, pero satisfecho, de un soldado sudafricano.

La única zona realmente fértil del país es Ovambolandia, que aunque no ocupa mas que una pequeña fracción de la superficie total del país agrupa a 443.000 de los 961.500 habitantes que tiene Namibia. El segundo grupo étnico más importante es el blanco, que consta de 110.300 personas de origen alemán, africano, inglés y portugués. El pueblo herero, que tan valerosamente resistió a los alemanes, todavía se asienta en Hererolandia, en la frontera con Botswana, y en la árida y montañosa Kaokolandia, situada sobre la frontera con Angola y al oeste de Ovambolandia. Los hereros totalizan unas 62.000 almas.
Al este de Ovambolandia encontramos a unos 65.000 kavangos que, como las otras tribus fronterizas, son muy diferentes de los ovambos. La mayoría de ellos viven a lo largo del río Okavango, que es la frontera natural con Angola. Muchos son refugiados huidos de los conflictos de este último país y no parecen aprobar las actividades de las fuerzas del SWAPO.
Al este del país de los kavangos encontramos la Franja de Caprivi. La zona occidental de la Franja, sólo de 30 km. de ancho y encajonada entre Botswana y Angola, es muy árida y hasta 1975 estuvo virtualmente deshabitada a excepción de unos cuantos nómadas bosquimanos.
Sin embargo, desde ese año más de 1.500 bosquimanos escaparon de Angola con sus familias, habiendo sido asentados en la Franja por las autoridades de África del Sur.
La zona este de la Franja se encuentra entre Botswana y Zambia y bordea Zimbabwe a la altura del río Zambesi. Esta zona es más fértil, oscilando su anchura entre 40 y 80 km. y es la base de asentamiento de una población de 33.000 personas, muchas de las cuales tienen lazos con Zambia. Los habitantes de esta región no tienen ninguna simpatía por las fuerzas del SWAPO y son una importante fuente de inteligencia para las fuerzas de seguridad.
La longitud total de las fronteras es de 1.800 km. pero, afortunadamente para las fuerzas de seguridad de Namibia, no todo el perímetro es favorable para operaciones de insurgencia. Los primeros 300 kilómetros de frontera entre Kaokolandia y Angola están apoyados en el río Kunene, que corre entre profundos cañones con pocos puntos de vadeo. Las fuerzas de seguridad en Kaokolandia consisten en un batallón reclutado localmente que, con un escaso apoyo de las fuerzas sudafricanas, ha sido capaz de mantener la paz.
Desde las cataratas de Ruacana, en el interior de Ovambo, hasta la ribera del río Okavango, corren 450 km. de frontera a través de zonas selváticas cuya delimitación es totalmente artificial. Otra delimitación artificial constituye la frontera establecida entre Angola y la Franja de Caprivi. Más al este la frontera con Zambia se apoya en el río Zambesi.
La más seria amenaza se puede localizar en Ovambo y esta es precisamente la más difícil de contrarrestar. La población está dispersada por todo el país, organizándose principalmente en grupos familiares asentados individualmente en sus Kraals, siendo por tanto muy vulnerables a las coacciones del SWAPO. El terreno es muy llano e intensamente forestado, por lo que la visibilidad terrestre y aérea es muy limitada.
Un pequeño cercado de ganado recorre toda la frontera, contando además con un faro numerado cada 10 km. Del lado interior de la frontera se ha establecido una franja deshabitada de 1 km. de ancha, para poder así realizar operaciones antiguerrilla sin dañar a inocentes.
Naturalmente, tales instalaciones no suponen ningún tipo de obstáculo para eventuales intrusos, especialmente si tenemos en cuenta que los miembros de la nación Ovambo se asientan a ambos lados de la frontera.

 EL FUTURO EJERCITO DE NAMIBIA
El general Jannie Geldenhuys, comandante en jefe de las Fuerzas de Seguridad de Namibia y eventualmente de las Fuerzas sudafricanas allí destacadas, ha estimado el potencial numérico de las fuerzas del SWAPO en torno a los 8.000 hombres, siendo el 98 por ciento de éstos de raza ovambo. A lo largo de la frontera con Angola se encuentran desplegados unos 1.800 guerrilleros, mientras que unos pocos centenares lo están en Zambia. El resto de estas fuerzas se hallan empeñadas en misiones de entrenamiento, logística y de apoyo a las unidades del MPLA en su esfuerzo de acabar con los ataques del UNITA (1) en el sureste de Angola.

(1) UNITA es un movimiento armado angoleño dirigido por Jonas Savimbi, que lucha contra el actual gobierno de Luanda y su brazo armado, el MPLA.

El general afirma también que las fuerzas del SWAPO han incrementado considerablemente su eficiencia operacional durante los últimos cuatro años. Gran parte de su entrenamiento lo realizan en Angola consejeros cubanos, alemanes del Este y soviéticos. El equipo es desembarcado no lejos del área de operaciones en el puerto de Mocamedes, siendo de destacar que muchas de las armas arrebatadas al SWAPO son de muy reciente manufactura.
Dado que los sudafricanos realizaron dos grandes raids en 1978 contra las bases del SWAPO, desde entonces éstas se han descentralizado en pequeños campamentos móviles. Sin embargo varias de ellas fueron localizadas por los sudafricanos en mayo de 1980, siendo atacadas a continuación por infantería apoyada por carros ligeros, artillería y aviación desplazadas a tal efecto. Grandes cantidades de armas y equipos diversos fueron capturados, ocurriendo además que dichos raids han causado muchas divisiones entre los líderes del SWAPO.
Las fuerzas del SWAPO cruzan la frontera usualmente de noche y en grupos de hasta 100 hombres, subdividiéndose a continuación en partidas de unos 40 guerrilleros. Los objetivos suelen incluir postes de luz y telégrafos, conducciones de agua, tiendas, puentes y el Kraal de algún indígena inamistoso.

foto: Un soldado negro se ejercita con el fusil FAL en el pedregoso paisaje de su tierra natal.

El tendido de minas es una práctica muy regular, apostándose el 80 por ciento de ellas a menos de 15 km. de la frontera. En 1979, 175 minas fueron desactivadas y 133 detonadas, provocando la muerte a 10 soldados y 63 civiles y heridas a 90 personas. Las minas causaron retrasos en los desplazamientos y han obligado a la provisión de vehículos especialmente protegidos. Estos son denominados Búfalos y son similares a los que fueran utilizados en Zimbabwe/Rhodesia.
Como siempre ocurre en operaciones antiinsurgencia, el potencial de las tropas defensoras es mucho mayor que el de la guerrilla. Aquellas alcanzan probablemente un efectivos de 15.000 hombres de los cuales unos tres mil son de color, estando todo el conjunto bajo el mando del general Geldenhuys.
Particular atención se ha prestado al reclutamiento y entrenamiento de unidades locales, que, como espera el gobierno, formarán el núcleo del futuro Ejército namibio. Oficialmente, el régimen de apartheid ya no existe en Namibia y por tanto el 41° Batallón namibio es una unidad multirracial. Esta Batallón consta de cinco compañías y de una unidad de entrenamiento. Los voluntarios prestan servicio por dos años pero pueden reengancharse si lo desean y si son aceptados.
En el presente se presta mucha atención al adiestramiento de oficiales jóvenes y, eventualmente, oficiales de color de los cuales ya existe más de uno. Las compañías del 41° Batallón han sido empleadas ya en el área de operaciones con cierta fortuna, para satisfacción de sus jefes que han descubierto que hombres de diferentes razas pueden luchar y vivir juntos armoniosamente.
En Okanhanja, a 40 km. de Windhoek, abre sus puertas la Academia de Entrenamiento de las Fuerzas de Defensa de Namibia, de régimen multirracial y dirigida por oficiales y suboficiales tanto sudafricanos como namibios. Todos ellos visten sin embargo el uniforme del nuevo Ejército namibio (SWA). Esta Academia tiene todas las secciones habituales: entrenamiento, investigación, evaluación, etc., pero de momento su empeño fundamental es el de mejorar el nivel de capacitación de los jóvenes oficiales de la Fuerza Permanente, los Comandos y las Fuerzas Populares.
Los oficiales de color son difíciles de encontrar ya que aquellos que cuentan con el nivel educativo apropiado, se dedicarán más probablemente a la política o a labores de Estado que a la dura vida militar. Tal situación puede convertirse en grave con la independencia, dado que un futuro gobierno negro tal vez no esté muy dispuesto a aceptar un Ejército dirigido por blancos, aunque éstos sean namibios.
Kaokolandia, Ovambolandia, Kavangolandia y la Franja de Caprivi nunca han estado habitados por blancos y siempre además gozaron de una considerable autonomía, razones ambas que han influido en que se haya considerado más oportuno crear unas fuerzas de defensa territorial que un ejército convencional. Así, desde mediados de los 70, se formaron batallones locales cuyos efectivos se han reclutado básicamente entre la población indígena.

foto: El Ejército sudafricano en parada. Su presencia en Namibia dejó de ser simbólica para convertirse en operacional.

Todas estas tropas son voluntarias y todos los batallones, menos el bosquimano, reciben el mismo pago que los soldados sudafricanos. Todos los soldados reciben las mismas raciones que los blancos y los barracones son igualmente multirraciales.
El Batallón bosquimano posee un tratamiento diferente a causa de su completa ausencia de civilización y por la necesidad de instruirles en los modernos modos de vida, así como adiestrarles en técnicas de combate. El bosquimano ha resultado ser un buen infante y es un excelente rastreador para estas condiciones del terreno.
Todos los batallones locales son mandados actualmente por sudafricanos blancos o por oficiales del SWA. Su dedicación, así como la de sus subordinados a la misión encomendada, es impresionante, tanto estén de servicio como no.
El problema es que la creación de estas unidades se ha iniciado demasiado tarde, no quedando prácticamente tiempo para formar unos cuadros militares completos antes de la independencia. Todas las unidades locales cumplen las misiones asignadas en su área operacional con la colaboración de otras fuerzas namibias y de la República Sudafricana.

EL AREA DE OPERACIONES
El área de operaciones ha sido subdividida en sectores de los cuales el más importante es el nº10 que, mandado por el brigadier Bardenhorst, coincide con los confines de Ovambolandia y Kaokolandia. El puesto de mando de este sector se encuentra en Oshakati, a unos 35 km. al noroeste de la “capital”, Ondangwa, con la que se comunica a través de una tortuosa carretera. Ondangwa cuenta con un buen aeródromo, lo suficientemente largo como para permitir el aterrizaje de aviones de transporte, reactores Impala de reconocimiento y ataque, helicópteros y aviones ligeros. Estos últimos están equipados con bengalas de señalización y armas ligeras de ataque al suelo.
El 34 Batallón sudafricano de Infantería se encuentra basado en Oshakati, el 53 lo está igualmente en Ondangwa, el 54 en Nkongo y el 51 Batallón vigila la central hidroeléctrica y la frontera en las cataratas de Ruacana. Esta central eléctrica presenta la curiosidad de que mientras la central en sí se encuentra en Namibia, la presa se halla en el interior de Angola, en el extremo superior de las cataratas.
Durante la estación lluviosa y a través del sistema de bombeo, el agua llega a las turbinas en cantidad suficiente para generar electricidad para toda Namibia y buena parte del sur de Angola. El proyecto original portugués-sudafricano de la central hidroeléctrica incluía un vasto programa de irrigación que hubiera transformado el reseco aspecto de Ovambolandia. Desafortunadamente, después de la retirada acordada con la ONU de las tropas sudafricanas establecidas en la central, las guerrillas del SWAPO volaron la sección de bombeo; una acción que perjudica tanto a Angola como a Namibia.

foto: Soldados sudafricanos “sudando la camisa” para colocar en el lugar de disparo una pieza que data de la SGM.

El Batallón local, el 35 de Infantería, se encuentra basado en Ondangwa pero una de sus compañías se halla destacada, con el 51 Batallón, en Ruacana.
El sector nº 20, mandado por el coronel Blignawt, tiene instalado su puesto de mando en Rundu, la única ciudad existente en Kavango. Esta ciudad fue construida en la ribera del Okavango, enfrente de la ahora ruinosa villa angoleña de Calai, que cambia frecuentemente de manos en la lucha que mantienen el MPLA y el UNITA.
El coronel Blignawt afirma que el sector es muy tranquilo gracias, en gran medida, a que los kavangos son gente pacífica y reacia a colaborar con el SWAPO. Por esta razón, la mayor parte de las actividades desarrolladas por el Batallón sudafricano allí destacado son de ayuda a la población civil. Así, los militares sirven aquí como profesores de colegio, consejeros agrícolas, sanitarios y también como promotores de pequeños proyectos de ingeniería.
El 34 Batallón kavango se encuentra igualmente basado en Rundu, donde fue creado hace cuatro años. Todo el personal del Batallón es voluntario y ha demostrado ser una unidad muy entusiasta y capaz de oler las emboscadas del enemigo. Esta unidad suele destacar compañías fuera de Kavango.
El 31 Batallón bosquimano es la fuerza más interesante. Basado en Omega, al oeste de Caprivi, fue constituido en parte para generar empleo para los bosquimanos refugiados del conflicto angoleño. Esta unidad ha sido, y todavía es, un experimento en la promoción social de un pueblo subdesarrollado. No existen ciudades ni pueblos en Caprivi, por lo que Base Omega se tuvo que emplazar en mitad de una zona selvática elegida por un cabecilla bosquimano, tras su previa desfoliación.
Actualmente, esta ciudad de cobertizos y tiendas cobija a 650 soldados, 700 mujeres, 1.200 niños y un gran número de parientes. Alimentos, escuelas, templos, tiendas, cantinas, comedores e incluso una escuela de costura (muchas de estas personas no sabían antes lo que era un vestido), están a disposición de todas las familias que también cuentan con asistencia médica gratuita. A los bosquimanos se les instruye en higiene básica y en limpieza, vitales para aquellos que nunca antes habían vivido en una casa.
Uno de los principales problemas de los doctores y sus enfermeras consiste en combatir a los curanderos, cuyos remedios siempre agravan el estado del paciente de tal forma que ya es demasiado tarde cuando acuden al centro médico. Frecuentemente los médicos blancos son requeridos para atender pacientes ya muertos.
Los bosquimanos son unos soldados entusiastas y agresivos, gozan del rastreo, la emboscada y el combate, pero no son muy adecuados para el entrenamiento tradicional. Pequeños destacamentos de bosquimanos son agregados a cada unidad blanca, habiendo demostrado repetidamente en éstas su coraje y competencia. Por su parte, el Batallón bosquimano ha sido capaz hasta ahora de mantener la paz en la Franja de Caprivi.

foto: Discutiendo la operación a emprender. Los soldados son alumnos de la Escuela de infantería.

La mayor parte de los oficiales, suboficiales y soldados en el Sector y del Mando del Batallón en Namibia, proceden de la Fuerza Permanente, mientras que unos pocos proceden de la Milicia Nacional. Muchos de ellos son de Sudáfrica pero si viven normalmente en Namibia son destinados a unidades locales cuando es posible.
Cuando las unidades sudafricanas llegan a Namibia con su correspondiente complemento de artillería, ingenieros y logística, realizan un corto período de entrenamiento intensivo en Oshivelo, en la frontera sur de Ovambolandia. Antes de ser enviados al área de operaciones han de ser declarados aptos para el combate, sistema que evita las habituales carnicerías cuando una unidad es fogueada por primera vez.
Aunque la rotación de las compañías causa una falta de continuidad, el general Geldenhuys afirma que esto tiene ciertas compensaciones: las tropas mantienen su entusiasmo y las unidades de la Fuerza Ciudadana y de Comandos generan remesas de personal con conocimientos y habilidades que son muy útiles en los programas de ayuda cívica. Por el contrario, un personal más experimentado es a menudo más adecuado en el trato con la población local, pudiendo además compensar su agresividad con la simpatía hacia aquellas personas a las que deben proteger.

COMO SE COMBATE
Las operaciones contrainsurgencia son muy similares en todo el mundo. En Namibia la frontera es demasiado larga como para protegerla con un telón de acero, siendo en cambio diariamente vigilada por medio de fuerzas terrestres móviles y aviones ligeros.
Cada vez que una incursión del SWAPO es detectada, inmediatamente se organiza una compleja operación de búsqueda y destrucción: los helicópteros desembarcan pelotones de bloqueo y columnas de coches blindados son utilizadas para transportar la fuerza principal hacia el enemigo a través de las escasas carreteras y caminos de tierra existentes.
El principal problema en las operaciones de búsqueda y destrucción es la identificación de los intrusos, que siempre se deshacen de sus uniformes cada vez que se enfrentan con las fuerzas de seguridad. Es en esta situación cuando la cooperación de las fuerzas locales se convierte en invaluable, ya que no sólo detectan con facilidad a los extraños, sino que además establecen un puente de comunicación con la población que pueda estar predispuesta contra el soldado blanco.
Patrullas integradas por policías locales y civiles se mueven continuamente por el área para mostrar la bandera y apoyar los programas de ayuda cívica. Puntos vulnerables, tales como la central hidroeléctrica, líneas de comunicación, oficinas gubernamentales y los pequeños conglomerados urbanos necesitan de protección armada, así como los delegados del gobierno, misión para la cual se necesita un elevado número de guardias, vigilantes, soldados y policías.
Las fuerzas de seguridad han aprendido de la experiencia inglesa en su conflicto con Indonesia, lo eficaz de las operaciones de persecución y de hostigamiento contra campos guerrilleros bien localizados más allá de la frontera. A las Fuerzas sudafricanas se las permite realizar este tipo de operaciones en contadas ocasiones pero, sin embargo, es bien sabido que se han realizado por fuerzas muy bien entrenadas patrullas de largo alcance para obtener información, importunar al enemigo y localizar sus asentamientos.
Cualquier raid en gran escala más allá de la frontera ha de ser autorizado a los más altos niveles, teniéndose en cuenta todas las posibles implicaciones políticas. Sin embargo, las patrullas del SWAPO son siempre perseguidas cada vez que intentan retornar a sus bases, llegándose a desembarcar fuerzas heliportadas en el interior de Angola para bloquear sus rutas de escape. Fuerzas sudafricanas han penetrado ocasionalmente también en territorio de Zambia desde la Franja de Caprivi, pero desde hace más de un año las cosas estuvieron muy tranquilas en este sector.
Los problemas logísticos a los que han de hacer frente las fuerzas de seguridad son formidables: el equipo pesado y todas las mercancías son desembarcadas en Walvis Bay o en Swakopmund, desde donde el transporte se realiza por tren, a lo largo de 670 km., hasta la terminal de Grootfontain. Desde allí el transporte tiene lugar sobre vehículos de ruedas, en firmes muy defectuosos y a largas distancias: 200 km. hasta Ondangwa, 400 hasta Ruacana, 240 hasta Rundu y así sucesivamente.
Dakotas C-47 son intensivamente utilizados en misiones de aprovisionamiento aéreo y de transporte de las unidades rotatorias, existiendo a tal efecto buenas pistas en las bases de todas las principales unidades.

LAS NACIONES UNIDAS

El coste de todas estas operaciones de seguridad es naturalmente enorme para las economías de Sudáfrica y Namibia. No existe ninguna duda de que el gobierno sudafricano y la Administración General de Namibia desean poner fin a esta campaña, pero también es evidente que no pueden eludir sus responsabilidades hasta que unas elecciones libres e internacionalmente supervisadas tengan lugar.
Hasta ahora las proposiciones de las Naciones Unidas no han tenido eco, sobre todo a causa de la negativa angoleña a permitir la vigilancia por parte de los cascos azules de las bases del SWAPO establecidas en su país. El general hindú Prem Chand ha recorrido recientemente la zona fronteriza para examinar la posibilidad de establecer una zona desmilitarizada de 50 kilómetros de ancha a ambos lados de la frontera. El objetivo de tal medida es hacer practicable la misión pacificadora del Grupo de Asistencia a la Transición de la ONU (UNTAG).
Las dificultades de tal esquema son considerables: las distancias son grandes, el terreno difícil y además supondría el abandono por Sudáfrica de todas sus bases en el área operacional, así como el colapso del programa de ayuda cívica. La fuerza propuesta de la ONU contará con sólo 7.500 hombres para patrullar una zona superior a la de Inglaterra y Escocia juntas, no contando para su desplazamiento con más que unas pocas pistas de tierra. Tal vez la propuesta más inteligente sería desplegar las fuerzas de la ONU en las bases del SWAPO y de las fuerzas de seguridad, controlando el alto el fuego desde ellas.
Si un acuerdo supervisado por la ONU no tiene lugar, esta guerra de guerrillas continuará sin que ninguno de los bandos sea capaz de ganar.

El coronel Norman L. Dodd comenzó su carrera en la Royal Artillery en enero de 1937. Durante la Segunda Guerra Mundial prestó sucesivamente servicio en Egipto, Nigeria, Birmania e Inglaterra. Tras la guerra el coronel Dodd desempeñó importantes cargos en la OTAN hasta su retiro en 1970, fecha en la que ejercía las relaciones públicas del Mando de las Fuerzas Aliadas de Centroeuropa. Tras dejar la carrera militar, el coronel Dodd se ha convertido en un visitante habitual de los ejércitos de la OTAN, canadiense, neozelandés, australiano y, sobre todo, del sudafricano. El coronel Dodd es un frecuente colaborador en publicaciones militares y es una reconocida autoridad en las cuestiones militares y políticas que se desarrollan en el Continente africano.

Revista Defensa nº 31, noviembre 1980, Coronel Norman L. Dodd


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