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Malvinas, así combatimos

La 2ª Escuadrilla Aero naval de Caza y Ataque se incorporó a la Armada en los últimos meses de 1981, poco después de recibir los cinco primeros aviones Super Etendard de Francia. En aquellos momentos la experiencia de vuelo era muy reducida, tan sólo 45 horas por piloto, habiéndose concretado en el exterior únicamente el adiestramiento básico para operar el Super Etendard.

No se había practicado el vuelo nocturno ni tampoco ninguna otra modalidad particular, faltándonos, por parte de Ia Armada francesa, información sobre la doctrina de ataque más adecuada a Ias capacidades del avion. Es decir, que sólo se había aprendido la técnica del vuelo en el nuevo aparato.

Durante los meses de diciembre de 1981 y enero, febrero y marzo de 1982, se trabajó en el proceso de evaluación de Ia Central Inercial del Super Etendard y de su radar de morro aire-superficie. Hacia finales de marzo el total de horas de vuelo acumuladas por cada piloto oscilaba en torno a las 80, siendo de unas cien cuando estallaron  las hostilidades. El miércoles, 31 de marzo, llegó la orden de capacitar a la Escuadrilla, en el menor tiempo posible, para utilizar el sistema de ataque aire-superficie Exocet, solicitándose un mes de margen por tratarse de una táctica casi nueva y a la que era necesario enfrentarse sin doctrinas que le sirvieran de antecedentes. Un día después, el 1 de abril, se abordó la tarea logística, probando los sistemas de la Unidad dc Ataque (UAT), o sea, el sistema de navegación inercial y el calculador digital, además del sistema de radar Agave, central aerodinámica, unidad de intercambio de información y acople, etc.

Fue necesario, además, instalar y probar el lanzador del misil y, lo que es más importante, colocar la maqueta del mismo y asegurar que todo el conjunto funcionara correctamente. El sistema de armas del avión dependería íntegramente de nosotros y sabíamos que no podíamos contar con ninguna ayuda exterior y que, de presentarse algún problema que excediera nuestros conocimientos básicos, quedaría librado a nuestra propia capacidad el superarlos.

PREPARACIÓN DE LA MISIÓN

Es de señalar que hasta mediados del mes de abril se había esperado la asistencia técnica de Aérospatiale que, por contrato, debía ser prestada en la propia Argentina, pero no hicieron acto de presencia, por lo que hubimos de asegurar, nosotros mismos, el correcto funcionamiento del sistema Super Etendard -Exocet. Oficiales, suboficiales y cabos, ingenieros y técnicos coronaron el desafío, luego de realizar un importante esfuerzo común. Los primeros eran miembros de la escuadrilla y los segundos del Arsenal Naval nº 2 de la Base Aeronaval Comandante Espora. En sólo dos semanas se logró, sin ayuda exterior ninguna, algo que en un principio parecía imposible y fuera de nuestras posibilidades: el Top de Tiro del misil Exocet, lo que significa que haría impacto si se le lanzaba en condiciones adecuadas.

foto: El “HMS Sheffield” arde en pompa después del impacto del “Exocet”. Un duro golpe para la “Royal Navy”.

Si la preparación del sistema de armas del Super Etendard y su puesta a punto definitiva requirieron esfuerzo e imaginación, lo mismo sucedió con el adiestramiento de los pilotos y la planificación operativa de las misiones a cumplir. La técnica del lanzamiento del misil, si bien complicada, era más o menos conocida. Requería intensificar el adiestramiento en el uso del radar del avión y las técnicas propiamente dichas: el vuelo a más de 500 nudos (cerca de 1.000 km/h.) rozando las aguas, en parejas, sin comunicación alguna entre los aviones para no delatar su presencia. Esto, entre otras cosas. Volando en el área naval de Puerto Belgrano y con todo tipo de unidades de superficie—mercantes y de guerra—, se repitieron estas técnicas de lanzamiento del misil hasta asegurarse un grado mínimo de adiestramiento.

Llegar a la elección de las tácticas a emplear fue significativamente más difícil, en particular si se considera que el aspecto doctrinario del problema no está resuelto, y en rigor era desconocido. Resumiendo, debía determinarse:

a) Las tácticas a emplear para cada caso concreto.

b) Los perfiles de vuelo adecuados, llevando al limite los radios de acción del avión. .

c) Relacionado con lo anterior, buscar sorpresa y discreción, asegurando penetrar en el sistema defensivo enemigo sin ser detectados. Quedarían así inutilizadas la capacidad antiaérea, contraérea y de contra medidas electrónicas del enemigo, tanto activas como pasivas.

d) La capacidad potencial de operar desde Puerto Argentino, con pista seca y húmeda, y en la configuración de ataque prevista. Sabíamos que era una pista relativamente angosta y de poca longitud.

Sobre esta base tuvieron lugar las pruebas, cálculos y ensayos requeridos en el menor tiempo posible. Para ver la factilidad de utilizar Puerto Argentino se efectuaron vuelos con pistas secas y húmedas, simulando la longitud correspondiente a la citada en condiciones reales, es decir, con el misil y los tanques suplementarios de combustible. Con pista seca se cumplieron los valores de las curvas de frenado, aunque con poco margen, pero éstos no se alcanzaron con pista humeda al deberse realizar el despegue en el límite, con la configuración prevista, por lo que llegamos a la conclusión de reservar Puerto Argentino para la operación en emergencia como daño de combate únicamente. Iba a ser necesario, pues, el reabastecimiento en vuelo.

foto: El “Super Etendard” 04 es revisado antes de despegar para una misión. Obsérvese las pequeñas bombas de instrucción, de color azul, bajo los planos. (Foto J. Figari.)

Se necesitaba imperiosamente un perfil de vuelo que asegurara varias cosas: operar a más de 400 millas náuticas de la costa, probablemente unas 500, para poder atacar buques ingleses que, con toda seguridad, no se iban a aproximar en sus operaciones a menos de esa distancia del Continente. El perfil debía incluir reabastecimiento en vuelo y, basándose en la premisa fundamental de evadir la detección enemiga, debería incluir la pierna final del ataque, lanzamiento y evasión posteriormente planificadas, de manera tal que volásemos siempre debajo del máximo alcance de detección radar y a la máxima velocidad posible.

Un aspecto que no se pudo evaluar fue la capacidad real de contramedidas electrónicas con que contaban los ingleses, que habían actualizado especialmente a sus buques de primera línea (caso dei destructor Sheffield, el primer buque construido de la serie tipo 42, que, para ser modernizado, requirió dos años de trabajos intensivos con un presupuesto del orden de los setenta millones de dólares). Esta incertidumbre obligaba a no efectuar emisiones electrónicas innecesarias, aceptando solamente la emisión radar con un mínimo número de barridos cuando se estuviese dentro del alcance previsto, evitando así la interferencia del radar (bloqueo de pantalla) y con ello el fracaso total de la misión. En concreto, se debía ajustar Ia planificación y la mecánica de vuelo para poder entrar al área de lanzamiento en la forma más discreta posible, permanecer el mínimo indispensable, lanzar y salir aún más rápido que a la ida.

Se estudiaron las curvas de los radares de los destructores tipo 42 de la Armada argentina. Los destructores Hércules y Santísima Trinidad proporcionaron Ia información necesaria. Evidentemente, el sistema de defensa antiaérea más efectivo de los ingleses era igual al nuestro. Se analizaron entonces todas las características del misil de defensa de área Sea Dart, temible por su alcance, precisión y velocidad.

Una vez determinados los puntos interesantes del perfil de vuelo, se efectuó la práctica con nuestros destructores. Embarcaron pilotos de la escuadrilla a bordo para observar en las mismas pantallas radar y en los sistemas del buque, el resultado de los ataques. Por supuesto, reunidos con los comandantes de los buques y sus oficiales, tuvieron lugar los prevuelos correspondientes y se efectuaron los análisis posteriores.

foto: Vista de detalle del destructor “HMS Sheffield” sobre el que el fuego provocado por un “Exocet” hizo el asolador trabajo que muestra la imagen.

Faltaba la práctica de los reabastecimientos en vuelo, para lo que fue requerido y se obtuvo un KC-130 de la Fuerza Aérea para las prácticas. Estas tendrían lugar a muchas millas de la costa en total silencio electrónico y de su correcta ejecución podría depender luego el éxito de la misión.

Se habían solicitado treinta días para adiestramiento y para poner todo a punto. Habían transcurrido solo quince y la escuadrilla estaba lista.

LA EJECUCIÓN DE LA MISIÓN

Hasta aquí no había quedado un solo detalle librado al azar. Pero había una cosa que era preocupante: repetir este mismo adiestramiento en la zona de operaciones propiamente dicha. Ese teatro era muy distinto. La meteorología, entre otras cosas, profundizaba la diferencia.

El lunes 19 de abril despegaron de Comandante Espora hacia Río Grande dos aviones. Al día siguiente dos más. Esos cuatro Super Etendard y cinco misiles Exocet, iban a constituirse en el único capital operativo con que contaría la escuadrilla durante toda la campaña.

El mismo día del arribo a la Base Aeronaval Rio Grande comenzaron los vuelos en la zona. El adiestramiento era básicamente el mismo ejecutado hasta el momento. Lo que cambiaba era el área de operaciones. Inmediatamente quedó demostrada la necesidad y utilidad de esta etapa previa a las operaciones de guerra. El estado del mar y altura de las olas, el fuerte viento casi constante planearon un trabajo con el radar totalmente distinto, y nuevos factores a tener en cuenta. Lo mismo sucedía con la operación desde la Base Aeronaval Río Grande.

foto: Contenedores con motores para los A-4 argentinos almacenados en una base norteamericana, a raíz del embargo.

Los aviones Super Etendard fundamentaron siempre el éxito de sus ataques en la discreción. Esa discreción significaba la ausencia total de comunicaciones radioeléctricas entre los aviones que ejecutaban los ataques y, más importante todavía, aproximarse al objetivo a gran velocidad, desde muy lejos y a muy baja altura. Las operaciones incluian, ademas, reabastecimiento en vuelo para efectuar ataques a 500 millas náuticas del continente.

ATAQUE AL DESTRUCTOR “SHEFFIELD”

Sucedió el martes 4 de mayo de 1982. Iba a ser el único ataque efectuado de acuerdo con Ias planificaciones iniciales, consideradas desde el punto de vista de la exploración antisuperficie previa al ataque, para dar una posición inicial del objetivo y su constitución y teniendo en cuenta también que era deseable que el mismo explorador se mantuviese en contacto luego para actualizar la posición justo antes del ataque.

Con la posición inicial del enemigo amunas cien millas al Sur de Puerto Argentino y a aproximadamente 380 millas de la Base Aeronaval Río Grande, el mando de la Aviación Naval ordenó el despegue a las 9,45. Despegaron dos aviones con un misil cada uno, para atacar al enemigo en una posición que había sido actualizada a Ias 9,15 por el avión Neptune, explorador de Ia Armada. A las 10,04 se efectuó la reunión con el avión tanque, y luego de recibir combustible, y estando ahora a unas doscientas cincuenta millas del blanco, fue iniciada la fase final del ataque.

A las 10,3 0 de la mañana, y en medio de condiciones meteorológicas realmente malas, debido a los chubascos y bancos de niebla comunes en esa época del año en esas latitudes, lo que hacía disminuir la visibilidad a 1.000 metros y el techo a 500 pies (150 metros) los aviones recibieron la posición actualizada del blanco a atacar por el Neptune explorador. Los blancos se encontraban a 115 millas náuticas de esa posición de los aviones, y eran dos buques medianos y uno grande.

A las 11,04 lanzaron simultáneamente los dos aviones sus dos Exocet. En sus pantallas radar habían tenido los blancos, y efectuando el procedimiento practicado tantas veces antes, lanzaron los misiles sin ser detectados por el enemigo, en óptimas condiciones y a una distancia que aseguraba con un amplio margen el impacto en el blanco. No habían registrado ningún tipo de interferencia electrónica, lo que indicaba una sorpresa total. Inmediatamente invirtieron su rumbo, y a máxima velocidad y siempre en vuelo rasante, se alejaron sin ser molestados. Otra prueba concluyente que la discreción tantas veces analizada y obstinadamente buscada había rendido sus frutos. Aterrizaron sin novedad a las 12,10.

foto: Personal técnico llevando a cabo trabajos de mantenimiento en el interior de uno de los espaciosos hangares destinados a los “Super Etendard” en la base. (Foto J. Figari)

Fue una operación eficiente, ejecutada en forma totalmente profesional por profesionales. El binomio avión explorador avión de ataque demostraba así su contundencia, empleando un medio totalmente nuevo en la guerra en el mar.

La Aviación Naval de la Armada argentina se convertía así en pionera de estas nuevas técnicas, nunca antes utilizadas por país alguno en el mundo entero. El dia 4 de mayo de 1982 a las 11,04 de la mañana, luchando por una causa noble y en un rincón perdido del Atlántico Sur, la Aviación Naval argentina abría a los ojos del mundo un nuevo capítulo en Ia doctrina de las operaciones aeronavales de todas las Marinas modernas de Occidente. Que nadie lo dude.

Fue mencionado antes que el ataque al HMS Sheffield lo convertiría en el único buque atacado, según las previsiones iniciales. Esto resultó así porque a mediados del mes de mayo, y antes de poder concretar otro ataque, los aviones Neptune exploradores quedaron fuera de servicio. Habían volado cientos de horas explorando antes del 2 de abril y continuando su trabajo eficiente, silencioso y sin pausas a partir de ese momento, alcanzaron el límite de resistencia de su material, especialmente sus radares y equipos de contramedidas electrónicas. La vejez de los equipos no había soportado un uso tan intensivo, pese a los esfuerzos denodados del comandante de Ia escuadrilla y su personal.

Dio así comienzo un trabajo notable por lo paciente y minucioso, uno de los tantos episodios de esta guerra, poco conocido, como muchos otros, producto del ingenio desplegado por un grupo de jefes y oficiales de Ia Armada destacado en la Central de Operaciones en Puerto Argentino. Fue también una consecuencia de la necesidad. Con el correr de los días, esa tarea permitiría concretar los dos últimos ataques de los aviones Super Etendard.

La imperiosa necesidad de obtener las posiciones en el mar del enemigo, y la ausencia de exploración aérea, llevo a que el almirante a cargo de las operaciones de la Armada en las islas Malvinas diera la orden de hacer el análisis de todos los puntos de aparición en las pantallas radar de los raids de aviones Harrier enemigos. Esas posiciones, junto con aquellas que daban lugar a la desaparición del eco en algún lugar del mar, obtenidas a través del radar instalado en Puerto Argentino, fueron ploteados minuto a minuto, segundo a segundo, día y noche en forma ininterrumpida. Necesariamente, el avión que aparecía en las pantallas radar, aproximándose desde el mar, no podía estar muy lejos del buque desde el cual había despegado. Lo mismo sucedía cuando, luego de haber cumplido el avión Harrier su misión, regresaba a su portaaviones. De esta manera se obtuvieron las posiciones que permitieron los ataques posteriores.

foto: Pese a su poca experiencia en los mismos y a la falta de una doctrina operativa, los pilotos de la Armada argentina le sacaron un extraordinario partido al “Super Etendard”. (Foto J. Figari.)

Transmitidas al continente, al mando de la Aviación Naval, fue éste quien planifico los ataques de los días 25 y 30 de mayo. Estas dos misiones fueron concebidas y planificadas en forma prácticamente similar, donde tenían vital importancia no sólo la posición del blanco, sino la determinación del sector de aproximación más adecuado que permitiera obviar los inconvenientes de la falta de información de superficie, el cual estaba indudablemente condicionado a los perfiles de aproximación calculados para la utilización óptima del avión y su sistema de navegación y ataque. Así, los Super Etendard, sin exploración de superficie, pudieron hundir al Atlantic Conveyor y averiar al Invincible.

ATAQUE AL PORTACONTENEDORES “ATLANTIC CONVEYOR”

Fue ejecutado el martes 25 de mayo, fecha muy particular para los argentinos. El mando de la Aviación Naval, por una posición recibida desde Puerto Argentino, según lo explicado antes, impartió la orden de atacar a un blanco que se encontraba al Noreste de Puerto Argentino y a cien millas aproximadamente. Esta operación, que tuvo un doble reabastecimiento en vuelo, se convirtió en la más larga de todas las efectuadas, con una duración de cuatro horas.

La distancia del objetivo desde la Base Aeronaval Río Grande era cercana a las 500 millas. De acuerdo a lo planificado y teniendo en cuenta los parámetros de sector y perfil ya mencionados, se solicitó que el avión tanque fuera ubicado al Este de Puerto Deseado, y a unas ciento sesenta millas. Si bien el camino a recorrer para este ataque era muy largo, permitía pasar a más de cien millas al Norte de las islas Malvinas en su punto más próximo, lo que aseguraba la no detección de los aviones por parte de decenas de buques ingleses que a esta altura de las operaciones se encontraban en las inmediaciones del extremo oriental de Ias islas.

Los aviones, tras el despegue, efectuaron su reabastecimiento en vuelo sin dificultades. Los dos Super Etendard iniciaron su pierna final de ataque a más de doscientas setenta millas del blanco. A las 16,32 fueron disparados dos misiles, uno por cada avión, a una distancia similar a la utilizada en el lanzamiento al Sheffield, saliendo los dos misiles de la misma forma en óptimas condiciones, luego de tener en la pantalla radar de los aviones los ecos.

Como en el caso anterior, tampoco fueron molestados ni antes ni después del lanzamiento, tras el cual, y siempre en vuelo rasante, se dirigieron al aeródromo de Puerto Deseado para aterrizar, ya que la distancia a Río Grande era excesiva. Pero un encuentro no previsto con el avión tanque, que había permanecido orbitando luego del reabastecimiento en el mismo sitio, permitió reabastecer nuevamente los aviones. Gracias a ello, ya de noche, regresaron a la Base Aeronaval Río Grande.

El Atlantic Conveyor se hundió, y con él se perdieron pertrechos y repuestos muy importantes para la logística de las operaciones británicas, tal como fuera posteriormente resaltado por un sinnúmero de revistas especializadas inglesas y por el mismo general Jeremy Moore en declaraciones publicadas en diferentes medios de difusión de la Ar gentina y del exterior.

ATAQUE AL “INVINCIBLE”

Fue el último ataque, y en su transcurso se lanzó el último misil Exocet que restaba. Ocurrió el día 30 de mayo de 1982, y fue conducido por un capitán de corbeta de la Aviación Naval.

De los análisis que efectuaba la Armada en Puerto Argentino surgió una nueva posición para atacar, esta vez el portaaeronaves Invincible. Se trataba de destruir un objetivo situado al Sudeste de Puerto Argentino, y a unas cien millas. El mando de la Aviación Naval planificó una vez más este último ataque, dándose la orden de acción. En esta oportunidad debía tenerse en cuenta la misión realizada sólo cinco días antes, cuando al penetrar por el Noroeste en forma totalmente imprevista se babia logrado una total sorpresa, y que por sus consecuencias, habia evidenciado la preocupación de la Fuerza Naval inglesa, en los días posteriores, de defenderse de un evidente ataque al Invincible desde dicho sector con el único misil que restaba, hecho perfectamente conocido por ellos.

foto: El general Galtieri, a Ia sazón presidente de Ia República, visita los “Super Etendard’. No tardarían mucho en entrar en acción.

Ello implicaba la planificación de un ataque desde el sector Sudeste, como única posibilidad de lograr la sorpresa que tanto rédito habia dado a las operaciones. Esta aproximación era más comprometida desde el punto de vista del radio de acción, dado que eliminaba la posibilidad de un regreso a un aeródromo más próximo que el de salida, como fue el caso de Puerto Deseado para el ataque al Altantic Conveyor. Se planificó entonces con una detallada precisión, la ejecución de un doble reaprovisionamiento en vuelo, siempre en el trayecto de ida, dado que Ia distancia a recorrer era excepcionalmente larga (aproximadamente quinientas millas de alejamiento desde la Base Aeronaval Río Grande).

Cuando el vuelo había sido totalmente planificado, el mando de la Fuerza Aérea argentina manifestó su deseo de efectuar la operación en forma conjunta, para lo cual se solicitaba la participación de cuatro aviones A-4C en este ataque. El pedido se fundamentaba en la precisión del sistema de navegación inercial del Super Etendard y en su radar, lo que le permitía alcanzar objetivos en aguas abiertas. Esto resultaba imposible para los aviones A-4C de la Fuerza Aérea, y la única forma de alcanzar un blanco en esas condiciones era siguiendo a los aviones Super Etendard. A todo lo dicho se sumaba, además, la posibilidad de incrementar la cantidad de armamento lanzada. Se corría el riesgo de perder el factor sorpresa y discreción, y por ello al aceptarse se puntualizó la necesidad de que los aviones de la  Fuerza Aérea cumplieran el mismo perfil y las mismas restricciones en las emisiones electrónicas que los Super Etendard de la Aviación Naval. Así fue cumplido, y los cuatro aviones de la Fuerza Aérea acompañaron en este ataque a los Super Etendard con dos bombas de 500 libras (250 kg cada una.

Luego de haber despegado los seis, se dirigieron a la posición convenida de reabastecimiento, ubicada al Sudeste de la isla de los Estados. El reabastecimiento se efectuó sin dificultades, y volando siempre rumbo al Este, se hizo un segundo acople para completar los tanques de combustible al máximo antes de iniciar el ataque. A una distancia cercana a Ias trescientas millas del objetivo, comenzó éste. El rumbo final del mismo fue inesperado, de modo que el portaaviones inglés fue sorprendido por haber recibido un ataque por un sector que se apartaba en más de cien grados de su eje de defensa antiaérea que apuntaba hacia el Oeste. Una vez más, el misil fue lanzado desde una distancia que aseguró el impacto y en excelentes condiciones, con eco radar en pantalla, confirmado también por el segundo Super Etendard que no lanzo.

Dos aviones A-4 fueron derribados por misiles, luego que se les señalara la posición del blanco y el rumbo para el ataque y la distancia. Los otros dos declararon posteriormente haber seguido en su trayectoria al misil, llegando así al objetivo que ya se encontraba envuelto en una espesa humareda como consecuencia del impacto sufrido instantes antes. Tras arrojar sus bombas, los dos A-4 regresaron a Río Grande. Los Super Etendard después del lanzamiento del misil efectuaron el escape y regreso a Río Grande sin novedad.

CONCLUSIONES

Además de haber sido Ia primera Armada en la historia de la guerra moderna en utilizar en forma efectiva un misil aire-superficie lanzado desde un avión, la Aviación Naval argentina y sus aviones Super Etendard pusieron en evidencia Ias siguientes capacidades, propias de este sistema de armas:

1.—Efectuar ataques a fuerzas navales en aguas abiertas, constituidas por unidades vitales fuertemente defendidas con excelentes probabilidades de éxito. En rigor de verdad, los Super Etendard de la Armada argentina son los únicos aviones en América que pueden realizar exitosamente este tipo de misiones contra una moderna fuerza naval como es el caso de la británica.

foto: Dos aviones reaprovisionándose. Los “Super Etendard “y sus pilotos no conocen el reposo. (Foto J. Figari.)

2.—Los ataques concretados por la 2ª Escuadrilla Aeronaval de Caza y Ataque con aviones Super Etendard, produjeron como consecuencia inmediata, y a partir de su dramática entrada en escena hundiendo al Sheffield, una sustancial modificación en el empleo de las fuerzas navales inglesas. Impusieron de allí en más, y por el solo hecho de la simple amenaza, un tremendo esfuerzo adicional para contrarrestarla, evidenciada en los hechos y por su accionar posterior. La Armada inglesa se vio obligada a cambiar, no sólo su dispositivo de defensa, sino también la ubicación de sus buques en el mar. Con fundamento podemos ahora decir que en lo que hace a la guerra en el mar, el conflicto delas Malvinas se dividió en dos etapas: antes y después del primer lanzamiento de un misil Exocet.

Por último, los ingleses sabían perfectamente que restaban sólo tres misiles luego del primer lanzamiento. La inteligente dosificación de esta amenaza latente a lo largo de casi todo el conflicto, y una correcta administración de los medios para emplearlos con profesionalismo únicamente sobre objetivos vitales, permitieron que los resultados obtenidos afectaran significativamente el normal desarrollo de las operaciones británicas en el mar.

Revista Defensa nº 60, abril 1983, Capitán de Fragata de la Aviación Naval Jorge L. Colombo


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