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La guerra "dos Bandeirantes"

Hace más de medio siglo, en julio de 1932, el estado de Sao Paulo se alzó en armas contra el gobierno federal brasileño. Esa rebelión marcó el comienzo de una sangrienta guerra civil que habría de prolongarse por casi cuatro meses, y que puso en peligro la unidad de Brasil. “A Guerra dos Bandeirantes” o “A Guerra Paulista”, como la bautizó uno de sus protagonistas, Hélio Silva, fue un conflicto total, con batalla industrial en la retaguardia y participación de las tres Armas en el combate. El conflicto incluyó algunas características de la pasada PGM, entre ellas la batalla de posiciones. Al mismo tiempo, anticipó modos de la ya cercana SGM. En efecto, “A Guerra dos Bandeirantes fue una guerra motorizada. El camión permitió a los beligerantes —y en particular a las tropas del gobierno de Río de Janeiro el desplazamiento táctico y estratégico. Dos años después, el camión se iba a convertir en un factor decisivo en el más sangriento conflicto interamericano del siglo XX, la guerra entre Bolivia y Paraguay. Las enseñanzas prácticas de la confrontación paulista no fueron extrañas a los conductores de la guerra del Chaco.

La revolución del 3 de octubre de 1930 puso fin al dominio político de los barones del café, implantados en los estados de Sao Paulo y Minas Gerais. Este hecho es conocido en la historia del Brasil como la muerte de la Vieja República.
El estado de Sao Paulo, al término de la revolución, se enfrentó al gobierno provisional liderado por Getulio Vargas, exigiéndole al poder central el nombramiento de un interventor estatal que fuera civil y paulista, así como el regreso inmediato a la antigua Constitución republicana.
El 1 de marzo de 1932, plegándose a la primera de las citadas exigencias, Vargas designó interventor a un civil y paulista, Pedro de Toledo. En cuanto a la reconstitucionalización, anunció la publicación de un nuevo código electoral y de un anteproyecto de constitución. Sin embargo, fue inútil. El 9 de julio estallaba en Sao Paulo la revolución constitucionalista, con el objetivo aparente de imponer la vieja Constitución, pero buscando en realidad devolverle al estado el poder político que había perdido con la revolución de 1930.

foto: Cartel del movimiento constitucionalista. Las iniciales corresponden a los apellidos de los cuatro estudiantes paulistas muertos en los disturbios previos a la rebelión del 9 de julio de 1932.

La guerra incendió un país, el Brasil, con una superficie de 8.500.000 kilómetros cuadrados de los cuales corresponden a Sao Paulo 250.000 (España tiene 505.000 km. cuadrados.) En la década de los años treinta, la población de Brasil oscilaba en los 30.000.000 de habitantes, de los cuales una quinta parte residía en el estado bandeirante, es decir, en Sao Paulo. Las distancias de la guerra fueron a la medida americana, por eso los combates se desarrollaron en torno a los ejes de penetración: carreteras y ferrocarriles.
El estado de Sao Paulo tiene al Este un litoral marítimo de 1.400 kilómetros sobre el Atlántico y una frontera con el estado de Rio de Janeiro de 250 kilómetros, al Oeste 800 kilómetros de frontera con el estado de Matto Grosso do Sul, al Sur 1.500 con Paraná y al Norte 1.600 de frontera con el estado de Minas Gerais.

DOBLE OLA DE PATRIOTISMO
La revolución constitucionalista provocó un estallido popular en Sao Paulo. El soldado constitucionalista se improvisó. Al iniciarse la campaña y ante el llamado del gobierno, de las fuerzas armadas, asociaciones y otras entidades, los voluntarios corrieron por centenares, todos los días, a alistarse, leemos en el libro del coronel Herculano Costa e Silva, “A Revoluçao Constitucionalista”.
Pocos eran los que sabían manejar armas o cavar una trinchera y aún hoy se ignora cuántos se alistaron, pero su número excedió las más rosadas previsiones y no hubo armas suficientes para todos. El entusiasmo se contagió a las mujeres que organizaron la Casa del Soldado que, instalada en todas las ciudades del estado, funcionaba día y noche, pronta a saciar el hambre y a brindar abrigo y atención a los combatientes.
Al entusiasmo de los primeros días siguió la desilusión de los duros meses de agosto y septiembre. En casi 60 días de lucha, desde que se inició el movimiento hasta la caída de Eleuterio y Mogi-Mirim dieron los voluntarios todo lo que de ellos, en parecida situación, podía esperarse. Desprovistos de artillería, carentes de apoyo aéreo, lo único que podían hacer era retroceder, o dejarse masacrar, dice el coronel Costa e Silva.

foto: Mapa de las operaciones: 1. Túnel, donde las trincheras paulistas detuvieron a los gubernamentales. 2. El golpe que derrumbó la resistencia de los paulistas. 3. Frente Sur. Alfinal de la guerra las tropas de Rio Grande do Sul y Paraná estaban a las puertas de Sao Paulo. 4. El frente del Este que los legalistas no pudieron romper.

La ola de patriotismo que animaba a los paulistas también se produjo en el bando contrario. Para combatir a Sao Paulo vinieron hombres de todo el Brasil, desde el Amazonas hasta Rio Grande do Sul. No sólo tropas del Ejército, sino también contingentes de policía, fuerzas navales, cuerpos provisionales y batallones de voluntarios.

EL ESFUERZO INDUSTRIAL PAULISTA
La Revolución Constitucionalista provocó la inmediata movilización de la industria paulista para procurarse material bélico. El 2 de agosto de 1932 el Ejército paulista contaba con 16.485 fusiles. En cuanto a los gubernamentales estaban mejor pertrechados y disponían de abundante armamento automático. Los dos bandos se pusieron de inmediato a buscar proveedores extranjeros, en particular en los Estados Unidos y en Europa.
Los bandeirantes despertaron la potencialidad industrial de su estado con lo que la producción de municiones de infantería durante los veintisiete primeros días de septiembre —el período más violento del conflicto— alcanzó a 4.476.100 unidades, o sea, un promedio de 165.781 unidades diarias. Aunque la producción aumentaba día a día —130.000 cartuchos de infantería el primero de septiembre y casi el doble el día 27— era insuficiente para alimentar los cuatro frentes en actividad: norte, sur, este y oeste. A eso había que agregar los envíos a los grupos militares alzados en Matto Grosso do Sul que apoyaban a los paulistas y a las guarniciones del estado, como la del puerto de Santos. La industria paulista fabricó también decenas de miles de cascos de acero, lanzallamas, granadas, morteros bautizados bombardas y que eran una copia del mortero francés Stokes y bombas de aviación.
No se llegaron a fabricar carros de combate, pero sí vehículos blindados improvisados, en particular camiones y automóviles, y sobre todo algunos trenes que prestaron excelentes servicios. Los trenes blindados también fueron empleados por las tropas legalistas de Río de Janeiro.

foto: La hora del rancho para la infantería de la rebelión bandeirante.

Además de armas, Sao Paulo necesitaba para ganar la guerra que se cumpliesen cuatro condiciones esenciales como un golpe de estado contra el gobierno de Vargas, un alzamiento total —no parcial como ocurrió— de los estados de Río Grande do Sul y Minas Gerais, y parciales en los otros estados. La adhesión de la Marina (el Arma se mantuvo fiel a Vargas y sus unidades bloquearon el puerto de Santos) y el reconocimiento del estado de beligerancia.
El coronel Álvaro Alencastre publicó en 1942 un estudio titulado “A revoluçao de 32 y sus enseñanzas militares”, en el cual aprecié que ambos totalizaron más de 100.000 hombres en acción. Hubo interesantes improvisaciones. La industria fue movilizada por los dos bandos y se inició la fabricación de cañones. Los paulistas tuvieron una iniciativa de gran fuerza moral: la campaña para recolectar oro. La guerra demostró la capacidad brasilera para intervenir en una guerra internacional.

OPERACIONES

Al iniciarse las hostilidades los paulistas se apoderaron de gran parte del ferrocarril central y obligaron al Ejército federal a apelar, por primera vez en la historia militar del Brasil, al transporte motorizado. Fue el primer paso en la motorización del Ejército de ese país.
Los paulistas, atacados por el norte, este y sur, maniobraron por líneas interiores y aprovecharon la red ferroviaria.

foto: Mujeres paulistas integrantes de uno de los batallones femeninos organizados, más que nada, con fines de propaganda.

Desde el primer momento, la radio jugó un papel fundamental al servicio de la guerra sicológica. Las emisoras paulistas multiplicaron los rumores (os boatos) para desmoralizar al adversario. Así, anunciaban que Río Grande do Sul se había alzado contra el gobierno central, y que titubeaba la fidelidad de Minas Gerais, lo que no era verdad. Lejos de eso, al mismo tiempo que las radios paulistas anunciaban la rebelión de Rio Grande, las tropas gauchas, oriundas de ese estado, junto con las de Paraná, ocupaban la localidad paulista sureña de Itararé, abriendo el frente meridional.
El objetivo del Estado Mayor bandeirante era la ocupación de Río de Janeiro, por lo que el gobierno realizó su primer esfuerzo en el valle de Paraiba. La resistencia paulista obligó a abrir otro frente en el norte para llegar a las posiciones del valle de Paraiba por la retaguardia. La ofensiva federal fue bloqueada en la localidad fronteriza de Tunel, que se convirtió en un Verdun en miniatura.
A] sur, unos 17.000 hombres del gobierno, apoyados por medio centenar de cañones, avanzaron metódicadamente por dos ejes de penetración: carretera y ferrocarril.
Tras ocupar por segunda vez Itararé el 18 de julio, los paulistas se retiraron a Faxina, llegando allí el 22. Continuó la retirada hasta Buri, donde se atrincheraron, para ser desalojados tras un violento combate el 26.
La lucha se prolongó durante todo el mes de agosto. Las tropas constitucionalistas se hicieron fuertes a lo largo del río Das Almas, línea que cedieron el 21 de septiembre, a fin de ganar la margen derecha del Paranápanema, posición en torno a Sorocabana y donde iba a terminar la guerra en el frente Sur.
El Tunel seguía siendo un obstáculo infranqueable para las tropas del gobierno. Por fin, los federales encontraron el punto débil del enemigo en el frente minero (frontera con el estado de Minas Gerais) donde dos columnas paulistas estaban separadas por una brecha de 100 kilómetros. El plan fue preparado por el mayor Gustavo Cordeiro de Farias, jefe de la 3ª Sección de EM de la 4ª División de Infantería. El golpe consistió en un ataque al flanco derecho del sector norte, que dio lugar a una serie de victorias en Eleuterio, Itapirá, Morro de Grouy, Magi-Miri y Amparo. El 27 de septiembre, el coronel Herculano Costa e Silva, jefe de la Fuerza Pública (Policía) de Sao Paulo se rendía y dos días después, el general Bertoldo Klinger, jefe de las tropas constitucionalistas, solicitaba el cese de las hostilidades, concretado el 3 de octubre de 1932.

COROLARIO FINAL
El coronel Alencastre resumió así las enseñanzas de la guerra:

- Utilización del motor: hombres, artillería, carros y pertrechos fueron movidos por transporte automóvil.
- Posibilidades industriales del país.
- Formación de reservas.
La aviación fue utilizada por los dos bandos para misiones de bombardeo y reconocimiento. La presencia de aviones ejerció siempre una fuerte presión moral sobre las tropas. Los paulistas organizaron el Grupo Mixto de Aviación Paulista (GMAP) al mando del mayor Ivo Borges.
Durante la guerra hubo una operación aérea contra unidades navales que tuvo lugar el 26 de septiembre cuando tres aviones del GMAP bombardearon los barcos de la Marina de Guerra brasileña que bloqueaban el puerto de Santos. Un disparo de la DCA de los buques derribó uno de los aviones paulistas, pereciendo su piloto, Jose Angelos Gomes Ribeiro, y el observador, el abogado Mario Bittencourt.
Puede decirse que durante el conflicto, el dominio del aire correspondió a los aviones del gobierno federal.  


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