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El fracaso de la campaña del Este de Franco: Un punto de vista soviético sobre la División Azul

El texto que sigue fue escrito por el coronel (retirado) del Ejército soviético —y candidato al título de Doctor en Ciencias Históricas— Yuri Basistov, en abríl-mayo de 1989. Su título: “El fracaso de la campaña del Este de Franco”. Como muy pronto podrá ver el lector por sí mismo, el artículo incluye faltas de rigor histórico. Sin embargo no deja de ser interesante, y esto por dos motivos. En primer lugar por mostrarnos una típica visión soviética del suceso histórico de la División Azul. Y, segundo, porque el autor —que luchó frente a los voluntarios españoles— nos cuenta curiosos detalles de cómo el Mando soviético trataba de minar la voluntad de aquellos.

Eso si, no es esta Ia primera vez que los sovéticos escriben sobre Ia División Azul. Mucho más extenso es el artículo de Ia historiadora S.P. Pozharskaia titulado “Golubaia Divizia na Sovetsko-Gerrnanskon Fronte” (en ‘Voprosy Istorii”, 8 (1969), pp. 107-126). He añadido al texto del coronel Basistov algunas notas.

EN EL FRENTE DE LENINGRADO

A principios de septiembre de 1942, en el sector Sur del frente de Leningrado, entre la agrupación de tropas enemigas apareció una nueva unìdad. Desde los puestos de avanzada comunicaron que en las trincheras enemigas se oía un idioma, que no era el alemán, y que los soldados enemigos se comportaban de una manera muy rara: metiendo mucho ruido. Al cabo de poco tiempo se supo que eran españoles. En concreto miembros de Ia 250 División española, que recibió el nombre de azul por el color de las boinas de sus componentes (Ias boinas se tuvieron que sustituir rápidamente por Ias gorras alemanas, pero se conservó el nombre de División Azul) (1).

1) Este error demuestra qua al coronel Basistov no ha leído el artículo de Pozharskaia, donde al origen del nombre dela unidad española es correctamente descrito. Corno resulta sabido Ias boínas , eran rojas y Ia camisa azul mahón de Falange Española.

Mandando tropas españolas al frente del Este para Ia lucha común contra el bolchevismo, Franco no sólo expresaba su fidelidad a Hitler, sino que pagaba en carne por el apoyo italo-germano al putsch fascista en España. El régimen franquista se unió al Pacto Anti-Komintern, convirtiéndose así en participe directo de Ia agresión fascista contra Ia Unión Soviética.

foto: Una estafeta de campaña de la División Azul

Al principio se pensaba enviar al frente del Este varias divisiones de voluntarios españoles. En España comenzó una amplia campaña de reclutamiento. La propaganda franquista exageraba al máximo Ias ventajas de Ia campaña contra Rusia, prometiendo ricos trofeos y rápido regreso a casa de los vencedores. Pero, a pesar de Ias promesas, muy pocos se ofrecieron a participar en Ia guerra de bandidaje de Hitler. No hubo voluntarios suficientes ni siquiera para formar una división. Hubo que integrar en ella a los soldados del Ejército regular (para los que seis meses de frente contaban como todo el tiempo de servicio militar) y a los criminales especialmente liberados de Ias cárceles. La mayoría del personal de Ia División se componía de falangistas (miembros del partido franquista)’. Pero también había personas con opiniones antifascistas y algunos de ellos lucharon en Ia guerra civil española en el bando republicano. Había algunos que planeaban pasarse al Ejército Rojo (2).

2) Basistov no sólo se equivoca sino que, como salta a la vista, se contradice él mismo: ¿quiénes formaban Ia División, criminales, soldados o falangistas? Pozharskaia reconocía en su artículo que el reclutamiento en junio de 1941 fue un éxito. Los voluntarios fueron en su mayoría falangistas y se procuró alistar soldados regulares —voluntarios también— para que la división no fuera anteramente bisoña. Del tema de los “críminales”, no vale Ia pena ni comentarlo.

En julio-agosto de 1941 los 18.000 soldados y oficiales de Ia División Azul fueron mandados a Alemania para el entrena miento. En Ias ciudades de Auerbach y Hoff sus cuadros fueron entrenados durante dos meses y preparados ideológicamente en el espíritu nazi (3), y luego transportados al frente. El 7 de octubre de 1941 la División llegó al frente del Voljov y entró a formar parte del 160 Ejército alemán, integrado en el Grupo de Ejércitos Norte.

3) En realidad Ia División se instruyó en Gralfenwohr. Jamás se indoctrinó a los voluntarios españoles en Ia ideología nazi.

La realidad del frente demostró rápidamente que no había nada parecido al paseo de recreo prometido en Madrid. En lugar de una blitzkrieg Ies esperaba una guerra larga y difícil. En el duro Invierno de 1941.42 las crecientes bajas empeoraron Ia moral de los españoles. Los mandos de Ia División, los oficiales falangistas, intentaban levantar por todos los medios Ia moral de la tropa, prometiendo una nueva exitosa ofensiva, que llevaría a la victoria de Ia Alemania fascista y de sus aliados. Cuando en otoño de 1942 Ia 250 División fue enviada al frente de Leningrado, sus componentes recibieron Ia promesa de participar en un nuevo ataque y en Ia conquista de Leningrado. El jefe de Ia División, general Muñoz Grandes, prometía marchar a Ia cabeza de sus tropas en el asalto a Leningrado. Pero Ia mayoría de los azules ya no creía en Ias presuntuosas palabras de su jefe. Para entonces él cansancio y el miedo ante nuevos combates ya había afectado profundamente a los españoles.

foto: El general Moscardó, famoso por su defensa del Alcázar de Toledo, visita el frente ruso.

LOS ESPAÑOLES: UN PUNTO DEBIL

En los alrededores de Leningrado Ia División sólo podía enfrentarse a nuevos reveses. Como resultado de la ofensiva soviética en febrero de 1943 la División tuvo grandes bajas y un nutrido grupo de españoles fue hecho prisionero. Mostraron grandes deseos de colaboración y contaban sobre Ia progresiva desmoralización de sus unidades. Toda Ia División conocía la victoria deli Ejército Rojo en Stalingrado.

La ruptura del cerco de Leningrado causó gran impresión entre la tropa, aunque la propaganda fascista intentó quitarle importancia La mayoría de los soldados y oficiales ya no creían en Ia posibilidad de tomar Leningrado. Empeoraban Ias relaciones entre los españoles y los alemanes. Estos últimos no se fiaban de sus aliados españoles, llamándoles despectivamente sucios cerdos españoles. Los prisioneros hablaban de la poca disciplina en Ias unidades, de las palizas dadas por oficiales a soldados por negarse a cumplir órdenes.

Los mandos soviéticos del frente de Leningrado comprendieron bien que Ia División española era el punto débil de Ias líneas enemigas, que los soldados españoles se daban cuenta cada vez con más claridad de que aquella no era su guerra. Era importante fortalecer tal impresión, demostrar que el Ejército Rojo trataba de manera diferente a los españoles que a los ocupantes fascistas alemanes, darles Ia posibilidad de salir de Ia guerra. Con este fin, el 20 de septiembre de 1942 fue redactada Ia Orden nº 127 para Ias tropas del frente de Leningrado. En ella se ordenaba acoger inmediatamente, alimentar bien y prestar auxilio sanitario, para mandarlos luego al Estado Mayor más próximo, a todos los soldados españoles que dejaran Ias armas y se negaran a luchar voluntariamente por los ocupantes alemanes. Esta orden se convertía en el pase para cruzar Ia línea del frente para todos los soldados y oficiales españoles que lo desearan (4).

4) Ya en el frente de Voljov se había intentado orquestar una campaña de deserciones en Ia División Azul, sin éxito. En Ios Archivos del Partido Comunista de España, de Madrid, se  puede consultar un documento secreto, fechado el 26 febrero de 1942, realizado por exiliados comunistas españoles que actuaban desde Ias líneas soviéticas. En el extenso informe podemos leer, entre otras cosas: “El hecho de que hayan existido casos de reclutamiento forzoso no es, sin embargo, motivo suficiente para debilitar el hecho de que la mayoría de los reclutados son efectivamente voluntarios, y que entre ellos, el núcleo fundamental es de falangistas militantes” (cfr. pág. 4) “no es posible afirmar que Ia División no combata. Al contrario. Los soldados luchan con coraje y en algunos casos desesperadamente, no se rinden fácilmente y son muy contados los que se pasan a las filas del Ejército Rojo” (pág. 25). El informe era bastante pesimista sobre la posibilidad de provocar deserciones.

La orden fue impresa en ruso y español en forma de octavilla y fue lanzada sobre Ias posiciones de la 250 División. Los prisioneros contaron que esta orden jugó un papel importante en la toma de conciencia de los españoles, liberó a muchos de ellos del pánico ante los horrores de caer prisionero de los rusos, con los que los asustaban los falangistas.

foto: Un general alemán en visita a los españoles en el frente de Leningrado.

Desde los primeros días de su estancia en el frente de Leningrado los azules recibían una información verídica sobre Ia guerra a través de la línea del frente. En Ias octavillas soviéticas y por Ia radio se explicaba la situación de los frentes, se hablaba sobre la inevitable derrota de Ia Alemania fascista y se señalaban las posibilidades de salir de la guerra. Esta campaña apelaba a los sentimientos nacionales de los españoles y a su orgullo.

“Soldado español —se decía en una de Ias octavillas— en la manga de tu capote está cosido un escudo que dice España. Pero, ¿por qué en tu Patria te escupen los auténticos españoles, en los que los hitlerianos y sus ayudantes franquistas no consiguen exterminar el espíritu de orgullo y libertad? Tú dices que eres español, pero el español es aquél que siempre lucha por la libertad, el honor y Ia independencia de su Patria. ¿Y quién eres tú? Tan sólo un esclavo de Hitler, que olvidó el honor y el orgullo español. Para los alemanes no eres más que carne de cañón. Ellos te engañan y te desprecian”

La octavilla recordaba a los españoles que Rusia siempre fue amiga del pueblo español. En los momentos difíciles le mandó alimentos con sus barcos y se encargó de cuidar a los niños españoles sin pedir nada a cambio. En cambio, irrumpiste en Rusia como un bandido. Ahora pagarás las consecuencias. Os han engañado, os han lanzado a luchar contra un gran y poderoso país, contra Ia ciudad fortaleza que nunca fue tomada por nadie desde el día de su fundación. El llamamiento terminaba diciendo: Esta significa muerte para ti, soldado. Márchate del Ejército hitleriano. Te lo exige España, tu pueblo. Pásate a nosotros, a los rusos, así salvarás tu vida, como han hecho muchos españoles que se han pasado.

Para participar en el trabajo frente a Ios azules llegaron a Leningrado dos emigrados políticos españoles: José Juárez y Víctor Velasco (5). Ellos redactaban y traducían proclamas, elaboraban programas para Ia radio de Kolpino, desde donde se transmitía para Ias tropas españolas.

5) Quizá fueran los autores del citado informe del PCE de febrero de 1942.

ACCION PSICOLOGICA

En la Sección Política del 55° Ejército, en cuyo sector se hallaba Ia 250 División, poco a poco se fue formando un núcleo de activos antifascistas ex-prisioneros. Uno de los primeros que ‘se pasó al bando fue Félix Carnicero. Se apuntó como voluntario con el único fin de pasarse a los rusos y luchar contra el fascismo. Carnicero se convirtió en un apasionado agitador. Cuando se dirigía por megáfono a los soldados españoles, cesaba el fuego en la otra trinchera. Los españoles escuchaban al Carnicero Rojo, empezaban a llamarle en Ia 250 División.

El número de desertores de Ia División fue en aumento (6). A veces grupos enteros se entregaban prisioneros. El más joven activista antifascista fue José Vera.

(6) Tanto Basïstov como Pozhorskaia insisten machaconamente en el lema de los desertores. Pero, muy significativamente, ni uno ni otro dan cifra alguna sobre el número total de deserciones. En el citado informe del PCE se registra que los 33 prisioneros realizados hasta Ia fecha sólo 6 desertaron (más uno probable). En realidad el número total de desertores fue bajísimo

Todavía siendo niño se hizo amigo de los marineros soviéticos que traían a Cartagena cargamentos para Ia República. Durante Ia guerra civil los fascistas mataron a su padre. Cuando Ia Alemania hitleriana atacó Ia Unión Soviética, José tomó de todo corazón el partido de los rusos. Ocultando su verdadera edad consiguió apuntarse voluntario para el frente del Este. Después de llegar a Leningrado con Ias tropas de refuerzo, Vera se pasó a nuestro lado, llevando como trofeo el nuevo uniforme, el fusil alemán y un par de granadas. Señores —dijo a nuestros oficiales— vengo a luchar junto a vosotros contra los fascistas. Con José Vera habló el comandante en jefe del 55 Ejército, general V.P. Sviridov, quien dio Ia orden de no mandar al desertor al campo de prisioneros, sino dejarlo para trabajar en el frente. Así José se convirtió en el locutor de Ia estación de radio, uno de los más activos internacionalistas luchadores contra el fascismo en el frente de Leningrado.

En Ias nuevas condiciones generadas por el giro favorable de Ia guerra hacía la Unión Soviética, Ia voz de Ia verdad que llegaba desde nuestro lado cada vez influía más en Ias tropas españolas. Los prisioneros demostraban conocer bien las octavillas y programas de radio soviéticos, señalando su veracidad e influencia. Los mandos de la División, asustados por Ia influencia creciente de Ia propaganda soviética, dieron una orden especial de entregar todas Ias octavillas soviéticas, so pena de recibir castigos ejemplares. Las charlas de Carnicero por Ia radio fueron definidas como un truco, ya que Carnicero presuntamente había caído durante un reconocimiento, y quien había en su nombre era un comunista español residente en Leningrado.

Foto: El general José Gabeiras, citado en este trabajo. La segunda tercera y cuarta condecoraciones (ésta última semioculta), Ias recibió en Ia División Azul pero son de rango menor.

Claro está, que lo que más influía en los azules era el poderío del Ejército Rojo, la creciente fuerza de sus ofensivas. Al mismo tiempo Ia propaganda veraz de los soviéticos también abrió los ojos a muchos españoles. En ella se diferenciaba claramente entre Ia cúpula franquista y el pueblo español y se señalaba la continuidad de la solidaridad internacionalista de nuestro país con Ia España amante de Ia libertad.

Los mandos fascistas alemanes tuvieron que devolver —en la segunda mitad de 1943— a la 250 División a su Patria. Para entonces, los azules ya no representaban una unidad combativa (7). La División tuvo unas bajas enormes. Sus efectivos, durante su estancia en el frente, fueron reconstituidos completamente tres veces(8). La campaña del Este de Franco terminó en un fracaso deshonroso.

7) Si la División Azul fue retirada del frente fue debido a las presiones aliadas sobre el Gobierno español. Los alemanes hicieron todo lo posible por retenerla y de ahí que, una vez disuelta Ia División, Franco aún accediera a mantener algunos meses más a Ia más pequeña Legión Azul. Y ya antes de su disolución los alemanes empezaron a reclutar clandestinamente voluntarios para crear nuevas unidades españolas. A este respecto ver libro “EI Batallón Fantasma. Españoles en Ia Wehrmacht y Waffen SS. 1944.45’ Valencia 1987. Los alemanes dieron, entonces y ahora, repetidas muestras de admiración por Ia División Azul: sería larguísimo el reproducir no ya Ias declaraciones oficiales, sino la citas de numerosos libros de autores alemanes donde las referencias a la División Azul son siempre altamente positivas. Un detalle de lo más significativo del respeto que a los alemanes le merecían los españoles es que Ia División Azul fue Ia única División de voluntarios integrada en el Ejército alemán cuyo comandante no era alemán. Las divisiones croatas, letonas, belgas, cosacas, etc., estuvieron siempre mandadas por generales alemanes. Sólo a los españoles se concedió el honor de sermandados por generales de su nacionalidad.

8) Pozharskaia habla en su artículo de que en total unos 50.000 españoles sirvieron a Ia División Azul. Sorprendentemente esta autora suma los Batallones de Marcha (unidades que llevaban relevo a la División, que cada vez que recibía uno enviaba un número igual de hombres a Ia Patria) a los efectivos originales y sostiene que, aunque titulada ‘División”, la unidad era en realidad un Ejército (los Ejércitos soviéticos contaban con 40 ó 50.000 soldados por término medio). Como al disolverse Ia División, en 1943, sólo 8.000 hombres regresaron a España (otros 2.500 quedaron en la Legión), Pozharskaia llega a Ia conclusión de que Ia División perdió 42.000 hombres en Ia campaña del Este, Basistov, en su artículo, da unas cifras no menos disparatadas respecto a Ias bajas. Aunque, en efecto, unos 50.000 españoles sirvieron en el Frente del Este, los efectivos nunca sobrepasaron los límites de una División alemana, y el resto de la cifra se debe a los hombres que iban siendo relevados, Las muertes se calculan en torno a las 4.500. También hubo unos 8.000 heridos, 7.800 enfermos, 1.600 congelados y más de 300 desaparecidos (Ia mayoría de ellos, prisioneros). Cfr.: GR. Kleinfeld y L.A. Tambs, “La División Española de Hitler”, Madrid 1983, pág. 502.

DE AYER A HOY

¿Qué ha sido de los españoles que en aquellos duros tiempos estuvieron en el Voljov y en Leningrado? Franco colmó de medallas a sus seguidores por sus hazañas militares. Muchos oficiales de Ia División Azul entraron a formar parte de la élite franquIsta. Muñoz Grandes fue nombrado sustituto del Caudillo. José Gabeiras se convirtió en genetal y fue jefe del Estado Mayor del Ejército español. Ellos siguieron siendo incorregibles incluso después de Ia muerte de Franco. Entre los más activos inspiradores del golpe antigubernamental de 1981 en España estaban varios exoficiales de la División Azul convertidos en generales. Cuando 29 de los organizadores del golpe fueron mandados a Ia cárcel, el jefe de Ia VII Región Militar, teniente general Soteras, también ex-azul se pronunció por su liberación.

foto: Algunos generales de los más importantes, durante los últimos años del anterior Régimen, lucieron en sus uniformes altas condecoraciones obtenidas en Rusia como, en este caso, la Cruz de Hierro de 1ª y 2ª clase.

Pero no faltan los ejemplos contrarios. Formando parte de Ia 250 División estuvo en el frente del Este Dionisio Ridruejo, uno de los fundadores de la Falange, autor del himno falangista Cara al Sol, hombre relacionado con las más altas esferas de Ia sociedad franquista. Después de regresar a la Patria devolvió sus condecoraciones a Franco y criticó duramente al régimen franquista. Ridruejo comentó que Ia estancia en el frente literalmente cambió todas sus opiniones. De un convencido franquista Ridruejo se convirtió en un activo antifascista (9).

9) Pozharskaia también se refiere al caso de Ridruejo. Lo que ambos autores soviéticos ignoran es que, a su vuelta a España, lo que Ridruejo exigió en realidad a Franco fue un mayor compromiso español en el frente del Este. De esta época es su “Elegía por los caídos de Stalingrado”, una poesia—por otra parte, realmente magnifica en términos puramente literarios— qua Ridruejo suprimió en ediciones posteriores de su libro de poemas “Cuadernos de Rusia” El decantamiento de Ridruejo hacia posturas socialdemócratas no se produjo inmediatamente tras su vuelta de Rusia, aunque él mismo trató de hacerlo creer así después.

Una gran experiencia vital tiene a sus espaldas otro veterano de Ia División Azul, el general Raigada. Ya en nuestros días, fue uno de los fundadores de la Asociación de Amistad España-URSS. Diferentes caminos sìguieron los antifascistas españoles. Velasco vivió y trabajó en Checoslovaquia hasta su muerte, en 1958. Juárez vivió muchos años en Moscú, trabajando en la revista Tiempos Nuevos, en la Agencia de Prensa Novosti y traduciendo al español libros de temas militares. En una de sus cartas a sus amigos de Leningrado, Juárez escribía: Muchas veces he pensado en vosotros y en Leningrado, esa ciudad que tanto significó para mi. Tengo muchas ganas de volver a ver a mis amigos de aquellos años inolvidables.

En 1979 Juárez estuvo por última vez en Leningrado para reencontrarse con sus camaradas del frente. La Unión Sovìética se convirtió en una segunda patria para Carnicero, que vivió el resto de su vida en Ucrania. También Vera fundó su hogar allí. Hasta jubilarse trabajó como operador de una grúa en Zaporozhie. La hija de Vera, Svetlana, ya le dio una nieta, Karma, a Ia que José llama cariñosamente españolita moscovita.

Los veteranos del frente de Leningrado guardan los más cálidos recuerdos de sus camaradas españoles. En aquellas fechas ellos cumplieron con su deber internacionalìsta en Ia lucha común contra el fascismo. Hoy, aquellos se alegran de todo corazón del restablecimiento de Ia democracia en España, del renacimiento y desarrollo de Ia tradicional amistad entre nuestros países y pueblos.

Revista Defensa nº 142,  febrero 1990, Yuri Basistov

Anotaciones: Carlos Caballero Jurado


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