En un paso que tiene dimensiones tanto políticas como militares, Francia entregó al ejército libanés 39 vehículos blindados de transporte de personal modelo VAB. Esto se llevó a cabo durante una visita a Beirut de Alice Rufo, Ministra Delegada ante el Ministerio de las Fuerzas Armadas y de los Veteranos, por encargo directo de la presidencia francesa. La visita se produjo en cumplimiento de un compromiso asumido por el presidente francés ante su homólogo libanés, Joseph Aoun, en un momento en que el Líbano se enfrenta a una de sus crisis de seguridad más complejas en años.
Los VAB, una generación de vehículos blindados de transporte de tropas que ha servido durante mucho tiempo en las filas del ejército francés, fueron diseñados principalmente para transportar infantería en entornos hostiles, brindándoles protección contra el fuego de armas ligeras, metralla y artefactos explosivos. Cada vehículo es capaz de transportar a unos diez combatientes, lo que otorga a las fuerzas libanesas la capacidad de moverse en las zonas de tensión en el sur.
La ministra francesa destacó que los blindados entregados están "completamente listos para operar", lo que significa que estos vehículos no necesitan ser reacondicionados, algo que ha ocurrido en repetidas ocasiones en anteriores acuerdos de ayuda militar a diferentes países.
Aunque 39 vehículos de transporte de tropas no cambiarán el equilibrio de poder en el sur del Líbano, y París lo sabe muy bien, el mensaje aquí no es puramente militar. Francia quiere dejar claro que sigue presente en el expediente libanés y que apuesta por el ejército del Líbano como la única institución armada capaz de preservar lo que queda de la autoridad del Estado.
Un contexto que no puede esperar
El momento de la entrega no es casual. El ejército libanés atraviesa una etapa extremadamente difícil en el sur, donde Israel continúa su incursión terrestre contra las posiciones de Hezbolá, el partido armado proiraní clasificado como terrorista por varios países. Esta incursión no solo se ha dirigido contra Hezbolá, sino que ha redibujado el mapa de control en el sur del Líbano de una manera que pone al propio ejército libanés en una posición incómoda.
El mando militar libanés anunció que sus fuerzas se vieron obligadas a reposicionarse en varias localidades fronterizas, después de que sus unidades se vieran amenazadas con el aislamiento y el corte de sus líneas de suministro como resultado del avance israelí. El ejército afirmó que mantendría una presencia militar en esas áreas, pero la realidad sobre el terreno indica una retirada real de algunos puntos, lo que despertó una profunda preocupación entre los residentes que permanecieron allí, ya que el ejército libanés los abandonó por completo, prefiriendo no participar en el conflicto en su propio territorio.
Los cristianos del sur, atrapados entre dos fuegos
En las localidades de Rmeish, Ain Ebel y Debel, de mayoría cristiana, miles de personas viven en un estado de asedio no declarado. Estos residentes se habían negado a abandonar sus hogares a pesar de las amplias órdenes de evacuación israelíes para el sur del Líbano, apostando a que sus pueblos se mantendrían al margen de los combates en curso entre el ejército israelí y Hezbolá. Sin embargo, el avance militar israelí cerca de sus zonas y la retirada del ejército libanés los ha dejado en una situación nada envidiable: asediados y asustados, sin una cobertura militar nacional significativa.
Israel, por su parte, anunció que toda la zona al sur del río Litani se ha convertido en una "zona de seguridad" y prohibió el regreso de los residentes hasta nuevo aviso. Según las cifras que circulan, el número de desplazados en el Líbano superó el millón de personas tan solo durante el pasado mes de marzo, coincidiendo con la escalada de las operaciones militares israelíes en respuesta a la reanudación del lanzamiento de misiles por parte de Hezbolá hacia el norte de Israel.
La FINUL bajo presión nuevamente
La crisis no se ha limitado al ejército libanés y a la población civil. La Fuerza Provisional de las Naciones Unidas en el Líbano (FINUL), desplegada en el sur desde 1978 con una fuerza de aproximadamente 10.500 efectivos de 49 nacionalidades, entre ellos 657 militares españoles, se ha encontrado una vez más en la línea de peligro. En tan solo 48 horas, tres soldados indonesios de la fuerza de la ONU murieron, lo que obligó a convocar una sesión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU el 31 de marzo.
Los bombardeos israelíes sobre las posiciones de Hezbolá en el sur, que han coincidido con ataques a instalaciones iraníes, sitúan a la FINUL en una posición de extrema vulnerabilidad. Esta fuerza internacional no fue diseñada originalmente para operar en un entorno de guerra abierta entre un ejército regular y una organización armada, sino para supervisar el alto el fuego en virtud de la Resolución 1701. A medida que se intensifican los enfrentamientos, la FINUL pasa de ser una fuerza de mantenimiento de la paz a un testigo impotente que intenta, por encima de todo, proteger a su propio personal. (Alex Ribeiro)






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