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De la Guerrilla al Terrorismo, anatomía de la subversión

El “Boeing 727” vuela sobre el Mediterráneo, a nueve mil metros de altura, y las azafatas se disponen a servir un pequeño refrigerio a los pasajeros. En ese momento, dos jóvenes, pálidos y visiblemente nerviosos, se levantan de los asientos, gritan: conserven la calma, esto es un secuestro”, y penetrando en la cabina de mandos apoyan el cañón de una pistola en la nuca del comandante. En Buenos Aires, un alto oficial del Ejército es acribillado a balazos en la puerta de su casa. En Bretaña, un comando autonomista dinamita unos postes de alta tensión. Guerrilleros negros minan una carretera en Rhodesia. Dos soldados gubernamentales resultan muertos en la frontera de Thailandia. En Filipinas… 

El escenario puede variar: ciudad, campo, selvas, desiertos, aire, mar. También los protagonistas. Movimientos de extrema derecha o extrema izquierda, frentes de liberación, grupos autóctonos independientes o infiltrados en territorios ajenos, autofinanciados o sostenidos por países vecinos o grandes potencias. Cada Estado se enfrenta como puede a la subversión que le ha tocado en suerte, pensando como único consuelo que se trata de un mal extendido mundialmente. En efecto, según las estadísticas, en el planeta hay al menos 40 “puntos calientes” donde la actividad subversiva alcanza cotas dignas de preocupación. En este último cuarto del siglo XX, donde existen todavía las minorías oprimidas y los atrasos políticos y sociales, la guerrilla y el terrorismo, armas de quienes son más débiles que el Estado contra el cual han decidido rebelarse, son fenómenos que, lejos de disminuir, aumentarán, a juicio de los expertos. Según el brigadier británico Frank Kitson (1), se incrementará en esta segunda mitad de la década de los 70 “el desorden civil, acompañado de sabotaje y terrorismo, especialmente en las áreas urbanas” De la misma opinión es Richard Clutterbuck (2), profesor de Violencia Política en la Universidad de Exeter: “El terrorismo aumentará porque, a corto plazo, arroja buenos dividendos. El chantaje político trae buenos resultados: terroristas convencidos son puestos en libertad, inmensas sumas de dinero se pagan como rescate, y la publicidad —en una escala inimaginable antes de la era de la televisión— se consigue gratis’ 
(1)“Operativos de baja intensidad’ Faber and Faber, Londres, 1971. 
(2)“Living with Terrorism “ Faber and Faber. Londres, 1975. 


GUERRA NO CONVENCIONAL 
El mundo se encuentra en guerra, pero no es ésta una guerra “clásica” o “convencional”. Con frecuencia, el problema para los Gobiernos actuales no se encuentra al otro lado de la frontera, sino en el interior del propio territorio. Es la guerra subversiva, cuya definición en las escuelas militares viene a ser más o menos ésta: “Guerra que se lleva a cabo dentro de un territorio, por una parte de sus habitantes que actúan con autonomía o sostenidos desde el exterior, contra la autoridad constituida, con intención de conquistar el poder o paralizar la acción de éste “ La palabra subversión, que ha adquirido un  matiz peyorativo en boca de los gobiernos, significa solamente dar la vuelta, cambiar una situación por otra. Y abarca una amplia gama de matices, desde la lucha por conseguir reivindicaciones limitadas para una minoría, hasta la destrucción y sustitución de una dictadura o de un régimen democrático por otro de distinto signo. Y los métodos a utilizar pueden ir desde la resistencia pasiva a la insurrección armada. 

 

MAO TSE TUNG Y EL “CHE” 
Mao Tse Tung, a quien numerosos expertos consideran la máxima autoridad en la materia, sostiene que basándose en fuerzas irregulares reducidas, embrión de un Ejército Popular, puede ganarse, adoctrinar y organizar a una población para que ésta apoye la causa revolucionaria y participe en ella, derrocando a un gobierno establecido. Otros autores, sin embargo, sólo creen en las posibilidades “limitadas” de la guerrilla, utilizándola ya bien para conseguir objetivos parciales a escala local o regional, o bien para crear un proceso de desgaste y desmoralización en las fuerzas del gobierno que permitan conseguir los objetivos previstos. En estos últimos casos no se busca una victoria militar, sino crear determinadas condiciones que permitan la victoria política. 
Mao, en su doctrina de la guerra revolucionaria, permaneció siempre fiel al principio de organizar a la población como fase preliminar a la insurrección armada. Exactamente lo contrario de lo que más tarde afirmarían Fidel Castro y el Che Guevara, quienes, a pesar del éxito de la estrategia maoísta en China, tomaron el poder en Cuba utilizando la insurrección como punto de partida, creando después todas las otras condiciones revolucionarias. Llevando a la práctica su teoría de “los focos”, crearon un pequeño grupo de insurgentes armados que después, paulatinamente, atrajo a los descontentos con el régimen de Batista, hasta reunir la fuerza suficiente para derribar al Gobierno. El mismo sistema, sin embargo, hizo fracasar a la guerrilla del Che en Bolivia, al no conseguir crear una red para la obtención de suministros. La polémica sobre los diversos “sistemas” permanece abierta, pero parece claro en los últimos tiempos que cada país posee unas características peculiares a las que debe adaptarse la guerrilla, y no al contrario. 

Foto: Chile, 1973. La Polic ía es hostigada con piedras por manifest antes que protestan contra el nuevo plan de educación del pres idente Allende.​

EL TERRORISMO, ARMA DE GUERRA 
En toda guerra subversiva, el control de la población es el que asegura las probabilidades de éxito. Y el terrorismo es, precisamente, un arma de guerra subversiva encaminada a conseguir ese control. Su objetivo es conseguir, por una parte, demostrar el poder de la organización subversiva, y por otra parte, crear el clima de incertidumbre e inseguridad en la población que la lleve a perder la confianza en el gobierno encargado de protegerla. Además, mientras en primer lugar se consigue la sumisión y el apoyo por miedo de la población a los terroristas, en segundo término las operaciones antiterroristas llevadas a cabo por las fuerzas gubernamentales pueden volverse en contra del propio gobierno. Objetivo básico de la guerrilla es provocar reacciones violentas. Carlos Marighela, en su “Mini manual del guerrillero urbano” (3), señala que cuando se recrudece el terrorismo “el gobierno no tiene más alternativa que intensificar la represión. Las redadas policiales, los rastreos de domicilios, el arresto de gente inocente y de sospechosos, el cerco de calles, hacen que la vida en la ciudad se vuelva intolerable. La dictadura militar se dedica a una persecución política masiva. Los asesinatos políticos y el terror policial se vuelven rutina”... En resumen que la población termina alineándose junto a la organización subversiva contra el gobierno. 
(3) “Adelphi Paper n.° 79” IISS, Lond res, 1971.

Quizá la definición más fría y lúcida del terrorista puro ha sido proporcionada por el coronel francés Roger Trinquier, veterano de Indochina y Argelia, y “cerebro” de los mercenarios de Tshombé durante la guerra de Katanga. 
“El terrorista no debe ser considerado como un criminal ordinario —dice Trinquier—.  En realidad su trabajo se realiza dentro del marco trazado por su organización, sin que ello represente interés personal, y está guiado solamente por su deseo de ayudar a una causa que él considera noble. . . A una orden de sus superiores, mata sin tener el menor odio hacia sus víctimas, lo mismo que el soldado hace en su escenario. La única diferencia consiste en que sus víctimas son, por lo general, mujeres y niños, o personas completamente indefensas que son tomadas por sorpresa.. - Sin embargo, el terrorista reclama los mismos honores (que el soldado) sin incurrir en las mismas obligaciones... Sus víctimas no pueden defenderse y el Ejército no puede emplear todas sus fuerzas en detenerle porque se esconde entre la misma población a la que ataca” (4). 
(4) “La Guerra moderna” Rioplatense, Buenos Aires. 

Foto: Armas capturadas a guerrilleros nacionalistas en Rhodesia: un fusil ametrallador Degt yarev RPD, lanzagranadas RPGfusiles Simonov y fusil de asalto KalashnikovAK-4 7.​

GEOGRAFIA DE LA SUBVERSION 
En mayor o menor intensidad, abarcando toda la gama de posturas ideológicas, con actividades que van desde pequeñas acciones individuales hasta la utilización de efectivos comparables en medios y organización a auténticos ejércitos, la subversión se encuentra, en sus diversas facetas, anclada en todos los rincones del mundo: guerrilla en campo abierto contra efectivos regulares o esa otra forma más “sucia” teóricamente hablando que es el terrorismo, urbano o rural. 
En Europa Occidental, cuyos problemas en este área se han visto acrecentados en los últimos años con la actuación de las Brigadas Rojas en Italia y los grupos anarquistas en la República Federal alemana, existen numerosos “puntos calientes”, algunos de ellos con una larga tradición de violencia y otros de características más moderadas. Entre los más destacados se cuentan las áreas de actuación de los movimientos autonomistas corsos y bretones en Francia, el movimiento de liberación del Jura en Suiza, los separatistas escoceses y las diversas organizaciones paramilitares del Ulster, los nacionalistas moluqueños que actúan periódicamente en Holanda, los grupos terroristas que operan en España... 
América, de Norte a Sur, alberga un amplio abanico de organizaciónes y movimientos subversivos que actúan con mayor o menor intensidad y fortuna: el Frente de Liberación de Quebec, en Canadá, de carácter separatista y urbano; grupos urbanos de carácter patológico o racial en los Estados Unidos; el Movimiento Armado Revolucionario (urbano de izquierdas) y los grupúsculos guerrilleros rurales en Méjico; Guatemala tiene sus Fuerzas Armadas Revolucionarias (izquierda) y su Mano Blanca (derecha), ambas con carácter urbano y rural; en Haití, tanto en el campo como en los ámbitos urbanos, actúa un movimiento haitiano de liberación; en Nicaragua opera la guerrilla sandinista, urbana y rural; en Colombia actúan el ELN y el FARC; en Chile, los residuos del MIR; restos de los destrozados Tupamaros (izquierda urbanos) en Uruguay; Triple A (derecha) ERP y Montoneros (izquierda urbana y rural) en Argentina... 
En Africa y Asia, la relación completa ocuparía varias páginas: citemos a modo de ejemplo el Chad, donde el gobierno local sólo se sostiene frente al empuje de las guerrillas gracias al sostén de los “consejeros” franceses; El Sáhara Occidental y Mauritania, áreas de actividad de la guerrilla saharaui, Eritrea, donde los movimientos nacionalistas FLE y FPLE actúan en casi la totalidad de la provincia norteña etíope; el Ogadén, donde operan las guerrillas somalíes; Yibuti, campo de tensiones a orillas del Mar Rojo; Zaire, con el FLNC amenazando constantemente a la provincia minera de Shaba; Angola, donde el gobierno izquierdista de Luanda debe enfrentarse a las guerrillas derechistas de la UNITA y el FLNA; Namibia, donde actúa el SWPO; Rhodesia y Sudáfrica, cuyos gobiernos combaten el nacionalismo armado de la población africana... 
Para terminar la incompleta relación no pueden olvidarse las organizaciones palestinas, los movimientos de liberación de la península arábiga, los que actúan en Birmania, Thailandia, Filipinas, Japón, los movimientos separatistas que existen en Yugoslavia y en la Unión Soviética, activos unos, latentes otros... 

Foto: Antonio Lo Muscio, jefe de los Núcleos Armados Proletarios, tras ser abatido a tiros en Roma. 

LA PIRATERIA AEREA 
Una faceta espectacular del terrorismo moderno, que produce amplios ecos en los medios de comunicación de masas y por tanto arroja buenos dividendos para las organizaciones terroristas, es la piratería aérea. Auténtica “enfermedad” de nuestra época de violencia, es uno de los mayores quebraderos de cabeza de los organismos encargados de la lucha antisubversiva, y los gobiernos dedican cuantiosas sumas de dinero para combatirla. 
En contra de una extendida creencia, los palestinos no son los “inventores” del secuestro aéreo. El primer acto de piratería a bordo de un avión tuvo lugar 18 años antes de la participación de Palestina, en 1930 y en América Latina. De 1950 a 1969, la mayor parte de los actos de terrorismo a bordo de aviones —106 de un total de 144— consistieron en desvíos entre Estados Unidos y Cuba, hasta que terminó con ellos un acuerdo firmado entre ambos países. Las intervenciones palestinas fueron incrementándose a medida que se radicalizaban diversos grupos de la Resistencia, especialmente al entrar en fase de colaboración con organizaciones terroristas alemanas y japonesas; que no limitaron su actuación a los aviones , sino que desencadenaron trágicas matanzas en aeropuertos, como en los sucesos de Lod y Fiumincino. 

Foto: Soldados del Eire en el curso de una operación contra el IRA, en Dublín.
Las operaciones de rescate de los rehenes de un secuestro aéreo, organizadas por gobiernos que desean mantener una imagen de firmeza frente al terrorismo han proporcionado a veces resultados satisfactorios —Entebbe y Mogadiscio—, pero también han originado tragedias. La opinión generalizada entre los pilotos de líneas aéreas, cuyo punto de vista es indudablemente de considerable importancia en este asunto, sostiene que, en todo caso, es preferible la negociación y no la puesta en marcha de una “operación rescate”. “Los gobiernos que optan por el principio de la intervención armada hacen correr a los pasajeros un riesgo mayor que la amenaza de los piratas’ aseguran portavoces de las asociaciones de pilotos comerciales. “Lo que debe hacerse es reforzar y aplicar seriamente las medidas de prevención en aeropuertos: registros exhaustivos de equipajes y pasajeros, no solamente por medios electrónicos y en el despegue de los aviones, sino con inspecciones físicas y controlando a todo aquel que se mueve en zonas vulnerables. También es imprescindible una mayor vigilancia de los aviones y de las pistas” (5). 
(5) “JeuneAfrique’ octubre, 1976.

Desgraciadamente, el problema es complejo, y las soluciones, difíciles e incompletas. Además, frente a la actitud de los gobiernos ”duros”, los terroristas argumentan que también los Estados han llevado a cabo actos de piratería aérea, tanto en el pasado como en la actualidad: en 1956, el gobierno francés obligaba a aterrizar en Argel a un avión a bordo del cual viajaba, de Marruecos a Túnez, Ahmed Ben Bella. En 1973, la aviación israelí desviaba un Caravelle en el que se creía viajaba el líder palestino Georges Habache. 

Foto: Irregulares camboyanos aplicados a la lucha contra los entonces insurgentes comunistas. Un recurso que no funcionó

CINCO MODELOS DE RESPUESTA 
Frente a la actitud subversiva, los expertos en contraguerrilla señalan cinco tipos de respuesta (6). La primera de estas posibilidades se produce cuando los ciudadanos, que han depositado en manos del gobierno, las fuerzas armadas y las fuerzas de orden público la misión de salvaguardar la paz social, se sienten poco protegidos por éstos y ven amenazada su seguridad por la ineficacia o inoperancia de aquellos a quienes se ha designado como guardianes del orden. En tal caso, los ciudadanos, que se sienten indefensos, comienzan a organizar ellos mismos su propia defensa.  Aquí se encuentra el origen de las organizaciones paramilitares y el germen de las contiendas civiles. 
(6) Paul Wilkinson; “Terrorismo político “. MacMillan, Londres, 1970.

Foto: Fuerzas portuguesas durante la campaña de Angola. Venció la guerrilla.
El segundo tipo de respuesta consiste en la llamada línea dura, sin caer en la represión brutal. El Estado liberal, sin menoscabo de su carácter democrático, establece una serie de severas disposiciones que combaten los accesos subversivos, siempre dentro de los marcos establecidos por la Constitución o las leyes vigentes. Precisamente lo que caracteriza a este tipo de respuesta es la aplicación de medidas antiterroristas evitando a toda costa reacciones desproporcionadas y, por supuesto, eludiendo la represión indiscriminada que podría poner a las masas en contra de la actuación estatal. A la actividad policial o militar del gobierno debe acompañar en este caso, por supuesto, una adecuada campaña de concienciación psicológica a través de los medios de comunicación social que asegure el apoyo popular, aísle socialmente a los núcleos subversivos y cree un clima de entendimiento, colaboración y objetivos comunes entre las fuerzas antiterroristas y la sociedad a la que defienden. 

El tercer tipo de respuesta posible es la llamada línea blanda. Se alude aquí a las indecisiones e incertidumbres gubernamentales, las transigencias con el terrorismo y la tendencia a entablar negociaciones que terminen con el suceso terrorista inmediato, aisladamente. Esta postura, por lo general, origina una mayor intensidad en las acciones subversivas, alentadas por la impunidad y el buen resultado de sus objetivos y reivindicaciones. 
El cuarto tipo es una curiosa combinación basada en el tipo de respuesta que hemos calificado como línea dura. El gobierno democrático mantiene una actividad antisubversiva dentro de los cauces que podemos considerar legales, pero, simultáneamente, permite la actuación de grupos especiales antiterroristas —creados y controlados oficialmente por el propio Estado— a los que se les otorga la facultad de poder llevar a cabo operaciones o métodos de actuación que técnicamente podemos calificar de sucios; en suma, combatir al terrorismo con sus propios medios, incluid a la “desaparición” de líderes subversivos, eliminación de terroristas por medios contundentes y sobre el terreno, etc. Tal es el caso de las unidades especiales antiterroristas israelíes, o de los barbouzes utilizados por Francia para combatir a la OAS en la década de los sesenta. 
El quinto modelo de respuesta, finalmente, es el de la represión total e indiscriminada. Espectacular en cuanto a su puesta en práctica, lo cierto es que rara vez los regímenes autoritarios que a él han recurrido lograron cumplir totalmente el objetivo y cuando así fue, se logró a costa del daño ocasionado a buena parte de la población inocente y de la instauración de un clima de opresión y temor, sacrificando en esta lucha antisubversiva las libertades individuales, la dignidad y los principios democráticos del Estado. 

REGLAS BASICAS 
Según Paul Wilkinson , en su obra “Terrorismo contra democracia liberal” , existen unas reglas básicas para la actuación antiterrorista en el seno del Estado democrático. En síntesis, vienen a ser las siguientes: 
— El gobierno afectado debe mantener una línea antisubversiva coherente, negándose a hacer concesiones al chantaje terrorista, y manteniendo a toda costa su autoridad. 
— Cualquier actuación de las fuerzas contrainsurgentes debe llevarse a cabo en el marco legal o constitucional del país en cuestión, y el gobierno deberá, al mismo tiempo, proclamar su intención de que sea respetado el Estado de Derecho. 
— Las autoridades deben asegurar y demostrar claramente que su actuación está encaminada a proteger a la sociedad. Además de esta declaración de principios, deben desplegar los medios adecuados para protegerla efectivamente. 
Debe evitarse a toda costa la represión general indiscriminada. Ello da armas a los terroristas y los afianza en su papel de defensores del pueblo ante las fuerzas opresoras. 
El gobierno, con declaraciones oportunas a través de los medios de comunicación de masas y con transparencia informativa, deberá contrarrestar la propaganda subversiva. 
— No se dará tratamiento especial a los terroristas encarcelados por crímenes políticos, sino que serán considerados delincuentes comunes. Cualquier status especial aporta tensiones adicionales. 
— Jamás el gobierno efectuará reformas políticas o sociales bajo presión terrorista. Para evitar esto, el gobierno debe atender puntualmente, como tal es su misión, al bienestar político, económico y social de la población. 
— Cualquier faceta de la actividad de contrainsurgencia deberá estar, en todo momento, controlada por los mecanismos democráticos del Estado y bajo control general de las autoridades civiles. 
— Cuando en casos de extrema gravedad sean precisas medidas especiales, éstas deberán ser impuestas por períodos determinados de tiempo , convenientemente matizadas y aprobadas por el poder legislativo. 
De todas formas, sea cual fuere el tipo de respuesta adoptada por los gobiernos frente a la actividad subversiva, lo que a juicio de todos los expertos resulta evidente es que no puede haber ningún tipo de actuación efectiva en el campo de la contrainsurgencia sin un excelente servicio de información, una perfecta organización y el recuerdo constante por parte de las fuerzas antisubversivas de que, aunque el terrorista se esconde con frecuencia entre la población, el terrorista no es la población. En palabras de Richard Clutterbuck: “una de las razones por las que el terrorismo es un veneno tan virulento, es que la cura puede dañar a la sociedad tanto como la enfermedad”.

Revista Defensa nº 5, septiembre 1978, Arturo Pérez Reverte


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