El Ejército de los Estados Unidos (US Army) ha dado un paso operacional clave en uno de sus programas de modernización más ambiciosos de la última década al anunciar oficialmente el nombre de su futuro convertiplano de asalto de largo alcance (FLRAA, Future Long Range Assault Aircraft). La nueva aeronave, designada MV‑75 Cheyenne II y fabricada por Bell Textron, fue presentada públicamente durante la conferencia anual de la Asociación de Aviación del Ejército de América (AAAA), consolidando la transición del programa desde la fase conceptual hacia su materialización industrial.
El nombre Cheyenne II continúa la tradición del US Army de designar sus plataformas de ala rotatoria con nombres de tribus nativas americanas, evocando en este caso valores de movilidad, resistencia y adaptabilidad. Además, supone un guiño histórico al helicóptero de ataque Lockheed AH‑56 Cheyenne, desarrollado a finales de la década de 1960, como parte de un ambicioso (aunque finalmente cancelado) intento de dotar al Ejército estadounidense de un helicóptero de ataque con capacidad de penetración de largo alcance.
El programa FLRAA
El MV‑75 Cheyenne II es el eje central del programa FLRAA, concebido para reemplazar a una parte significativa de la flota de helicópteros Sikorsky UH‑60 Black Hawk, que hoy constituye la columna vertebral de los batallones de asalto aéreo y transporte táctico del Ejército estadounidense. Aunque el Black Hawk ha demostrado ser un diseño robusto y versátil desde su entrada en servicio a finales de los años setenta, las demandas operativas futuras como mayor alcance, velocidad y supervivencia en entornos altamente hostiles han superado los límites de la configuración clásica del helicóptero.
Tras una intensa competición entre fabricantes de aeronaves de ala rotatoria, el Ejército estadounidense seleccionó en diciembre de 2022 el diseño del V‑280 Valor de Bell Textron Helicopter como base del FLRAA, imponiéndose a la propuesta SB‑1 Defiant X de Sikorsky‑Boeing. Desde entonces, el programa ha avanzado hacia la fase de Ingeniería y Desarrollo de Manufactura (EMD), con contratos iniciales valorados en hasta $1.300 millones de dólares, que podrían superar los $7.000 millones si se ejecutan todas las versiones previstas por el Departamento de Guerra.
Aunque el Secretario del US Army mantiene cautela a la hora de comprometer fechas cerradas sobre las primeras entregas, sí ha confirmado que el primer Batallón de Helicópteros que será equipado con el Bell Textron MV‑75 Cheyenne II contará con 24 aeronaves operativas, cuya entrega inicial está planificada para el año fiscal 2030. De acuerdo con medios de comunicación estadounidenses, los responsables del programa han señalado que el calendario depende de múltiples variables industriales y presupuestarias, subrayando que se trata de un cronograma “agresivo, pero orientado al éxito”.
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Representación del MV-75 Cheyenne II. (Crédito: Bell Textron)
A largo plazo, el MV‑75 sustituirá varios cientos de UH‑60 en servicio, aunque el número total definitivo de Cheyenne II que serán construidos aún no ha sido fijado públicamente. Las estimaciones del sector de defensa en Washington apuntan a que el número final podría situarse en el orden de varios centenares de aeronaves, dado el tamaño de la flota Black Hawk actual y la intención de mantener una arquitectura mixta durante un prolongado período de transición.
El MV‑75 Cheyenne II se posiciona como un verdadero avance tecnológico en la aviación de asalto del Ejército estadounidense, gracias a su innovadora configuración de convertiplano que le otorga la capacidad de despegar y aterrizar verticalmente como un helicóptero, pero alcanzando velocidades y autonomías comparables a las de un avión de ala fija. Entre sus características más sobresalientes destaca una velocidad de crucero que ronda los 280–300 nudos, casi el doble de la que logra el Black Hawk, así como un alcance y radio de combate que superan ampliamente a los helicópteros actuales en servicio, permitiendo operar desde bases alejadas de las zonas de mayor amenaza.
Además, puede transportar una escuadra completa de Infantería, entre 12 y 14 soldados equipados, manteniendo la eficiencia en misiones tácticas. Su arquitectura abierta, basada en el estándar MOSA (Modular Open Systems Architecture), facilita la integración de futuras mejoras en sensores, sistemas de misión y guerra electrónica sin necesidad de rediseños profundos. Estas capacidades redefinen los conceptos de maniobra aérea, incrementando la flexibilidad operativa, reduciendo los tiempos de respuesta y mejorando la supervivencia ante defensas antiaéreas modernas. (D.B. Colmenares)






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