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La defensa 4.0 en Iberoamérica

Si algo ha caracterizado a la defensa, ha sido que siempre, unas veces por delante y otras por detrás, ha ido ligada a la punta de lanza tecnológica. La necesidad de preservar la seguridad y la disuasión han generado una carrera por la ventaja tecnológica, en la que ser segundo es un fracaso. Y esta realidad se ha manifestado no sólo en los sistemas de armas; sin también en la organización de personal; en la logística y en la formación. Sin embargo, debemos admitir que tantos años de paz, han adocenado a las estructuras haciendo que se conviertan en pesados armatostes que cuesta mocho mover.

Esta realidad es todavía mas acusada en América Latina, donde superviven males como la patrimonialización de la defensa, la jerarquización permanente y la impermeabilidad entre instituciones civiles y militares. Los niveles de presupuestos no permiten grandes inversiones, de manera que difícilmente un país conseguirá una disuasión y superioridad sobre otros, basado en un mayor equipamiento. Sin embargo, existen áreas en las que necesariamente se deben producir avances notables para aumentar la eficiencia en el gasto, incrementar las externalidades positivas del gasto en defensa y mejorar la permeabilidad entre las instituciones.

En cuanto a la eficiencia del gasto, las fuerzas armadas del Continente americano deben optar, ante la carencia de medios, sobre todo personales de media y alta cualificación técnica, por soluciones de partenariado, externalización y de creación de estructuras mucho más flexibles para disponer de unas capacidades en ingeniería de sistemas que les permita trabajar mucho más en los ciclos de planificación de la defensa; definición de requerimientos militares y técnicos; seguimiento en la ejecución de los sistemas en uso y una adecuada planeación y ejecución del apoyo logístico integrado.

En cuanto a la externalización, la mayoría de las bases militares, navales, maestranzas, arsenales y depósitos de intendencia deberían entrar en un proceso de externalización y gestión por el sector privado. En definitiva, se trata de dedicar al factor humano a aquellos para lo que está más preparado y es mas eficiente, sacándolo de labores como la limpieza, alimentación, gestión de almacenes, talleres de reparaciones al sector privado mediante contratos de externalización a largo plazo que permitan adecuado equilibrio entre las partes contratantes.

Otras potenciales áreas de desarrollo son los centros de formación en aeronaves, en buques o en vehículos terrestres, que incorporen nuevos equipos de simulación de última generación basados en sistemas de realidad virtual, y olvidando esas estructuras pesadas de simulación que ya son cosas del pasado. Las bases navales y sus arsenales necesitan asimismo de nuevas capacidades para incrementar el sostenimiento de los buques y submarinos en operación, así como adquirir capacidades en construcción.

El segundo aspecto que debemos considerar, es la generación de mayores volúmenes de externalidades positivas. La Importancia del gasto militar tiende a ser relativizada ante la dificultad de medir su utilidad en los escenarios de paz. En definitiva, los gobiernos deben incidir en la generación de mayores efectos positivos sobre la sociedad y la economía a la hora de tomar decisiones sobre gasto. Entre estas medidas son criticas las políticas de cooperación industrial y offset, que permitan generar un retorno industrial, económico y tecnológico para el país. Gracias a estas acciones se producirán asimismo efectos positivos sobre el ciclo de vida de los sistemas.

No debemos olvidar que a lo largo de la vida útil de una aeronave o de una fragata gastaremos más del doble de lo que fue su adquisición. Al menos dos modernizaciones mayores deberán abordarse. En la medida que se generen, aprovechando el momento de la compra, capacidades nacionales que reduzcan el nivel de dependencia exterior, se obtendrán resultados sorprendentes en la generación de empleo y capacidades industriales. Corresponderá a cada país definir cuáles son sus prioridades en cuanto a los retornos industriales en función de sus necesidades, pero en cualquier caso no hay razón para no generar esta corriente de capacidades en los países.

Pero la generación de mayores externalidades no vendrá sólo por razón de los retornos. Las fuerzas armadas deben ser una institución que proporcione profesionales para la vida civil. Uno de los mayores problemas que existen en Europa es la desconexión entre la oferta y la demanda laboral. No existen empresas industriales donde puedan formarse los jóvenes, mientras que la formación profesional queda desasistida de medios ante la aspiración universitaria de la inmensa mayoría de los jóvenes. En los países latinoamericanos esta necesidad viene además motivada por el momento económico que se vive. El desarrollo industrial es una condición necesaria para el crecimiento de las economías, que no podrán ser sostenibles si deben importar todos los bienes manufacturados y de equipo. Las escuelas de formación de las fuerzas armadas, así como las condiciones de la vida militar, son sin duda elementos que deben generar capacidades en otros sectores económico.

Finalmente, está la permeabilidad. Es necesario terminar con la concepción aislacionista de las Fuerzas armadas que se rigen en su vida diaria de una forma endogámica. A menudo la sociedad civil vive tan al margen de las cuestiones de la defensa y seguridad que se genera una mutua incomprensión. Es necesario que las sociedades vean a sus fuerzas armadas desarrollando misiones y actividades que redunden en la mejora de la vida diaria. Es muy difícil tener una estructura tan costosa y tan grande solo a la espera de un conflicto que puede que no llegue nunca. Este ha sido el éxito de la Unidad Militar de Emergencias en España, pero también de las unidades de salvamento marino y de montaña de la Guardia Civil.

La protección de los intereses vitales de la nación y la seguridad deben asimismo ser misiones visibles de las fuerzas armadas que generen en los ciudadanos un impacto inmediato de las inversiones en la defensa. En definitiva, si las fuerzas armadas no marchan parejas al desarrollo de las sociedades y de la industria, que ya vive su cuarta revolución, y seguramente que la quinta está al caer, quedarán obsoletas, perderán eficiencia y, sobre todo, quedarán rezagadas en la necesaria carrera por la ultima tecnología, lo que al final redundará en una defensa más ineficiente y costosa.


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