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Jueves, 1 de enero de 2026 Iniciar Sesión Suscríbase

De Chile a Rusia, el nuevo escenario 2026

Con la victoria de José Antonio Kast en Chile empezaría a apuntalarse un giro a la derecha en Iberoamérica. que consolidaría la tendencia de los últimos dos años y rompería la hegemonía llamada progresista que dominó tras la pandemia. Si Javier Milei en Argentina cortó en 2023 con el peronismo tradicional y ha apostado por un ajuste duro, desregulación, reducción drástica del Estado y recuperación de capacidades para las Fuerzas Armadas, Kast lleva hoy por bandera la seguridad, el orden público y la migración controlada como grandes remedios para Chile. Veremos a partir de marzo qué impacto tendrá sobre la Defensa del país y sus capacidades. De entrada, no es aventurado esperar que se produzca una vuelta al escenario de la industria de defensa israelí a la primera línea en países como Chile o Colombia, en los que tuvo tradicionalmente un papel relevante.

 

Con Daniel Noboa en Ecuador, José Jerí en Perú, el reformismo de centro derecha de Rodrigo Paz Pereira en Bolivia, en Colombia y Brasil entran en 2026 en año electoral con muchos visos de cambio, el primero abierto a candidaturas conservadoras que pasen la página de Gustavo Petro y el segundo con Lula buscando una complicada reelección. De consolidarse, ese giro a la derecha, favorecería la estrategia de un Donald Trump empeñado en restaurar la influencia estadounidense en la región frente a China e impulsaría las ventas de sus sistemas de armas, tras estacazos varios y terminaría de aislar a la Venezuela chavista.

 

El despliegue estadounidense en la llamada Operación Southern Spear para acabar con el narcotráfico en el Caribe y con Maduro, unidos ambos en la misma ecuación, está involucrando recursos mil millonarios, al portaaviones USS Gerald R. Ford (CVN-78) y sus escoltas, sumando aeronaves, municiones y un costoso mantenimiento operativo. Si bien el chavismo ha demostrado durante años una enorme flotabilidad, no se había enfrentado hasta ahora a tal empeño norteamericano en ponerle fin.

 

A semanas de que se cumplan cuatro años del inicio de la ofensiva rusa para tomar Kiev, 2026 arranca sin que haya avances concretos en un plan de paz definitivo para Ucrania. Las negociaciones impulsadas por Trump se enfrentan a exigencias rusas y ucranianas aún irreconciliables. Puede darse por hecho que Kiev no entrará en la OTAN jamás, pero su hipotética admisión en la Unión Europea habría de ser, no obstante, colchón suficiente para su seguridad futura, si se avanza, como la UE pretende, en tener una defensa común y fuerte frente al gran enemigo del Este.

 

Los milmillonarios presupuestos de defensa comunitarios encaminados a este fin, sumados a la exigencia de Estados Unidos respecto al gasto que han de asumir los socios de este lado del Atlántico, han generado un clima de actividad efervescente en la industria europea: contratos, alianzas, nuevos desarrollos y suministros contrarreloj. Es una dinámica que, aun cuando llegue el fin del conflicto en Ucrania, se mantendrá, previsiblemente, un par de lustros más. España no escapa a ella, si bien el mantenimiento de los sistemas actuales y futuros, pese a los crecidos presupuestos, sigue siendo un gran agujero que el Ministerio de Defensa continúa sin resolver.


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