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Menéndez de Avilés, fundador de ciudades, fuertes y misiones en Estados Unidos

Pedro Menéndez de Avilés. Francisco de Paula Martí. Biblioteca del Congreso de EE.UU.
Pedro Menéndez de Avilés. Francisco de Paula Martí. Biblioteca del Congreso de EE.UU.

La costa atlántica de Norteamérica estuvo olvidada por la Corona durante varios años y esa situación fue aprovechada por piratas y filibusteros para ocuparla y servir de base de operaciones contra los buques españoles. Los franceses construyeron la base de Fort Caroline en la desembocadura del río San Juan, Florida, próxima a Jacksonville, la cual suscitó sospechas a la monarquía española y decidió erigir la fortificación de San Agustín en el mismo litoral.

Piratas en el Cantábrico

Pedro Menéndez de Avilés nació en dicho núcleo asturiano en 1519, segundón de una familia hidalga, y a los 8 años se quedó huérfano de padre. Su madre se casó de nuevo y eso no le gustó, por lo que se enroló de grumete en un barco, en donde se formó como militar y navegante. Con lo poco que heredó, construyó un patache, y con 50 parientes y amigos se dedicó al corso. Con ellos logró a los 20 años vencer y capturar dos navíos a los filibusteros franceses que atacaban la costa cantábrica. 

Otra gran victoria tuvo lugar en 1544 cuando los galos, al mando del corsario Jean Alphonse Saintonge, capturaron 18 naves hispanas en el cabo Finisterre y se las llevaron a La Rochela, su base. Menéndez los persiguió por el océano Atlántico, atacó su base naval y recuperó 5 de las naves robadas. Con ello, el avilesino contribuyó a la desaparición de correrías piratas en las costas cantábrica y gallega.

Menéndez navegante

Su pericia cual marino era tan reconocida que Carlos V le encomendó la misión de trasladarlo por mar a Flandes y le puso al mando de convoyes con suministros de mercancías y armamento a los soldados. Intervino en luchas navales con Álvaro de Bazán y en dos ocasiones le concedieron la patente de corso.

El entonces príncipe Felipe decidió –ante la ausencia de su padre Carlos V– nombrarle en 1554 capitán general de la Armada y Flota de la Carrera de Indias. El mismo año, el futuro rey Felipe II le encargó la tarea de consejero y acompañante en un viaje a Inglaterra para desposarse con la reina María Tudor de Inglaterra. Zarparon de La Coruña el 13 de julio con una flota de 70 buques y más de 4.000 personas, la mayoría nobles de Castilla, escoltados por una treintena de barcos de guerra. El regreso, empero, fue muy peligroso por una tempestad y un ataque de los francos, mas todo fue superado por la habilidad del piloto. Al final, la flota arribó al puerto de Laredo.

Al cabo de dos años, a Menéndez lo nombraron capitán general de la Escuadra de la Guardia de las Costas, y una de sus misiones fue la de atracar en el puerto de Calais y luchar contra los franceses. Con solo cuatro naos se enfrentó a ocho del pirata Pata de Palo con el resultado del hundimiento de una nao y la huida del resto.

Rumbo a Florida

Realizó varios trayectos entre España y el Nuevo Mundo y en uno de ellos estuvo prisionero en el Caribe, lo que aprovechó para escribir un Memorial sobre la navegación de las Indias, dirigido al monarca a través del virrey de Nueva España, Luis de Velasco. En sus páginas proponía medidas para proteger la Flota de Indias contra la piratería y la elección de un puerto de refugio en La Española. Esa obra llegó a la Casa de Contratación y generó recelos.

Ese fue el motivo por el que después de un viaje de regreso a España en 1562 –en calidad de capitán general de la Armada– fue detenido en Sevilla acusado de contrabando. Permaneció encerrado veinte meses y, por fin, quedó libre gracias al favor de Felipe II y el pago de una multa. Ciertamente, la Casa de Contratación le puso siempre numerosas trabas.

Felipe II recibió noticias de que los piratas franceses estaban ocupando la costa oriental de Norteamérica, a la altura de Florida –que entonces incluía Georgia, Las Carolinas y parte de Alabama–, se estaban fortificando y pretendían atacar los galeones hispanos. Así, para cumplir ese cometido, el monarca pensó en Pedro Menéndez de Avilés.  El Rey lo nombró adelantado en marzo de 1565 y le encomendó las misiones de expulsar a los hugonotes de la costa atlántica, la presencia de misioneros y la construcción de bastiones para defender el paso del Galeón de Manila durante el retorno a España. 

Ciudades, fuertes y misiones fundadas por Menéndez. Elaboración propia.

San Agustín

Menéndez, después de invertir 200.000 ducados de su peculio y con una flota de 20 naos y más de 2.500 personas, partió en junio de 1565 de Cádiz y el 28 de agosto arribó a un puerto de Florida que llamó San Agustín, santo del día. Allí construyeron la ermita de Nuestra Señora de la Leche, fundaron una misión y se informaron de que los hugonotes del Fuerte Caroline estaban veinte leguas al norte y habían recibido refuerzos al mando del pirata Jean Ribault.

El general decidió atacar a los galos, pero tuvo dificultades, así que regresó al punto de origen, construyó el nuevo fuerte y tomó posesión del lugar en nombre del Rey de España. Los calvinistas les persiguieron sin fortuna, pues una borrasca les hizo naufragar y provocó muchas bajas. El adelantado se enteró y actuó con rapidez mediante un ataque terrestre ayudado por Seloy, cacique de los indios timucuas.

Localizaron el Fuerte Caroline al cuarto día de marcha y, escondidos entre la vegetación, dejaron pasar la noche. Al alba, atacaron la fortaleza y la victoria fue rotunda y rápida. El alcalde del fuerte, René Laudonnière, y unas decenas de protestantes escaparon, mientras que los restantes perecieron. El enclave fue llamado Fuerte San Mateo. Se izaron las Insignias de España y el adelantado nombró sargento mayor a Gonzalo Villarroel. Le puso al frente de 300 hombres y le encargó la defensa de la guarnición, mientras que él regresó a San Agustín.  

Algunos hombres del naufragio del pirata Ribault consiguieron salvarse y caminaron hacia San Agustín, lo que llegó a oídos de Menéndez, así que este fue a su encuentro y aquellos fueron sorprendidos y capturados. Perecieron la mayoría de los galos en aquel lugar conocido por Matanzas. Casi lo mismo ocurrió en cabo Cañaveral, al sur del enclave anterior, si bien los enemigos se adentraron en la selva.

Fundador de núcleos urbanos

El adelantado fundó ocho ciudades y pueblos en la costa atlántica del actual Estados Unidos, a saber: San Agustín, San Mateo, Santa Elena, Santa Lucía, Tequesta, Ays, Carlos y Tocobaga; y en casi todos combinaban la evangelización con la seguridad.

Aparte de los asentamientos principales de San Mateo y Santa Elena, erigió diez fortines y organizó la vida de los ocupantes en todos los aspectos: económico, religioso y militar. Asimismo, y con motivo de un recorrido por el Caribe durante dos meses, reforzó las defensas para hacer frente a los nativos hostiles y los piratas en las islas de La Española, Cuba y Puerto Rico.

Santa Elena

Con una flota de tres buques y 150 hombres, recorrió la costa atlántica, en cumplimiento de las órdenes del rey Felipe II, y exploró el litoral de Georgia y la zona meridional de Carolina del Sur. En el asentamiento de Santa Elena, isla de Parris, Carolina del Sur, construyeron un fuerte de madera, al que denominaron San Felipe (1566), en honor al monarca. Aquella fue la primera capital de Florida entre ese año y 1587. Luego pasó a San Agustín.

Tras una travesía a Cuba, regresó al punto de origen y se encontró con la ayuda enviada por Felipe II: alimentos, 17 barcos y 1.500 hombres, inclusive tres jesuitas. Todo ello al mando del general Sancho de Arciniega, quien también llevaba unos despachos de Felipe II en los que encargaba a Menéndez la fortificación de las islas caribeñas.

El avilesino –ya nombrado gobernador de Cuba en 1567 y Caballero de la Orden de Santiago–ordenó construir en ese territorio el castillo de La Fuerza, un Seminario –germen de Universidad–, un Hospital Militar, el arsenal y la expulsión de los piratas. Elaboró cartas náuticas de la costa norteamericana y diseñó los «galeoncetes», navíos más rápidos con la quilla más alargada que lo común.

Fuertes, presidios y misiones

En junio de 1568 regresó Pedro Menéndez a San Agustín con los refuerzos recibidos de España; pero todo cambió cuando conoció que el corsario francés Dominique de Gourgues había atacado por sorpresa el Fuerte de San Mateo y habían perecido casi todos los residentes. A la vez, los nativos habían asaltado el resto de asentamientos hispanos en Florida. Apenas quedaban los de San Agustín y Santa Elena, aunque en malas condiciones sanitarias, de personal y hambruna.

En una visita del adelantado al monarca, solicitó ayuda y enseguida logró el apoyo real. Le acompañaron 300 soldados y franciscanos en la vuelta, y con ilusión y trabajo lograron cumplir en cuatro años los objetivos reales; a saber: limpieza de corsarios de la costa atlántica, exploración de Florida, Georgia, Carolina del Sur y el Canal de las Bahamas; castigo a los autores de ataques a españoles; por ejemplo, en Ajacan, bahía de Santa María (hoy Chesapeake, Virginia). A la vez, el capitán Juan Pardo realizó dos expediciones a Las Carolinas y fundó varios fuertes: San Juan, San Pablo y Santiago.

A modo de resumen, el gobernador construyó 10 fuertes en la costa oriental de Norteamérica, de los cuales, bien por insurrecciones indígenas, bien por piratas, quedaron reducidos a dos: San Mateo y Santa Elena.  En cuanto a las misiones, que recibían protección de presidios vecinos, constituyeron una institución admirable en las fronteras, sirvieron a la Iglesia y a la Corona y lograron la integración de millares de indios al cristianismo y a la cultura hispana. Entre los años 1565 y 1700 hubo en la región de Florida cien misiones activas y llegaron a convertirse más de 20.000 naturales, la mayoría timucuas, instruidos por 70 frailes y 5 clérigos.  

Final de Menéndez

En honor a sus resultados, el Rey le tenía reservada una tarea especial en Flandes: la de ayudar a Luis de Requesens a sofocar la rebelión del príncipe de Orange. En consecuencia, aquel se centró en su nuevo cometido y delegó las operaciones de Florida en su yerno Velasco. 

El gobernador reunió una poderosa flota en Santander el 8 de septiembre de 1574 compuesta por 300 buques y 20.000 soldados y marineros; y ese mismo día se sintió enfermo. Abandonó su función y el día 17 de septiembre del citado año falleció en dicho núcleo urbano a causa de un tifus exantemático. Tenía 55 años. Fue inhumado en Llanes, aunque en 1924 fue trasladado a Avilés, su cuna y deseo. 

Conclusiones

Pedro Menéndez de Avilés fue un gran militar, marino y navegante, constructor de ciudades, fuertes y misiones. Fundó San Agustín en 1565, primer asentamiento europeo en Estados Unidos, que perduró 250 años, hasta su entrega a este país en 1821. Ese hecho ocurrió medio siglo antes de que los ingleses llegaran a Jamestown (1609, Virginia) o Plymouth (1620, Masachusets).

Se le llamó el señor del mar Océano por la expulsión total de los piratas franceses y por su conocimiento de las corrientes marinas y la navegación. Fue un notable ingeniero naval que diseñó sus propias embarcaciones e inventó un instrumento náutico que medía con precisión la longitud geográfica. Escribió asimismo el Memorial sobre la navegación de las Indias que potenció las escoltas de los galeones de Indias y la defensa de la costa atlántica y el Caribe. (José Garrido Palacios. Teniente coronel del ET (R). Doctor en Filosofía y Letras. Miembro de la Asociación Española de Militares Escritores)


Copyright © Grupo Edefa S.A. defensa.com ISSN: 3045-5170. Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin permiso y autorización previa por parte de la empresa editora.

3 comentarios

  1. francisco | 28/01/2026 13:24h. Avisar al moderador
    Excelente artículo para conocer lo realizado por los españoles en el Nuevo Mundo.   
  2. Harold | 26/01/2026 15:57h. Avisar al moderador
    Que interesante historia. Gracias por compartirla.   
  3. Nombre | 25/01/2026 11:13h. Avisar al moderador
    Osea, que este personaje hizo entonces lo mismo que hoy día todo el mundo critica a Trump por querer hacer con Groenlandia., tomar y apoderarse por la fuerza un territorio perteneciente otros pueblos.   

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