El Ministerio de Defensa formalizó a finales del año pasado los programas de adquisición de 86 obuses autopropulsados sobre ruedas y 128 sobre cadenas a sendas UTEs formadas por Indra y EM&E Group, por valor superior a los 6.700 millones de euros.
Ahora EM&E Group ha dado un paso adelante en los futuros programas de artillería autopropulsada del Ejército de Tierra e infantería de Marina al cerrar una amplia varios Memorandos de Entendimiento con Aicox, Alpe, Arquimea, Dicor, GMV, Nabla, Piedrafita, Umec y Veiru. Estos acuerdos buscan blindar una solución con base tecnológica e industrial íntegramente nacional, tanto en el diseño como en la producción y el sostenimiento de los nuevos sistemas de artillería autopropulsada (ATP).
La estrategia de EM&E Group pasa por sumar capacidades muy especializadas, desde electrónica y comunicaciones hasta integración de sistemas, automatización, sensores, software crítico y soluciones mecánicas avanzadas, con el objetivo de que el conocimiento clave y los medios productivos permanezcan bajo control nacional. Con ello, la compañía aspira a reducir al mínimo la dependencia de suministros externos y a reforzar la libertad de acción operativa de las Fuerzas Armadas, uno de los grandes retos para los ejércitos europeos en el actual contexto geopolítico.
El proyecto tiene, además, una clara lectura industrial y territorial: la participación de empresas repartidas por distintos polos de actividad tecnológica permitirá articular un programa de alta tecnología con impacto en múltiples regiones, contribuyendo a consolidar el tejido industrial de Defensa y a generar empleo cualificado en toda la cadena de valor. En la práctica, la futura artillería autopropulsada se convierte así en un vector de cohesión económica y tecnológica, con España posicionada no solo como usuario, sino también como desarrollador y exportador potencial de soluciones avanzadas en este segmento.
Para Javier Escribano, presidente de EM&E Group, la operación trasciende el marco de un contrato concreto y se inscribe en una visión de país: la unión de las capacidades de todas estas compañías debe convertir los programas ATP en un proyecto estratégico nacional, capaz de apuntalar la autonomía tecnológica, consolidar una base industrial robusta y preparar a la industria española de Defensa para “los retos del futuro”. Desde esta perspectiva, la artillería autopropulsada se perfila como banco de pruebas de un modelo de colaboración público‑privada e intraindustrial que puede marcar el rumbo de otros grandes programas terrestres en la próxima década.







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