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El NH90 antisubmarino para la Armada española podría llegar 5 años después de firmar el contrato, ¿por qué se opta por el MH-60R?

Se están dando todos los pasos para llevar a buen puerto en breve la compra de helicópteros antisubmarinos Sikorsky MH-60R para la 10ª Escuadrilla de la Flotilla de Aeronaves de la Armada española, que vendrían a cubrir el hueco que quedará entre la baja de los SH-60B “Block I” LAMPS III y la llegada del NH90 HSPN, la versión para la Armada española de la variante NFH (Nato Frigate Helicopter).

La adquisición del helicóptero estadounidense pone en cuestión la futura incorporación de la versión naval del NH90 en la Amada, en momentos en que se ha puesto en valor como nunca la necesidad de respaldar a la industria nacional, amén de otras consideraciones técnicas y estratégicas que abordamos a continuación. El principal argumento para la adquisición de los MH-60R es que la opción europea, el NH90 no podría entrar en servicio hasta 2035, según la Armada, pero fuentes muy cualificadas del Ministerio de Defensa aseguran que entraría en servicio en un plazo de cinco años después de la firma del contrato, es decir, muchísimo antes.

Con un gap tan reducido podría plantearse la posibilidad de aplicar un retrofit a la actual flota de SH-60B, opción mucho más económica que la adquisición de una solución interina. La Armada pondría en marcha un programa en torno al B parecido al que está desarrollando con el F, si bien los resultados no están siendo los esperados, por las complicaciones derivadas de certificar una variante prácticamente nueva.

La adquisición de equipamiento de segunda mano o remanufacturado se justifica principalmente por su menor coste y la rapidez en su llegada, pero los planes de adquisición de los SH-60F se anunciaron en 2010 y a fecha de hoy no se han recibido más que 2 de los 8 previstos, esperándose puedan llegar el resto antes de que acabe 2022. Su coste unitario asciende a más de 15 millones de euros, cifra a considerar, pues, si bien se han puesto al día y revisado concienzudamente, se trata al final de aparatos dados de baja por la US Navy.

Aspectos industriales

El sector industrial de defensa y aeroespacial en nuestro país ha sido reconocido por el Gobierno por su papel de tractor de la economía, dado su elevado nivel tecnológico, la cualificación de su personal y los efectos sobre la cadena de proveedores especializados que hay tras él. Por ello, desde que se comenzaron a ver los efectos negativos sobre la economía derivados de la pandemia del COVID-19, se ha puesto en valor este efecto tractor de todos los programas de defensa que hay en la actualidad.

Es el caso del VCR (Vehículo de Combate de Ruedas) para el Ejército de Tierra, de las fragatas F-110 y submarinos S-80 Plus de la Armada o las propuestas de adquisición de Eurofighter Typhoon como reemplazo del F-18 para el Ejército del Aire, por citar algunos ejemplos. Por eso resulta sorprendente que se opte por una solución adquirida directamente a la industria estadounidense, a través de la US Navy, en la que la industria nacional tiene muy poco o más bien nada que aportar, ya sea a nivel de plataforma, de sistemas o de apoyo logístico integrado.

Es bien conocida la predilección de la Armada por los sistemas de esta procedencia, basada en aspectos doctrinales y de otro tipo, que se ha materializado en la adopción de diseños o características de los buques estadounidenses, ya sea sistemas de combate o armamento, siendo el caso más reciente, la adquisición del misil ESSM en lugar de su rival europeo CAMM, para el que incluso se había estudiado su industrialización en España. La presencia de Airbus Helicopters como parte del grupo Airbus en España aseguraría el componente industrial del programa en nuestro país, los retornos industriales y la creación de puestos de trabajo.

Además hay que recordar que los planes del Ministerio de Defensa contemplan la adopción del NH90 como plataforma común para el Ejército de Tierra, el del Aire y la Armada, lo que redunda en importantes ahorros logísticos y derivados del coste del ciclo de vida, como nos recordaba recientemente el Director General de Armamento y Material (DIGAM), el almirante Santiago Ramón González Gómez. Igualmente, empresas españolas podrían participar en el área de sistemas embarcados, como, por ejemplo, Navantia, o su participada junto a Indra, SAES, experta en sistemas navales.

En este caso, además la opción europea, en concreto el NH90 NFH, ya es un producto comercial, certificado y en servicio en diferentes marinas internacionales, por lo que se trata de un programa sin riesgos tecnológicos más allá de las especificaciones introducidas por la Armada en su configuración específica. A falta de cantidades y cuantías, habría que tener en cuenta que hay 12 SH-60B a sustituir por MH-60R o NH90 NFH, con un precio aproximado de 40 millones de euros (37,3 millones la compra más reciente a cargo de la Marina de India).

Esto supone un desembolso de 600 millones de euros si se adquieren los 15 aparatos previstos, o de 240 millones si se adquieren 6 aparatos MH-60R con carácter transitorio. Se trata de cifras modestas en comparación con otros programas principales del Ministerio de Defensa, pero que en estos tiempos no se pueden dejar de tener en cuenta. Otros aspectos a considerar son la capacidad para sostener y mejorar el sistema durante su ciclo de vida, que en el caso de NHIndustries (participada por Airbus) sería considerablemente más fácil que en el caso del Sikorsky (grupo Lockheed Martin), sin presencia industrial en España.

Sistema europeo

Igualmente, la adquisición de un sistema europeo estaría carente de cualquier tipo de implicaciones geopolíticas en forma de embargos o restricciones por parte de Estados Unidos, situación que si se ha dado en el pasado con algunos sistemas de armas adquiridos por España y que sigue dándose en la actualidad, incluso en las comprar de material de defensa de segunda mano (caso de Perú o Uruguay en la obtención de C-130 del Ejército del Aire). Igualmente habría que considerar las posibles exportaciones a terceros países desde España de esta variante naval, beneficiándose de la exitosa implantación de la industria de defensa nacional en determinadas áreas tradicionales, caso de Iberoamérica, Oriente Próximo o el Norte de África.

Limitándonos a aspectos puramente técnicos, hay que tener en cuenta que se trata de aparatos a los que, en primer lugar, separa un prolongado periodo de tiempo. Mientras que el NH90 comenzó a diseñarse a comienzos de los años noventa y voló por primera vez en 1995, el UH-60 lo hizo por primera vez en 1974 (1979 en el caso del SH-60B naval), con lo que los separan más de dos décadas. A pesar de ello, el Seahawk ha evolucionado considerablemente, fruto de la racionalización de versiones en el Pentágono, ofreciéndose el MH-60R como helicóptero multimisión para sustituir a los B y F.

Ha sido elegido por cinco operadores: Estados Unidos, Dinamarca, Australia, Arabia Saudí e India. Entre los operadores de la variante NFH del NH90 están Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Noruega y Holanda, principalmente socios y aliados españoles en la Unión Europea y la OTAN con los que mayoritariamente la Armada española realiza sus operaciones y ejercicios. Otro punto aparte, sería la posibilidad de aumentar el grado de conocimiento del sistema de misión del helicóptero, al punto de que la Armada podría tener acceso a las librerías tácticas que se emplean en los sistemas de localización e identificación de submarinos, situación que no se daría actualmente con los aparatos estadounidenses.

Esto brindaría mayor autonomía y acceso a esta información tan sensible para el desempeño del helicóptero en su rol antisubmarino. Además podría tener relevancia en el caso de tener que emplear los equipos frente a países que actualmente son aliados de Estados Unidos, pero con los que España no mantiene las mismas relaciones, caso por ejemplo de Marruecos. Precisamente, uno de los principales sensores para la localización de submarinos es el sensor de anomalías magnéticas (MAD), sistema que se basa en el calado en el agua de un sensor desde el helicóptero que detecta las mínimas variaciones sobre el campo magnético terrestre que provoca el movimiento de un submarino. Se trata de un sistema con el que cuentan el SH-60B LAMPS III y el NH90 NFH pero del que carece el R. (Jose María Navarro)

Fotografía: Helicóptero SH-60B de la Décima Escuadrilla tomando en la frgata Numancia (Luis Díaz-Bedia Astor  Armada)

Un MH-60R disponible dado de baja por la U S  Navy (AMARG)

Un NH90 francés calando uno de sus sensores submarinos (NHIndustries)


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