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Nuevo balón de oxígeno para el A-10

El Comité de Servicios Armados del Congreso estadounidense ha aprobado un borrador de la Ley de Autorización de Defensa Nacional de 2018 que incluye 103 millones de dólares para mantener el A-10 en condiciones de vuelo. El citado borrador, al que ha tenido acceso defensa.com, incluye 103 millones de dólares para un requerimiento no presupuestado destinado a reemplazar las alas de 110 de los 283 aviones que quedan en servicio. Esta cantidad se sumaría a los 20 millones si presupuestados para la misma tarea.

Se trata del último episodio de una historia que comienza hace muchos años en la que la Fuerza Aérea estadounidense intenta dar de baja este avión a favor de nuevos programas y por otra parte el Ejército de Tierra y diferentes congresistas presionan para que este avión siga en funcionamiento. Entre los defensores del Warthog (jabalí verrugoso) se argumenta que el avión sigue siendo una herramienta útil en su papel especializado de apoyo a tierra (Close Air Support o CAS), máxime aún si el que deba ser su sustituto, el F-35 de Lockheed Martin, no ha demostrado aun que podrá realizar ese mismo rol con la misma eficacia.

La historia del A-10 comienza antes de 1.975 cuando se recibió el primer avión de producción pero fue antes, durante la Guerra de Vietnam cuando la Fuerza Aérea estadounidense se dio cuenta de que no contaba con un avión con el que apoyar a las tropas en tierra, sobre todo cuando se enfrentaban a medios blindados. La Fuerza Aérea había apostado por bombarderos estratégicos e interceptores de alta velocidad que se mostraron incapaces de desempeñar este rol.

Desde entonces, el Fairchilid Republic A-10 Thuderbolt II ha demostrado su valía en misiones como Tormenta del Desierto, Provide Confort, Zorro del desierto, Enduring Freedom e Iraqi Freedom, todas ellas en Irak, Noble Anvil y Allied Force en Yugoslavia, Deny Flight y Deliberate Guard en Bosnia-Herzegovina además de contra los talibanes en Afganistán o en Libia en el marco de la operación Odyssey Dawn.

La retirada progresiva de las tropas estadounidenses de Afganistán e Iraq pareció dar de nuevo bríos a los detractores de este avión al argumentarse que no se requerirían por ahora sus capacidades, sin embargo actualmente está siendo empleado contra el Daesh en Irak en el marco de la operación Inherent Resolve donde vuelven de nuevo a quedar de manifiesto sus excepcionales capacidades de apoyo a tierra, incluso en el marco de un enfrentamiento híbrido o asimétrico.

La congresista por Arizona Marth McSally, antigua piloto del A-10 y defensora de su continuidad,  informó recientemente de que la Fuerza Aérea estadounidense pretendía dar de baja tres de los nueve escuadrones que operan con el A-10, denunciando que hasta que haya un sustituto probado, no debería de darse de baja ninguno.

Qué lo hace único

El A-10 es un avión muy especializado, de ahí que su apariencia sea particular. Está diseñado para sobrevivir mucho tiempo en el campo de batalla, próximo al enemigo, a baja altitud y baja velocidad, soportando impactos de armas incluso de 23 mm. Para ello se diseñó un fuselaje que alberga el monstruoso cañón heptatubo GAU-8 Avenger de 30 mm. y el piloto se aloja en una “bañera” de titanio que lo protege de los disparos y dispone de una amplia cúpula de cristal lo que mejora su visibilidad. Dispone de once fijaciones para armamento, con una capacidad para portar más de siete toneladas, entre armamento no guiado y las más modernas armas de precisión.

En 2007 se introdujo la versión A-10C que lo cualifica para operar armas de precisión, dotándole además de sistemas de vigilancia y adquisición de objetivos como el Litening de Rafael. Sus alas rectas y largas le permiten volar bajo y lento y la disposición de sus motores hace que su firma infrarroja sea ocultada por las alas para los observadores en tierra. Tiene otros secretos, como un gran número de piezas que son reversibles, lo que facilita su reparación sobre el terreno, desde los timones verticales, pasando por el tren de aterrizaje e incluso los motores. Además, aunque parte del sistema hidráulico está protegido, cuenta con un sistema manual de emergencia que permite operar el avión si el hidráulico doble ha sido dañado. Además está diseñado para operar en entornos precarios, ser sencillo de reparar y despegar y aterrizar en pistas cortas y en mal estado.

Actualmente los planes de la Fuerza Aérea contemplan que el A-10 estará en servicio hasta 2022 cuando está previsto que los escuadrones que operan el Warthog comiencen a recibir el F-35. (José Mª Navarro García)

Fotografías:

·110 de los aviones recibirán nuevas alas (AF)

·El futuro del A-10 sigue siendo oscuro (AF)


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