Actualidad
Spanish Chinese (Traditional) English French German Italian Portuguese Russian Grupo Edefa

"Los sensores de las torres Sentinel y la capacidad para disparar sin tener un miembro de la dotación expuesto son muy importantes"

Entrevistamos al Comandante de la fragata Victoria de la Armada española, Pedro Márquez de la Calleja, tras su participación en la Operación Atalanta a la que España aporta medios navales y aéreos. Tras su marcha el pasado mes de octubre, la Victoria fue relevada por la Numancia, que volvió a la Base Naval de Rota en julio.

Usted dirigió la Victoria durante la operación Atalanta de la Unión Europea. ¿Cómo nos puede definir esta misión y la participación española en ella?

La operación Atalanta es una historia de éxito de la Unión Europea y de la Armada. El objetivo principal de la operación es proteger el tráfico marítimo ante el incremento de piratería en el área del mar Rojo y el golfo de Adén en el Océano Índico occidental. Desde el repunte de 216 ataques al inicio de la operación, en el año 2008, se ha pasado a que, en 2019, solo hubiera un ataque que, además, se pudo detectar a tiempo y los presuntos piratas se pusieron a disposición judicial. En 2020 no ha habido ningún ataque pirata hasta la fecha, pero la amenaza está contenida no eliminada.

No se entiende la operación Atalanta sin la contribución de las Fuerzas Armadas españolas (hay un P-3 del Ejército del Aire del destacamento Orión en Yibuti). La operación surge en 2008 y desde comienzos de 2009 ha habido medios españoles ininterrumpidamente. La operación ha logrado garantizar la libertad para la navegación en una zona que ahora es mucho más segura para el tráfico mercante internacional y para los barcos pesqueros españoles, que navegan con mayor tranquilidad sabiendo que estamos allí.

 

España es uno de los principales valedores de las misiones navales de la UE como Atalanta y Sofía. ¿Cómo explicaría la importancia para nuestro país de este tipo de misiones?

La defensa de los intereses de España comienza lejos de nuestras fronteras, protegiendo el tráfico mercante, dando protección a los pesqueros, que sufrieron ataques y ahora pueden faenar con tranquilidad y seguridad. No tiene precio saber que los buques españoles estarán protegidos en todo tiempo por la Armada y el Ejército del Aire.

 

Además de proteger los buques del programa Mundial de Alimentos de la ONU, Atalanta protege las rutas comerciales entre Asia y Europa y los intereses económicos españoles, sirvan como ejemplo los secuestros de atuneros españoles de hace años. ¿Cómo defendería este tipo de misiones desde un punto de vista económico?

El volumen de tráfico mercante que pasa por el golfo de Adén y la cuenca de Somalia es muy importante ya que de aquí van al estrecho de Bab el-Mandeb y de ahí al canal de Suez.

Es difícil realizar la cuantificación de beneficios económicos directos de esta operación. Más bien debemos hablar de acciones con importantes beneficios económicas que no dejan de realizarse gracias a que nuestra presencia garantiza un entorno de seguridad creado por el conjunto de la operación. Me estoy refiriendo a actividades tales como tránsito de mercancías y pesqueros que faenan en la zona, amén de la protección especialmente a los buques del Programa Mundial de Alimentos de la ONU.

Hoy por hoy, existe vocación de continuidad de la operación. En los encuentros que tenemos a bordo con líderes locales estos nos confirman que la piratería no ha desaparecido, por eso recorremos la costa de Somalia buscando actividad. Comprobamos los campos que tenemos localizados desde 2009 en busca de indicios, tarea que hacemos junto al avión de patrulla marítima del Ejército del Aire. Los barcos a los que nos aproximamos en la mar también siguen preocupados por la piratería.

 

Durante su misión la Victoria ha realizado ejercicios multinacionales, con unidades francesas, japonesas, estadounidenses, surcoreanas… ¿Qué es lo que más valora de trabajar con otras marinas?

Este tipo de colaboraciones tienen su importancia por dos razones básicamente. Primera, mejorar el nivel de interoperabilidad para, si surgiera la necesidad de trabajar conjuntamente, estar en condiciones de hacerlo de la mejor manera posible y conseguir un elevado nivel de entendimiento. La otra, incrementar nuestro nivel de adiestramiento ya que durante la misión hay capacidades del buque que no se están ejercitando. Nos viene muy bien añadir al adiestramiento interno esta posibilidad de adiestrarnos con otros buques para, por ejemplo, ver cómo trabajan sus equipos de visita y registro cuando van a un buque.

 

¿Qué medios emplea la Armada en este tipo de misiones?

En la operación hay permanentemente un barco y un avión de patrulla marítima. El avión tiene la ventaja de que puede recorrer una distancia muy grande en poco tiempo pero, cuando hay que permanecer en la zona, hacer presencia naval u obtener información, se emplean los barcos.

Llevamos a bordo un helicóptero SH-60 Seahawk de la 10º Escuadrilla que, junto a la fragata, constituye un binomio perfecto para la misión que se realiza en el Índico. El helicóptero extiende el radio de acción del buque alrededor de 100 millas, permitiendo ver en el buque en tiempo real lo mismo que está viendo el helicóptero, informando de los movimientos en la costa o en la mar

También contamos con un equipo de seguridad y protección de Infantería de Marina integrado en la dotación que, durante el periodo monzónico, está formado por miembros de la Fuerza de Protección de la Armada y durante el periodo intermonzónico lo compone un equipo de la Fuerza de Guerra Naval Especial, ya que por las mejores condiciones meteorológicas, hay mayor probabilidad de ataques piratas.

La amenaza en esta misión es fundamentalmente asimétrica. Un esquife es pequeño y rápido y puede acercarse al buque con intención de producir daños. Para estas situaciones existe hay un plan de protección del buque, con personal de la Infantería de Marina y la dotación del barco. Tenemos nuestros procedimientos dependiendo del nivel de amenaza, de la zona o de la distancia a la costa. En este sentido, la contribución de las torres Sentinel de Escribano Mechanical Engineering han supuesto un valor añadido.

 

¿En qué se diferencian las misiones Atalanta o Sophia de otras más “convencionales” como la escolta de buques o la lucha contra medios de superficie o submarinos? ¿Se requieren medios diferentes?

Son escenarios distintos y aunque una fragata está preparada para los dos tipos de escenarios, en Atalanta no hay amenaza submarina, no hay nivel alto de amenaza aérea ni de superficie. Está orientada a la amenaza asimétrica y lo que supone un peligro para el barco y para ofrecer seguridad a la comunidad mercante, pesquera y a los propios somalíes. Se utilizan las capacidades de forma distinta, de hecho se pasa una certificación al barco antes de que comenzar la misión para ver si está lista para enfrentarse a los escenarios típicos de la zona de operaciones.

Las fragatas Clase Santa María tienen una autonomía muy buena para la misión y la velocidad necesaria para desplazarse en una zona tan grande con rapidez, siendo su versatilidad muy grande. La extensión es enorme, cuando estás en medio de la cuenca de Somalia, tienes Seychelles a 800 millas, Mombasa a 850 y Salalah a 750.

 

Hasta la llegada de nuevos Buques de Acción Marítima (BAM) y las fragatas F-110, la Armada está actualizando los patrulleros Clase Serviola y las fragatas clase Santa María con estaciones de empleo remoto y nuevos sensores electroópticos. ¿Cuál es la importancia de estos medios para la realización de este tipo de misiones de seguridad en escenarios “asimétricos”?

En este tipo de escenarios es donde cobran más importancia estos sistemas ya que permiten mantener la vigilancia próxima al barco cuando la amenaza es asimétrica, por ejemplo durante salidas y entradas de puerto, pasos angostos como el estrecho de Bab el-Mandeb, u otras situaciones en las que podíamos tener esquifes cerca. Los sensores de las torres Sentinel y la capacidad para disparar sin tener un miembro de la dotación expuesto son muy importantes.

La torre nos permite tener un arma en el alerón del barco que no está manejada en modo manual sino remoto desde el CIC (Centro de Información y Combate) y evita un miembro de la dotación en exteriores dedicado en permanencia a esta tarea, por lo que aumenta el nivel de protección. Y por otro lado, debemos considerar que las cámaras asociadas al sistema proporcionan mayor capacidad de vigilancia. El nivel de conocimiento del entorno es mucho mayor tanto de día como de noche y permite identificar si una embarcación cercana puede suponer una amenaza o no.

Afortunadamente no se ha presentado ninguna situación en la que se haya hecho necesario abrir fuego pero se han usado intensamente los sensores para mejorar la vigilancia, sobre todo cerca de la costa. Se han hecho muchos ejercicios para integrarlo en el sistema de protección del buque y para comprobar su funcionamiento. Hay que incidir en que la incorporación de este sistema de armas es una prueba más de la aportación, e integración, de la industria nacional a la defensa.

(José María Navarro)

Descargue desde aquí la revista


Copyright © Grupo Edefa S.A. Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin permiso y autorización previa por parte de la empresa editora.