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Entrevistamos al Ministro de Defensa Nacional de Chile, Baldo Prokurica

Ministro de Defensa Nacional de Chile desde diciembre de 2020, hemos entrevistado a Baldo Prokurica, con quien conversamos sobre los desafíos de las Fuerzas Armadas de su país, las nuevas amenazas,  las prioridades de su cartera, los cambios en la Ley del Cobre y los planes de adquisición de sistemas en el ámbito de la defensa, entre otras cuestiones.

¿Qué balance hace de la situación actual de las Fuerzas Armadas de Chile?

La respuesta, creo, tiene varias dimensiones. Si nos referimos al estado de profesionalismo, preparación, equipamiento y compromiso, Chile dispone de Fuerzas Armadas que actualmente se encuentran en un altísimo nivel, el mismo que, por varias décadas, ha mantenido. Ello nos permite resguardar nuestra soberanía y asistir a nuestra población cada vez que ha sido necesario por emergencias o catástrofes naturales de la manera más eficiente posible.

Esto es fruto no solo de la alta preparación de nuestro personal militar, sino que también del hecho que, como país, los distintos gobiernos han invertido en nuestras Fuerzas Armadas, entregando material moderno que permite cumplir sus misiones, acorde a nuestra realidad económica, social e internacional. Una segunda dimensión para hacer este balance podría ser respecto a su rol y valorización dentro de nuestra sociedad. En este punto creo que nuestras Fuerzas Armadas también se encuentran en una muy buena situación, ya que gozan de una amplia valoración pública, como se demuestra regularmente en los sondeos públicos. Creo que ello responde a su constante presencia en ayuda a la ciudadanía. En resumen, la Defensa y las Fuerzas Arnadas chilenas se encuentran en un buen nivel, cumpliendo a plenitud sus responsabilidades, con un alto compromiso cívico y acorde a la legislación vigente.

Considerando que llevan más de un año trabajando con la pandemia ¿cuáles cree usted que son las principales experiencias que se han obtenido?

Este período ha sido muy duro no solo para Chile, sino que para todos los países del mundo. El esfuerzo del Estado, del Gobierno y de todos los chilenos ha sido muy grande, afectando no solo a nuestra vida normal, a nuestra economía, sino que también a nuestra propia salud mental, pero ya superamos el 86 por ciento de la población objetivo vacunada –mayores de 18 años- y estamos teniendo menos del 1 por ciento de positividad diaria, lo que es esperanzador, con la menor tasa de contagios, hospitalizaciones y fallecidos desde el comienzo de la pandemia. Las Fuerzas Armadas y de Orden han tenido un rol muy importante durante esta pandemia, ya que miles de efectivos han debido controlar las cuarentenas y desplazamientos las 24 horas de los 7 días de la semana, han trasladado enfermos graves (a casi 300 personas les salvaron la vida), vacunas e insumos médicos, sin descuidar sus labores habituales y en medio de varias elecciones, cuyos locales de votación debieron ser custodiados por los militares. En ese proceso de control de la pandemia, más de 100 militares han sido agredidos y 2 de ellos incluso perdieron la vida cumpliendo con su deber. 

Evidentemente, las experiencias han sido muchas y valiosas. Vimos en terreno la polivalencia de nuestras Fuerzas Armadas, donde cada aeronave y buque se convierte rápidamente en un instrumento de ayuda a la comunidad; pudimos adecuar nuestros hospitales institucionales a la necesidad de disponer mayores camas de urgencia; y nuestras empresas pudieron fabricar ventiladores mecánicos y otros insumos de salud.  Esta pandemia nos ratificó que tenemos Fuerzas Armadas muy eficientes y profesionales y  que lo invertido en ellas ha valido la pena, pero también nos confirmó el hecho de que las mujeres y hombres que las componen están comprometidos con su patria y conciudadanos. Todo ello ha requerido un gran trabajo de coordinación, planificación y logística, que ha organizado el Estado Mayor Conjunto con excelente eficacia. Esa experiencia es invaluable. Los resultados sanitarios del control de la pandemia nos confirman que el sistema de Defensa y nuestras Fuerzas Armadas a pesar de la tremenda presión y responsabilidad, respondieron a cabalidad en este período. 

¿Cree que la implicación en esta gravísima crisis marcará un antes y un después para las Fuerzas Armadas?

Lamentablemente en los últimos años han existido denuncias de irregularidades en las filas castrenses, que han sido detectadas por las propias instituciones y se encuentran en la justicia. Nuestra postura es clara, condenamos todo acto contrario a la ley que hayan cometido uniformados y esperamos que la Justicia esclarezca los hechos y determine las responsabilidades y sanciones. El buen nombre y honor de miles de hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas no pueden ser enlodados por unos pocos que han faltado a su juramento y a la ley. 

¿De qué forma cree afectará a los presupuestos de Defensa en el Continente la necesidad creciente de disponer de recursos para responder a escenarios de emergencia, que son un desafío que llegó para quedarse? 

En Chile es imposible ver a nuestros militares alejados de su rol de ayuda a la población, no solo ahora, producto de esta pandemia, sino que históricamente. Desde hace muchos años nuestro presupuesto nacional ha contemplado recursos de operaciones suficientes y proporcionales a nuestra realidad, con el fin de que nuestras Fuerzas Armadas participen en caso de emergencias o catástrofes y también para adquirir material polivalente capaz de cumplir esas funciones. Gracias a esos presupuestos, el Ejército construye caminos en zonas aisladas en todo el país, a través del Cuerpo Militar del Trabajo; la Armada lleva atenciones médicas a poblados apartados con el buque médico Videla en Chiloé y construye buques rompehielos para la Antártica; y la Fuerza Aérea conecta y realiza misiones de apoyo médico a Isla de Pascua. Los ejemplos son muchos.

Como país tenemos 138 años de paz, sin guerra, y pese a que hemos tenido momentos complejos en el pasado, la Defensa Nacional y nuestras Fuerzas Armadas han sido eficientes para disuadir y evitar conflictos. Durante más de un siglo de paz, nuestros militares no solo se han preparado para defender nuestra soberanía, sino que también para acudir en caso de emergencias, aprovechando la gran polivalencia de sus medios. Nuestra Política de Defensa Nacional, en su versión 2020, recientemente publicada, indica que la participación de la Defensa en caso de emergencia nacional y protección civil forma parte de sus cinco áreas de misión, que incluyen además la defensa de la soberanía e integridad territorial; la cooperación internacional y apoyo a la política exterior; la seguridad e intereses territoriales; y la contribución al desarrollo nacional y a la acción del Estado.

¿Cuáles son las prioridades del Ministerio de Defensa en cuando a nuevas dotaciones de material y modernización de los sistemas existentes de las Fuerzas Armadas?

En septiembre de 2019 el Gobierno del presidente Piñera modificó el sistema de financiamiento de nuestras compras militares, sustentado por la denominada Ley Reservada del Cobre, vigente por 61 años, para establecer un sistema transparente, participativo y democrático, visado por el Congreso, estable y plurianual, es decir, se proyecta y analiza a un horizonte de cuatro años. Si bien el sistema antiguo era bastante eficiente con el objetivo de entregar recursos para las compras de pertrechos de las Fuerzas Armadas, el nuevo mecanismo se presenta como mucho más eficiente, transparente y mucho más participativo al momento de decidir los gastos en Defensa.

Esto nos permite una mejor planificación de nuestras necesidades a mediano y largo plazo, las que se canalizan acorde a cada institución y Defensa y también de la realidad nacional. La defensa no se puede improvisar porque las decisiones que tomemos hoy tendrán repercusiones en el futuro. Debemos, además, ser responsables y atenernos a nuestra realidad nacional. Por ello, las Fuerzas Armadas están en permanente modernización y adecuación de sus organizaciones internas y el desarrollo de sus capacidades, siempre pensando en las áreas de misión que debe cumplir.

Como ejes principales de la política de defensa, desde hace décadas la Defensa Nacional de Chile reemplaza y mejora los sistemas y capacidades de las Fuerzas Armadas, pero no las incrementa, con responsabilidad y haciendo buen uso de los recursos; y, además, realiza sus adquisiciones militares sobre la base de la polivalencia, privilegiando su uso en beneficio de todos los chilenos. En esa línea está, por ejemplo, el nuevo rompehielos de la Armada, el primero que se construye en esta zona del mundo, y también el nuevo Sistema Nacional Satelital que implicará la construcción en Chile de al menos 8 mini y micro satélites y que tendrá una gran utilidad para el mundo civil.

Como informamos en la Cuenta Pública de este año, en el horizonte cercano también está el reemplazo del avión de instrucción básico de la FACh, el T-35 Pillán, por un modelo que también deberá ser construido en Chile, dando empleo y trabajo local; así como el eventual inicio de la construcción de fragatas en Asmar. Ambos proyectos están en evaluación y esperamos tener pronto novedades al respecto.

¿Qué sistemas de uso dual opina que se debería de dotar a las Fuerzas Armadas chilenas para atender las consecuencias de desastres naturales, combatir incendios forestales, búsqueda y salvamento, etc.?
 
Es acá donde la planificación de Defensa ha estado en el rumbo que considero muy correcto, ya que ha privilegiado la adquisición de sistemas duales, de uso tanto civil como militar. A comienzos de 2018 la FACh recibió un grupo de UH-60 Black Hawk de gran capacidad, tanto en operaciones militares como en búsqueda y rescate, y que han sido sumamente eficientes en el traslado de enfermos de COVID. Lo mismo con nuestros C-130, de los que recientemente incorporamos otros 2 donados por Estados Unidos y que son vitales en las operaciones de ayuda a la población y que también tendrán la posibilidad de ser adaptados para combatir incendios forestales.

Por otro lado, la FACh dispone de drones de mediano alcance, los que han cumplido roles importantísimos en la detección de incendios o el control de la frontera, por ejemplo. Respecto al material aéreo disponemos de los elementos necesarios y si estos llegan a estar obsoletos, por desgaste y uso, evidentemente buscaremos reemplazos que vayan en la misma línea de polivalencia que mencionaba. Lo mismo respecto al material naval. En esta pandemia ha quedado demostrado que Chile, como país marítimo, requiere de buques multipropósito como el Sargento Aldea, transporte dotado de un centro médico que suplió las necesidades hospitalarias de algunos puertos chilenos, cuyos centros de salud estaban colapsados por el COVID-19; y también específicos como el Cirujano Videla, que lleva atención médica y dental a personas que viven en zonas aisladas. Sobre el material terrestre, el Hospital Modular del Ejército fue un gran aporte, lo mismo que los camiones y vehículos institucionales.

El proyecto de que en el Estado Mayor Conjunto se deposite el máximo nivel jerárquico militar de las Fuerzas Armadas dentro del Ministerio de Defensa, ¿en qué quedó finalmente?

Eso quedó totalmente zanjado en la Ley 20.424 de febrero de 2010, que establece el Estatuto Orgánico del Ministerio de Defensa Nacional. En esta norma se estableció que el Estado Mayor Conjunto es el organismo de trabajo y asesoría permanente de Defensa en materias que tienen que ver con la preparación y el empleo conjunto de las Fuerzas Armadas. En esa norma se estableció que su mando (Artículo 26) estará a cargo de un oficial de grado de general de división, vicealmirante o general de aviación, es decir, de un general de tres estrellas, no de cuatro estrellas que corresponde a los comandantes en jefe. Debo señalar que, no por ello, el rol del Estado Mayor Conjunto (EMCO) ha sido menor. Al contrario, la Defensa ha organizado a través del EMCO todas las acciones conjuntas, desde la ayuda a la población en caso de emergencias o catástrofes, hasta el resguardo de los recintos eleccionarios que, por ley, corresponde a las Fuerzas Armadas. Además, en la reciente Ley que perfeccionó el sistema de emergencias del país y que creó el nuevo Servicio Nacional de Gestión de Riesgo de Desastres (SENAPRED), el EMCO fue potenciado y ahora será el encargado de definir y distribuir los medios militares que se necesiten para ayudar a la población.

¿En qué punto están las empresas del estado relacionadas con la defensa (FAMAE, ASMAR Y ENAER) para el futuro y el impacto de la Ñey de Financiación de las Fuerzas Armadas?

Las empresas del Estado en materia de Defensa son fundamentales para el país y esta Ley viene a potenciarlas, porque los futuros proyectos de desarrollo y adquisiciones deberán tener un nexo importante con ellas, ya sea en el proceso de construcción o en la mantención de futuros nuevos sistemas. Se ha hecho un esfuerzo muy grande por racionalizar a estas empresas y todas han respondido de excelente forma. De esta forma, ASMAR se mantiene con una producción constante de nuevos navíos, ENAER tiene proyectos nuevos y mantiene su mantenimiento a los sistemas de la FACh y FAMAE tiene un rol relevante en la conservación de los vehículos del Ejército. Nuestro objetivo es potenciarlas y mantenerlas, ya que han sido un gran aporte para el país. En la emergencia COVID-19, debo recordar que desde ellas surgieron proyectos de ventiladores mecánicos que ayudaron a salvar vidas y también elementos médicos de primera necesidad.

En marzo se publicó el Estatuto Antártico Chileno, el cual implica muchos desafíos. ¿Cómo ve la participación de Defensa en este hito?

Con este estatuto Chile busca proteger y fortalecer los derechos soberanos que tenemos respecto al Continente helado, sobre la base de claros fundamentos geográficos, históricos, diplomáticos y jurídicos. Estamos hablando de otro tema de Estado, donde la participación de las Fuerzas Armadas ha sido pionera y permanente desde hace muchos años, por lo que seguiremos participando con expediciones y presencia permanente en las bases que tenemos de la Fuerza Aérea, Armada y Ejército, cuidando el medio ambiente, fomentando la investigación científica, a través del reforzamiento y profundización del Sistema del Tratado Antártico. Por ello, puedo decir que el desafío y el compromiso de Chile respecto a la Antártica no ha cambiado, sino que continúa siendo permanente.

¿Qué destacaría al respecto la Política de Defensa de Chile 2020? 

Chile adquirió, desde 1997, la decisión de explicitar y publicar su Política de Defensa Nacional con tres objetivos principales: entregar las directrices necesarias al sector para que pueda desarrollar sus capacidades y ejerza la conducción política; declarar hacia la comunidad internacional la actitud y postura del país respecto a temas de seguridad global y regional; e informar sobre el rol de la Defensa en materia de seguridad y desarrollo del país. Es un documento público, como el que emiten muchos otros países, que busca generar confianzas y contribuir a un mejor entendimiento de la Defensa, desconocida por una parte de la población y de la que solamente se suelen ver sus actos públicos. La Defensa Nacional es y será una función del Estado consensuada y por ello ha mantenido en sus ejes centrales con gran coherencia desde hace 24 años. Pero también debe actualizarse y estar acorde de la cambiante realidad mundial, por lo que en la nueva versión también nos hicimos cargo de nuevos escenarios de amenazas transnacionales, como son el empleo hostil del ciberespacio y otras de carácter híbrido que requieren la concurrencia de todos los instrumentos de poder del Estado en un trabajo coordinado y colaborativo. En este documento Chile ratificó, además, que aspira a vivir y desarrollarse en paz, en un entorno seguro, estable, con independencia, respetando y cooperando con todos los países y ejerciendo soberanía sobre su territorio.

Chile está iniciando un proceso con un cambio en la Constitución. ¿Cómo ve este cambio en las Fuerzas Armadas?

Chile eligió una Convención Constituyente que en un plazo acotado deberá presentar una propuesta de nueva Constitución para los chilenos, los que deberemos ratificarla o rechazarla en un plebiscito de salida. Ellos están operando de manera independiente y no está dentro de mis atribuciones referirme a sus deliberaciones. La Defensa Nacional es un tema de Estado, donde generaciones de chilenos de distintos colores y pensamientos políticos hemos alcanzado grandes consensos, que creo han sido positivos para el país.

FIDAE es el gran referente de los eventos del sector en Iberoamérica. ¿Qué espera de la edición 2022 y del futuro en la región de esta gran exhibición y punto de encuentro?

Lo que ha definido los últimos meses ha sido la pandemia y debo señalar que, dependiendo de su evolución FIDAE se realizará o no el próximo año. Personalmente confío que ello ocurra, ya que las cifras de vacunación y de contagio están en retirada, pero no podemos confiarnos. Entonces, de darse las condiciones, espero que podamos realizar esta gran fiesta aérea, líder en la región y una de las principales del mundo. Recordemos que la industria aeronáutica ha sido de las más golpeadas en el mundo, por lo que FIDAE puede convertirse en el puntapié inicial de una recuperación definitiva pospandemia para la aviación mundial.

¿Qué supondrá para Chile la implementación del Plan Nacional Espacial?

Supondrá un salto cualitativo y cuantitativo relevante para la Defensa y para todo el país. Durante años hemos dependido de la iniciativa de algunos pocos, especialmente del empuje y del entusiasmo de la Fuerza Aérea, pero ahora pretendemos establecer una política espacial definitiva e ininterrumpida en el futuro. Con el acuerdo alcanzado, Chile reemplazará su último satélite, que lleva operando casi cinco años más para lo que fue construido, con el acceso a los datos que emite una constelación de 250 satélites y a 10 satélites de nuestra propiedad, 8 de los cuales se diseñarán y se construirán en nuestro país. Para operarlos tendremos 3 centros de control en Antofagasta, Santiago y Punta Arenas, los que funcionarán también sobre la base de proyectos surgidos desde nuestras academias, universidades e incluso colegios de enseñanza básica, para lo cual hemos firmado convenios de cooperación con varios municipios del país.

Nuestro objetivo es dejar de manera permanente la tecnología satelital en Chile, crear nuestros propios profesionales y expertos y poder tener de manera definitiva, y acorde a nuestras capacidades, estas nuevas tecnologías al servicio de todos los chilenos. Otro objetivo es ampliar el uso de estas sondas más allá de Defensa, por lo que estarán disponibles para todo el Estado, especialmente para temas de definición del territorio, minería, pesca, recursos hídricos, medio ambiente, agricultura, gestión de desastres, planificación urbana, entre otras actividades. Es un programa desafiante, con enormes perspectivas, y tengo confianza en que cumpliremos nuestros objetivos.

¿Cuáles cree son los principales desafíos para el futuro de sus Fuerzas Armadas?

La Defensa de Chile y nuestras Fuerzas Armadas cumplen con el rol establecido por la Constitución y las leyes de defender la soberanía de nuestro país. Entonces el primer y principal desafío del sector es mantener sus altas capacidades operativas y así asegurar nuestra integridad territorial. Junto con ello, tenemos la obligación de seguir siendo una fuerza confiable, rápida y eficiente para ir en ayudar de la ciudadanía en caso de emergencias o catástrofes naturales, las que suelen ser muy numerosas en nuestro territorio; y también prepararnos para concurrir en ayuda de la mantención de la paz, si así nos lo solicitan desde las entidades internacionales y lo aprueban nuestras autoridades.

Sin embargo, a estas misiones se deben sumar otras, producto del surgimiento de nuevas amenazas transnacionales, como el empleo hostil del ciberespacio y otras de carácter híbrido que requieren la concurrencia de todos los instrumentos de poder del Estado, en un trabajo coordinado y colaborativo. Las Fuerzas Armadas cumplen una labor de apoyo logístico, planificación y apoyo a las policías en el Norte del país, para hacer frente al tráfico ilegal de personas y la migración ilegal. Quizás el mayor desafío que tenemos como Gobierno y como país es generar unas Fuerzas Armadas lo suficientemente flexibles, con el fin de que en el futuro puedan asumir con eficiencia y eficacia los nuevos desafíos que nos presentará.


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