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Asmar comienza ensamble del rompehielos chileno que relevará al buque Almirante Viel

Asmar (Astilleros y Maestranzas de la Armada) ha comenzado a ensamblar bloques del buque polar del Proyecto Antártica 1, el barco más grande que ha fabricado la empresa chilena en su historia. El buque permitirá proyectar la presencia chilena en el Territorio Antártico y  su operatividad en todas las estaciones, pudiendo alcanzar lugares más al sur de lo que se llega hoy y con mayor cobertura.

La unidad, que será lanzada al mar en el año 2023, aún no posee una denominación oficial y presenta  un 20% de progreso. Para su estructura se emplearán cuatro mil toneladas de acero, de las cuales más de mil 500 ya han sido procesadas. Su espesor máximo en el casco será de hasta 35 milímetros. En contraste, en un buque de guerra normal el espesor varía entre 10 y 12 milímetros.

“Le va a permitir a Chile, como nación, poder cumplir con una serie de necesidades para satisfacer los requerimientos logísticos y de permanencia en la Antártica, apoyando a las dotaciones que se allí se desempeñan, brindando apoyo a todo a la investigación oceanográfica en esa área, y también de rescate y salvataje", explicó Luis Kohler Gary, director de Asmar, en declaraciones al diario El Mercurio.

Con ello, superará lo hecho por el rompehielos Almirante Óscar Viel, que dejó de operar en 2018 y que, justamente será relevado por el nuevo buque que desarrolla Asmar. Podrá además romper hielos de hasta un metro de espesor, a diferencia de los 40 centímetros que atravesaba su predecesor.  “Esto, junto con su capacidad de desplazamiento, la convierten en una nave capaz de remolcar incluso buques más grandes”, explicó la nota del rotativo chileno.

El nuevo buque, de diseño canadiense y que posee un desplazamiento de 10.400 toneladas, una eslora (largo) de 111 metros y una manga (ancho) de 21 metros, transportará hasta 120 personas, 86 tripulantes y 34 científicos. Su velocidad máxima será de 15 nudos en superficie normal y de tres nudos en aguas cubiertas de hielo, con una autonomía de 60 días y 14.000 millas náuticas.

También tendrá equipos hidroacústicos, como ecosondas, sonares, perfilador de fondo y de corrientes, posicionador acústico de alta precisión, laboratorios biológicos y químicos, así como medios para la recolección, almacenamiento y conservación de muestras del mar y del fondo marino, que servirán para realizar estudios de oceanografía geológica, de movimiento de placas y evaluación hidroacústica para determinación de biomasas, entre otros.

La nave contará con una capacidad de carga de alrededor de 510 m3; además de 400 m3 de transporte de combustible; y otros 400 m3 de carga en pallets. Además, cuenta con las características necesarias para operar en clima de extremo frío, gracias a su casco diseñado para operar a -30°C, dotado de equipamiento de seguridad para la vida humana en el mar a esas bajísimas temperaturas.

Entre sus roles, considera labores de búsqueda y rescate ante eventuales siniestros marítimos, aéreos o terrestres en el continente antártico, con el apoyo de helicópteros embarcados, botes de rescate, y una enfermería con capacidades quirúrgicas. La inversión total alcanzará los 216 millones de dólares y en recurso humano se asignará a unas 480 personas.

“Es el desafío de construcción más grande que nos ha tocado enfrentar en Asmar, por su gran complejidad en cuanto al equipamiento y por sus dimensiones”, destacó Alejandro König, gerente de construcción naval del astillero.  (Pamela Squella)


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