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El reto chavista y la capacidad de repuesta de la defensa colombiana

Colombia está afrontando el envite chavista desde la desventaja que en el tablero de juego impone el que el contrincante esté en disposición permanente de saltarse todas las normas, mientras que el otro acata el reglamento. En su desesperada huida hacia delante, el Gobierno venezolano, que juega fuera de la liga democrática desde hace años, ha hecho de la provocación una bandera. Cada vez más asfixiado internamente, con una oposición que se ha ido haciendo fuerte, a pesar de la aplicación de fórmulas gubernamentales a la norcoreana para controlar a sus masas y con mamá Cuba tendiendo la mano al gran enemigo del Norte, el Gobierno (o desgobierno) de Maduro ha puesto los ojos en la vecina Colombia para darle más circo al pueblo, una buena dosis de músculo y potaje patriotero, ante la presión que las elecciones parlamentarias del próximo diciembre pautan.

 

Antes de decretar el cierre a cal y canto de los más de  2.200 km. de frontera con Colombia, generando una importante crisis entre ambos países y cientos de deportaciones, Maduro, con la complicidad de quien ha sido el gran estratega del chavismo desde hace décadas, Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, ordenaba hace unos meses la creación de una unidad especial en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana destinada a ocuparse de la amenaza paramilitar de factoría colombiana, que asegura opera en su país. Es una unidad concebida para atender, estratégica, táctica y operativamente todos los temas que tienen que ver con la amenaza paramilitar criminal del narcotráfico y que ponía a Bogotá en la fuente de todos sus males.

Maduro, con tácticas de matón bajo el disfraz de oso Yogui, pegaba así un puñetazo en la mesa, otro más, bajo un argumento que no podría ser más chusco proviniendo de un Gobierno cuyos altos cargos son investigados en Estados Unidos por estar implicados en el narcotráfico, siguiendo acusaciones de testigos que aseguran la existencia de una situación de narcoestado, en la que Diosdado Cabello jugaría un rol clave. Su propio ex jefe de seguridad, ahora testigo protegido de la Justicia norteamericana, le ha acusado de ser la máxima autoridad del cartel de Los Soles, en referencia a las estrellas de los generales, un grupo de militares de alto rango que llevaría años involucrado y obteniendo importantes réditos del narcotráfico.

De lograr la victoria en las urnas el próximo 6 de diciembre, uno de los grandes retos de los muchos que le esperarían a una nueva administración al frente del país será, sin duda, depurar y rediseñar, despojando de las imbricadas connotaciones bolivarianas/chavistas, a unas Fuerzas Armadas puestas desde hace lustros a disposición de los intereses del chavismo, en lugar de, como corresponde, al servicio de Venezuela.

Por el lado de Colombia, protagonista involuntario de la actual crisis, el envite venezolano ha traído a debate la cuestión sobre las capacidades para la defensa del país. El Congreso Nacional citaba en este contexto al ministro Luis Carlos Villegas a una sesión de carácter reservada para que explicara las capacidades reales con que cuentan sus Fuerzas Armadas para contrarrestar eficientemente cualquier amenaza externa que ponga en riesgo la soberanía nacional. Tras años de lucha contra las FARC, el país ha destinado ingentes recursos al sostenimiento humano del enorme pie de fuerza de los ejércitos y Policía, llegando a los casi 500.000 efectivos. El arrastrado desvío del gasto a este capítulo ha ido en detrimento de la inversión en equipamiento, encontrándose ahora con carencias de gran calado en cuanto a capacidades de sistemas, que habrían de ser necesariamente subsanadas.


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