Actualidad
Spanish Chinese (Traditional) English French German Italian Portuguese Russian

España y el ataque al ISIS

La implicación de España en la gran coalición internacional que Francia promueve contra el mal llamado Estado Islámico ha pillado al país con el paso cambiado. Cuatro días después de la matanza perpetrada por terroristas yihadistas en París,  Moscú, que en un primer momento pareció querer desvincular a toda costa la  tragedia del avión comercial ruso en el Sinaí con un acto de este tipo, reconocía sin fisuras que una bomba a bordo, y no un fallo mecánico, provocó que el aparato cayera por la explosión, causando la muerte a 224 personas.

Hay dos formas de reaccionar ante cualquier amenaza o ante los propios hechos consumados: plegar las velas, de manera más o menos brusca, buscando reducir el riesgo, o salir a destruir a quien quiere castigarte. El apoyo que Hollande demanda, tras matar el terrorismo yihadista en París a 130 personas, se enmarca en la segunda opción, la misma por la que abiertamente Rusia apuesta, tras en un primer momento temer, quizá, la reacción de su opinión pública a lo que se traduciría como un efecto directo sobre sus ciudadanos del protagonismo en Siria impulsado por Putin.

Quienes abanderaron recién estrenado el siglo XXI el ataque contra lo que se dio en llamar, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, terrorismo global, Estados Unidos y Reino Unido, causa a la que España se adhirió con pocas fisuras, se muestran hoy tibios, cuando no fríos, ante lo que, esta es la paradoja, es hoy una amenaza mayor de lo que nunca fue. La intervención terrestre, que pareciera incuestionable en los primeros lustros del siglo, se resuelve hoy con la mucho más aséptica fórmula, más o menos contundente, del ataque aéreo. Pero mover ejércitos es hoy otra cuestión, ni aun cuando territorialmente esa larga lucha contra el  terrorismo yihadista sea hoy territorialmente ubicable en el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS).

La lucha contra el  ISIS se ha traducido, tras los atentados de París y de un día para otro, en apoyo a Francia, una carambola de acontecimientos y conceptos si se tiene en cuenta que la amenaza ya existía  y que igualmente podría España, la revindicada Al Andalus, haber sido, de nuevo, el escenario escogido. Bien es cierto que la reacción nacional a los  terribles atentados de Atocha y el consecuente repliegue de Irak podría analizarse en los términos de la mucha oposición que tuvo la participación de España en aquella guerra de Bush contra aún no se sabe bien qué.  Pero Afganistán fue un escenario diferente, ¿cuál hubiera sido la reacción si los atentados de Atocha se hubieran reivindicado por el apoyo español a esa justificada intervención internacional?  Es difícil saberlo. 

El escenario es ahora otro. Persisten, y se acentúan, los grandes matices de factoría propia, dos fundamentalmente, consecuencia el segundo de lo primero: el sentir patriótico galo no es aquí ejemplo y  lo del todos a una no se maneja en nuestras fronteras. Súmese que la demanda de apoyo lanzada por Francia se enmarca en la proximidad de las elecciones generales del 20 de diciembre y que en España el concepto ataque no vende, aun cuando sea un punto básico de las acciones a adoptar. El asunto es que no siempre vamos a ir apoyando operaciones de mantenimiento de paz. Para eso, primero, hay que generar el marco pertinente.


Copyright © Grupo Edefa S.A. Prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin permiso y autorización previa por parte de la empresa editora.