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Irán tiene tres razones para hacer concesiones serias en la negociación nuclear

Por José Luis Masegosa*

A pesar de las exigencias del Ayatolá Ali Jamenei en cuanto al elevado número de centrifugadoras necesarias para el programa nuclear iraní, el líder supremo y el presidente Hassan Rohani realizarán concesiones sustanciales en Viena por tres motivos: porque el acuerdo sirve al régimen y a su cúpula dirigente, porque la ausencia de acuerdo acarrearía un coste enorme para el régimen y para la carrera política del Presidente Rohani, y porque no tienen una alternativa mejor.

El Ayatolá Ali Jamenei, líder supremo de Irán, realizó esta semana unas declaraciones sorprendentes al afirmar que Irán necesita 190.000 centrifugadoras para su programa nuclear, 10 veces más que las 19.000 actuales. Estas palabras estridentes cayeron como un jarro de agua helada sobre las crecidas expectativas que Occidente ha alimentado en torno a las negociaciones entre Irán y el Grupo de 5+1, integrado por Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido, Francia y Alemania.

A principios de julio los equipos negociadores iniciaron un sprint diplomático en Viena para alcanzar antes del 20 de julio un acuerdo definitivo que elimine toda incertidumbre en torno a la naturaleza civil o/y militar del programa nuclear iraní y asegure su carácter exclusivamente pacífico. No obstante, las partes pueden acordar una prórroga de seis meses.

A los efectos de lograr ese acuerdo, las declaraciones del Ayatolá Ali Jamenei no son una cuestión baladí. Por un lado, Ali Jamenei ocupa la magistratura más poderosa del régimen teocrático iraní, líder supremo de la Revolución, en virtud de la cual concentra muchas más prerrogativas que el presidente moderado Hassan Rohani. Por eso la clave de bóveda del acuerdo nuclear se encuentra en la postura que adopte Ali Jamenei, referencia ideológica de los más conservadores pero suficientemente pragmático como para abrazar el diálogo con Occidente cuando le beneficia. El Ayatolá Ali Jamenei dispone de la capacidad suficiente para imponer internamente su visión a todas las partes interesadas.

Por otro, el número de centrifugadoras que se permitirá conservar a Irán es la cuestión más disputada en las negociaciones. No es para menos, cuantas más centrifugadoras retenga, menos tiempo necesitará Irán para construir una bomba atómica. Las centrifugadoras se ocupan del proceso de enriquecimiento de uranio mediante el cual se separa y se selecciona a los isótopos más adecuados del uranio natural (U235) tanto para la producción de combustible de un reactor nuclear como para la fabricación de una bomba atómica.

Por tanto, cuando el Ayatolá Ali Jamenei exige multiplicar por diez las 19.000 centrifugadoras con las que cuenta el programa nuclear iraní, está cruzando todas las líneas rojas que ha establecido Estados Unidos y el resto de las potencias occidentales que estarían dispuestas a permitirle retener algo más de 5.000 según ha trascendido.

Además, existen otros dos desacuerdos clave entre Irán y los países del Grupo de 5+1: la duración y mecanismos de supervisión del programa nuclear iraní; y los ritmos y el calendario del levantamiento de sanciones.

No obstante, existen razones de peso que incitan a pensar que Irán realizará concesiones sustanciales para alcanzar el acuerdo nuclear ahora o en los próximos seis meses, a pesar de las declaraciones estridentes del Ayatolá Ali Jamenei.

En primer lugar, el Ayatolá Ali Jamenei y el Presidente de la República Islámica, Hassan Rohani, las dos magistraturas con más autoridad del  régimen, comparten la convicción de que solamente un acuerdo nuclear normalizará las relaciones económicas de Irán con Occidente y garantizará así la supervivencia de la República Islámica en la primera mitad del s. XXI. Anticipan que el levantamiento de las sanciones impulsará el crecimiento económico y el progreso social, y eso a su vez redundará en el reencuentro entre el pueblo y sus líderes espirituales. Para renovar la legitimidad del régimen, Jamenei y Rohani están dispuestos a pagar un precio en términos de limitaciones a su programa nuclear.

En segundo lugar, la ausencia de acuerdo puede tener un coste militar, económico, político y social muy elevado para Irán y sus líderes, seguramente más alto que para Estados Unidos y la comunidad internacional. Los Estados Unidos continúan hablando de una acción militar quirúrgica contra las instalaciones nucleares iraníes aunque  la mayor parte de la cúpula dirigente iraní descarta esa posibilidad al considerar que la superpotencia se encuentra en retirada del Gran Oriente Medio.

Los Estados Unidos y la Unión Europea impondrían nuevas sanciones económicas que dañarían las exportaciones de petróleo, su principal fuente de ingresos, y abortarían el repunte de la economía derivado de la mejora del entorno exterior y del acuerdo interino de noviembre.

El coste político de la ausencia de acuerdo para el Presidente Rohani sería probablemente el fin de su carrera política y de su coalición de conservadores moderados, reformistas y centristas.

Por el contrario, el  Ayatolá Ali Jamenei se ha cuidado bien de no poner todos los huevos en la misma cesta, y al tiempo que pedía dejar trabajar a los negociadores mostraba su escepticismo hacia las negociaciones, dando alas a los detractores del diálogo. Si las negociaciones van mal, Jamenei culpará al presidente Rohani del fiasco diplomático y dará un golpe de timón en política exterior igual que hizo en 2005 al romper las negociaciones con Francia, Reino Unido y Alemania.

Ambos son sensibles a las revueltas sociales que podrían desencadenarse si no mejora la situación económica. La ruptura de negociaciones sería un jarro de agua fría para una ciudadanía frustrada con el Gobierno ante la lentitud de la recuperación económica y el aumento del coste de la vida como consecuencia de la política de supresión de subsidios estatales.

En tercer lugar, Irán carece de alternativas viables al acuerdo con el Grupo de 5+1. El Ayatolá Ali Jamenei defiende algunas veces su estrategia de resistir y explorar la alternativa de las inversiones chinas y rusas, una postura poco realista que parece encaminada a apaciguar alestablishment conservador que constituye su base de apoyo. El presidente Rohani es más consciente de la necesidad de superar el bloqueo económico occidental.

En definitiva, el Ayatolá Ali Jamenei y el presidente Hassan Rohani realizarán concesiones sustanciales en Viena por tres motivos:   porque el acuerdo sirve al régimen y a su cúpula dirigente, porque la ausencia de acuerdo acarrearía un coste enorme para el régimen y para la carrera política del Presidente Rohani, y porque no tienen una alternativa mejor.

Las consideraciones anteriores no significan que todo el mundo defienda con el mismo ímpetu los beneficios del acuerdo nuclear. De hecho, el establishment más conservador formado por el poder judicial, el Consejo de Guardianes, la Guardia Revolucionaria y la comunidad científica verían con buenos ojos una ruptura diplomática. El fiasco les proporcionaría una oportunidad para arrebatar el poder a los centristas, con el apoyo de Ali Jamenei, e impulsaría sus candidaturas a las elecciones de 2016 al Parlamento y a la Asamblea de Expertos, institución que elige al líder supremo.

Tampoco parece que una ruptura diplomática fuese a disgustar demasiado a la Guardia Revolucionaria. Los Pasdarán son el actor que más tiene que perder en este cambio de política exterior, al ser la institución que más poder político, militar y económico ha acumulado en las últimas décadas gracias a su alianza con Ali Jamenei. Tienen poderosos intereses creados en el programa nuclear y su influencia en el líder supremo es notable.

José Luis Masegosa Carrillo es Consejero adjunto de relaciones internacionales del Instituto Internacional de Ciencias Políticas. Ha publicado también el análisis La cuestión nuclear en la política iraní.

 


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