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La seguridad en 2018

Cuando se inicia un nuevo año es momento para repasar los grandes retos que en materia de seguridad deberán ser abordados, especialmente por España y sus aliados, en la esfera internacional. La primera buena noticia de 2018 será la liquidación de la amenaza estratégica del Daesh. Esto no significará el fin de los lobos solitarios, ni que otros grupos no vayan a tomar el relevo, en especial Al Qaeda. Pero el elemento diferenciador del Daesh era su ambición de crear un poder alternativo basado en el terror a los regímenes moderados de Oriente Medio, con todas las salvedades que debemos dar a este concepto. Una Siria o Irak en sus manos hubiera sido una bomba atómica en el contexto de la seguridad mundial y no habrían tardado en dotarse de una capacidad destructiva inimaginable, para lo que siempre hubieran encontrado aliados de conveniencia.

Sin embargo, Oriente Medio seguirá siendo el principal foco de atención en 2018, junto a la inefable relación del mundo con Corea del Norte. El reforzamiento en la parte occidental de la Siria de Assad, con el apoyo de Rusia y de Irán, está ya produciendo una involución en el Líbano, donde los vientos de guerra civil vuelven con fuerza tras el reforzamiento de Hizbulah. Israel seguirá siendo, sin duda, el principal objetivo de los radicales chiitas y podríamos asistir a una nueva acción de protección de Israel en el Sur del Líbano, donde se estacionan tropas de Naciones Unidas. La acción del presidente Trump de reconocer a Jerusalén como capital de Israel debe enmarcarse también en esta estrategia de reforzar los lazos ante las nuevas amenazas que pueden acaecer en los próximos meses.

El gran aliado de Israel y Estados Unidos en la región, Arabia Saudita, lejos de ver el reconocimiento como un casus belli, ha optado por el pragmatismo. Hoy en día la estabilidad del Gobierno de Arabia está ligada a Occidente más que en ningún otro momento del pasado. Su ejecutoria contra los terroristas en Yemen y en Siria avala su compromiso con la seguridad en la región. Ahora sería critico que Europa también se percatara de la necesidad de fortalecer esta alianza y de seguir en la línea marcada por el presidente Trump. Sin embargo, el reciente anuncio de la venta de aviones Eurofigther a Catar, en el ojo del huracán por sus lazos con Irán y con los movimientos terroristas, no ha llegado en el mejor momento y sin duda será motivo de gran polémica, que afectará a la posición de Reino Unido y, en menor grado, de Alemania en la región.

En los próximos meses veremos si las aguas entre Irán y Arabia Saudita y entre los turcos y los kurdos adoptan un criterio de cierta cordura o se opta por la confrontación. En mi visión, en los próximos meses podríamos asistir a una intervención militar directa turca en Siria para reducir la amenaza kurda, que domina ahora una enorme extensión de ese país, con numerosos recursos desde los que podría golpear al régimen de Erdogan. Esta intervención, que debería contar con el respaldo ruso y de Assad, abriría una crisis en la Alianza Atlántica sin precedentes, que podría conducir a la salida de Turquía de la OTAN.

El segundo gran frente estratégico, que no es nuevo, es Corea del Norte. El paranoico régimen de Pyongyang continuará con su escalada nuclear y en los próximos meses veremos cómo mejoran sus capacidades balísticas con mayor precisión. Sin embargo, cada vez parece más claro que Estados Unidos tiene una estrategia muy definida. Espera un error de Corea del Norte, que llegará, para disponer de un casus belli. Un ataque e Guam o a cualquier otra instalación o interés norteamericano provocaría una respuesta militar inmediata, para la cual el régimen de Corea del Norte sí se encontraría solo. De hecho, pareciera que Trump está rebajando la tensión precisamente para provocar el error. El enorme esfuerzo que Corea del Norte realiza en su programa nuclear está inhabilitando las capacidades para una acción tradicional sobre su vecino del Sur. El régimen de Corea del Norte anunció nuevas pruebas balísticas en el mes de marzo y más detonaciones nucleares, de manera que volveremos la estrategia de la confrontación calculada.

El Magreb constituye sin duda nuestra principal fuente de amenaza. El colapso del ISIS ha reforzado la acción de grupos terroristas en Libia y en el Sahel; aunque es muy posible que la ausencia de un liderazgo dentro de este mundo nos devuelva al escenario de numerosos grupos independientes en cada uno de los países de la zona, buscando un espacio de control y de poder. Aunque grupos como Boko Haram continuarán extendiendo el miedo, el Ejército de Nigeria ha realizado algunos avances muy notables en las últimas semanas, reduciendo su capacidad de acción a territorios muy aislados.

En 2018 viviremos un nuevo capítulo de la nueva guerra fría cibernética entre Rusia y Occidente. Si fueran ciertas solo la mitad de las sospechas, estaríamos ante el ataque más organizado contra las estructuras de poder en Europa y Estados Unidos desde la caída del muro de Berlín. Toda una red para desacreditar, para generar noticias falsas, para manipular realidades, con el fin de debilitar a los regímenes occidentales. Pero como guerra fría, alterna el palo con la zanahoria y al final siempre prevalecerán los intereses comunes sobre los estratégicos. Rusia quiere ser un actor importante en Europa y utiliza todos sus recursos, militares como en Ucrania y en el Báltico; cibernéticos, gaseros y políticos. Es una estrategia global frente a la que Europa apenas balbucea, perdida estratégicamente como nunca lo estuvo en los últimos treinta años.

Enrique Navarro

Presidente MQGloNet


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