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Oriente Medio: otra vez un polvorín

Oriente Medio ha sido en los últimos cincuenta años la mayor causa de conflictos y problemas que han afectado a la seguridad mundial. Por una parte, debido a sus recursos petroleros, que suponen un gran porcentaje de las reservas mundiales, y, por otra, derivado de la delgada línea que ha separado a muchos de los gobiernos de la zona de las actividades de los distintos grupos terroristas, con casos flagrantes de haberse traspasado todas las líneas rojas.

Siria está sumida en un conflicto civil que está desangrando al pueblo en una guerra que pudo contar con el apoyo de Occidente hacia los grupos insurgentes, pero que al final se han desvelado tan peligrosos como el propio gobierno de Assad; Irak, que después de unos meses de la salida de tropas norteamericanas está inmersa en al menos dos conflictos civiles gracias al resurgimiento del movimiento sunnita, aprovechando la división de los chiítas; Líbano a punto de caer en el conflicto sirio; y Hamas, que continúa asediando a Israel con el lanzamiento diario de cohetes que caen sobre las principales ciudades judías.

Resisten a este movimiento Arabia saudita, Jordania, los países del Golfo y Egipto, aunque para ello tengan que recurrir a la represión de la oposición, sin importar mucho los medios que se empleen. Pero cualquiera de estos estados, o todos, podrían verse llevados por esta ola de yihadismo, en el que confluyen muchos odios y muchos intereses. Si la oposición en todos los países que resisten ven en el ISIS la bandera de sus reclamaciones, se habrá creado un escenario muy peligroso para la seguridad internacional.

El reclutamiento que estos grupos yihadistas, cada vez mejor organizados, hacen en los países europeos y en Estados Unidos demuestra que la causa gana simpatía, incluso en aquellos países en los que existe un mayor régimen de libertades. Pero ¿cuál es la razón del auge de este nuevo movimiento y porqué recibe tantos apoyos dentro del mundo musulmán, precisamente cuando sus primarios enemigos son los propios musulmanes?

Todas las interpretaciones del Corán claman por ser la auténtica, de manera que quienes no piensan de la misma manera se convierten en un enemigo mayor que aquel que no profesa la fe mayoritaria. Recordemos que la Inquisición perseguía a cristianos herejes, no a musulmanes ni judíos. Luego, por tanto, hay un fenómeno de confrontación interna dentro del mundo musulmán, que a otros niveles existe en todas las religiones monoteístas y, especialmente, en aquellas que no tienen una única autoridad religiosa.

La situación de empleo de la juventud de los países musulmanes y de los inmigrantes musulmanes en Europa es muy precaria y ello provoca que se busquen enemigos fuera. En unos casos son los extranjeros, como ocurre con la xenofobia, y en otros son los imperialistas, que quieren dominar el mundo con su cultura atea y caduca. De esta manera, cuando alguien en nombre de la religión enarbola la bandera de la liberación, no es difícil encontrar adeptos, que ven en su lucha una justificación a su miserable vida en la tierra.

Luchan contra aquellos gobiernos musulmanes que se han desviado de la ortodoxia, con vaivenes hacia el comunismo como Assad y al capitalismo como Abdala. Con semejante espectro de enemigos lo que podría ser un movimiento de protesta, amenaza con convertirse en un ejército de desheredados dispuestos a reivindicar cualquier plaza o país que suponga una justificación a sus fines. El ejército del Oriente y el Levante, señala claramente cuál es su área estratégica de expansión, desde Yakarta a la Marca Hispánica.

Sin embargo, no existen en los países musulmanes que deberían ser barreras de contención, mecanismos sociales, políticos o culturales que sean suficientes para garantizar que podrán derrotar este tipo de insurgencia, de manera que son muchas las piezas de naipes que pueden caer en poco tiempo.

Podemos indicar entre los estados más inestables Siria, Irak, Yemen, Palestina, Líbano, Libia; entre los países con problemas políticos internos que pueden acarrear una desestibilización a Jordania, Egipto y Pakistán. Quizás sean Marruecos y Argelia los que deberían contener esta ola de expansión, por tratarse de países con un grado mayor de desarrollo social y político.

Un posible escenario es que, con el apoyo internacional el régimen de Bagdad, expulse al ejército del ISIS y el resto de países árabes consigan encauzar sus movimientos de protesta internos. El otro escenario es de guerra civil en gran parte de los países de Oriente Medio, con brigadas de yihadistas con pasaportes europeos y americanos dispuestos a extender a sus naciones de adopción su guerra, desplome de los regímenes de Arabia, Egipto y del Golfo y, sobre todo, Paquistán. Ambos escenarios son posibles, pero con una gran diferencia: el segundo acarrearía con toda seguridad una tercera guerra mundial, que, sin duda, sería nuclear. Esta situación es mucho más grave que la que se originó en Afganistán por su apoyo a Bin Laden o que la invasión de Kuwait por Irak. Es mucho más grave que la toma del poder de la Autoridad Palestina por Hamas o de Egipto por los Hermanos musulmanes. Esta amenaza sí que no la podemos tomar a broma.


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