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De la guerra fría a la paz caliente

Desde el final de la II Guerra Mundial, hasta la caída del Muro de Berlín, el mundo asistió a la mayor carrera de armamento de la historia, basada en un enfrentamiento estratégico entre las dos grandes superpotencias, que llegaron a almacenar 40.000 cabezas nucleares, suficientes para acabar con la vida humana unas cien veces. Tal capacidad de destrucción hizo que los conflictos se desarrollaran en ámbitos geográficos lejanos a ellas y con terceros agentes implicados, que en muchos casos actuaban de catalizadores o excusas para el conflicto.

Con la caída del muro de Berlín, todos los analistas dijeron que pasábamos a una nueva etapa, que unos denominaban como unipolar, un solo gran poder económico y militar, Estados Unidos y unas comparsas estratégicas. Otros, con el dinamismo de la economía china, la política ultranacionalista de Putin y el auge de nuevas potencias nucleares, como Irán o Corea del Norte comenzaron a hablar de un orden multipolar, con las implicaciones que de todo tipo se derivan de este escenario.

Sin embargo, los acontecimientos en Ucrania y la invasión de una parte de su territorio por tropas rusas nos han devuelto a una realidad que creíamos olvidada y es que el mundo sobrevive en medio de una serie de grandes conflictos no resueltos y que son inherentes a la historia de los pueblos. Rusia no ha decidido olvidar su imperialismo del pasado y se arroga determinados derechos de intervención sobre las repúblicas que democráticamente decidieron ser independientes.

Acude a la excusa del nacionalismo ruso para justificar acciones militares, cuando en el fondo late una ambición expansionista, y es que mucha gente en Rusia, y en especial de su Gobierno, se resiste, a pesar que el poderío de la extinta Unión Soviética es cosa del pasado.  Es precisamente por esta razón por la que intervienen en Crimea, igual que lo hicieron en Hungría en 1956 o en Checoslovaquia en 1968 e incluso Georgia en 2008.

No puede tratarse esta cuestión con una perspectiva regional, ya que Rusia todavía mantiene 9.000 cabezas nucleares apuntando a Estados Unidos y Europa; es decir, conserva todo su poder destructivo, pero, no siendo suficiente, utiliza las armas del mundo moderno, la energía y las reservas económicas. Podemos decir que el mundo vive en paz, pero no es un estado estable y puede derivar en cualquier momento y donde menos se espera a una situación de conflicto bélico, que puede desarrollar toda una retahíla de reacciones y contra reacciones, que llegan a un momento que resultan imparables.

Por mucho que Obama y Europa quieran negar la evidencia, persisten graves amenazas a la seguridad mundial y, sin una capacidad de respuesta y de acción, Occidente quedará a merced del poder de los más arrogantes, dispuestos a usar la fuerza frente a la paloma de la paz que esgrime Occidente frente a las agresiones. Europa puede convertirse de nuevo en una olla de conflictos, si afloran de nuevo todos los nacionalismos extremos que tanto daño hicieron al Continente en el pasado y que costaron millones de víctimas. Es un nacionalismo radical y durmiente, pero que necesita de poco para despertar y recorrer como un fantasma toda Europa.

Si Rusia viola la legalidad internacional y las más mínimas reglas de convivencia entre las naciones y no pasa nada, ¿por qué no va actuar en Moldavia, Serbia o Kosovo? Si no se lanza un mensaje claro de que la legalidad y la constitución de los países no puede ser violada, ni siquiera por sus propios ciudadanos, cualquier nacionalismo se sentirá legitimado para reivindicar sus intereses, por ridículos o extravagantes que sean.

Pero esto mismo podría ocurrir entre India y Paquistán; en África o en Oriente Medio; en el mar de China, etc. Por  esto no es baladí una reacción fuerte y enérgica frente a Rusia. No se trata de responder militarmente, pero sí debe estar claro que no puede formar parte del club de naciones libres, que prosperan económicamente juntas, alguien que no respeta las reglas y la convivencia.

Estos países deben ser expulsados de las instituciones económicas y políticas internacionales. Deben saber que estarán solos y que nadie moverá un brazo a favor de ellos. Todas las grandes naciones y en especial, Estados Unidos, China y las europeas tienen un gran interés en que se promueva un gran espacio de libertad en su sentido más amplio, pero un club para amigos y no para los que se empeñan en ser enemigos de todo el mundo. Rusia debe elegir donde quiere posicionarse.

Enrique Navarro


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