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Presupuesto de Defensa: Cuando la regla se convierte en excepción

No hacen falta sesudos estudios del Presupuesto de Defensa recién presentado en el Parlamento por el Gobierno para percatarnos que la tendencia sigue en un continuo deterioro de nuestras capacidades militares, con reducciones que incapacitan a las Fuerzas Armadas para continuar su proceso de modernización, para sostener mínimamente sus unidades y mantener al personal entrenado. Si se excluye el capítulo de personal, que ya se acerca peligrosamente al 80 por ciento del total, como en los peores años del franquismo, no es exiguo, es ridículo. El hecho de que llevemos ya diez años de continuas reducciones hace preguntarnos si tenemos la Defensa que necesitamos y, por encima de ello, que queremos. Pudiéramos decir que este nuevo recorte se produce en un momento en el que todos nuestros aliados y potenciales adversarios comparten esta actitud, pero nada más lejos de la realidad. Estados Unidos realizará un incremento brutal que está acompañado por otros menores en los grandes países europeos, naciones nórdicas, Europa del Este y no digamos por nuestro flanco Sur, donde los gastos de Defensa crecen de forma muy notable, acercándose peligrosamente en términos de paridad de compra el español. Es decir somos el único país de Europa, con unos problemas adicionales de seguridad, por ser frontera Sur de Europa, que no se ha enterado que el mundo ha cambiado.

 

El mayor logro que se nos quiere vender es que las obligaciones asumidas por el Ministerio de Defensa de pagar los contratos firmados y ejecutados van a estar en el Presupuesto, de donde nunca debieron salir. Cuando la regla se convierte en excepción es que estamos poniendo a la Defensa española bajo mínimos inaceptables. Pero no nos engañemos, con estos recursos se van a pagar trabajos ya realizados y ejecutados por miles de empleados que ya fueron despedidos ante la falta de continuidad de nuevos programas. Lo cierto es que el Ministerio de Defensa lleva diez años de paralización absoluta en nuevas contrataciones, periodo en el que se han debido alargar la vida, inutilizar o reducir numerosas plataformas y equipos. Son unos presupuestos incapaces de abordar de forma mínima el sostenimiento de todas las plataformas que hemos comprado y que se han llevado la friolera de casi 30.000 millones de euros. Si después de semejante inversión los equipos no funcionan o no se disponen de forma adecuada, el Gobierno habrá realizado una estafa mayúscula al contribuyente. Y tampoco se entiende esta postura justo unas semanas después de anunciar que España aspira al 2 por ciento del PIB (Producto Interior Bruto) en unos pocos años. No sólo resulta poco creíble, sino que es una frivolidad decir que se mantiene este objetivo y presentar a continuación estos presupuestos.

 

Y me consta que la ministra de Defensa es la menos responsable de esta situación, ante unas cuentas que hacen aguas ya hace años, desde que se perdió el rumbo de la hacienda pública. Sin temor a equivocarnos, existe una clara tendencia y evidencia de que nuestros grandes aliados europeos van a reforzar sus capacidades militares e incluso algunos de ellos están ya replanteando regresar al servicio militar obligatorio. Nunca, desde 1989, Europa se había sentido tan insegura. La amenazante política de Rusia con la invasión de Crimea y el continuo apoyo a los separatistas en Ucrania coinciden con sus poco habituales y amenazantes movimientos militares, acompañados de declaraciones de un claro contenido agresivo y belicista. Sólo una clara vocación de la Unión Europea de hacer frente a esta amenaza con mayores recursos debería ser suficiente para rebajar el tono de la discusión a unos términos más políticos. Como decía Fray Luis de León, los pastores se vuelven brutales cuando las ovejas son estúpidas. Por eso ha llegado el momento de la verdad para Europa, que debe ahora hacer frente a esta amenaza doble, por un lado la tradicional de Moscú y, por otra, la que procede de los vientos de cambio de la política exterior de Estados Unidos bajo la presidencia de Trump. Contra estas dos amenazas no bastan las declaraciones buenistas; sólo el lenguaje de la determinación conducirá a más Europa, mucho más segura y estable.

 

Hemos regresado a un tiempo en el que las declaraciones y las acciones militares cobran una tremenda relevancia en la forma de entenderse las naciones y Europa no puede continuar con su tradicional juego de hacer oídos sordos. No se trata de enfrentarse a nuestros aliados no continentales, pero sí de tener una voz propia, con sus propios matices y sobre todo fuerte, para que la cohesión sea mayor. No podemos ser parte de esta nueva y gran iniciativa europea para luego andar sisando unos millones al Presupuesto para mantener unas políticas que, siendo importantes, no tienen en este momento la trascendencia de lanzar un mensaje al mundo y a nuestros vecinos de que nos vamos a tomar en serio nuestra defensa y seguridad. Quizás la discusión debería ser bien diferente. En lugar de plantearnos tener una defensa burocrática con escasos medios materiales, deberíamos dar la vuelta a nuestra política de defensa y pensar en un modelo diferente, con menos hombres y más recursos para material. Quizás la mitad de efectivos nos permitirían tener al menos unas unidades de defensa y combate reales y eficaces. Es posible que en el marco de una defensa común ésta fuera una posibilidad, pero entonces chocamos con los intereses corporativistas y las dificultades reales. Pero si alguien piensa que se pueden tener 120.000 hombres listos para defender a España a golpe de corneta, están muy equivocados.

 

Esta maquinaria necesitaría años para estar plenamente operativa, por lo que en el fondo disponemos de una capacidad humana enorme, para al final tener menos del 10 por ciento en acciones realmente operativas en las operaciones internacionales, defensa del espacio marítimo y aéreo y logística.  Si no vamos a ser capaces de hacer aportaciones significativas al presupuesto de Defensa, que una inmensa gran parte de la ciudadanía compartiría y apoyaría, entonces hagamos algo para disponer de una máquina eficaz y preparada, pero muy lejana del modelo actual. Pero la realidad es que este Presupuesto es una nueva y gran decepción, y justo cuando parece que el crecimiento económico se ralentiza. Quizás ésta haya sido la última oportunidad de haber dado un cambio radical a nuestra política de defensa y ahora deberemos continuar viviendo en régimen de subsistencia.

 

Enrique Navarro

Presidente MQGloNet


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