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Reales Guardias de Corps

Desde la llegada a Madrid del joven Rey Felipe V, en el año 1700, con objeto de prestar juramento a la corona de España, en Versalles se había hecho sentir un verdadero afán por dotar a S.M. de un necesario cuerpo de guardias reales que garantizaran la seguridad de su persona.

Entre el numeroso séquito venido en compañía del Rey, figuraba el marqués de Louvillc, Gentilhombre de la Manga, hábil diplomático y experto en cuestiones de Estados. Traía amplios poderes del Rey Sol para llevar a cabo las medidas necesarias y relativas para conservar la integridad de su nieto. Hombre sagaz y experimentado en todo aquello que representara problemas materiales, se dio cuenta en seguida del mal ambiente que imperaba en la Corte española, pues el desorden, la incuria y las malas costumbres se hacían ver por doquier; así se lo comunicaba al ministro M. Torcy, sugiriéndole lo necesario que era organizar una tropa para custodia de la persona del Rey. Pedía, como primer argumento, 60 hombres de probada lealtad y disciplina que se encargaran por sí solos de la recluta y organización de una tropa compuesta de 1200 hombres que formaran dos regimientos de infantería, uno de españoles y otro de flamencos, y 800 hombres más para formar un regimiento de caballería. De esta manera, aseguraba, bastaría para mantener en buen orden la estancia del Rey en Madrid.
Por otra parte, había en la Corte - y merece destacar su actuación— un antiguo cuerpo de Caballería Real que prestó servicio al anterior Monarca, y que mandaba el coronel príncipe de Hessen-Darmtadt: pero éste, fiel a sus principios, paso al campo del archiduque Carlos. El regimiento no quiso seguirle y decidió reconocer al nuevo Rey como auténtico soberano de España, por lo que le dio fiel guardia en el acto de su juramento celebrado en Madrid, el 24 de noviembre de 1700, según testimonio de Ubillo, que fue de esa guardia.

Es curiosa y digna de mencionar la historia de este cuerpo por el que el Rey cobró gran afecto, y como prueba a su fidelidad lo conservó hasta el mes de abril de 1703, año en que quedó transformado en dos regimientos de caballería denominándolos de la Reina y del Real de Asturias, después del Príncipe. Estos regimientos se distinguieron honrosamente en la campaña de Portugal, por lo que S.M. les concedió por Real Resolución, de 22 de mayo de 1703, la distinción de antigüedad y preferencia. El primero de estos regimientos lo mandaba el duque de Veragua y el segundo, don Francisco Ronquillo Briceño.
Ya en las postrimerías de la guerra en Portugal, se reunió en Madrid una junta compuesta por la princesa de los Ursinos, el embajador de Francia Mr. Arnelot y el intendente general Mr. Orry para deliberar y tratar de establecer una auténtica Guardia Real que regularizara el servicio de guardia de las personas reales. Puesto este acuerdo en conocimiento del Rey y previo consentimiento de Luis XIV, se determinó crear un cuerpo de Reales Guardias de Corps al estilo de Francia; esta tropa estaría formada de cuatro compañías de 200 hombres cada una, las dos primeras por españoles procedentes del disuelto regimiento Real de España, la tercera de las extinguidas compañías de mosqueteros, y la cuarta se había de levantar de Italia, encargándose de su recluta el duque de Pópulis, hombre fiel y honesto que contaba con la confianza del Rey. De las cuatro compañías, solamente las dos españolas y la de flamencos serían puestas a prestar servicio, ya que la italiana tuvo complicaciones en la llegada a Madrid.

Antes de que esta tropa llegara a prestar servicio y encontrándose el Rey en el campamento Real, próximo a Casteldavide, emitió un Real Decreto con fecha del 12 de junio de 1704 por el que suprimía la noble Guardia de Corps de Archeros de Cuchilla —hay que aclarar sobre esta guardia que no era otra sino aquella antigua o vieja de la Casa de Austria, procedente de los condados de Borgoña—y en cambio mantenía la primitiva compañía de Guardias Españolas de Alabarderos. También cita la forma en que ha de llevarse el servicio por las nuevas Guardias de Corps y de Alabarderos españoles tanto para Palacio como en salidas públicas del Rey y de la Reina.
Días más tarde, o sea el 21 de junio, por otro decreto, anunciaba la creación de las Reales Guardias de Corps, cesando el regimiento Real de España y también los mosqueteros. En este decreto ordena que las cuatro compañías de Guardias de Corps, tengan el número de oficiales y soldados competentes bajo el pie de las francesas, con vestuario de paño azul, galones y presillas de plata y para distinguirlos habían de llevar bandoleras en serie de cuadros del color de la divisa, roja para los españoles, amarilla para los flamencos y verde los italianos. El estandarte adoptaría el color de la divisa con el emblema común: un círculo al centro en figura de un Sol en su cenit y la inscripción “Solmit Fornidini Terra”

Como consecuencia de este decreto saldría una ordenanza con fecha de 28 de septiembre del mismo año, por el que determina lo siguiente:

Art. 47. Mi gente de armería consiste en cuatro compañías de guarda de mi persona, dos compañías de españoles, una de italianos, y otra de walones, y cada compañía, de un capitán, dos tenientes, dos subtenientes, dos alféreces, cuatro exentos, un ayudante, cuatro brigadieres, cuatro subrigadieres y noventa y cuatro soldados con el nombre de guardas, dos que lleven los estandartes, cuatro guardas o soldados de la manga, cinco trompetas o timbaleros, un capellán, un cirujano mayor, un furriel, un sillero y un herrador.
Art - 67.— Cada compañía estará dividida en cuatro brigadas, de las cuales serán los cabos, los subtenientes y Alféreces. Cada brigada se compondrá de un subteniente o Alférez, un exento, un brigadier, un subrigadier, un guarda de la manga y cuarenta y nueve guardas o soldados y un trompeta.

Hallándose S.M. en Madrid finalizada la campaña de Portugal, llegó procedente de París el nuevo embajador duque de Gramont. Traía serias advertencias del Rey Sol, sobre la cierta intransigencia que mostraba un sector de la nobleza a no ocultar su simpatía por la causa del archiduque. Por otra parte, algunos soldados de la compañía flamenca que pertenecieron a la pasada guardia de Borgoña, se habían enfrentado con los Guardias de Corps en la antecámara del Rey.
Enterado el Rey de Francia de estos incidentes, escribió a su nieto instándole a que aprovechara la ocasión para prescindir de ellos; pero el bisoño monarca estaba tan atemorizado que era incapaz de proceder por sí mismo. Los ministros proponían la supresión de la Guardia de Corps; pero Gramont en un alarde de energía, consiguió del Rey la destitución de los capitanes de las compañías españolas duque de Sesa y conde de Lemos, argumentando su interés más por la nobleza que por el honor del regimiento: seguidamente los sustituyó con el conde de Aguilar y el duque de Osuna.


Texto y dibujo de Miguel Montaner


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