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Soldados del Califato en Túnez, ¿la afirmación de Daesh en el país magrebí?

Por Alberto Bueno*

El terrible atentando contra el Museo Nacional del Bardo del pasado día 18 de marzo fue un duro golpe para la transición tunecina y su vital sector turístico. El ataque concitó la preocupación del Gobierno del país y de la comunidad internacional ante la capacidad demostrada por los terroristas de un ataque tan letal en pleno corazón de la capital.

La preocupación fue a más cuando se conoció que Daesh es quien posiblemente se encuentre detrás del mismo, pese a que las autoridades sostienen todavía la autoría de la katiba Oqba Ibn Nefaa (OIN, en adelante), vinculada a Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), como principal tesis.

Tras los atentados, en efecto, las primeras sospechas se dirigieron hacia la OIN, en base a que es el grupo terrorista más activo en el país, responsable de los ataques más cruentos en los últimos meses, y a un mensaje difundido el día 19 por la plataforma yihadista Ifriqiyah Media (vinculada a éste) donde se aportaban los nombres de Jaber Khachnaui y Yassin Abidi como los autores, a la vez que se felicitaban por los grandes resultados de una "operación sencilla". No obstante, ese mismo día se emitió otro comunicado en el que Daesh asume su responsabilidad y promete nuevos ataques, donde el del Bardo sólo habría sido "la primera gota de la tormenta". Hace referencia a los mismos responsables, aunque esta vez con sus alias de Abu Zakaria al Tunisi y Abu Anas al Tunisi.

Había motivos, así, para que se mantuvieran abiertas ambas hipótesis también conforme a los audios registrados en los días previos. El día 17 se divulgó un mensaje de once minutos de duración en el que Wanas al Faqih, un prominente miembro de Ansar al-Sharia o de la Oqba Ibn Nefaa (su filiación permanece incierta; quizás lo fuera de ambas, en una transición realizada por más yihadistas tunecinos) animaba a la yihad en el país, relatando los ataques de la katiba en los últimos meses y amenazando con nuevas y más brutales embestidas, algunas de las cuales se producirían en breves. El mensaje, a mayor abundamiento, ponía su foco sobre los extranjeros y turistas. Sin embargo, igualmente en los días previos al ataque, en concreto el día 15, fueron militantes de Daesh quienes llamaban a la yihad en el país y exigían al gobierno la liberación de los terroristas encarcelados, lo que se interpretó como un nexo de unión entre este grupo y quienes perpetraron la masacre, conforme ya que el día del asalto se discutía en el parlamento, contiguo al museo, la reforma de la ley antiterrorista. Entre los indicios que intentaban de igual modo reforzar esa pista, se quiso vincular el suceso con la muerte días antes de Ahmed al-Roussie, un líder yihadista tunecino al que se le asignaban en la actualidad funciones de comandante militar de una célula del ISIS en Sirte (Libia)

En los días siguientes se supo que ambos terroristas habrían pasado por Libia para recibir entrenamiento y que incluso Khachnaui habría estado en Iraq. Ello, junto con el modus operandi del asalto, el cual parece alejarse de los patrones sostenidos hasta el momento por la Oqba Ibn Nefaa, optando por objetivos civiles (hasta el momento la OIN ha atentado siempre de manera preferente contra fuerzas de seguridad) y consiguiendo golpear en la capital, lejos de las zonas en torno al monte Chaambi donde actúa el grupo, alentaban la autoría de Daesh como tesis.

Aunque en esos días el Gobierno insistió en la culpabilidad de la katiba, sobre todo después de conseguir matar en una operación antiterrorista a su líder, Khaled Chaieb (alias Lokmar Abu Sakhr), nuevas evidencias volvieron a incidir en Daesh cuando, con la publicación de un nuevo número de su revista de propaganda "Dabiq", la organización reivindicó una vez más la autoría y alabó a Abu Zakaria al Tunisi y Abu Anas al Tunisi, quienes se habrían entrenado en Libia (dato ya conocido, como hemos señalado) y habían prestado su bay'ah (juramento de fidelidad) a Al-Baghdadi. La hipótesis de la autoría de Daesh ganó nuevos enteros cuando el 31 de marzo un nuevo grupo, llamado Jund al-Khilafa (Soldados del Califato) en Túnez, publica un audio donde asumía el ataque del Bardo, además de amenazar con nuevos y más violentos ataques en el país, donde el asalto contra el museo sólo era el inicio. En ese audio, Jund al-Khilafah declaraba además su lealtad al emir de Daesh, Abu Bakr al-Baghdadi.

Aunque en los días siguientes al atentado hubo diversos comunicados reclamando la responsabilidad por el mismo, tal y como hemos relatado, lo cierto es que éste fue el que estampó de manera más clara la firma del Estado Islámico. Si bien su relación con el atentado contra el museo le deparó irremediablemente una mayor atención mediática, realmente no fue ésta la primera vez que teníamos noticias de esta organización, ya que sus primeros comunicados nos remontan a comienzos de diciembre de 2014, cuando en una nota de audio se daban a conocer y juraban su lealtad a Daesh, realizando también un llamamiento para unirse a la yihad. Sus amenazas contra el Estado tunecino y su disposición para comenzar su campaña de ataques no habían cesado desde entonces.

Dados los acontecimientos, parecen haber cumplido con su palabra, pues el asalto al Bardo es expuesto en el audio como la carta de presentación del grupo en el país, apuntando de forma singularizada al presidente y al primer ministro tunecinos, a los responsables de Interior y Defensa, y a los miembros del ejército, la policía y la Guardia Nacional encargados de las operaciones antiterroristas, por "no ser creyentes" y patrocinar "la democracia y el secularismo". En su retórica del terror dejan espacio para especular con la posibilidad de atentados aún más cruentos y de mayor magnitud ante la eventualidad de que cuenten con un nutrido grupo de muyahidín en su seno.

 

¿Parentesco con "Soldados del Califato en Argelia"?

Aparte de la reivindicación de este ataque y los comunicados precedentes publicados a los que hacíamos referencia, poco más sabemos de esta organización, quienes aseguran estar operando ya en suelo tunecino. La homonimia con Jund al-Khilafa fi Ard al Jaza'er, esto es, Soldados del Califato en Argelia, resulta evidente. Por ende, cabe preguntarse si ambos grupos mantienen algún grado de conexión

Soldados del Califato en Argelia irrumpió en la escena del terrorismo internacional a principios del mes de septiembre de 2014. A las órdenes de Guri Abdelmalek, aka Jaled Abu Suleimán, está escisión de Al Qaeda en el Magreb Islámico juró lealtad a Daesh y a Al-Baghdadi en fechas tempranas. No deja de ser llamativo y, quizás, ilustrativo del desbarajuste organizativo que experimenta la organización de Aymán al-Zawahiri, que Abdelmalek fuera un antiguo hombre fuerte de AQMI en la región, pues había conseguido incluso ser la mano derecha de Abdelmalek Droukdel, líder de AQMI y jefe, por tanto, de Al Qaeda en el norte de África, en una nueva muestra de la concurrencia existente dentro de la esfera yihadista entre los dos pesos pesados, Daesh y Al Qaeda. En su ba'yah proclamando su lealtad al Estado Islámico, aseguraba que el Magreb, en velada alusión a AQMI, se había desviado del verdadero camino.

El grupo se encontraba operativo sobre todo en la montañosa región argelina de la Cabilia, donde en esas mismas fechas llevó a cabo su primera y más mediática acción: el secuestro y posterior ejecución del ciudadano francés Hervé Gourdel. La difusión en vídeo de su decapitación, en una macabra imitación de las prácticas que ya empezaban a poner en marcha sus correligionarios en Siria, concitó la preocupación de las autoridades argelinas y la comunidad internacional. Sin embargo, y aunque posteriormente llevaran a cabo ataques y acciones de hostigamiento contra fuerzas del ejército argelino, lo cierto es que desarrollaron un perfil bajo de actuación, en buena medida por la contundente y constante presión de las fuerzas de seguridad argelinas, muy curtidas y bregadas en el antiterrorismo por la lucha de años contra el Grupo Islámico Armado, primero, el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate, después, y AQMI en último lugar.

La organización recibió su mayor golpe a finales del mes de diciembre, cuando el día 23 confirmó el ejército la muerte de Abdelmalek Gouri en una operación antiterrorista. Se da la curiosa coincidencia de que el día anterior se había abierto en Argel un macro juicio contra 41 individuos sospechosos de actividades terroristas, tanto de afiliación a AQMI como a Soldados del Califato, donde Gouri fue condenado in absentia a la pena capital.

Lo cierto es que ambas circunstancias, la prematura muerte de su líder e instigador, a la vez que la contumaz presión policial y militar, parece haber debilitado mortalmente al grupo. Apenas hay constancia de nuevos movimientos desde entonces, lo que dado su constreñimiento a la zona de la Cabilia, así como el estimado pequeño número de integrantes, calculado en inferior a la cincuentena, permite considerar tal coyuntura.

 

Cuatro hipótesis acerca del origen de "Soldados del Califato en Túnez"

Por ello resultó aún más sorprendente el audio del pasado día 31 de marzo publicado por "Soldados del Califato en Túnez". Los interrogantes que se abren, por tanto, acerca de su origen y composición son varios, donde solo cabe la especulación ante la falta de información en fuentes abiertas de cualquier dato fiable, menos aún de "materia prima" para estudiar.

Nos permitimos aquí elucubrar cuatro hipótesis de trabajo:

  • En primer lugar, Jund al-Khilafah en Túnez podría estar formada por tunecinos "inspirados" que deciden dar el paso y unirse a las filas del Estado Islámico, habiendo tomado prestada la denominación, no del todo original. Nos situaríamos, entonces, ante un terrorismo homegrown y desvinculando de la matriz argelina.
  • En segundo, la formación de este grupo se debería a la voluntad de tunecinos regresados de otras "tierras de yihad" como Libia o Siria. El hecho, si tomamos como cierto los audios de los días 19 y 31, al igual que lo asegurado en la revista Dabiq, de que tanto Abu Zakaria al Tunisi como Abu Anas al Tunisi hubieran pasado por campos de entrenamientos libios (si cabe, la visualización de las imágenes del asalto no deja lugar a dudas de que los atacantes contaban con experiencia militar) nos conduce necesariamente a esta explicación.
  • Una tercera hipótesis nos plantearía la posibilidad de que  "Soldados del Califato en Túnez" fuera un rebrote de los Jund al-Khilafa argelinos; militantes "supervivientes" de este grupo habrían huido desde la Cabilia para encontrar refugio, posiblemente, en las regiones fronterizas de Kasserine y El Kef, en torno a las montañas del Chaambi. Pese a los ímprobos esfuerzos que tanto Argelia como Túnez vienen realizando para mejorar y reforzar sus kilómetros de frontera compartidos, lo cierto es que hay constancia del viaje de yihadistas entre uno y otro lado; también es ya largamente conocida la presencia constatada de militantes argelinos en Túnez, algunos de los cuales se encontrarían entre los más prominentes, como Khaled Chaieb, líder de la katiba Oqba Ibn Nefaa.
  • O que, en último lugar, miembros de la OIN hubieran decidido de manera definitiva cambiar su lealtad ante la supuesta decisión final del grupo de permanecer fieles a AQMI. Bajo esta última hipótesis podríamos explicar los meses de indefinición de la katiba, durante los cuales se ha especulado con su alineación con el Estado Islámico a raíz de una declaración en este sentido atribuida al grupo y conocida en el mes de septiembre. No hay constancia de que se diera el paso definitivo para la publicación de la bay'ah, ni tampoco de que llegara mensaje alguno en esta dirección, lo que no ha sido óbice para que el mismo Abu Bakr al-Baghdadi haya jaleado a los yihadistas tunecinos en sus arengas o que líderes cercanos a Daesh hayan animado a respaldar la actividad de la OIN. La falta, por otro lado, de cualquier tipo de comunicación que confirmara el vínculo entre la katiba y AQMI alentaba los rumores. Como señala Altuna (2015:13) la incertidumbre se extendió tanto por los foros académicos como por la comunidad salafista tunecina, dando credibilidad a mensajes en los que supuestamente se juraba lealtad a Daesh y que a la postre resultaron ser falsos. Esta indefinición habría llegado a su fin cuando, el 15 de enero del presente año, la katiba Oqba Ibn Nefaa, y con imágenes en su cabecera de Osama bin Laden, Ayman al-Zawahiri y Abdelmalek Droukdel, publicó un vídeo en el que manifestaban su adhesión a AQMI. Esto vendría a reforzar la idea, atestiguada por fuentes de la inteligencia tunecina, de que el vínculo con la organización de Droukdel se mantendría dado el fuerte lazo estratégico de dependencia que, por razones logísticas, ata a la OIN con aquella.

Si nos atenemos a lo acecido en el Bardo y a lo publicado en fechas siguientes, deberíamos inclinarnos, como ya hemos apuntado, por la segunda de las hipótesis. Todo ello sin perjuicio de que otros radicales, de la naturaleza insinuada en las tres hipótesis restantes, engrosen la hipotética célula. En cualquier caso, la publicación de Dabiq da un espaldarazo a la posibilidad de que Daesh cuente con algún tipo de infraestructura o célula fija en el país, la cual tendría además la bendición del emir Al-Baghdadi.

Por tanto, es lógico y normal que aumente la preocupación ante la posibilidad de que militantes del Estado Islámico se puedan encontrar en Túnez y tengan la capacidad suficiente para atentar. La tesis de que este grupo sea quien se encuentre detrás del asalto al Museo del Bardo gana fuerza, pese a la contumaz oposición del Gobierno tunecino, que insiste en señalar otras opciones, bien porque disponga de información que a tal extremo les conduzca, bien porque se resistan a aceptar del todo que Daesh haya podido penetrar con éxito en el país. Lo que queda fuera de toda duda es que dicha organización terrorista ha colocado a Túnez en su punto de mira.

*Alberto Bueno es ayudante de investigación del Grupo de Estudios en Seguridad Internacional (GESI), Universidad de Granada (España).


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