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¿Descubierta en las aguas de Canadá una bomba nuclear estadounidense?

El 14 de febrero de 1950, en plena Guerra Fría, un bombardero estratégico Convair B-36B Peacemaker de la Fuerza Aérea Estadounidense, perteneciente al 7th Bomb Wing, despegaba desde la Base de Eielson, en Alaska. El avión volvía a su base después de un despliegue en condiciones invernales en una misión de entrenamiento de ataque nuclear simulando las condiciones del norte de Rusia. Pero siete horas después de salir de Alaska, el aparato sufrió problemas mecánicos y terminó estrellándose al norte de la Columbia Británica, en Canadá. Antes, lanzó sobre la costa del Pacífico una bomba nuclear Mark 4, constituyendo el primer incidente registrado del tipo Broken Arrow, que es como la Fuerza Aérea estadounidense designa a los accidentes con pérdida de bombas nucleares.

Casi 67 años después, el tema ha saltado a los titulares: medios de comunicación canadienses se han hecho eco del hallazgo de un buceador canadiense, Sean Smyrichinsky, que se encontraba pescando pepinos de mar y que afirma haber encontrado la bomba durante una de sus inmersiones. El buzo se encontraba trabajando la isla Pitt, en el archipiélago Haida Gwaii, a 80 km. de la costa de la Columbia Británica y a aproximadamente 50 km. de donde se habría estrellado el avión.

Smyrichinsky creyó en un principio haber encontrado un OVNI, pero tras una serie de consultas aseguró que su hallazgo era una bomba nuclear Mark 4 como la perdida por el Convair B-36B. Según los medios canadienses, el pescador se puso en contacto con el Departamento de Defensa Nacional de Canadá, que habría puesto en marcha una operación de la Real Marina Canadiense para investigar el asunto.

Una fría misión

Tras el despegue, el avión tenía por delante un vuelo de más de 3.000 millas hasta Texas, que incluía un vuelo por la costa del Pacífico y la simulación de un lanzamiento de la bomba nuclear sobre San Francisco para retornar después a su base. Portaba una bomba nuclear Mark 4 real, salvo que no se le había instalado el dispositivo de plutonio que actuaba como núcleo. Se consideraba necesario emplear una bomba real para que la misión tuviera en cuenta las casi cinco toneladas de peso.

Este tipo de bombas estaba formado por uranio compuesto y el elemento iniciador de plutonio fisionable que se instalaba durante el vuelo. La USAF disponía de dos núcleos o pits diferentes dependiendo del material, de tal forma que se podía precisar el impacto táctico de la bomba. En este punto existen lagunas, puesto que no ha quedado claro si la bomba portada era completa, si contaba con uranio o plutonio o si solo se había sustituido el iniciador de plutonio por un equivalente de plomo.

A las siete horas del despegue, el avión, que volaba a 40.000 pies, comenzó a  sufrir problemas de congelación seguidos de una avería en uno de los seis motores con que contaba.  Los instrumentos comenzaron a fallar y se detectó fuego en hasta tres de los motores, por lo que el piloto decidió descender hasta los 15.000 pies de altura. Con tres motores inoperativos y los otros tres sin la potencia suficiente, la tripulación decidió abandonar el B-36B.

Así, el comandante aproximó el avión a la costa con la esperanza de que tras saltar en paracaídas pudieran caer en tierra y no en las heladas aguas. En ruta entre Prince Rupert y Port Hardy, cuando se disponían a abandonar el avión,  se decidió lanzar la bomba con la esperanza de que cayera al mar, dejando programado el piloto automático del aparato para que se estrellara en el Pacífico. Según investigaciones posteriores, con esta acción se pretendía evitar que los rusos pudieran encontrar la bomba si cayera en tierra. Ésta estaba programada para estallar a 3.000 pies de altitud (914 metros).

Según los testimonios de algunos de los supervivientes recogidos años después, estos aseguran que pudieron ver como explotaba la bomba mientras se alejaban, lo que resulta incompatible con que se la haya encontrado ahora completa y sumergida . Además, el piloto automático falló y el avión, en lugar de caer al mar, giró al sudeste y continuó volando sólo 200 millas, estrellándose en tierra. De los 17 miembros de la tripulación se salvaron 12, el resto se consideraron desaparecidos y nunca fueron localizados. Los restos del avión fueron encontrados tres años después y un equipo de la Fuerza Aérea Estadounidense retiró los materiales que consideró sensibles y voló con explosivos los restos que no estaban sepultados bajo el hielo y la nieve.

Dado el tamaño de Canadá y lo inhóspito de la región, no fue hasta 1997 que una misión oficial del el Departamento de Defensa Nacional de Canadá y de investigadores estadounidenses se desplazó para realizar un estudio sobre la posible contaminación medioambiental en la zona por el accidente. Según los resultados no existía contaminación radioactiva y además se informó, por primera vez públicamente, de la posición exacta del accidente, haciéndose públicas algunas fotos del estado en que se encontraron los restos del Convair.

Las investigaciones posteriores determinaron que los fallos en los motores se debieron a un problema con sus carburadores, que se habrían congelado por las temperaturas extremas y la humedad del aire. Una vez congelados, la mezcla de aire y combustible que alimenta los motores habría comenzado a fallar, inyectando una mezcla muy rica que provocó llamaradas por el sistema de escape y que finalmente habría incendiado los motores.

Hasta su relevo a mediados de los 50 por el B-52, el Peacemaker fue el principal caballo de batalla del Mando Aéreo Estratégico (SAC por sus siglas en inglés) de la Fuerza Aérea Estadounidense. Se da la circunstancia de que cuando se los desplegaba en Alaska o en Canadá, su enorme tamaño impedía usar los hangares disponibles, por lo que el mantenimiento debía realizarse a la intemperie, con temperaturas heladoras, de ahí que como parte del protocolo, los motores se encendieran a menudo para evitar que se congelaran. (José Mª Navarro García)

Fotografías:

·Un B-36B del 7th Bomb Wing, similar al estrellado en Canadá (USAF)

·Restos de los motores del avión fotografiados en 1997 (Goleta Air & Space Museum, cortesía de Doug Davidge)

·Una bomba atómica Mark 4 similar a la que se habría perdido en Canadá (Globalsecurity)


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