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Colombia, la prórroga del cese al fuego

El anuncio realizado por el mandatario Juan Manuel Santos sobre extender el cese al fuego bilateral con la principal guerrilla del país es un paso necesario para el comienzo de la etapa de renegociación de los acuerdos. Teniendo en consideración el triunfo del NO en el plebiscito, el Gobierno ha debido establecer una estrategia que apunte a un diálogo nacional con los diferentes sectores políticos del país. De esta manera, las reuniones establecidas con los principales opositores del NO, sobre todo con el ex Presidente Álvaro Uribe, marcan un hito fundamental para poder llegar a puntos de coincidencia para establecer un acuerdo final que satisfaga al Gobierno, a la oposición, a las FARC y por sobre todo a la sociedad colombiana.

La prórroga del cese al fuego es clave para dar a entender a la población que el Gobierno se mantiene firme con el proceso de paz, y además, para tratar de conciliar las posturas discrepantes con lo previamente acordado con las FARC. Asimismo, esta medida también refleja la preocupación que mantiene el Gobierno, en cuanto a la amenaza de que se reactive el conflicto armado. El protocolo firmado, y el establecimiento de las normas que regularán la concentración de las FARC, da pie para que la misión de Naciones Unidas pueda seguir actuando, pese a no existir un Acuerdo de Paz ratificado por los colombianos.

Por otra parte, de las declaraciones de Arnault se desprende el apoyo explícito a las gestiones del gobierno colombiano tendientes a salvar el proceso de Paz. Asimismo, de cumplirse con lo solicitado por los líderes encargados de la misión de la ONU, para disponer de mayor cantidad de observadores, se deduce que los países que mantienen un contingente militar en Colombia se encuentren en alerta para evaluar las nuevas peticiones de participación de sus uniformados.

Pese a que la guerrilla manifestó su apoyo a la decisión de Santos, y la cúpula sigue firme con su compromiso para lograr la paz, se debe monitorear si este movimiento seguirá sosteniendo la misma postura durante el período de renegociación. Si bien, han afirmado que están dispuestos a dialogar sobre las nuevas propuestas, nada asegura que los nuevos puntos sean conciliados en su totalidad, debido a que la guerrilla no se ha mantenido unida durante el proceso de negociación. Es más, existe un grupo disidente en el interior de la organización armada, el Frente Primero, que ha expresado públicamente su rechazo al Acuerdo de Paz previamente firmado. Teniendo en cuenta estos antecedentes, y sumado al nuevo contexto que obliga a las FARC a renegociar, no se descarta que pueda surgir un nuevo sector discrepante.

Esto constituye una amenaza, ya que pueden desplegarse en las zonas que estaban bajo el control de los máximos líderes de las FARC, y de esta manera continuar sus acciones violentas. Ante una eventual dispersión de los diversos frentes disidentes, las Fuerzas Militares, así como los observadores internacionales, requerirán más apoyo y un giro en su logística que no solo apunte a las zonas donde las FARC pretenden concentrarse para su futuro desarme.

En cuanto al anuncio sobre el inicio formal de negociaciones entre el ELN y el Gobierno, se presenta un escenario de incertidumbre para el diálogo entre ambas partes, ya que los ataques y secuestros se han mantenido. Asimismo, frente al triunfo del NO en el plebiscito sobre el Acuerdo de Paz entre las FARC y el Gobierno, el ELN podría replantear su voluntad para iniciar conversaciones y transitar a la paz. Ambos procesos están necesariamente vinculados porque son reflejo de situaciones e intervinientes similares. El fracaso del acuerdo con las FARC pondría en una situación compleja la eventualidad de un acuerdo con el ELN, aunque este último grupo insurgente está bastante más debilitado que las FARC y por tanto su base de negociación es más limitada. Se estima que actualmente contaría con sólo 1.450 miembros de un total de 10.000 efectivos que tenía en su periodo de mayor actividad. El anuncio del inicio del proceso de negociaciones oficiales (meses antes se iniciaron las negociaciones previas o extra oficiales) refleja la intención de la guerrilla de posicionarse como un actor relevante en la escena colombiana y no quedar atrás frente al proceso de inserción iniciado con las FARC, tratando de obtener beneficios similares. (Centro de Estudios Estratégicos de la Academia de Guerra de Chile, CEEAG)


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