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Siglo XXI, la expresión estratégica en la lucha contra el terrorismo

Al inicio del presente año académico y por medio del Boletín de Estrategia y Geopolítica, el Director de la Academia de Guerra nos orientó respecto de  aquellas situaciones que debemos observar con detención por su impacto en la relación entre los Estados, como también por sus efectos en la paz y seguridad mundial, todos ellos cruzados transversalmente por tres factores comunes: el terrorismo, las armas de destrucción masiva y las migraciones forzadas.

Además, señaló, que Medio Oriente es y seguirá siendo una zona de permanente inestabilidad. Tomando a modo de ejemplo el conflicto en Siria, indicó que la situación en este país ha alcanzado ribetes inusitados, donde  la crisis que comenzó el 2011 como una guerra civil para deponer un régimen autoritario en el contexto de la primavera árabe, derivó en un conflicto geopolítico mundial con numerosos actores involucrados, creando una situación de creciente inestabilidad y una crisis humanitaria sin parangón desde la II Guerra Mundial. En el escenario en el que se desarrolla este conflicto político, social y religioso, aparecen como marco de fondo, Estados Unidos y Rusia, las dos antiguas superpotencias, que mantienen intereses en esta zona.

Tradicionalmente el Departamento de Estrategia y Geopolítica ha llevado adelante un Seminario Académico destinado a nuestros alumnos y público en general, orientado a examinar un tema de interés académico, estratégico, geopolítico, militar, que enriquezca el acervo cultural y profesional de nuestros alumnos. Con las orientaciones señaladas,  este año hemos definido entonces, que la amenaza global representada por el terrorismo y de él aquel de base religiosa en el Oriente próximo, es de especial interés para los alumnos del Curso Regular de Estado Mayor, como complemento a la malla curricular de Estrategia y Geopolítica. Por ello, mis primeras palabras son para agradecer a los expositores, que desde distintas perspectivas nos acercarán a este fenómeno específico.

Nuestra primera pregunta es:¿Qué entendemos por terrorismo?  

El terrorismo puede ser analizado desde diferentes perspectivas, por el hecho que tanto los protagonistas, como los efectos de sus acciones, recaen básicamente sobre las personas, tanto por ser afectadas, como también porque éstas están detrás de todas las decisiones.

Si buscamos en internet el significado de la palabra terrorismo veremos que existen más de 434000 aproximaciones a la  definición, pero sin embargo, en la actualidad es notoria la ausencia de una definición jurídica y universalmente aceptada del fenómeno del terrorismo, esta poca claridad en la definición es tal vez una de las principales divergencias en el campo de la seguridad y defensa internacional.

Es probable que nunca se encuentre una definición que abarque todas las manifestaciones por la simple razón de que no existe un solo tipo de terrorismo, sino que ha habido múltiples expresiones que han diferido considerablemente en el tiempo y el espacio, en motivación, manifestaciones y objetivos.

La acción terrorista genera terror psicológico creando una sensación de incertidumbre, desconfianza e inseguridad generalizada. El fundamento para lograr este efecto se basa en el miedo e indefensión que produce en sus víctimas, sumado a ello la irracionalidad de los actos terroristas para la perspectiva de la gente.

Es precisamente este factor de la irracionalidad en la conducta del terrorista, lo que más confunde a las víctimas, pues no hallan explicación lógica en las acciones realizadas. Es como si se tratara de otro código de pensamiento ajeno a la raza humana, pero que al provenir de seres similares a uno mismo, llegan a confundir en lo más profundo del sentir humano. Es decir que se llega a percibir esa contradicción simultáneamente, pero sin lograr entenderla, y por ello generando angustia y ansiedad.

El terrorismo tiene sus raíces en la antigüedad aparece ya en el antiguo testamento del mundo cristiano occidental, siendo mencionando en frecuentes incidentes de asesinato político, incluso asesinatos sistemáticos, en la historia griega y romana. Ya en el asesinato de Julio César, por ejemplo, se esgrimieron consignas similares a las justificaciones terroristas de hoy, acto que preocupó a los escritores y artistas durante los dos milenios que siguieron.

En medio oriente también surgieron grupos pequeños que se dedicaban al terrorismo durante largos períodos de tiempo, como la secta secreta de los Asesinos, una rama de los musulmanes ismailíes, que operó desde el siglo VIII hasta el siglo XIV en lo que hoy es Iraq e Irán, asesinando a gobernadores, prefectos, califas, y un rey cruzado de Jerusalén. Fueron los primeros en utilizar el terrorismo suicida – su arma fue siempre la daga y, debido a que sus víctimas solían estar bien protegidas, no tenían virtualmente probabilidad alguna de salvarse. Hasta la forma de nombrar a sus combatientes ha sobrevivido “fedayin”, un término que se utiliza hasta hoy.

En la época moderna tras la paz de Wesfalia en 1648 se da surgimiento al estado – nación volviéndose el estado el principal actor del escenario internacional no encontrándose un consenso total acerca del terrorismo, pero gran parte del mundo occidental era de la opinión de que en ciertas condiciones el terrorismo era permisible. Cuando un opresor y en quebranto de la ley de Dios y de la justicia humana, no dejaba a sus víctimas forma alguna de evadir la opresión intolerable, se consideraba el cometido de un acto terrorista “ultima ratio”, la razón final, el último refugio de los oprimidos una vez agotados todos los demás recursos.
El nivel del terrorismo aumentó hacia fines del siglo XIX. Entre los principales grupos activos estaban los rebeldes irlandeses, los socialistas revolucionarios rusos y una variedad de grupos anarquistas en todas partes de Europa y América del Norte.

La violencia de los terroristas del siglo XIX y mediados del siglo XX fue importante, la mano negra asesinó al archiduque Franz Ferdinand dando inicio a la I Guerra Mundial, otros dieron muerte al zar Alejandro II, así como a muchos otras autoridades políticas y militares Pero hubo sociedades que utilizaron el terrorismo como por ejemplo: Egipto, India y China con la revolución de los boxers, cuyos objetivos era la liberación nacional. También Hagana que luego se transforma en el Ejército de Israel tuvo su origen en esta vía destinada a la liberación nacional.

Sin duda el atentado del 11 de septiembre del 2001 fue la más impactante de las acciones terroristas de la historia, con la cual se confirmó la irrupción de una de las amenazas emergentes que ya se venían anunciando desde hacía varios años, cuyos efectos produjeron un vuelco en las relaciones, procesos y equilibrios en que se desenvuelven los llamados actores del sistema internacional.

Algunos de estos ataques tuvieron consecuencias trágicas; otros tuvieron un éxito mayor más bien a largo que a corto plazo armonizando un minucioso ajuste espacial pudiéndose denominarse la estrategia sin tiempo. Al analizar los actos terroristas desde la perspectiva del propio terrorista, se ve que sus actos de violencia no implican para ellos un acto irracional, pese a ser socialmente anormales bajo las costumbres del momento. Además, se descubre que la intención del terrorista va más allá de un asesinato o de un sabotaje, pues su meta incluye el efecto psicológico devastador que origina en sus víctimas. El terrorista piensa y siente que lo que hace tiene un propósito y un fin más allá de los medios de los que hace uso e incluso percibe sus actos como acciones salvadoras de la sociedad teniendo por ello, algunas características particulares que van quedando en evidencia:

1.   Violencia indiscriminada, que extiende sus efectos a la totalidad de la población.
2.    Su imprevisibilidad: actúa con sorpresa infundiendo terror.
3.    Su amoralidad produce sufrimiento innecesario: golpean las áreas más vulnerables.
4.    Es indirecto: desvía la mirada de la población a un punto, que no es el blanco que se proponen.
5.    Utilización de escudos justificativos: nacionalismo, religión y globalización.
6.     Impacto comunicacional –producido y mediático– con la toma de rehenes, asesinatos televisados y escudos humanos.
7.     Utilización de la acción terrorista como una forma de lucha, por un hostigamiento para generar pánico y descontento.
8.     Utilización de la acción terrorista como una acción de venganza social y política.

Por lo anterior, la Organización de Naciones Unidas ha declarado, que todos los actos, métodos y prácticas terroristas, son criminales e injustificables, dondequiera y quienquiera los cometa, más aun los que ponen en peligro las relaciones de amistad entre los Estados y los pueblos; además, constituyen una grave violación de los propósitos y principios de las Naciones Unidas, y pueden representar una amenaza para la paz y la seguridad internacional, afectando las relaciones de amistad entre los Estados, obstaculizando la cooperación internacional y degradando gravemente los derechos humanos, las libertades fundamentales y las bases democráticas de la sociedad.

Los actos criminales con fines políticos concebidos o planeados para provocar un estado de terror en la población en general, en un grupo de personas o en personas determinadas son injustificables en todas las circunstancias, cualesquiera sean las consideraciones políticas, filosóficas, ideológicas, raciales, étnicas, religiosas o de cualquier otra índole que se hagan valer para justificarlos.

En consecuencia, en el mundo, parece ser que, irónicamente, los terroristas se aprovechan de las libertades de pensamiento, expresión, religión, movimiento y asamblea que ofrecen las democracias para llevar adelante sus acciones, la mayoría de las veces centradas en objetivos e ideales particulares de grupos de diferente origen enraizados en la sociedad moderna.  Y específicamente en los estados donde el poder central es débil o no existe.

Hoy, en la primera mirada, el terrorismo está motivado por el fanatismo religioso, particularmente de origen islámico. Pero debe resistirse la tentación de confundir el islam con el terrorismo. El Islam, es una palabra árabe que significa paz, pureza, aceptación compromiso, lo que está lejos del terrorismo como acción base para la conquista de sus objetivos. Por otra parte, es por todos conocidos la existencia de grupos terroristas con base islámica, que es el tema que revisaremos en nuestro seminario.

Es difícil pensar que el terrorismo precede al islamismo militante por un largo tiempo y, hasta donde pueda saberse, continuará existiendo mucho después de que los actuales protagonistas del jihadismo hayan desaparecido pero sus peculiaridades actuales le otorgan un carácter que no permiten remontarse tan lejos: con un carácter internacional, global, tanto por situarse en bases distantes de sus objetivos, como por la utilización de los medios de comunicación globales como internet y otros.

Y por otro lado, su capacidad letal está solo limitada por los desconocidos intereses de su estrategia, supuestamente orientada a la instalación de un califato y  por la disponibilidad de medios para materializar sus tácticas para la acción cometiendo atentados que confieren a este tipo de terrorismo el carácter de amenaza mundial.

Pero sin duda el terrorismo es en gran parte un fenómeno generacional, y aunque se lo derrote, puede resurgir en una fecha futura. No existen razones valederas para esperar que el terrorismo desaparezca en nuestro tiempo. En una era en la que las guerras en gran escala han tendido a desaparecer y que el terrorismo se convierte en una permanente amenaza que tenga como fin convencer a quienes toman decisiones en el bando opuesto que sus metas estratégicas son inalcanzables o muy costosas. (Teniente coronel Moisés De Pablo, Academia de Guerra del Ejército de Chile)
 


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