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Operación “FÉLIX» así quiso Hitler conquistar Gibraltar

Los alemanes no creían desde hacía tiempo en el mito inglés de la invulnerabilidad de Gibraltar y con el tesón y metodicidad que les es característico planearon contra el Peñón una operación que les parecía infalible, pero que iba a fracasar en su misma hipótesis política al no ser aceptada por España.

Según un minucioso y detallado relato de Helmuth Greiner —cronista histórico oficial de la guerra en el Gran Cuartel General alemán— la operación sobre la Roca fue decidida en el momento en que Hitler comprendió que Inglaterra estaba dispuesta a continuar la lucha, aun a pesar del desastre sufrido en Francia y la apresurada evacuación de Dunquerque.
El Estado Mayor de la Wehrmacht presentó a Hitler, el día 13 de agosto de 1940, el estudio completo de la “Operación Steelówe” contra las Islas Británicas. En este informe figuraba, entre otras operaciones suplementarias, la toma de Gibraltar en colaboración con España e Italia. El almirante Canaris, jefe del servicio de información alemán, recibió la orden de llevar a cabo en España los primeros contactos con objeto de establecer un acuerdo, imprescindible para poder llevar a cabo la misión que se preparaba, dividida en tres fases: primera, un ataque aéreo sobre el Peñón desde aeródromos de la región de Burdeos; segunda, la destrucción del puerto de Gibraltar y de la flota allí fondeada, y tercera, la toma de la plaza por tierra, cuyas tropas serían mandadas por un general alemán.

Foto: Richtofen a la izquierda, cuando era jefe de la Legión Cóndor. Tomó parte en los preparativos alemanes contra Gibraltar.

El 14 de agosto Hitler acepta el estudio propuesto y se da la orden de preparar la operación, que se presenta completamente resuelta sólo seis días más tarde, para quedar definitivamente aprobada por el Führer con fecha 24 del mismo mes. El 6 de septiembre, Hitler manifiesta que caso de abandonarse la idea de llevar a cabo la “Operación Steelñwe”, no por eso desistiría de la operación sobre Gibraltar, pues le interesaba, cuanto antes, despejar la situación en el Mediterráneo, e incluso desembarcar tropas alemanas en las Azores y Canarias. La orden fue dada y los Mandos Supremos del Ejército y la Marina iniciaron los trabajos pertinentes. El 17 de septiembre, con motivo de un viaje de Serrano Sufier a Berlín y luego a Italia, se solicita la cooperación española que es contestada de forma evasiva por el ministro.

LOS PRIMEROS CONTACTOS A ALTO NIVEL
En octubre de 1940 se celebra la famosa entrevista Franco-Hitler. No se resigna este último al fracaso inicial y el 4 de noviembre asegura a su jefe de Estado Mayor que en cuanto termine las conversaciones con España, comenzará el ataque contra el Peñón y la flota inglesa fondeada en sus aguas. Su ideal seguía siendo que España entrara en guerra, tras una alianza militar con Alemania, a primeros de 1941, a cambio de la devolución de Gibraltar y de la ampliación del protectorado español en Marruecos. Hitler quería dar comienzo a la operación antes del 10 de enero y como no se resigna a una rotunda negativa ordena a Canaris que siga sus contactos e intrigas, pues el fracaso inicial de los italianos en Grecia hacía más urgente el cierre del Estrecho de Gibraltar.

Foto: El mariscal Keitel, otro de los jefes militares del III Reich involucrados en la Operación Félix.

Para interceptar el posible envío de tropas inglesas a Portugal, se prepararon desembarcos alemanes en este país, Canarias, Azores y Cabo Verde. De estos preparativos surge la “Instrucción 18” que fue comunicada a las distintas secciones de la Wehrmacht. El ataque a Gibraltar recibiría a partir de ese momento el nombre de “Operación Félix”  Estaban tan convencidos los alemanes de que España se vería obligada a entrar en la guerra, que en la conferencia celebrada en Innsbruck, el 14 de noviembre mantenida entre Keitel y Badoglio, el mariscal alemán llegó a decir al italiano que tan pronto se decidiera Franco, se tomaría Gibraltar por tropas alemanas y españolas especialmente instruidas.

TODO UN EJÉRCITO CONTRA UNA ROCA
Las fuerzas previstas para esta operación fueron las siguientes:
— El regimiento de infantería de la Gran Alemania.
— El regimiento de infantería de Cazadores de Montaña nº 98.
— Ciertas unidades especiales, que sin duda serían paracaidistas.
— Artillería de gran calibre del Cuerpo del Ejército XLIX del general Kübler.
— Tres grupos de artillería antiaérea pesada.
— Tres grupos de artillería antiaérea ligera.
— Un regimiento de transmisiones de aviación.
— Una escuadrilla de bombarderos “JU 88” para atacar los buques.
— Seis grupos de aviación de bombardeo en picado (que luego se
elevarían hasta ocho).

Foto: Cañón Kurzer Bruno de 280 mm sobre ferrocarril. Formaba parte de una familia de cuatro piezas del mismo calibre 5’ distintas características Hubiera entrado por Canfranc o desembarcado en Cartagena para trasladarse por ferrocarril tal vez hasta Ronda, donde se instalaría para hacer fuego.

— Dos grupos de aviación de caza.
— Cuatro escuadrillas de exploración.
— Para los servicios logísticos de la aviación se calculó un parque de unos 3.000 camiones.
— Una escuadrilla de exploración lejana.
Para reforzar la artillería española del Estrecho se prepararon dos baterías de 15 y 24 centímetros respectivamente que serían emplazadas en Ceuta.
Las tropas de tierra tenían prevista su instrucción en Besançon y en cuanto al mando lo llevaría en principio el barón Von Richtofen (Ejército del Aire), para compartirlo posteriormente con el Ejército de Tierra, ejerciéndolo este último por mediación del mariscal Von Reichenau en el momento del asalto, pero se otorgaría el mando al general Franco. De todas formas, este reparto no pasó de ser una propuesta, pues Hitler, como siempre, se reservó su decisión para el final.
El general alemán Halder propuso reducir el tiempo de preparación a veinticinco días si las tropas encargadas de la Operación se reunían antes, en Francia, junto a la frontera con España. Esta propuesta fue aprobada por Hitler al que gustó la idea de actuar por sorpresa. La concentración de efectivos se disfrazaría dejando correr la noticia de un supuesto proyecto de invasión de la zona no ocupada de Francia. Para el diez de enero de 1941 estaba previsto que circulasen los trenes atravesando España en dirección a Gibraltar. El día veinte del mismo mes, se iniciaría un ataque aéreo al puerto y la flota. Para esta fecha ya debía estar desplegado ante el Peñón el regimiento de Branderburgo y una división española, con objeto de impedir desde el primer momento toda reacción ofensiva británica y facilitar el despliegue de la artillería. Dos semanas después, y tras incesantes ataques aéreos, que darían al traste con la defensa antiaérea, entraría en acción la aviación de bombardeo en picado. Alejados los barcos ingleses, se iniciaría el bombardeo contra la artillería de la plaza y especialmente aquellas piezas cuyos asentamientos estuvieran orientados hacia el istmo, destruyendo al mismo tiempo los posibles campos de minas que hubiesen sido montados al norte del Peñón. Finalmente, la infantería daría el asalto a las casamatas con gran alarde de voladuras y medios potentes para reducir al mínimo el número de bajas.

MINUCIOSA DISTRIBUCION DE MEDIOS Y FUERZAS
El general de artillería Brand hizo el siguiente estudio del arma en la Operación, con objeto de llevar a cabo una equitativa distribución de sus fuegos.
En Gibraltar se calculaba había 98 piezas de artillería de distintos calibres y 50 antiaéreas.
Para batir todas estas bocas de fuego se hacían precisos 210 cañones de distintos calibres que efectuarían 9.360 disparos. Otros 10.800 disparos serían necesarios para el apoyo de la infantería. 18 baterías deberían hacer 6.000 disparos para abrir seis brechas de 25 metros cada una. Sobre las 27 casamatas situadas en la parte Norte del Peñón harían fuego 18 piezas, que consumirían 100 disparos por casamata. Sobre otras 9 obras orientadas hacia el Noroeste harían fuego nueve morteros. El muelle Norte del Peñón sería atendido por otras 18 piezas.

Foto: También el Junkers Ju-88, al que aquí vemos en una curiosa fotografía con emblemas rumanos, estaba destinado a participar en el asalto aéreo de la Operación Félix. Era el avión más polivalente de las escuadras de bimotores de la Luftwaffe.

Además de todo este alarde artillero se tenía prevista la actuación de dos baterías por cada 100 metros de frente, que arrojarían un  total de 28 baterías y cuya misión sería abrir paso a la infantería. 11 baterías pesadas de obuses y morteros quedaban asignadas a diversos objetivos importantes. Piezas de artillería pesada en ambas costas cerrarían el Estrecho a toda navegación. Para toda esta cantidad de artillería serían necesarias más de
9.000 toneladas de municiones.

Foto: Como en Polonia y Francia, el Junker Jj.S’7 “Stuka” hubiera desempeñado un gran papel como avión de asalto. En la foto una escuadrilla de Ju.87D, versión perfeccionada del modelo que estaba en servicio en 1941.

Tras esta cortina de fuego que sin duda haría temblar la Roca, avanzaría la infantería lentamente por el lado Norte del Peñón, hasta alcanzar, escalando, la cumbre, a partir de cuyo momento todo habría terminado para los ingleses.
Mucho debió disfrutar Hitler cuando oyera de boca de sus generales Kübler, barón Richtofen y de los mariscales Branchitsth y Reichenau los detalles de la Operación que si bien había estado cuidada con la meticulosidad propia de los teutones y su base táctica resultaba de una lógica aplastante, se fue al traste, porque carecía en absoluto de sustentación política. España, con su negativa, desbarató todos los proyectos, y aunque el Führer mantuvo la esperanza del asentimiento español hasta el último minuto, no tuvo más remedio que admitir el día 9 de enero de 1941 que la “Operación Félix” había de ser definitivamente abandonada. No obstante, se esperó a ver si el líder italiano conseguía algo de España, pero tras su fracaso en las conversaciones del 18 al 20 de enero, Hitler comunicó a Joid que renunciaba irremediablemente a la Operación.
Los preparativos se habían llevado tan a fondo y con tanto lujo de detalles, que al decir de Helmuth Greiner “el éxito hubiera sido seguro “ pero no ocurrió así. El Estrecho siguió siendo una ruta libre que permitiría el paso del aplastante poderío naval de los aliados.
España no podía recibir graciosamente el Peñón de una tercera mano y por la fuerza. El problema de Gibraltar era y es peculiarmente suyo desde el 4 de agosto de 1704, por eso los alemanes no tuvieron nada que hacer.

Mariano Aguilar Olivencia, Comandante de Infantería por la Academia General Militar de Zaragoza y la de Infantería de Toledo, es autor de “Gibraltar Episodios Militares” por la que obtuvo una mención de honor y el ser declarada la utilidad por el Ejército de Tierra y la Armada, Premio Santa Cruz de Marcenado por su libro: “Táctica y Logística de las Unidades Mecanizadas de Infantería ‘ Autor de: “Intervención del Ejército Español en la Independencia de los Estados Unidos de América del Norte”; trabajó en la “Historia del Periodismo Militar Español” y en la “Historia del Ejército Español de la República”.
Ex-director de una publicación periódica de carácter militar y de otra civil, ha sido redactor de otras varias y de la “Revista de Historia Militar’ Representó a España en el VII Congreso Internacional de Vexilología celebrado en Washington
el verano de 1977.
Miembro del Centro de Estudios Estratégicos de la Defensa Nacional, con estudios de periodismo y  diplomado en Carros de Combate y Transportes Oruga Acorazados. Colaborador habitual en revistas y periódicos militares y civiles, en posesión, entre otras, de tres Cruces al Mérito Militar con distintivo blanco y de la Cruz de San Hermenegildo.


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