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El “salvavidas” ruso de Obama

(defensa.com) Hasta este mismo lunes  la intervención militar  capitaneada por Washington se perfilaba como la única respuesta en el conflicto sirio. Sin embargo, después del discurso ante la nación del presidente Obama en el día de ayer, en el que se debía convencer a la opinión pública de la necesidad del ataque, todo ha cambiado drásticamente.  Tras duras semanas de intentos y propuestas diplomáticas, Rusia ha conseguido que Obama recule en sus pretensiones y posponga indefinidamente la votación en el Congreso sobre el ataque, a la espera de que el armamento químico que posee Damasco quede bajo control de la ONU.¿Una victoria o una derrota para Obama?

El propio presidente de EEUU fue el primero en advertir, en las más tempranas referencias sobre el  conflicto sirio, que sería el uso de armas químicas el que dictaría la intervención de su país en esta guerra civil. Tras el ataque del pasado 21 de agosto Obama sólo ha hablado de “castigo” o “lección” para Al Assad, dejando en el aire muchas dudas sobre la ofensiva. Según ha explicado el almirante retirado Ángel Tafalla, ex segundo jefe del Estado Mayor de la Armada y del Mando Marítimo OTAN de Europa Sur hasta 2007, a defensa.com, lo único que habría conseguido este hipotético ataque sería restaurar “parte de la credibilidad perdida” de Obama. “Después, señala Tafalla, y en el caso de que se hubiera atacado, ¿cuál sería el objetivo?. Washington sabe que no se puede derrocar a Al Assad, y lo único que podría provocarse sería otro ataque químico o una respuesta en contra de Israel”.

En este contexto, Obama ha visto como la gestión del conflicto ha ido escapando de sus manos, siendo finalmente la iniciativa rusa la que le ha salvado de un enorme batacazo ante la opinión pública norteamericana, que tampoco quería entrar de ninguna manera en una nueva guerra. A ojos de Pablo Sapag, investigador y especialista en Siria, toda esta situación, no es sino otra muestra de la nefasta gestión de la Casa Blanca con el conflicto: “Es un fracaso político y diplomático de Obama. No ha estado a la altura de la crisis y ha caído en su propia trampa, aquella que marcó con la famosa línea roja. La situación ha adquirido tal matiz que ha llevado al mismísimo presidente de EEUU a algo inaudito:  pasar por donde quiere Rusia, que ha sido la que le ha lanzado el salvavidas para salir de este entuerto”. Según el profesor, la ambigüedad e indecisión del presidente ha llevado a fieles aliados como Londres
a evitar mostrar una postura más alineada con Washington, que conocían la inutilidad de un ataque limitado sobre Siria.

La propuesta rusa

Al contrario que Washington, Moscú ha salido reforzado en esta fase de la crisis siria. Su imagen a nivel internacional ha salido muy bien parada, gran aliado de Damasco, ha actuado como el mediador  clave en un conflicto que puede convertirse en un problema extendido a toda la región. “A Moscú le viene de perlas que EEUU haya aceptado su propuesta, porque se refuerza ante la opinión pública de todo Oriente Próximo, se gana una calma y paz pasajera y se debilita a la ya de por sí machacada imagen de Washington”, explica Tafalla. Sin embargo, y a pesar de la reunión que tienen que mantener hoy los principales líderes de Defensa de EEUU y Rusia (Kerry y Lavlov) en Ginebra para sacar adelante una resolución del Consejo de Seguridad que garantice el desarme sirio, el profesor Sapag cree que lo único que se está haciendo es ganar tiempo: “No tendrá ningún efecto que las armas químicas lleguen a la ONU”. Además, añade el investigador español, “no tengo dudas respecto a que Rusia va a compensar la pérdida de armas químicas a Al Assad con armas destinadas al conflicto interno. Pero aun así, el gobierno sirio prefiere sacrificar la disuasión que les ofrecían las armas químicos para evitar un ataque aliado del que saldría muy debilitado”.

Rusia seguirá siendo el principal actor protagonista, incluso después de que Damasco entregue su armamento químico a las Naciones Unidas. En este caso, el conflicto continuaría entre el gobierno y los rebeldes, que son financiados y armados por Washington. “El gobierno sirio está molesto con la actitud de las potencias occidentales, porque una cosa es que sean enemigos de Siria, pero lo que no se entiende allí es que EEUU se alíe directamente con Al Qaeda, a los que bombardean y buscan en países como Pakistán, Afganistán o Yemen”, especifica el profesor Sapag, que considera que, en el bando contrario, Damasco y Moscú también juegan sus cartas ya que “Al Assad no se desprenderá de las armas químicas a cambio de nada”, y la opción principal podría ser la transferencia “de armamento convencional”  para luchar contra los rebeldes.

En estas circunstancias, la cuestión que se plantean muchos expertos es si finalmente Siria habría recibido el sistema de defensa S-300, algo que, no se ha confirmado ni desmentido desde Moscú, que sólo informó hace unos meses de que cumpliría con las entregas que tuviera previstas.

Siria también ha visto mermada su capacidad aérea, integrada sobre todo por unos 150 MiG rusos que no tendrían ninguna posibilidad de salir indemnes ante un ataque desde los destructores que EEUU tiene desplegados en el mar Mediterráneo, y sólo servirían para seguir machacando a la población civil. A pesar de ello, Siria sigue contando con una poderosa Fuerza Aérea, que siempre han blindado una excelente formación a sus pilotos, entrenados a conciencia para responder a un posible ataque de Israel.

El papel de Irán y los aliados de EEUU

Irán, como Rusia, también ha mostrado una postura sólida ante el conflicto, ya que ha manejado los tiempos y se ha mantenido al margen, si bien de ha alertado de la presencia de efectivos de ese país luchando contra los rebeldes.
Según el almirante Tafalla, la opción que habría podido barajar Teherán habría sido uno de los puntos débiles de EEUU: el estrecho de Ormuz. Sellar el paso de petróleo, o llevar a cabo un ataque contra un aliado en la región (sobre todo Israel) podría haber hecho mucho daño a los intereses norteamericanos.

En la parte contraria, habría que preguntarse qué papel juegan en la región los principales aliados de Washington como Turquía, Arabia Saudí o Qatar, incrustados en un escenario que vas más allá del puro conflicto civil, donde el componente religioso está cada vez más presente. Para el presidente del Instituto de Oriente Próximo Evgueni Satanovski,  estos tres países estarían “atizando” el conflicto sirio por sus ambiciones geopolíticas y energéticas. Esta voz rusa considera que “no se ha luchado ninguna guerra en Oriente Próximo por la democracia, no se está luchando, ni se luchará. Las guerras allí las realizan los islamistas contra regímenes autoritarios laicos, todo el mundo islámico contra Israel o los chiítas contra los sunitas y los sunitas contra los chiítas”. Además, vislumbra “un nuevo Líbano”, con una guerra civil de décadas entre las distintas comunidades. (Javier Martínez)


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