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La falta de acuerdos en materia de transferencia tecnológica, conflictos con los llamados "Quilombos" y desórdenes financieros previos amenazan el programa espacial brasileño

Casi 250 millones de dólares invertidos en casi siete años y destinados a la futura comercialización de los servicios de lanzamiento de satélites de la estratégicamente ubicada Estación Espacial, o Centro de Lanzamiento de Alcántara, emplazada en el norteño estado de Maranhao, pueden tener un dudoso destino, si Brasil no alcanza con Ucrania-que no se ha mostrado proclive- y Estados Unidos, un acuerdo de transferencias y garantías tecnológicas. En el último caso, el convenio con los Estados Unidos fue bloqueado por la izquierda brasileña (que ahora negocia una conciliación reservadamente), entonces opositora, en 2002. Desde esa fecha, al menos durante los gobiernos republicanos, se bloqueó, en consecuencia, la venta de componentes aeroespaciales críticos estadounidenses, tanto a Brasil como a Ucrania, con lo cual, en la práctica quedan bloqueados los lanzamientos de la proyectada- y aún nebulosa- joint venture binacional “Alcántara Cyclone Space”.

Además, según informó a la prensa el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Inovación brasileño, tampoco los acuerdos con Ucrania siquiera aluden a la posibilidad de transferencia tecnológica entre ambos países para fabricar el equipo que integraría el emprendimiento conjunto.

De hecho, la construcción del cohete Cyclone 4, destinado especialmente a este proyecto, se ha ralentizado notoriamente en Ucrania, mientras, como ya es costumbre en el Brasil actual, una comunidad de descendientes de antiguos esclavos fugitivos, que se  ubicaban en áreas fortificadas denominadas "Quilombos", una de las cuales  integraba la actual Base,  ha planteado reclamos económicos a las autoridades, e inclusive, se ha presentado en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Además, existen dudas, a nivel ambiental, sobre la polución emergente de algún accidente o incidente,  por la gran cantidad de combustible demandado por los Cyclone 4, en comparación con los propulsores utilizados en la actualidad, al menos para lanzamientos brasileños.

La cancillería y el Ministério de Ciencia, Tecnología e Innovación , agilizan sus gestiones frente al gobierno de USA para llegar a un acuerdo especialmente de salvaguardias tecnológicas, ya que muchos elementos usados para finalidades espaciales, podrían serlo también para proyectos militares, siendo, paradójicamente, también  Estados Unidos el principal cliente potencial a nivel comercial del Centro de Lanzamiento de Alcántara (CLA), dada su relativa proximidad con el Ecuador, que permite mayores cargas satelitales y menor consumo de combustible.

Por otra parte, a nivel de credibilidad por antecedentes, las potencias espaciales desconfían de Brasil, porque este país incumplió severamente las cláusulas para pertenecer a la Estación Espacial Internacional, no entregando ninguno de los seis componentes que había comprometido para esa misión por la moderada cantidad de 120 millones de dólares, pero dispuso de más de 10, contratando a la agencia espacial rusa Roskosmos para transportar a su hasta ahora único astronauta, Marcos Pontes. (Javier Bonilla)


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