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Narcotráfico, la guerra de Macri

La incautación de estupefacientes y la interceptación de envíos llegados desde países limítrofes se han vuelto una constante en los noticieros argentinos. El cambio de gobierno modificó radicalmente la lucha contra esta lacra, mientras antes eran esporádicos los decomisos de sustancias, ahora se han incrementado las interceptaciones en todo el territorio, como si una mano mágica hubiera liberado a las fuerzas federales de un bozal. Se ha capturado más drogas en lo que va del año que en varios años de la gestión anterior. Mauricio Macri pretende combatir al delito organizado, llámese narcotráfico, y todo lo que  acarrea: contrabando, trata de personas y tráfico de armas.

Mientras que en provincias fronterizas del sector caliente, como Salta, Jujuy (colindantes con Bolivia) y Misiones, esta última con Brasil y Paraguay, las incautaciones se han elevado en un 300% y hasta en un 700% en la última provincia nombrada, el gobierno central pretende llevar más efectivos de la Gendarmería Nacional y de la Prefectura Naval,  que todos estos años se concentraron en las ciudades, ante la creciente inseguridad.

El Ministerio de Seguridad argentino ha gastado más de cien millones de dólares en sistemas y materiales, casi todos de origen extranjero.  Hablamos de la compra de cuatro lanchas rápidas, con opción a dos más, de la Clase Shaldag de Israel Shipyard Ltd, por casi cincuenta millones de dólares, la compra de sistemas de vigilancia fronteriza, lo que incluye la instalación de globos aerostáticos, por otros treinta y cinco millones, la modernización por un valor de veinticuatro millones de euros de helicópteros AS365 Dauphin de la Prefectura Naval, la adquisición de dos aviones Beechcraft B-350 (uno para uso general y otro en versión patrulla marítima con FLIR y radar),  más un helicóptero pesado E-225 Super Puma, armamento liviano como escopetas Benelli M4, fusiles de asalto SIG SAUER y pistolas ametralladoras Keckler & Koch y un sinnúmero de vehículos de patrulla y apoyo, más la reconstrucción de toda la infraestructura edilicia de los puestos fronterizos, en muchos de los cuales se están instalando scanner fijos y móviles y elementos de comunicaciones aptos para el servicio de control.

Dos de los nuevos centros de vigilancia electrónica, que fueron comprados a Israel, serán instalados en La Quiaca y Aguas Blancas para aumentar los dispositivos de control antinarco,  son áreas de extremo riesgo y punta de la penetración de los movimientos de las bandas que se dedican al contrabando, la trata de personas y al tráfico de sustancias. Se están intentando abordar estrategias comunes de apoyo con países limítrofes, con mayor o menor éxito,  Bolivia no es muy cooperativa en tema drogas y Paraguay no lo es  en lo que al contrabando de mercaderías se refiere.

El intenso esfuerzo de captura en ciertas rutas claves de la provincia de Misiones y la ruta de ingreso básica al país desde Paraguay, y las  actuaciones en las provincias de Salta y Jujuy, son los senderos normales del ingreso de la cocaína que viene de Bolivia, están dando los primeros resultados. La corrupción, las líneas fronterizas complejas y un problema sociológico intenso en una de las áreas más pobres del país, crean un combo explosivo, de difícil solución.

Otro canal para la entrada de droga es la famosa Hidrovía, donde  los acuerdos del MERCOSUR impiden la inspección de las fuerzas de seguridad en buques extranjeros que naveguen por el río Paraná, una medida que Argentina pedirá sea revisada. Aunque el presidente Macri ha expresado su voluntad de utilizar a las Fuerzas Armadas en la lucha antinarcóticos, para lograrlo tendrá que lechar con la férrea negativa  de partidos políticos de la oposición.

Fotografía: El rio Parana es la principal entrada de drogas es muy dificil de cuidar.


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