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La Armada de Chile no descarta construir unidades de combate en el país y prioriza el reemplazo de las fragatas antiaéreas

El Comandante en Jefe de la Armada de Chile, Almirante Julio Leiva Molina, ha dado una entrevista al periódico nacional El Mercurio en la que destacan cuestiones clave para la fuerza naval. En primer lugar no descarta, a priori, la construcción de unidades de combate en Chile, en Astilleros y Maestranzas de la Armada (ASMAR). La planificación de la Armada considera analizar esta alternativa a fondo para compararla con las otras dos que propone en la misma entrevista, a saber, incorporar unidades usadas y extender al máximo la vida útil de las que están en operación. Descartada quedaría la opción de unidades nuevas construidas en el extranjero.

Desde el punto de vista de las capacidades, hay que destacar que la renovación comenzaría, según lo dice el mismo Almirante Leiva, por las fragatas del Tipo L, que proveen la defensa antiaérea de más largo alcance con misiles SM-1. Si Chile desea mantener esta capacidad, quedarían de lado las alternativas mencionadas en la misma entrevista, es decir, las fragatas Tipo 23, Halifax y ANZAC, ninguna de las cuales porta este misil o su sucesor SM-2.

Para considerar la alternativa de reemplazar estos buques por unidades nuevas construidas en Chile, hay que remontarse a principios de la década del 2000, en que se intentó este camino, aunque pronto se vio que este curso de acción no se ajustaba a la realidad nacional. Una alternativas  que llegó ser conocida públicamente era la de adquirir cuatro fragatas del modelo Meko 200, en el marco de un acuerdo de cooperación entre los astilleros chilenos ASMAR y los alemanes Blohm & Voss. La primera unidad sería construida completamente en Alemania y las otras tres en Chile con asesoría alemana. El costo de esta opción era de US$ 237,5 millones cada una, equivalentes a US$313 millones de hoy. Esto implica que la renovación de las ocho fragatas actuales costaría del orden de los US$2.500 millones, cifra que habría que comparar con el costo que significó la incorporación de las actuales ocho unidades, el cual fue inferior a los US$1.000 millones de hoy.

Dicho lo anterior y considerando que la Armada desea mantener la capacidad AAW, la alternativa más probable para las Tipo L, es la de extender al máximo su vida útil y adoptar una solución como la australiana a bordo de las clase Adelaida, que ahora pueden operar con SM-2 desde un lanzador MK-13. Al respecto podemos confirmar que los análisis técnicos y de costos están muy avanzados. En palabras del mismo Almirante Leiva, esta alternativa tendría como mayor inconveniente los costos asociados  al cambio de las cañerías de ambas unidades.

Para las restantes seis unidades, el panorama no deja de ser complejo. La alternativa de comprar unidades usadas, con una vida útil restante de 15 años, tampoco la satisfacen las opciones citadas en la entrevista. El año 2025 la fragata de la Clase ANZAC HMAS Perth, comisionada el 2006 cumplirá 19 años de servicio. Todas las restantes contaran a esa fecha con más de 20 años de comisionadas. Pero, en la misma entrevista, el Almirante Leiva hacer ver que hay importantes recursos acumulados derivados de la Ley del Cobre, los que permitirían satisfacer las necesidades de la Armada.

Aparentemente se pretende analizar todo tipo de soluciones, por lo tanto no se puede descartar la extensión de la vida útil de todas las actuales fragatas; volver sobre una alternativa como la ya mencionado de las Meko 200 e incluso una mezcla de ambas, es decir, extensión de vida útil para algunas y reemplazo por nuevas construidas en Chile para otras.  (Roberto Sandoval Santana, corresponsal de Grupo Edefa en Chile)

Fotografías:

·Fragata Tipo L “Amirante Latorre”

·Fragata Tipo L “Capitán Prat”


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