Las operaciones de búsqueda y rescate tras los devastadores terremotos del 24 de junio en Venezuela han evolucionado hacia un dispositivo multinacional de gran escala, en el que participan fuerzas militares, unidades especializadas de defensa civil y equipos USAR (Urban Search and Rescue) procedentes de América, Asía y Europa. La respuesta, articulada a través de canales oficiales gubernamentales y militares, se centra en la localización y extracción de supervivientes bajo estructuras colapsadas.
El gran despliegue del SOUTHCOM
En el plano interno, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), junto a organismos de protección civil, lidera las operaciones en las zonas más afectadas, mientras el Gobierno venezolano ha confirmado la llegada progresiva de asistencia internacional destinada a reforzar las capacidades de rescate.
Mientras tanto, los Estados Unidos ha activado uno de los despliegues más relevantes a través del Comando Sur de EE. UU. (SOUTHCOM), en coordinación con el Departamento de Estado y el Departamento de Defensa. Este dispositivo incluye capacidades de transporte estratégico, logística militar y rescate, así como la constitución de un equipo de planificación operativa especializado en respuesta a desastres.
En el terreno, la operación estadounidense está bajo la responsabilidad directa del mayor general del Cuerpo de Marines Kevin J. Jarrard, quien se ha desplegado en Caracas como principal autoridad de SOUTHCOM en el teatro de operaciones. De acuerdo con el propio mando estadounidense, el Maj. Gen. Jarrard supervisa y coordina las capacidades logísticas y operativas de las fuerzas norteamericanas, incluyendo el movimiento de personal, equipos y asistencia humanitaria hacia las zonas afectadas.
Este esfuerzo incluye el despliegue de un Disaster Assistance Response Team (DART) y equipos de búsqueda y rescate urbano altamente especializados, junto con unidades USAR procedentes de los departamentos de bomberos de Fairfax (Virginia) y Los Ángeles (California), con experiencia en rescate en estructuras colapsadas.
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Contingente de la SEDENA antes de abordar los dos Boeing 737-800 de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) que los desplegaron hasta la Base Aérea El Libertador en Venezuela. (Créditos: SEDENA)
La UME española
En Europa, España ha respondido con el despliegue de la Unidad Militar de Emergencias (UME), considerada una de las capacidades más avanzadas en gestión de catástrofes. El contingente español, transportado en un Airbus A330 MRTT del Ala 45 del Ejército del Aire y del Espacio, incluye especialistas USAR, ingenieros militares, unidades caninas de búsqueda, personal de la AECID y bomberos del dispositivo ERICAM de la Comunidad de Madrid.
En América Latina, México ha desplegado una fuerza significativa a través de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), con un contingente integrado por efectivos del Ejército, Armada, Fuerza Aérea y Guardia Nacional, junto con personal sanitario, rescatistas y 18 binomios caninos especializados en la localización de víctimas bajo escombros.
El esfuerzo regional se completa con la participación de países centroamericanos y caribeños. Destaca la República Dominicana, que ha sido el primer en arribar a Venezuela hacía donde ha movilizado un grupo de rescatistas del Cuerpo Especializado de Mitigación de Emergencias y Desastres (CEMED), unidad certificada en operaciones USAR, en el marco de la operación “Quisqueya Solidaria 2026”. Asimismo, contingentes provenientes de México y de la Brigada de Rescate Internacional de El Salvador ya han comenzado a operar en territorio venezolano, integrándose en las labores de rescate.
Desde el punto de vista logístico, la emergencia presenta un condicionante crítico, la inoperatividad del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, principal puerta de entrada aérea del país, debido a los daños estructurales sufridos tras los sismos. En consecuencia, los grandes aviones de transporte estratégico están siendo desviados hacia infraestructuras militares alternativas.
En este contexto, la Base Aérea Libertador, en Maracay —ubicada a aproximadamente 124 kilómetros al oeste de Caracas— se ha convertido en el principal nodo logístico de la operación internacional. Desde esta instalación, el personal, material y ayuda humanitaria son redistribuidos hacia las zonas afectadas mediante un sistema combinado de transporte terrestre y aéreo, empleando helicópteros y aeronaves de transporte mediano y de enlace, con destino a Caracas, La Guaira y otras áreas impactadas por el terremoto.
Este esquema de “puente logístico” permite sostener el flujo continuo de asistencia internacional pese al cierre del principal aeropuerto civil, garantizando la proyección de capacidades de rescate hacia los principales núcleos urbanos afectados. (D.B. Colmenares)





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