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La USAF acelera la guerra aérea del futuro y selecciona sus primeros drones de combate colaborativo: FQ-42A y FQ 44A Fury

Un drone YFQ-42A Dark Merlin de General Atomics durante su etapa de evaluación. (Créditos: de General Atomics)
Un drone YFQ-42A Dark Merlin de General Atomics durante su etapa de evaluación. (Créditos: de General Atomics)

La Fuerza Aérea de Estados Unidos (USAF) ha dado un paso decisivo hacia la redefinición del combate aéreo futuro al seleccionar a General Atomics y Anduril para producir los primeros aviones autónomos del programa de Collaborative Combat Aircraft (CCA). Este movimiento marca la transición del concepto y la fase de prototipos a una fase de producción inicial que apunta a integrar aeronaves no tripuladas de altas prestaciones dentro del núcleo mismo de la aviación de combate, no como sistemas auxiliares, sino como auténticos “cazas sin piloto” que operan en simbiosis con plataformas tripuladas.

El concepto CCA se basa en la integración plena de sistemas tripulados y no tripulados mediante doctrinas de manned-unmanned teaming (Equipo tripulado-no tripulado). En este modelo, un caza como el Lockheed Martin F-35 Lightning II o el futuro Boeing F-47 deja de ser una plataforma aislada para convertirse en el nodo de mando de una formación de cazas de combate distribuida con aeronaves autónomas. Estas actúan como extensiones del propio avión líder (tripulado), ejecutando tareas de reconocimiento, guerra electrónica, ataque o escolta, reduciendo riesgos en zonas de alta concentración de sistemas de defensa antiaérea y multiplicando la potencia de combate.

La USAF ha optado por mantener dos líneas de desarrollo paralelas con filosofías diferentes pero complementarias. Por un lado, el FQ‑42A Dark Merlin de General Atomics representa un enfoque más cercano al diseño clásico de baja observabilidad; por otro, el FQ‑44A Fury de Anduril prioriza la modularidad y la evolución mediante software.

FQ-42A Dark Merlin

En este contexto, General Atomics desarrollará el FQ-42A Dark Merlin, aeronave que presenta una configuración típicamente asociada a plataformas furtivas, además, de ser la evolución directa de su prototipo YFQ-42A. En términos de capacidades, el Dark Merlin ha sido concebido para aportar “masa asequible” al combate aire‑aire, es decir, aumentar el número de vectores disponibles sin asumir el coste ni el riesgo asociado a aeronaves tripuladas. Su diseño privilegia la integración con cazas de quinta y sexta generación, con prestaciones de maniobra y velocidad adecuadas para acompañar a estas plataformas en misiones de superioridad aérea.

La autonomía constituye uno de los pilares del sistema, y el FQ‑42A se apoya en una arquitectura modular capaz de integrar diferentes paquetes de software de misión, lo que le permite ejecutar operaciones como despegues, aterrizajes y perfiles de misión de forma automatizada. Este enfoque habilita un modelo de control basado en supervisión humana, donde el piloto del caza actúa más como comandante que como operador directo del drone.

FQ‑44A Fury

En contraste, el FQ‑44A Fury adopta un diseño de mayor simplicidad estructural y orientación industrial. Aproximadamente de la mitad del tamaño de un F-16 Fighting Falcon, presenta alas trapezoidales en flecha, toma de aire ventral y configuración convencional de cola, propulsado por un turbofán ligero que le permite alcanzar velocidades cercanas a Mach 0,95 y operar a gran altitud.

El Fury prescinde de bodega interna de armas en favor de puntos de anclaje externos para armamento y equipos electrónicos, lo que simplifica su construcción y reduce costes, a cambio de una mayor firma radar. Puede transportar misiles aire‑aire u otras cargas, ejecutar maniobras exigentes de hasta 9 g y desempeñar misiones de escolta ofensiva, apoyo de fuego o guerra electrónica.

Donde el FQ‑44A destaca es en su enfoque de autonomía gracias a su diseño de avión definido por software, el cual ha demostrado la capacidad de operar con distintos sistemas de inteligencia artificial dentro de un mismo vuelo, cambiando de uno a otro sin interrupciones. Este logro, posible gracias a la arquitectura abierta A‑GRA promovida por la USAF, permite desacoplar el software del hardware, facilitando actualizaciones rápidas y evitando la dependencia de un único proveedor.

El FQ‑44A Fury adopta un diseño de mayor simplicidad estructural y orientación industrial. (Créditos: USAF)

La redefinición del combate aéreo del futuro

La integración de ambos sistemas con cazas tripulados redefine la geometría del combate aéreo del futuro. En lugar de concentrar sensores electrónicos, armas y supervivencia en una sola plataforma, el concepto CCA distribuye estas funciones entre múltiples nodos de combate. En este escenario un drone puede adelantarse como sensor de avanzada, otro actuar como señuelo o plataforma de interferencia, mientras un tercero incrementa la carga de misiles disponible para el grupo. Esta externalización de capacidades transforma la lógica táctica, permitiendo saturar defensas antiaéreas y absorber pérdidas sin comprometer la vida de los pilotos.

La coexistencia del FQ‑42A y el FQ‑44A en la primera fase del programa CCA refleja una estrategia deliberada de la USAF, de no apostar por una única solución, sino explorar diferentes caminos tecnológicos para converger en una nueva generación de poder aéreo distribuido. En conjunto, ambos sistemas ilustran el inicio de una transición histórica, en la que el caza tripulado deja de ser el centro exclusivo del combate para convertirse en el núcleo de una red autónoma del combate aéreo del futuro. (D.B. Colmenares)


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