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Ética, comercio y venta de armas

Esta semana conocíamos que un lobby anglosajón encabezado por las multinacionales BAE Systems y Lockheed Martin había resultado elegido como proveedor preferente para firmar el contrato, valorado en más de 45.000 millones de dólares, que dotará de 15 fragatas de última generación a la Marina Real Canadiense. Un diseño que todavía no ha entrado en servicio se ha impuesto al basado en navíos de escolta que han probado su efectividad en múltiples operaciones navales de la OTAN, dejando a Navantia fuera de este importante concurso.

Los astilleros españoles recibían hace seis meses otro jarro de agua fría en Australia, donde el peso político de las relaciones entre miembros de la Commonwealth habría primado en gran medida en la decisión del Gobierno para seleccionar frente a la opción de Navantia a la multinacional británica BAE Systems para la construcción de nueve fragatas del proyecto SEA 5000, contrato valorado aproximadamente en 22.232 millones de euros.

Un tercer amenazante jarro de agua fría en el último semestre del año llega ahora de la propia Europa. Alemania acaba de instar abiertamente a sus socios europeos a dejar de exportar armamento a Arabia Saudí, país con el que Navantia ha suscrito un contrato para el suministro de cinco corbetas en una operación que ronda los 2.000 millones de euros. La presión europea obedece a la mediática desaparición del periodista Jamal Khashoggi y la implicación de Riad en su muerte.

Que Arabia Saudí está muy lejos de ser un modelo democrático no ha impedido a quienes sí lo son comprar su petróleo, como tampoco que China, donde la desaparición de opositores es una constante, sea un socio comercial referente para la Unión Europea. Según las últimas cifras de Eurostat, correspondientes al año 2017 y recogidas en un análisis del Instituto de Estudios Económicos (IEE), en las importaciones de bienes chinos hacia la Unión Europea destacan seis países: Países Bajos, Alemania, Reino Unido, Italia y Francia. Entre los cinco superaron el pasado año la nada desdeñable cifra de 263.000 millones de euros. Todo un balón de oxígeno para que el gobierno de Xi Jinping pueda seguir impulsando su industria de defensa nacional y por ende las exportaciones de ésta. El efecto, por otra parte, que tendrá la guerra comercial del gigante asiático con EEUU en la cifra de las exportaciones de Europa a China es otro interesante punto en esta ecuación en la que la vara ética de medir sabe bien mirar hacia otro lado a conveniencia.

Francia, que acoge la sede de la Interpol, ha abierto una investigación tras la desaparición del chino Meng Hongwei, presidente de la Organización Internacional de Policía Criminal, tras viajar a finales de septiembre a China. ¿Cancelará sus relaciones comerciales con este país si no aparece, lo recomendará al resto de sus socios europeos?

El Gobierno de España debe velar por sus intereses, que son los de su industria nacional y el trabajo que esta genera. Las lecciones de moralidad son un prisma con muchas caras en el que las ventas de material de defensa son siempre el blanco fácil.

Fotografía: Jamal Khashoggi


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